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Tetsuo Lumière parece ciclotímico, “esquizofrénico”, como
algunos calificaron a su película: de a ratos se muestra muy entusiasmado con
la idea de ser entrevistado y habla sin parar. Segundos más tarde lo piensa y
resuelve “Llamame en diez minutos”, “Llamame el mismo día”, “¿Era hoy? Ah,
bueno, llamame en…”. De a ratos los recuerdos de una historia plagada de
frustraciones, de dificultades insalvables, de madrugadas de rodaje lo llevan a
la desesperación: “la pasás tan mal que
en el fondo no podés disfrutar nada”. De
a ratos, los recuerdos de una historia de golpes de suerte lo convierten en el
más entusiasta; le brillan los ojos cuando sueña en el exterior y afirma: “hoy
en día, hacés una película y ya no sabés lo que puede pasar”. Su
discurso es una montaña rusa que oscila entre la depresión, y la súbita
esperanza. Entre el sentimiento de estar vivo hoy y los viajes por “otras
épocas”. Se invoca la “bondad de los desconocidos”, la bondad de un ángel
personal y propio, la bondad del azar, de un azar incontrolable, base para este
y cualquier melodrama. Porque para Tetsuo la vida y el arte tienen bastante de
melodrama. Capítulo 1 : la historia del primer largometraje El ángel exterminador: Una de las primeras preguntas que te queríamos hacer era sobre la historia de la película. ¿Cómo fue que llegó hasta el MALBA? Tetsuo Lumière: Empecé en el año 2002, no era un año muy copado para empezar proyectos, yo estaba viviendo en la calle, así como el personaje, viviendo en la calle, comiendo de la basura, posta. Después pegué una casa y ahí fue como comencé a escribir. Los cortos – la prehistoria de “Mi reino…” T.L: Yo tenía cortos, los cortometrajes que vos ves, que había hecho. Estaba haciendo una película con platillos voladores, realmente la estaba haciendo, y lo que me faltaba era muy costoso, yo no tenía el dinero para hacerlo. Entonces dije “yo no puedo estar más así”, tenía que tener un largometraje a cualquier precio, lo necesitaba, de cualquier manera. Empecé a trabajar sobre los cortos de una cierta manera, a ponerlos en un contexto en el cual se potenciara su gracia, de hecho es lo que hice. No tienen el mismo efecto en el contexto. Yo quería inventar un contexto en el cual el cortometraje tuviera algún tipo de sentido. Entonces es como que… empezó por ahí. Igual la idea la tenía hace mucho ya, porque mucha gente me pedía los cortos y yo, la verdad, no me gustaban, los había editado cuando no todo el mundo tenía computadora, entonces eran cortes desprolijos. Y nunca los quería mostrar, porque me daba vergüenza, de hecho el primer corto que aparece, el del tipo que come, no lo vio nadie (por Rutina/enajenado social, Tetsuo Lumière, 1992). No lo vio nadie porque nunca tuvo un corte definitivo, nunca lo moví. Nunca le puse energía a los cortos, porque sentía que era un paso hacia otra cosa, una parte de otra cosa. Hay gente que hace lo contrario y lo recontra respeto, gente que se mata con los cortos. Hay un chico, no sé si lo conocen, que se llama Vladimir e hizo un cortometraje que se llama La grúa y la jirafa (Vladimir Bellini, 2006), y el tipo le puso tantas pilas que ganó como 40 premios, con un corto de un año, y viajó... creo que estuvo en Puerto Rico, en Canadá, en España, estuvo en otros lugares de Europa y en Japón en el mismo momento casi en que yo estuve, ¡con un corto!, que lo movió, le puso pilas. El corto está buenísimo, buenísimo [el corto al que se refiere efectivamente ganó premios en España, México, El Salvador y Japón entre muchos otros, además de premios locales]. Después nos hicimos amigos con él. Y yo nunca hice eso con los cortos. Capaz alguno ganaba un premio, yo los mandaba como diciendo “y dale...”, pero en realidad quería hacerlo más para testear al público con respecto a mi humor, pero no como una obra en sí. Comienza el proyecto en las peores condiciones T.L: Cuando sentí que las cosas estaban para hacer el largometraje, mi cabeza dijo “uh, ¡al fin!, mi sueño, hacer una película”. Y pasó esto, tuve un ataque de estrés muy mal, estuve en cama ya no sé cuanto tiempo. Después estaba sin laburo, me mudé por San Telmo a la casa de una amiga... Siempre viví en casas de gente (ahora no), en casas prestadas. Y justo una amiga pegó una casa ahí y tenía una computadora muy vieja. Me acuerdo que una de las cosas que pasaban era que comíamos con un grupo de gente. Íbamos a juntar de la basura para comer, la limpiábamos y hacíamos unos guisos buenísimos. Y mientras hacía eso dije “o te morís o continuás, pero para deprimirte, no”. Algo se me tenía que ocurrir, y se me ocurrió sacar una idea que tenía hace mucho, una historia de mi vida con los cortos, la historia de cada cortometraje, era la idea original. Entonces comencé a escribir, después de una semana lo tenía escrito. Resultaba muy largo, y lo corté, lo dividí internamente en dos o tres partes (por eso le puse TL-1, la segunda sería TL-2 con otros cortos y después habría una tercera parte). Lo dividí y comencé a desarrollarlo. En un momento me di cuenta de que era muuuy largo.... Una obra universal T.L: Y lo que pasaba con algunos cortometrajes era que eran muy para gente del medio (cinematográfico), mi mamá u otras personas no lo hubieran entendido. Sentía que la gente se iba a quedar afuera, porque eran cosas muy propias del código del realizador. Trataban sobre filmar y otras cosas puntuales. Tenía una escena de un tipo que editaba, en un supermercado. Yo mismo laburaba en un supermercado, trabajaba como sereno y aprovechaba las dos video-casseteras del lugar, las enchufaba y editaba a la noche. A veces no llegaba a editar pero visualizaba el material, así, a la noche. ¡Una vez me olvidé el cassette adentro!... pasaban cosas así y yo no me daba cuenta... Y entonces las cosas que eran muy puntuales del medio las saqué, y convertí todo en un sueño, en el sueño de una persona. Porque cualquiera se puede sentir identificado con una persona que tiene un sueño, como tener un negocio, una panadería, una chica... lo pasé para ese lugar. Saqué las cosas que tuvieran que ver con cosas de un cineasta, un realizador, para universalizarlo más. No había muchas cosas localistas, pero el par que había lo saqué, para darle un aspecto atemporal también, que no tuviera que ver con el momento. Salvo el cortometraje de la telenovela, que es como lo más porteño, la única vez que yo hablo. Financiación y apoyo en plena crisis 2002 T.L: Y después conseguí un amigo que tenía la plata con él, porque la había sacado del corralito, no sabía qué hacer y le dije “¡es el momento!”. Me dijo “yo quiero que termines la película”, porque él había actuado. Le dije “mirá, yo necesito realmente mucha plata para hacer la película, necesito determinadas energías que no tengo, y necesito un entrenamiento físico que tengo que preparar, necesito toda una estructura y no estoy preparado. Pero tengo un proyecto para salir del paso con los cortos que vos ya viste, que están buenos”. Le mandé y el guión ¡y dale!, no le costaba nada, y llegó la plata. Comencé a filmar las primeras escenas en el 2002. Comencé a filmar y en un momento dado se me acabó la guita, y en un punto era tal la desesperación, la cosa estaba muy mal en ese momento en el país. Eran ruinas, había una sensación muy desagradable, una onda muy negativa de pensar que se acababa todo, y con razón. Pensaba que era lo último que iba a hacer en mi vida, y por eso me dije “¡si me tengo que prostituir lo hago, pero esto lo tengo que terminar!... después me pego un tiro pero aunque sea hago algo”. Quería saber cómo era la sensación de tener 90 minutos y mantener la atención de la gente, era mi sueño desde chico. “Quiero que la gente disfrute algo 90 minutos, ver si soy capaz, yo sé que sí pero quiero probármelo a mí mismo”. Y ahí le puse pilas, hice cosas absurdas... empecé a laburar en... ¿viste que en un momento dado la gente compraba dólares?, estaban a $3.60, era absurdo, y había gente que le pagaba a otra gente para que le comprara los dólares. Bueno, yo hacía la cola, y me acuerdo de que había uno al que le hacía la cola de los dólares y trataba de convencerlo de que invirtiera en mi película. ¡Y lo pensó!, me dijo “lo consulto con mi familia”, y la familia lo arruinó... Después finalmente hice con un par de tomas editadas un work in progress con lo que tenía, es lo que está en YouTube, el corto de 6 minutos. Y fui consiguiendo amigos que me apoyaban, me sirvió mucho ir mostrando el material. Aparte como lo que yo hago es todo muy visual, las sinopsis pueden ser muy divertidas pero los guiones son aburridísimos. Por ejemplo, la escena del nene que está jugando: el guión decía “nene juega con sus juguetes, con sus mascotas y sus chiches”. Leían eso, y decían “¡¿qué carajo es esto?!”, porque es todo muy visual, los gags tienen que ver con el cuerpo, con gestos, gente que se cae, y eso es muy difícil de explicar. Encima yo me sé explicar muy mal, no me tenía nunca mucha confianza. Por eso necesitábamos algo para obtener la confianza de otras personas. Mostrábamos el material, y yo le decía a la gente “mirá esto, si querés no me hables más después, pero velo”. Y ahí empecé a conseguir gente que me ayudó, y económicamente también empecé a pegar ciertos laburos... La terminé en el 2003 y después estuve 6 meses en los que no hice nada. Escribí un libro, la segunda parte de la película, desarrollé una tercera parte, escribí otros guiones. No me quedaba otra porque no tenía plata ni para salir de mi casa, solo podía escribir y dibujar. Aparte lo editaba todo en computadoras de amigos, nunca lo edité en la mía porque no tenía en ese entonces. Iba con los proyectos de máquina en máquina y por eso fue que tardé tanto, lo terminé en el 2003. Comienza la distribución T.L: La edité y la pasé por primera vez en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre y después de eso, que tuvo buena repercusión, dije “voy a empezar a ir a festivales”; y mientras, la subtitulaba en inglés (que ese es otro tema), para mandarla afuera. Tenía dificultades con el idioma, mi inglés es muy malo; también por el hecho de que antes que nada te preguntan “¿quién sos vos?”. Tenés que ser alguien en tu país primero. Así que comencé paralelamente a ponerle pilas acá. La mandé al MARFICI, a una sección que tiene de todo, y no les gustó, no la pasaron; la mandé al BAFICI y tampoco... ¡y en Mar del Plata de repente me invitaron el otro día!... nunca se sabe... Entonces comencé a moverla yo. Lo que pensamos es “la gente lo tiene que ver, como sea, para que suceda algo, si está en tu casa no sucede nada, tiene que verse”... y me acuerdo que cayó una periodista, no de cine, pero que escribía en La Nación. Y me dijo “cuando hagas algo otra vez, avisame y veo en qué te puedo ayudar”. Y no sé cómo cayó un DVD en manos de una persona de Página/12 y me dijo lo mismo: “Che, la verdad, me encantó, pero no puedo hacer una nota de una película que vi yo en mi casa”. Yo quería conectarme con alguien que creyera y mí y se prendiera a la distribución. Y hablando con los chicos dijimos “hagamos tres funciones, que sea como una exhibición, pedimos una entrada mínima, la cuestión es que aparezca en la prensa, y vemos qué pasa”. Bueno, conseguimos el Bauen, muy de suerte, al tipo le caí bien, me hizo descuento, y gracias a eso conseguimos una nota en Radar y una en Página/12. Un par de personas se acercaron gracias a eso, pero no mucho. 15, 20 personas, 25, no iba mucha gente. Pagamos justo la sala. Y yo iba testeando y cambiando algunas cositas, me servía para eso también. Pero no había pasado nada, y no sabíamos qué estábamos buscando... Lo que yo tenía en claro y sabía era que la película tenía que verse, para que sucediera algo, y eso se hace moviéndola. “No sé qué, pero tiene que suceder algo y es moviéndola”. Yo hago todo así, pensando que la iba a terminar sin saber si la iba a terminar... de hecho estoy con otra y no sé cómo la voy a terminar, pero sé que la voy a terminar. Dijimos “hagamos una función más, hasta que suceda algo”, y fue bastante gente. Y pensamos en hacer una por mes, hasta que sucediera algo. Y cayó un distribuidor, justo, medio freak, medio raro, de cosas independientes, y me dijo que le había gustado, pero finalmente nos saludamos y se fue... Me acuerdo que salimos del Bauen... [hace una pausa, mira unos segundos el bar y recuerda] ¡en el Bauen yo había estado tan nervioso!, porque sentía que estaba haciendo todo al pedo, sentía que no estaba haciendo las cosas bien. Y a la vez sabía que no podía quedarme quieto. Estaba muy nervioso, y me acuerdo que ese día, al espiar para ver las reacciones de la gente por un huequito, me golpeé y se me cayó el celular. Se me abrió, y yo sentía que estaba todo mal pero me decía “hay que seguir, hay que seguir”. A la salida, buscando a un amigo, caigo acá en La Academia [el bar donde se desarrolló la entrevista]. Había un par de personas, y yo entro para enchufar el celular. Lo enchufo para que reaccione y no reaccionaba, lo enchufo varias veces y comienza a reaccionar. ¡Uf!, descanso y me comienzo a relajar. No tenía nada, si me quedaba sin celular estaba muerto, no tenía ni teléfono. Entonces lo veo a uno de los chicos que estaba ahí que era amigo mío, con un grupo de gente. “¿Me puedo sentar con ustedes?, estoy medio histérico...”, “sí, sí, vení”. Todos habían visto la película y por lo tanto me decían “¡felicitaciones!”, y yo: “¡gracias!”, y pensaba “me importa un carajo la felicitación, prefiero 5 pesos por cada felicitación...”. Y me pongo a hablar con el que está al lado mío: - “Che, ¿vos que hacés...?”. -“Yo distribuyo películas”, me dice. -“Pero, ¿en serio?... ¿trabajás de eso o es un hobby y tenés una panadería? ”. -“No, en serio, llamame y vemos algo”. -“¡Buenísimo!”, ¡qué buena noticia, creo que pasó, creo que sucedió!”, me dije. Llamo al chico con el que estaba trabajando, que estaba bajón, decía “no sé para qué hacemos esto...”, estaba negativo. Me acuerdo que le dije: “si estás en frío y te proponés algo, cuando estés en caliente, nervioso, llorando, lo que sea; cumplí el plan. Si lo querés modificar, modificalo, o andá mas allá”. Mel Brooks siempre decía “cuando está todo descontrolado, yo me agarro al guión”. Y le dije eso, “agarrate del plan porque eso lo pensaste cuando estabas bien, por lo tanto agarrate de eso”. A mi amigo Paul le dije eso, nosotros habíamos dicho “esto hagámoslo como sea”. “No...”, empezó él... “¿no? ¡no! “, dije yo. Yo tampoco tenía ganas, no tenía ni ganas de ir a la función. “Pero hagamos lo que nos propusimos, respetemos nuestro plan, sea como sea...”. Lo llamo y le cuento esto. “¡No lo puedo creer, tenés razón, soy un tarado”, me dice. “Igual todavía no pasó nada, me tengo que encontrar con él”. Y tuvimos una reunión y quedó como un trato. Fue como ‘de onda’... se habían copado muchas personas al actuar, o a hacer cámaras, y yo quería que también alguien se copara con la distribución y que no le costara nada. Y de hecho no le costó nada, porque ya tenía una estructura armada. Le gustó, me dijo que había sido una de las mejores películas que había distribuido, la pasó bien. Y fue entonces gracias él que conseguí el MALBA. Fernando Martín Peña y la Cinemateca T.L: Yo a Fernando Peña ya lo conocía, le había mandado cosas mías. Él había probado cosas mías en un ciclo que se hacía en el Recoleta, a fines de los ‘90, principios de 2000. Él era una de las personas que me pedía los cortos y yo no se los quería dar, me daba vergüenza cómo estaban... Mi número lo tenía, me escribió una nota, una crítica muy elogiosa, y yo sabía que le caía bien. Hablábamos mucho, le caía bien mi laburo. De hecho, la escena donde están las latas de películas, yo la filmé en la casa de Fabiano [por Octavio Fabiano], que era algo así como su socio en la Cinemateca [por la Cinemateca Argentina], y es donde vive Fernando Peña ahora. Ahora está ordenado... en ese momento era un caos, él y un amigo mío lo estaban ordenando, así que yo fui a ayudarlos, colaboré con gusto. Aparte, gracias a él yo vi muchas películas mudas, muchas, en cantidad. En un lugar en la calle Libertad, en los ‘90. Había un cine club, como un teatrito, donde está ahora Mondo Macabro. Creo que lo armaron Fernando Peña y Fabiano. Yo iba a ver películas mudas ahí, me encantaban. De hecho, actualmente cada vez que veo una y leo los intertítulos me imagino la voz de él [risas]... porque él era el que los leía en las funciones… ¡aparte lo hacía con tan poca onda!... [con voz seria y monocorde:] “¡oh, yo te rescataré, niña!” [risas], ¡re poca onda!. En el MALBA también está él. La voz de las películas mudas para mí es como la de él, aparte le tengo mucho afecto. Aunque no somos amigos, ni ahí, pero cuando nos vemos siempre hay mucho afecto. Bueno, y vio la película y le gustó, era como otras cosas mías que ya había visto pero diez veces mejor hecho. Y estuvieron como un año para programarla. Ya estábamos en el año 2006 y yo ya estaba con otra película, estaba en otra, pensando en algo para afuera, buscando contactos, pero me daba cuenta que era muy difícil sin haber hecho nada en mi lugar. Aterrizaje en el MALBA T.L: Y entonces la programaron en el MALBA para las doce de la noche. Primer día: lluvia, humedad... [risas], pensé “¡no va a venir nadie!”, ni yo quería ir. Pero fueron como sesenta personas, yo estaba contento. Y al distribuidor se le ocurrió, en vez de hacer una cosa con vinos [como se hacen en general las presentaciones en el MALBA], armar unas bolsitas como las de cumpleaños. Yo al principio no quería, le dije que no, que iba a ser un bardo. Y él me contestaba “no, no me digas eso, yo lo quiero hacer bien”. Así que yo pensé, “todavía que lo está haciendo ‘de onda’, ¿le voy a decir que no?. Y bueno…dale”. Yo quería platillos voladores para ponerles adentro, y en las casas de cotillón no había. Quería algo para relacionarlo directamente con eso, con la película.... y se me ocurrió poner figuritas. Todos los que hayan visto la película que las guarden porque… ¡van a valer mucho esas figuritas un día! [risas]. Tenían un diseño muy copado, como de frame de película vieja, les puse un número y una leyenda abajo. Y nos costó muchísimo: la prensa..., notas que no salían, o que salían muy de a poco. Hasta el último día seguían saliendo notas. La verdad, el día no nos favoreció, el horario tampoco... un día nos pasaban a las doce y media y nosotros decíamos “¡nooo...!, ¡no va a venir nadie!”... Y, sin embargo, siempre iba bastante gente, había muy buena onda, la gente se reía muchísimo. Después del MALBA, dificultades para el estreno oficial T.L: Y es cuando dije “necesito un estreno oficial”, que era más complicado. Y a través de personas conseguí el Tita Merello, pero fue muy difícil, tuve que anotarme como productor, llevar la película al INCAA para legalizarla. Del work in progress que yo había hecho, mucha gente me decía “qué buen corto!”, y yo: “¡no es un corto!, ¡si no tiene final...!”. Había un festival en Japón al cual quería mandar lo mío, yo había ganado una vez. El primer festival donde me rechazaron fue en Rosario, el corto Luna de miel (Tetsuo Lumière, 1995). Y un día me dijeron “che, llevame esto para el festival de Japón”. Y lo llevé, y llevé también lo mío... ¡y gané! Gané como cuatro lucas, dije “mmh... ¡me caen bien los japoneses!” [risas], en realidad siempre me habían caído bien. ... mandé un work in progress sin vergüenza y ganó, gané una guita y un viaje allá. Estuve una semana en Tokio, y empecé a pensar “es posible”. Igual creo que ni empecé, con el estreno la gente me dice “¡llegaste!”, y para mí no es así, es un escalón de cien. Y me empezaron a llamar... yo me moví como un esclavo, los enfermaba mandando cada cosita que hacía, subía cosas en YouTube, cosas viejas que tengo descartadas las subo, siempre hay alguien que le gusta. Quiero estar siempre presente de alguna manera, me hice blogs... Y ahí es cuando creo que la película comienza realmente a existir, a partir de la difusión. Yo estaba en otra y salió esto... ahora se va a estrenar en España, en diciembre del año que viene. Recién ahora es como que comencé a mandar a algunos festivales afuera y la gente se empieza a interesar; más que nada por el press book, que es un paso más, para saber quién carajo sos, qué hacés [risas]. Con el Tita Merello es como un broche, ahora falta la edición en DVD, venderlo afuera... falta muchísimo. Pero lo loco es que con esta primera película me es más fácil conseguir sponsors para otras, para proyectos más grandes con más gente y así. Es todo por la prensa, no es sólo la cantidad de gente lo que hizo que estuviera tanto tiempo en el MALBA, es lo que repercute en los medios también. Además no basta con aparecer una vez, hay que aparecer muchas veces, quizás diciendo lo mismo de forma distinta, pero es importante aparecer. E.A.E.: ¿Cómo se te ocurrió la idea del falso documental? T.L.: Hay una película de Woody Allen, Zelig (Woody Allen, 1983), que me encantó. Me acuerdo de que cuando la vi me dije “quiero hacer exactamente esto” [lo repite 3 veces]. No sé por qué me gusta, tiene algo tan viejo, a mí me gusta lo viejo porque tiene algo atemporal. Yo tengo un rollo personal en mi cabeza, no me siento de esta época, no me siento de ahora. Ya desde chico leía libros de Poe y me sentía en esa época. En este momento yo me siento en otro mundo, en otra época…que nunca existió, seguramente. Por eso me atrae lo que es viejo o futurista, todo lo que no tenga un enclave temporal específico. Por eso no me gusta Borges, empezás a leer y dice “estuve en Avellaneda” y… ¡ya está!. No puedo leer más, me sacó del libro y me devolvió a la realidad: estoy en mi casa, con mi vida de mierda. No la quiero ver, la realidad ya la tengo. Cuando veo pelis me pasa lo mismo. Siempre me gustaron los documentales sobre cómo era el cine antes, que mezclan lo que dice la gente con imágenes de películas viejas. Hay una peli (que si no la vieron consíganla ya) que se llama This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984) que también me gustó mucho, es un falso documental y es buenísima. Yo tengo un montón de cosas en la cabeza, hasta un momento dado en que surge la ocasión y tengo que elegir cuáles volcar. Lo que pensé es que la manera de sentirse bien con uno es burlarse de sí mismo de lo que a uno le pasa. La película es una burla de mí mismo, de lo que pienso y de cómo me va en la vida. Lo hice casi como una terapia y también para ir cerrando mi etapa de cortometrajista. Además me pareció una idea justa, de bajo costo, hacer un documental: es básicamente gente hablando, voces en off, cosas que no se entienden, cosa que me costaría mucho explicarlas. Yo siento que no encajo en ningún lado. Bah, quizás en la década del veinte sí ¿no me ven a mí en los veinte?. Cuando yo digo atemporal me refiero a una capacidad atemporal de disfrutar las películas. No encajo en ningún lado; ser "diferente" Yo de chico no encajaba en ningún lugar: miraba películas que al resto no le interesaban, quería hacer películas y los demás no, me gustaba estar solo y a los demás no. Incluso actualmente, muchos eligen estar en pareja y yo no. Cuando tengo un problema no se lo cuento a nadie, lo pienso, lo resuelvo y continúo. Quizás les pase a todos esto de sentirse muy diferente al resto, al principio te sentís mal, pero después te acostumbrás. La gente te dice “no te entiendo” y yo pienso “sí, ya sé…”. Y después te bancás las consecuencias de ser diferente. También tiene sus beneficios. Ustedes, por ejemplo, hacen lo que quieren con la revista, porque son diferentes, son independientes. Yo creo que la gente de Cinemanía los debe envidiar, por más que cobren. Cuando uno tiene rollos y problemas personales complicados pero además tu raye no encaja en ningún lado, en ninguna solución pre-armada, eso te obliga a pensar vos solo con una lógica estricta. Pensar con lógica me hizo sobrevivir muchas veces. E.A.E.: ¿Cómo es pasar de vivir en la calle al MALBA, un lugar tan ligado a gente de clases altas, y de ahí a Japón?. T.L.: Era la primera vez que salía del mundo, digo, del país. Japón es genial, yo creo que viviría ahí porque es un lugar en el que no tengo raíces, no tengo nada y la gente es muy amable. Y en cuanto al resto, el problema es que todas esas cosas no llegan rápido. Todo el tiempo hago metáforas con las parejas pero son efectivas: invitás a una chica, una vez… dos, tres, cuatro, al principio no te da bola, de pronto te da la mano y después te da un beso… está buenísimo pero es algo que venías viendo. Lo del MALBA es un poco así también: no es que me llamaron un día, yo estaba ahí tirado, atendí, y dije ¡guau!. No, es algo que tuve que pelear. No se dio todo demasiado rápido, lo sufrí tanto durante tanto tiempo que lo vi como un paso más. A veces las cosas se dan tan lento que uno no tiene oportunidad de sorprenderse y ser feliz. E.A.E.: Con el estreno oficial ¿pasa algo parecido? ¿Llegó muy tarde? T.L.: Y sí, yo ya estoy filmando otra cosa. Lo del MALBA fue muy interesante, es un lugar que te da mucha legitimidad y así la gente te va conociendo, te empieza a llamar. Conseguí este laburo en el canal de la ciudad... hubo un cambio. Hay gente que me llama para ayudar y también hay gente que sólo me saludaba y ahora, cuando me ve por la calle me abraza y me invita a comer un asado. Me conocieron de otra manera y me tomaron cariño, no es que son hipócritas. Pero bueno, yo económicamente sigo para atrás, si bien las posibilidades son mayores. Acá la pasás tan mal que en el fondo no podés disfrutar nada. Es parir cosas constantemente. Capítulo 2: Cómo es el público, cómo es la receta del humor. Su formación y su concepción de la creación E.A.E: ¿Te imaginás quién es tu público y cómo es, o quien puede llegar a ser?. T.L.: Creo que muchos son personas que...mucha gente de cine, mucha gente que vio televisión, fanáticos de series, adolescentes seguramente... pero es raro, porque también lo vio gente grande y salía diciendo “¡qué lindo, pibe!”. No creo que haya una edad específica o un tipo de persona, me parece que cualquiera la puede entender. Abrir público y no cerrar E.A.E: Es que trabajás con muchas referencias a la historia del cine, ¿pensabas en gente que sepa sobre cine? T.L.: Yo creo que a la gente que le gusta mucho el cine le puede llegar a gustar más porque encuentra referencias, incluso le puede llegar a tener más paciencia. La película tiene un ritmo lento, es bastante esquizofrénica, que es lo que yo quería. Cuando me dicen “mmh... te caés mucho...” yo pienso “¡me caigo a propósito!, si no te reís es porque no funcionó con vos, pero yo quería que fuera así, no es que me equivoqué”. Yo no conozco mucho de cine, la verdad. Sí, me gusta mucho el cine, leer, escuchar música, pero no soy una persona culta. Y en cuanto a las referencias que se ven del cine, no son homenajes puntuales que si no viste la película no los entendés, apunta más al inconsciente colectivo de la gente. Y eso tiene que ver con que no quiero nada que sea “de culto”. Se dice que es una película de culto, pero creo que es así porque no la distribuyó una compañía mucho más grande. Obviamente está contada en un formato complicado, pero hay gente que nunca va al cine y la vio, y me dijo “¡ché, qué buena que está!”. Yo creo que la gente que conoce mucho de cine la disfruta pero de otra manera, y las demás personas la ven distinto. Incluso los chicos, también la ven y se ríen. No me gustan las películas en las cuales la gente queda afuera. Me encantaría hacer alguna cosa que solo pudiera entender gente del medio, se me ocurren, pero las descarto inmediatamente porque siento que me limitan. Las anoto por ahí y las dejo para un futuro. Yo estoy en un momento de mi carrera en que tengo que hacer cosas para abrir. Si fuera millonario, si fuera Spielberg, lo haría; pero estoy en un momento de mi carrera en el cual tengo que abrir, captar público, no cerrarme. No creo que por cerrarme al público vaya a ser más inteligente o más talentoso. No es el momento de hacerme el “raro” [risas], no es el momento. Un humor premeditadamente "Universal" E.A.E: Tus primeros cortos son del ’92. Tanto el cine como el público argentinos cambiaron muchísimo del ’92 para acá, y vos con el tránsito de los últimos 15 años también cambiaste mucho. La pregunta es: ¿en qué público pensabas en el ‘92 cuando filmabas, si es que pensabas en alguno, y en qué público pensás ahora? T.L.: En el público siempre pensé, desde chico, eso lo tuve bien claro. Pero yo creo que mi humor tiene como una atemporalidad. Es como cuando ves El show de Benny Hill, yo me río igual todavía. Yo creo que ese humor no tiene un lugar en especial en cuanto al tiempo. No sé por qué hay algunas películas que uno se da cuenta que están envejecidas, no sé qué es lo que hace que la película funcione o no... Para mí, mi película es como de los años ’90, tiene la esencia de los ’90, es el humor que yo usaba en ese entonces y que estoy usando ahora también. Es como el del cine mudo pero algo actualizado, hay chistes (como cuando le pego a la embarazada) que no se habrían hecho en esa época. Creo que es atemporal, creo que el humor básicamente es el mismo del primer corto del ‘92 hasta ahora, un poco más desarrollado, con más ritmo, mucho más ritmo. Ahora quisiera hacer algo que fuera más allá pero no puedo por una cuestión de medios también. Creo que tengo la suerte de hacer algo que me sale... o bueno, no sé si es suerte, porque es algo que lo pienso: no quiero nada que tenga que ver con el lugar, que se relacione con algo específico del país y que otra persona no lo pueda entender. Es visual, y no hay muchas otras cosas respecto al humor que sean puramente visuales, entonces tengo menos competencia también. La gente está muy acostumbrada a ver cosas que tienen que ver con los diálogos, pero no mucho de lo que tenga que ver con lo visual del cuerpo, y eso es una ventaja de alguna manera. Aparte me gusta, ¡me encanta!, no es que quisiera ser Woody Allen y hago esto [risas]. Quiero eso: que lo pueda ver un indio, o un africano, y que la entienda, porque es muy básica. Que la entienda y que se ría. Yo pienso siempre de esa manera, por eso no tienen diálogos prácticamente las películas. Lo que se dice es todo muy en neutro, las formas de hablar, no hay cosas que tengan que ver con el humor de las palabras, dobles sentidos o juegos de lenguaje. Creo que así mucha gente se quedaría afuera, y lo que yo quiero es que haya mucha gente adentro. No soy tan tonto como parece [risas]. El público, los festivales e Internet E.A.E: El surgimiento de festivales como el BAFICI o Buenos Aires Rojo Sangre marcó un cambio en el público. Queríamos saber qué pasaba en los ’90 con películas como las tuyas; y cómo es hacerlas ahora, que están valoradas y tienen un espacio puntual. Imaginamos que no sería lo mismo aparecer en el ’95 con cosas así que presentarlas ahora. Con respecto a la gente que tenía 20 o 30 años en el ‘95, y la gente que te ve ahora (que creció y pasa su adolescencia rodeada de todas estas cosas), ¿pensás que sucede esto de lo universal del humor?. T.L.: En cuanto al público, creo que es el mismo. A partir del 2000 hay cosas que se perdonan menos, la computadora mejoró mucho la calidad, el formato digital también. Ahora podés tener una isla de edición en tu casa, antes no. Era más costoso, se complicaba todo, y nunca te quedaba como vos querías (estoy hablando de algo muy técnico). Y mover un material para que se viera era muy complicado. No había tantos festivales, y si te quedabas afuera capaz que tu película no se veía nunca. Hoy en día no solo hay festivales, también vas a un bar y por unos pesos pasan tu película. A la primera edición del festival Buenos Aires Rojo Sangre yo no fui pero me contaron que fueron diez personas... y ahora está en el Tita Merello una semana, a dos salas. Yo creo que el público estaba, faltaba un lugar para juntarlos. De hecho, las personas que organizaron el BARS lo hicieron para tener un lugar donde mostrar sus trabajos y los de sus amigos. Después se descontroló todo, se hizo internacional, ahora llegan cosas de EEUU, de Canadá... Creo que todo mejoró muchísimo a finales de los ’90 con Internet, y después otra con otra etapa que es YouTube. Primero podías difundir lo que hacías y quién eras a través de un blog, la siguiente etapa es poder mostrar directamente tu película por Internet. Es otra cosa, ya ni te movés de tu casa. Si subo un corto ahora capaz que a las seis o siete horas tengo cien visitas, ¡antes para reunir cien personas para un corto de mierda de un minuto...! Y no hice nada, solo lo subí y cien personas lo vieron. Está bueno porque te da a conocer, y hace que la gente esté interesada la próxima vez que hagas una cosa. Creo que lo que mejoró es eso, “el ida y vuelta” tiene mucho más ritmo. Cambió toda la difusión con You Tube, ¡hasta hay gente que hace series!. Es mucho más barato difundir quién sos y tu trabajo. Capaz hace diez años una revista como la de ustedes hubiera sido más difícil que existiera, tendrían que comprar papel... así como está solo les cuesta su trabajo. La semana pasada me escribió en un muy mal inglés un tipo que había visto un cortometraje mío, en Estados Unidos. “Yo escribo acá sobre cine y teatro”, me dice, “me gustaría hacerte una nota”. No sé ni cómo lo vio, ya ni pregunto eso tampoco. Me hizo la nota y salió allá. Hoy hacés un video y lo subís a YouTube, y no sabés lo que te puede pasar, realmente no lo sabés. Y subirlo a Internet hace que te saques de encima mucho más rápido un trabajo. Cuando te lo sacás de encima más rápido, podés producir mucho más rápido, y aprender más rápido. Entonces adquirís conocimiento mucho más rápido. Cómo reaccionar ante las críticas T.L.: En cuanto a las críticas, ocurrió exactamente lo que pensé que iban a decir. No me sorprendió nada de lo que se dijo, aunque hubo exageraciones como decir que era una obra maestra... Había momentos de la película en los que había dudas [se refiere al público, a que había diversas opiniones]. A mucha gente le gustan los cortos, y a muchos otros les pasa lo contrario, las partes de los cortos no les gustan. Y otra cosa que verifiqué a partir de la difusión es que nunca, jamás, podés hacer algo que les guste a todos. Una vez alguien me sugirió que sacara un minuto al cortometraje del tipo que come. Y cuando la paso en el MALBA me dicen “che, le sacaste una parte...”. ¡¿Yo cómo iba a saber que se iban a acordar justo de esa parte?! [risas]. Lo que sirve es escuchar y pensar, pero hacer lo que le guste a uno. Y mucha gente me dice de la película “no sé qué vi, la verdad, la pasé bárbaro pero no sé qué es lo que vi: una, dos, ¿cuatro películas?...” También hay gente a la cual la parte de los cortos no le gusta para nada. Dicen que es largo o que arruina lo demás. Pero a la vez yo hice la película para mostrar los cortos, no los voy a sacar, es el fin con el que la hice. Yo sé que si los saco o los edito, haría que le gusten a mucha más gente. Pero no lo hice para eso, y no se trata de agradar a la gente. La producción independiente y sus principios T.L: Aparte si no hago lo que quiero ahora, que el productor soy yo, no lo voy a hacer nunca. Creo que un largometraje hay que hacerlo como lo hice yo, por más que lleve mucho tiempo, porque uno aprende a conocerse como director. Porque uno realmente no se conoce como director hasta que hace un largo, no sabe donde está parado. Para saber cuánto te falta, la manera es haciéndolo. Porque las experiencias de las personas te sirven mucho, pero uno tiene que hacer la propia. Porque si te equivocás así perdés guita, podés perder algún amigo; pero si te equivocás y te produjo la Warner estás perdido: hubo un error, un cuelgue, te deprimís y te agarran la película y te la termina otro. Más vale que las dudas que pueda tener como realizador me las saque ahora, que aprenda ahora. No podés estar aprendiendo con plata de otros. Me parece que cada persona tiene que hacer su película de la manera que le guste. El fin principal es mantener la atención durante 90 min, y podés hacer lo que sea, que es lo que yo pienso con la película. No me importa cómo está filmada, no me importan un montón de cosas. Me importa que la gente no se quiera ir. No me importa si no salgo lindo o quedo como un tarado, me importa que la gente no se quiera ir para ver cómo termina. Una vez que agarraste eso, viene lo demás: tener una buena foto, un decorador, llamar un equipo más grande. Podés tener una película que se ve de puta madre, con los mejores actores… y uno termina aburriéndose. Me parece que la mejor manera de aprender para mí es haciendo todo uno mismo. Porque uno si quiere ser original tiene que descubrir la manera de uno. Las cosas que uno aprende en la escuela las tiene que adaptar a uno, no es que uno se tenga que adaptar a lo demás. Después uno puede hacer creer a otros que se adapta, pero eso es otra cosa. Tiene que haber una comunicación con el sistema de manera que puedas realizar tu proyecto y que el sistema tenga algún tipo de beneficio, que sea algo para los dos. Pero si vos no sabés qué querés hacer o quien sos... es como un problema de pareja, si no sabés estar solo no podés estar con alguien. Si no sabés quién sos como realizador, ¿cómo vas a poder comunicarte con otros o explicarte?. Por eso es importante hacer el primer trabajo solo. Y morir en el intento o sobrevivir, pasarla muy mal, que es inevitable, pero hacerlo uno. La formación. (Una formación renacentista.“Me hice yo”.) E.A.E: ¿Cuál considerás que es tu formación como realizador? Hay algunas cosas que podemos intuir, como el acceso al cine a través de la televisión, que es algo generacional y que también aparece en la película... T.L.: Yo fui de chico al cine una vez, no me acuerdo a ver qué. Después cuando me mudé acá, a capital, comencé a trabajar, a los trece o catorce años. Y comencé a ir al cine en ese momento, bastante tarde. Antes, con mis padres, no tenían plata ni estaba la costumbre. Me acuerdo que caminaba por los cines, miraba las fotos y me imaginaba la película porque no tenía un mango... o sea, ¡una cosa tristísima! [risas]... ¡y ahora entro gratis!... es increíble como se dan vuelta las cosas. Mi formación es la televisión, las películas en la televisión y los programas. El cine llegó después. Lo que me motivaba para ir a la escuela era que quería escribir guiones, desde chico siempre quise escribir. Y después hice teatro, pero como un testeo, para ver si mi humor funcionaba, si podía mantener la atención de alguien durante diez minutos. Lo logré hasta hacerlo de taquito, y cuando lo hacés de taquito te aburrís. Y en realidad yo quería registrar las cosas de teatro. De hecho el primer corto que hice, en el que como, lo hice para teatro. Después empecé a filmar solo, o con un amigo; no lo conocí en un cumpleaños, como dice en la película, pero más o menos. Básicamente empezamos a tirar tomas y salió así. También hice cursos, pero cursos de una vez por semana, más que nada para conocer gente y no sentirme tan solo. Yo creo que los cursos sirven para eso también. No te exigen mucho pero te encontrás con gente que está en la misma que vos. Vas dos meses y no vas más, pero te comunicás con alguien, para no estar tan solo. Básicamente es eso... es como que me hice yo, no tuve mucha formación, sigo haciéndome yo en realidad. La creación. El camino del autoconocimiento E.A.E: Claro, nos preguntábamos cómo hacer para combinar un estilo tan personal y específico con una formación metódica, en caso de que la tuvieras. T.L.: Yo creo que se trata de pensar qué quiere hacer uno y quién quiere ser. Y vivir, y equivocarse. Yo creo que uno tiene algo adentro que quiere ser, como persona, como artista, como novio, como empleado. Creo que lo ideal es tener en claro la búsqueda y no desviarse, y si uno se desvía, saber que se está desviando. Yo creo que cada persona es muy especial y lo que tiene que hacer cada uno es desarrollarse. Porque el sistema hace que seas como todos, pero cuando uno sabe quién es y ya no le molesta lo que le digan, es cuando uno llega a tener seguridad de lo que uno es. Y si uno tiene esa seguridad puede empezar a hacer el camino que cree, equivocándose o pasándola mal. Aparte cuanto más personal es el camino más solo te sentís, eso es siempre así. Y pasa en la vida y en cualquier cosa artística que uno quiera hacer. El que pinta tiene que pintar lo que le salga del corazón, aunque le digan que es una mierda. Hay que escuchar lo que te dicen pero siempre saber lo que siente uno. Pensar qué es lo que a uno le hace bien o mal, qué lo hace feliz, pero desde uno y no desde las instituciones o las escuelas. Y cuando uno filma es complicado, porque necesita de otras personas; no es: uno, la brocha y el lienzo. Por eso es bueno trabajar solo o de a dos. Y a medida que uno se va conociendo, ir comunicándose con otros e ir agrandando el equipo. En muchas escuelas de cine para hacer un primer corto quieren meter 15 personas. ¡Es como ser virgen y que te metan en una orgía![risas]... “¡pará!, ¿cómo era esto? ¿una chica desnuda?, ¡aahh!” [risas]. ¡Es natural que no puedas! Vas a sentir que te vas a equivocar, por más que te expliquen todo. Uno tiene que desarrollar lo que es uno y sufrir las consecuencias, porque la pasás muy mal, en especial si querés seguir su propio camino. Uno se siente solo un montón de veces, se siente perdido un montón de veces, siente que no va a poder hablar un montón de veces. Porque cuanto más se acerca uno a su verdadera esencia, más diferente es de los demás. Yo creo que lo importante es sobrevivir a ese miedo. Tratar de hacer lo que se te canta las pelotas...básicamente. Pero por otro lado tener bien en claro la visión de los otros. Uno tiene que saber que vive en una sociedad, vive con gente. Que si a alguien le molesta que yo tire esto acá, no lo hago porque sé que molesta. Por más que quiera hacerlo. Pero es importante saber que tengo el deseo de hacerlo y tener en claro que si no lo hago es por una cuestión de respeto Por eso es importante desarrollarse a uno mismo, encontrar mil atractivos para uno mismo y zambullirse así al mundo. Particularmente en el cine es muy difícil porque es algo industrial, por más que sean tres o cuatro uno siempre tiene que tener las cosas pensadas de antemano, tiene que tener una estructura armada. No es que llegás con la cámara y te tirás. Tiene que estar todo organizado: la casa que te prestaron va a estar disponible por cierto tiempo, el camarógrafo se tiene que ir a cierta hora y no podés hacerte el loco “¡quedate más tiempo!”. No lo podés hacer porque hay mucha gente. Mi estilo es hacer lo que siento en el momento, por más que no tenga que ver estrictamente con lo que hago. Me sorprendo a mí mismo y se me ocurren ideas que aparentemente no tienen nada que ver, pero intento meterlas, encajarlas como sea. Y si al final no entran, no entran, pero la pasé bárbaro intentándolo. Siempre algo se aprende tratando de hacer encajar las cosas. Sólo quiero que se rían. T.L: Lo importante es hacer eso que uno quiere y que el tipo que está ahí mirando ni se lo espere…y que se ría. Y que se ría, y se ría… No me importa si queda un mensaje inapropiado, si quedo mal, si parezco un idiota porque me golpeo mucho. Lo importante es que la gente lo vea y se ría mucho. No quiero cambiar la historia del cine, ni nada: yo al escuchar las risas de la gente ya pienso ¡qué bueno!. Yo soy una persona con bastantes problemas de depresión, tuve momentos en mi vida muy, muy tristes; pero a mí lo que siempre me salvó de todo eso era la risa. La primera vez que se exhibió un corto mío yo estaba ahí sentado en la sala, y como también actúo sentí que había pasado al otro lado, “del lado en que se hace reír a la gente”; no tanto en una vidriera sino en un “otro lado”. Fue una sensación muy copada, sentís que te comunicás con otros artistas, te comunicás de otra manera y con otra gente. Yo ya había pasado a formar parte del mundo de las “personas que entretienen” por más que me hubieran visto dos o tres personas. Fue buenísimo porque era lo que yo quería, no quería ser genial, quería que se rieran, que dijeran “¿cómo se te ocurrió eso?”. Otra cosa que me gusta mucho es cuando me dicen “¡Uh, qué laburo!”, eso me encanta. Y nada más. [largo silencio] Al principio la TV, después una cosa llevó a otra E.A.E: Bueno, otra vía que nos imaginamos como parte de tu formación era el circuito de festivales. Por ejemplo: Tsukamoto, el director del que tomás el título Tetsuo, no es muy conocido. Está por fuera de lo que es la televisión y tiene que ver con otros canales de distribución. T.L.: No, yo tenía cable y miraba muchas películas raras. Y también iba a los video-clubs como Mondo Macabro a donde las películas raras también llegaban. No están en el Blockbuster. Y siempre fue así: si vos querés encontrar algo lo encontrás, es sólo cuestión de buscar. E.A.E: Pero ahí ya hay una intención de búsqueda… T.L.: Pero el tema es que una película te lleva a otra y así se llega a muchos lugares. Uno ve una, le gusta, se pregunta “¿quién es el director?, ¡quiero ver otra!” “¿trabajó siempre con este actor que hizo esta otra?” Y ya está. Son como links que te llevan a ir encontrando vos las películas. Y siempre es así. Por ejemplo, en la Facultad de Filosofía y Letras... ¿ustedes estudian ahí?... bueno, ahí en la década de los noventa hacían proyecciones de películas rarísimas. Ahora están en Internet, le gente hoy no iría porque se las baja. En la Lugones, en la facultad, siempre hubo lugares así. Si uno realmente quería… E.A.E: Pero eso implica moverse. Vos decís que tu formación fue la tele, pero también hablás de El viaje a la luna de Méliès (Georges Méliès, 1902) como una película muy influyente en vos. Y esa película no la pasan por la televisión. T.L.: Sólo que quizás hoy se narra de una manera diferente, pero no es tan distinta una película de Buster Keaton. Pero siempre hubo “colecciones de cine mudo” y compilados y hoy, mucho más. Pero incluso antes ¡siempre había alguien con un cassette escondido, que te lo daba! Siempre hubo alguno. Pero tenés que buscar. ¿Y saben qué pasa cuando uno busca? Ya tus amigos te empiezan a decir cuándo pasan a Buster Keaton. E.A.E: Pero para lograr eso ¡uno tiene que hacerse amigo de esa gente primero!. T.L.: Claro, es cierto. Pero de todas formas cuando yo hablo de la televisión me refiero hasta los trece o catorce años. Después empecé a salir, a trabajar y a conseguir plata para ir al cine, a meterme en cualquier lugar. Antes no. Pero igual a Chaplin en la televisión lo pasaron siempre, aunque sea un sábado a la tarde. Y siempre que pasaban un documental o alguna cosa sobre las películas mudas, a mí me mataba porque me encantaba, tenía algo que era…magia. Todo eso de que no haya palabras, es todo imagen. Los personajes hablan y uno no sabe del todo lo que están diciendo, había mucho para la imaginación y era muy grande. Me gustaba todo lo que tenía que ver con el cuerpo y con lo visual. Ahora yo hablo hasta por los codos pero en ese entonces yo era muy callado, así que también cerraba con todo lo que yo quería hacer. Capítulo 3 : El futuro, proyectos, búsquedas en el marco del cine argentino Robots, vacaciones, amigos... con mucho dinero, no sé lo que haría. E.A.E.: ¿Qué crees que pasaría si mañana conseguís toda la plata que querés para hacer la película que querés?. Plata como para producir un tanque industrial. T.L.: Lo hago. E.A.E.: Pero ¿qué pasaría con toda esta estética construida, en parte, sobre la escasez de recursos, sobre las pequeñas cosas?. T.L.: Bueno es cierto que en muchos géneros, en comedia… y en muchas películas de terror… cuando le agregás recursos ya no podés hacer lo mismo. Por ejemplo, Mr Bean cuando apenas tenía una tacita y jugaba era genial. Pero de pronto le pusieron un montón de guita encima, con planos grandes y todo eso. ¡Y ya no podés hacer lo mismo!. No sé lo que haría. Todo depende del costo. Bueno, lo primero que haría si tuviera mucha guita sería… [silencio] Yo tengo escritas un montón de películas con robots como los Transformers [risas]. ¡Y yo sé que son buenas!. Pero si hoy me dan mucha plata, no sé, me voy de vacaciones y les dejo la plata a los amigos, para que hagan ellos la película. Es mucha plata. Los proyectos actuales y futuros En realidad ahora estoy en algo así, tratando de hacer algo más industrial. Creo que hay que ir de a poco. Lo que yo quise lograr con esta primera película era mantener la atención durante 90 minutos, ese era mi desafío. Y ahora el desafío es lograr una secuela, tratar de seguir manteniendo la tensión, e ir un poco más allá. Esta segunda va a tener mucho más ritmo. El chabón va a ser un poco más enfermo, va a haber más sadismo. Los cortometrajes van a ser diferentes, pero mi objetivo va a ser afianzar lo que aprendí con esta. Por lo que estuve haciendo últimamente me di cuenta de que hay muchas cosas que puedo hacer más rápido. Antes me salían rápido pero ahora más todavía. Creo que con la tercera voy a mantener la estética, voy a cambiar mi forma de trabajo y voy a lograr hacer entender a las otras personas lo que quiero hacer Voy a prestar más atención a la parte de arte y a la luz. Quiero, en mi primer paso en la industria, poder mantener el estilo que yo quiero, el que ya conozco, lo que yo ya sé hacer; pero a la vez que sea algo más industrial. De todas formas yo soy muy metódico, en especial los días de rodaje. Los voy armando y desarrollando unos días antes: primero voy a la locación, me fijo qué cosas puedo usar, con qué cosas puedo hacer chistes. Yo calculo que cuando empiece a trabajar en la industria todo eso va a estar muy pensado de antemano y se va a hacer mucho más rápido, no voy a tardar tres días para hacer algo. La verdad es que no sé si decir que me quiero superar a mí mismo. Básicamente me estoy “repitiendo”, entre comillas, porque la verdad es que uno nunca se repite, siempre va más allá. Lo loco es que los desafíos no son artísticos: en la primera el desafío era tener un largo. No voy a jugar con nada, voy a llevar lo que ya tengo a otra estructura. Es un desafío de comunicación con el sistema, no artístico. Va a tener cosas más locas, al tener decorados y esos detalles no va a ser el mismo humor, tengo que hacer gags con otras cosas. Voy a hacer humor con estructuras más grandes, por ejemplo: si tengo un decorado y la pared se puede mover, que se mueva, si se puede girar la mesa, etc. Tratar de meterse más en el sistema. Yo sé que soy muy acelerado, así que sé que tengo que pasar por determinadas etapas y que no debo saltear ninguna. Creo que son necesarias porque cuando uno se equivoca en esto… la paga muy mal. Muy mal. No es que uno puede hacer una película y al mes hacer otra, así que más vale que lo que uno puede hacer lo vaya haciendo bien. Si retomás y retrocedés lo tenés que hacer bien y si avanzás tenés que avanzar muy bien,. En todo lo que es cuerpo y lenguaje creo que me desarrollé de tal manera, como estuve tanto tiempo laburando solo, que tengo afianzadas muchas cosas. Estoy tan seguro de mí como artista y de lo que puedo sacar, que creo que no puedo hacer algo de lo que me pueda arrepentir y que me pueda “marear”. Hoy puedo defender lo mío, sé lo que estoy haciendo y puedo discutir. Hace uno años no podía, pensaba “no, seguro que este otro sabe mucho más que yo”, pero hoy sí puedo. Tengo más seguridad como para plantear “bueno ¿vos sabés más de lo tuyo? Entonces hablemos y lleguemos a algún lugar”. Me equivoqué tantas veces… E.A.E.:¿Qué opinás de todo lo que estuvo pasando en el cine argentino durante los últimos diez años? ¿Viste cosas que te gustaron? T.L.: Hace poco charlaba con un amigo al respecto: el supuesto “Nuevo Cine Argentino” es algo que empezó hace ocho o diez años ¡y hoy siguen haciendo las mismas películas! ¡No puede ser! ¡son todas iguales!. Por ejemplo: la gente que hacía cine experimental en los ’60 y ’70 hoy se queja y dice “de eso ya no hay más”. Pero la verdad es que uno se sienta a ver videoclips y hay mucha experimentación ahí. Hay bandas alternativas, quizás MTV las pasa a las dos de la mañana, que son muy experimentales porque agarraron a un loco, le pagan y logran cosas loquísimas. Además te das cuenta de que el tipo esta probando cosas, no es que la tiene clara, si no que quiere divertirse. Me parece que hoy la experimentación está por otro lado, es como que algunas películas empezaron a tomar cosas de los videoclips, algunos directores de videoclips empezaron a hacer películas y todo empezó a mezclarse. ¡Mientras tanto otros siguen haciendo lo mismo! Siempre juntando plano y contraplano (representa con voz monocorde): - ché…qué hacés - no…y…mirá - y vos … [risas] Planos largos aburridos, como postales, con algún tango de fondo. EAE: ¿Te parece que quizás se recae mucho en el localismo?. TL: Yo creo que se pueden hacer cosas buenas. Por ejemplo, esta película de un director de puta madre: La casa de las dagas voladoras (Zhang Yimou, 2004) es re-localista, tiene que ver con la historia de China en cierto momento ¡y está buenísima!. Esa película la ve mi vieja, la ve mi perro, la disfruta todo el mundo, las coreografías son geniales, ¡hasta la mina está buenísima! EAE: ¿Pero no te parece que eso tiene que ver con estar inserto en un género muy particular con reglas específicas que el público ya sabe leer?. TL: Yo tengo cosas de tango que quisiera hacer, peleas con cuchillos. Pero los puede entender cualquiera y son divertidas. Me parece que hay como un prejuicio de que el cine argentino no tiene que ser entretenido, sino que tiene que ser algo soberbio y profundo, y eso no es así. El cine tiene que ser entretenido, y lo divertido también puede ser profundo. Por ejemplo, El tigre y el dragón (Ang Lee, 2000) es un culebrón, pero habla de cosas del amor y de los conflictos del protagonista con su espada, ¡son cosas muy jodidas!. Pero además tiene muy buenas coreografías y la pasás bárbaro. Yo creo que se puede. Star Wars III (George Lucas, 2005) trata sobre la debilidad y los miedos y lo que éstos pueden hacer con una persona. ¿Entienden qué profundo? Es un hombre que estaba destinado a ser una especie de salvador pero le agarra miedo por la mujer. Al dejarse llevar por el miedo se transforma en otra persona, y entonces se va pasando del lado del enemigo; como es débil, termina en el lugar opuesto al que empezó. ¡Eso pasa con los políticos! ¡Eso le pasa a mucha gente con la carrera! Por ejemplo alguien que trabaja en un banco (está todo bien con los que trabajan en un banco) pero puede pasar que de repente se pregunte “¿y cómo llegué yo acá?”. “¿Cómo terminé escribiendo en Cinemanía?” [risas]. Es una historia muy jodida. Yo creo que se puede hacer algo entretenido con mensajes profundos, pero acá si no hacés algo profundo tenés que hacer Bañeros III (Rodolfo Ledo, 2006). ¿Por qué tiene que estar todo separado? Las películas de Chaplin son muy duras también, la imagen de Hitler jugando con el globo es muy jodido y pesado, pero a la vez está buenísima porque te morís de risa. La historia de mi película, si yo te la cuento es un bajón: es un chico que quiere hacer algo, lo intenta, lo intenta y no lo logra. Le agarra un tumor en la cabeza y empieza a hacer algo pero tampoco le gusta y todo el mundo se burla de él. Por último se muere sin lograr nada de lo que quería. Claro que si la misma historia te la agarra Subiela, te dormís a los dos minutos. Me gustaría darle la sinopsis y que la hiciera, porque sería otra película. Es una historia que es un bajón pero con chistes en el medio. Por eso yo me alejo del cine argentino, porque no tiene nada que ver con lo que a mí me gusta y además no llevan al cine más de dos personas, no las ve nadie. Tampoco le gusta a la gente, creo que está pidiendo un cambio ya. Pero ¿qué voy a hacer?. EAE: ¿Hay alguien que rescates o que te guste?. TL: ¿Del mainstream? Sí, hay un montón que me gustan. Damián Szifron me encanta. La última película de Sapir, La antena, (Esteban Sapir, 2007), se veía de puta madre, pero me pareció que había intertítulos que estaban de más. Un amigo me dijo que en el cine agentino ¡hasta las películas mudas tienen mucho diálogo! [risas] Todo se resalta y se explica millones de veces. Igual es de las que más me gustan de acá. Pero no puedo dejar de notar que hay cosas que se pueden explicar con imágenes: en vez de que alguien llame por teléfono y, mediante diálogos diga “se murió”, que muestren un funeral u otras cosas. Yo tengo muchas dificultades para expresar algunas cosas con imágenes, pero hay que pensar un poco lo que se hace, no es un radioteatro, ni televisión. Una señora mira televisión mientras está planchando y entiende todo escuchando, porque en realidad está prestando atención a la plancha para que no le queme la ropa. El cine es otra cosa, no puede estar todo explicado y subrayado tantas veces. Algo que detesto es que no haya tercer acto [énfasis en la palabra “detesto”, la repite con asco] Cuando no se resuelven las cosas, lo detesto. Así se hace una película en dos minutos, pero no me gusta. Yo haría veinte mil películas. ¡Ahora mismo te escribiría algo!: “Los dos lloran. Se van caminando. Fundido al cielo”, no lo resuelvo. Y eso es un final abierto ¡qué piola! Cualquiera lo puede hacer. EAE: ¿Pero no creés que eso podría considerarse una experimentación en la narración?. TL: A mí no me gusta. EAE: Se podría pensar que deja una mayor libertad al espectador, es más ambiguo, no explica tanto. TL: No, eso es que no quisieron laburar [risas]. Una película no puede ser como Elige tu propia aventura. La gente que busca, la gente que no. La gente que es absorbida TL: A mí me encanta Spider-Man (Sam Raimi, 2002) por ejemplo, también me gustan mucho las películas coreanas y orientales, esas son las que creo que están haciendo cosas nuevas. Se ve una búsqueda, alguien que busca está en movimiento, va y viene, se equivoca. Acá no hay más búsqueda. Si vos ves alguien que busca, te atrae. Si vos ves a un tipo que no está en movimiento ni busca nada, te puede gustar pero no te atrae. Por más que tenga toda la guita y un trabajo estable, está ahí, todo ordenado…¡te buscás al otro de amante! (risas). En las películas es lo mismo, naturalmente buscamos en una obra algo que nos sorprenda, que nos sacuda. Me parece que en las películas argentinas ya no hay más búsqueda, si la hubiera yo lo respetaría. Por eso me gusta mucho ver los cortometrajes de primero y segundo año de las escuelas, porque están probando cosas y se divierten. Algunos hacen lo mismo que el resto (repite la expresión gélida de “Nuevo Cine argentino”) - Hola… - Qué tal… - Me olvidé los cigarrillos… (risas) Pero en otros lo interesante es que ves sangre, ves ganas, por más que sea desprolijo. A mí me atrae ver a alguien con ganas de hacer algo. Hay una escuelita de San Isidro que se llama Taller el Mate, ¿la conocen?. Yo tengo el link. Es un taller para pibes de ocho a trece años ¡y están buenísimos los videos que suben! Prueban cosas, se equivocan. No tiene estructura previa, hacen lo que les sale de acuerdo con lo que ven, y no al revés. A mí me parece que hay que hacer eso. Hay veces que el miedo mismo (a quedarte solo, a cagarte de hambre) te hace pensar “no, esto no funciona, mejor me dedico a otra cosa”. Y no es que vas a dejar de hacer eso que estabas imaginando para retomarlo más tarde. No, uno piensa: “ahora hago esto, ya me quedé porque me pagan bien”. Eso pasa con la gente que hace publicidad: va, trabaja muchísimo y factura y factura. Me ven y me dicen “te envidio” y yo les pregunto: -¿pero no ganás bien? -sí, sí, gano [un tono aburguesado, para el de publicidad] pero es una máquina de laburo -¿y te fuiste de vacaciones? -y…no. Es que compramos dos autos -Ahhhhh…bueno, ya está, qué piola. [risas] -Pasa que ahora tenemos nenes y queremos mandarlos a escuela privada. Bueno, ese ya está pensando en otra cosa ¿Qué pasó con el chabón que tenía una cresta, veía The Wall (Alan Parker, 1982) y decía [esta vez con voz de punk malo] “¡Eh! ¡es todo una cagada!”? [risas] ¿Qué pasó con ese chabón? Se casó e hizo otras cosas, y piensa “No, yo ya no puedo andar viajando para todos lados”. Cuando no es así, se puede encontrar un punto medio, no hace falta ser un colgado. Yo conozco mucha gente que hace publicidad, se mata trabajando, pero después descansa, hace sus propias cosas y vuelve. Lo que pasa es... que la guita a la gente la puede, cuando estás en un sillón cómodo, con aire acondicionado ya todo te empieza a atrapar: “¡Ah! Yo esto ya no lo quiero perder. Si lo pierdo me deja la chica con la que estoy” [risas]. Eso es el miedo, si te dejás llevar te caga la vida. Hay gente que dice “ah, ¿te acordás?. Esa música es de mis tiempos”. ¡Tu tiempo es ahora! ¿De qué me estás hablando?. No sos Lincoln y te moriste hace mucho, ¡estás vivo ahora! Es muy triste, se cree que antes se estaba mejor, pero que ya no se va a poder volver, y eso es mentira porque siempre se puede volver, pero con mucho más conocimiento. No sé cómo terminé hablando de todo esto. EAE: ¿Por qué usar un pseudónimo?. TL: Bueno…para empezar creo que todo el mundo debería elegir su propio nombre. El nombre te lo pone alguien que ni te conoce y que te vio apenas dos minutos. Para mí el nombre debería ser algo temporal, provisorio. ¿Vieron cuando para retirar algo tenés que dejar una seña?. Debería ser así o quizás deberíamos usar números, los números no dicen nada [risas]. Y después sí, que cada uno elija su propio nombre. Bueno, en mi caso además era para marcar una bisagra, una nueva etapa, me puse Tetsuo con el largo, antes me llamaba de otra manera [no dice cómo se llamaba antes, ni su verdadero nombre]. Al principio, como hacía películas mudas, muchos me cargaban un poco y me decían “Lumière”, me pareció gracioso. Es como la historia de Chespirito, que le decían así por Shakespeare o “chéspir”. Y Tetsuo es porque me encanta lo japonés, pero también cuando lo elegí fue porque me pareció que las dos cosas juntas no sonaban a nada; si alguien lo ve se pregunta ¿de dónde es este chabón?. Mi cara tampoco dice nada, en otras partes del mudo me dijeron que no sabían decirme de qué lugar podría llegar a ser. Además quería que tuviera una música que me gustara, escuchen: “Tetsuo Lumière”. A la gente que no sabe de cine, también le gusta. Quería que fuera también una especie de chiste, que se reconociera al instante, pero que fuera internacional. Mucha gente piensa “¡qué soberbio!”. No es soberbio, tontos, es un chiste. Capítulo 4 : Una constante, el sueño del exterior. Conclusión. En el exterior hay más plata EAE: Cuando explicaste cómo empezaste a planear la película, dijiste que tu primera idea era enviarla al exterior y que logre éxito afuera. TL: Todavía pienso eso, es una cuestión más que nada económica. Yo no llegué todavía a muchos lugares, estoy cerca pero sé que son mucho más abiertos y te valoran mucho más. Para el tipo de películas que yo hago sólo hay que encontrar ciertos canales y se logra redituar económicamente. Básicamente porque hay más consumo que acá. Cualquiera, alguien que fabrique medallitas las vende por mucho más y puede vivir de eso. Es que allá hay más dinero. Además en todo hay algún tipo de sistema que te dice por dónde tenés que ir. Acá no hay ningún sistema, ni industria. Dicen que hay industria pero no la hay, la gente no puede planear nada porque no sabe si tiene la guita, si te la prometen te la dan meses después. Y también creo que me pueden entender más. En realidad el público que me entiende acá no consume, y allá sí. Hay gente que te dice “che, no tengo un mango para ver tu película ¿me dejás entrar?”. Es una cuestión económica. Además, todo esto es un sueño que yo tengo desde antes de nacer. Mi idea era filmar y trabajar afuera. Por eso quiero hacer un tipo de lenguaje que se pueda entender en cualquier lugar. Yo agarro mi mochila y me puedo ir a cualquier lugar y filmar porque todos me van a entender. Toda mi vida quise eso. Jamás me sentí ciudadano argentino, siempre me sentí en un mundo que había que conocer. No tengo amor al barrio, ni al país, ni nada de eso. Me siento una persona que está en un lugar, sólo porque está ahí, pero si puedo ir a otro lugar voy. No tengo nada: algunos DVD y otras cosas personales, lo que cabe en mi mochila. Eso es importante porque te da mucha libertad para vivir, para ejercer tu profesión y para crear. Cuando te conocés a vos mismo sos libre y podés hacer lo que se te canta, y si te equivocás sabés que vas a salir a flote. EAE: Llama la atención que no te interese trabajar acá, tu sueño es irte al exterior. ¿Qué es lo que esperás o te imaginás que vas a encontrar allá?. TL: ¡Estudios!. Bueno, para empezar el valor de la palabra, acá no hay y eso hace que me cueste mucho sobrevivir en un lugar así. Un país o cualquier relación entre personas se construye con la palabra. La gente tendría que darse cuenta que, nada más dándole valor a la palabra, todo sería mucho más fácil. No vale decir “no lo hice porque me colgué”, no. Si yo lo dije, lo tengo que hacer. Pero cuando estás rodeado de gente así, ya no cambiás más, no es que sea mala persona, es argentino. Es parte de la viveza criolla. Por ejemplo, si el INCAA te promete plata para cierto momento y vos te matás para llegar a esa fecha y cumplir con lo que te piden pero después no te lo dan, no te podés quejar porque es el instituto. Son cosas que te hacen. Se puede, igual. Si te acostumbrás y le encontrás la vuelta, uno sobrevive a todo. Aristarain pudo filmar muchas cosas que a mí me gustan mucho. Y sobrevivió, filma, tiene su equipo y la gente lo quiere. Pero es difícil. Existen otros países, quiero tener otras experiencias. En Japón, por ejemplo, las minas están buenísimas, tengo varias razones [risas]. A mí me gusta hacer reír, todos nos reímos, lloramos, sufrimos lo mismo; algo en común tenemos. El resto son detalles, pero no importa. Además lo que yo hago se puede ver en otros lados. Quiero saber qué se siente laburar con otra gente, trabajar de otra manera. No tengo nada que me ata, mi objetivo en la vida es sentirme cada vez más libre, sentir menos ataduras. Desde chico me vi a mí mismo como una persona libre y de a poco estoy logrando tener menos prejuicios y hacer lo que quiero, encontrarle la vuelta. Parte de eso es vivir donde quiero. EAE: ¿Cómo ves la situación de Ciudad Abierta?. TL: Es un bajón, es una imagen de lo que es el país. Es algo que costó mucho, porque yo estuve cuando empezó el recambio, haciendo unos cortos que me encargaron (están en Internet). Es típico: alguien hace algo, pone el hombro, hace un sacrificio y llega a un año; pero ya viene otro y lo tira abajo. Este país es así, todo el tiempo se está tirando abajo el trabajo de mucha gente, se va para atrás para empezar de nuevo otra cosa. Es un bajón, ¿qué querés que te diga?. Los proyectos no salen de un día para el otro, necesitan crecer y desarrollarse, necesita un primer tiempo de libertad hasta poder empezar a exigir cosas. Y más tiempo para empezar exigir que dé plata. ¡La nueva administración lleva sólo un año! Lamentablemente no me sorprende, siempre es así en este país. A mí me llamaron por los mails insoportables que mando todo el tiempo y porque a la chica que lo dirige la conozco hace un tiempo. Eso ayuda y cambia mucho cuando hay gente que quiere trabajar con vos. Pero todavía no llegué a donde quiero llegar, yo quiero vender mi película afuera. Y lo voy a hacer, está lejos pero estoy en eso; las cosas se van dando vuelta de a poco, pero la cosa es persistir. Hay que moverla como sea. Eso va a hacer que lo que hagas después tenga ya todo un recorrido, si no, estás siempre en el mismo lugar. La verdad es que yo no quiero ser independiente, no lo hago porque soy loco, lo hago porque no me queda otra. EAE: Mañana vas para Tucumán. TL: Cuando estaba haciendo el work in progress pensé hacer las primeras escenas en un lugar como Tucumán, con valles y montañas. Y lo filmé, pero al final lo saqué. Justo se dio la casualidad de que me invitaron [en ocasión de la 2ª Muestra de Cortometrajes CORTALA! 07, fue invitado a exponer su obra y dar charlas, junto con Julio Arrieta, entre otros] así que voy a hacer un par de tomas para la próxima película. Parece que no, pero a veces las cosas cierran. Voy a ver cómo son las cosas ahí, por si quiero volver a filmar. Vacaciones, jamás. No están en mis planes, pero, bueno algún día tendré que dormir. EAE: ¿Alguna otra cosa para tus lectores? TL: Si pueden encontrar otras cosas que hacer, buenísimo. No se dediquen al cine. La verdad es que es horrible. La pasás muy mal. O sea, más vale que te guste porque para boludear, estudiá cualquier otra cosa. Claro que si te va bien, en realidad te va muy bien, cuando las cosas van cuesta arriba no te para nadie. |
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