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1- A la hora de pensar el cine argentino contemporáneo ¿cree que el concepto de Nuevo Cine Argentino, utilizado repetidamente desde 1960, sigue teniendo vigencia? La formulación de la pregunta es ya su respuesta, porque significa que el NCA ya es historia (para bien o mal). Si históricamente ese concepto se vuelve a usar cada vez que hay un movimiento de renovación (como pasó a inicios de los ‘60 y fines de los ‘90), es claro que ese momento ya ha pasado. Por lo que, ante el agotamiento de lo que entonces era “nuevo” y ya no lo es (por emergencia de nuevas crisis o por una inevitable necesidad de recambio), se impone darlo por terminado y esperar que un nuevo “NCA” que se haga acreedor de la sigla. 2- ¿A qué se denomina hoy Nuevo Cine Argentino y cómo afecta a la recepción ese término? Desde hace ya unos años que se denomina NCA al cine argentino surgido a partir de hitos como Historias Breves (1995) y Pizza, birra, faso (Adrián Caetano y Bruno Stagnaro, 1997). Su aparición (y denominación, que en este caso fueron paralelos porque también la crítica sufría una renovación) fue un momento necesario de recambio, para dejar atrás algunos de los vicios del “viejo” cine argentino. El problema es que, a esta altura, también el “nuevo” cine tiene vicios. O simple agotamiento, tras diez años de existencia, como suele suceder con cualquier movimiento estético (como también lo sufrieron los llamados “nuevos cines europeos” a fines de los ‘70). Pero ningún “nuevo cine” tiene una estética única, el agrupamiento es más bien programático (si tiene la suerte de tener una “política” además de tener “autores”). 3- ¿Cómo ve el estado actual de la crítica cinematográfica en relación a la producción argentina reciente? ¿Qué rol deberían cumplir los intelectuales y críticos ante el cine argentino contemporáneo? Si bien la crítica también vivió un proceso de renovación en los ‘90, tal vez quedó demasiada pegada a eso que ayudó a denominar “Nuevo Cine Argentino”. Y así como alabó en exceso ciertas películas que no lo merecían, sólo por acompañar ese auge, hoy critica en exceso otras que tampoco lo merecen, sólo porque ese auge ha pasado. Pero de lo que se trata, más bien, es de señalar problemas y aportar al debate: renovarse ella también, y saber acompañar los cambios de su objeto. Si no, corre el riesgo de ser la “viuda” del NCA, o en convertirse en lo que había despreciado: una crítica detenida en el tiempo, incapaz de apoyar la renovación. La mirada más interesante proviene mas bien de los historiadores del cine (algunos críticos también lo son), que necesariamente piensan con más distancia, sin necesidad de profetizar día por medio (descubriendo talentos instantáneos o llorando su falta en los “viejos”), pero sin por eso tampoco dejar de proponer perspectivas nuevas y vislumbrar un futuro posible. 4-¿Qué implica haber tenido un récord histórico de estrenos de films argentinos? ¿Es favorable o desfavorable para el cine argentino? ¿Quiénes son los principales exponentes del cine argentino contemporáneo? La cantidad no implica nada por sí misma. Ni mayor calidad (muchas de esas películas son impresentables) ni mayor decadencia (la proporción de “buenas” películas se mantiene mas o menos estable). Lo que complica las cosas es una mala política de distribución y exhibición, o la carencia de ella: hay que cuidar los estrenos, y crear espacios alternativos (los espacios INCAA no alcanzan, y su gestión dista de ser eficaz). No se trata de privilegiar a un “star-system” de directores (viejos o nuevos: los nombres “clásicos” los conocemos todos) sino de generar un espacio para que siempre exista un (buen) “cine argentino contemporáneo”, sean quienes sean sus representantes. 5- ¿Cuál debería ser el rol del INCAA ante el cine actual? El rol del INCAA debería ser, mas allá de sostener el sueño de un cine industrial (o sostener el sueño del cine industrial, que es lo que suele hacer), garantizar el acceso a la realización de nuevos directores, estar abierto a las nuevas propuestas y facilitarles el camino (ese sí es un sueño aún irrealizado). Porque si algo enseña la experiencia del “Nuevo Cine Argentino” es que esa renovación se hizo casi a contrapelo de las políticas que sólo dejaban filmar a “los conocidos de siempre”, en base al prestigio internacional de las nuevas películas y realizadores: echarle ahora la culpa de todos los males del cine argentino a ese “nuevo cine”, cuyos viejos representantes ya son parte de la industria, sólo es repetir cierto “ninguneo” institucional en el cual ese cine creció, pero en un contexto mucho más desfavorable (porque el mercado del cine ya no es el mismo de los ‘90). Si ahora languidece, igual que el cine “industrial”, evidentemente tiene que ver con otras cuestiones que nadie se atreve a tocar (el precio de las entradas o la pobre participación de la TV abierta, por ejemplo). Nicolás Prividera |
Nicolás Prividera
Nicolás Prividera estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA y cine en la ENERC. Con su primera pelicula, M (2007) ganó el premio Ernesto Guevara a la Mejor Película Latinoamericana, y el premio FIPRESCI en el último Festival de Mar del Plata, el Runner up Prize en el Festival de Yamagata (Japón) y una Mención Especial del Jurado en el Festival de Gijón (España). ![]() M (Nicolás Prividera, 2007) |