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1- A la hora de pensar el cine argentino contemporáneo ¿cree que el concepto de Nuevo Cine Argentino, utilizado repetidamente desde 1960, sigue teniendo vigencia? Es una terminología inevitable y poco importante. Son etiquetas que parecieran ser necesarias para armar sistema dentro de un grupo más bien heterogéneo. Hay una fatal insistencia en homogeneizarlo todo, en darle un orden, y eso lleva a grandes malentendidos. El problema es que ya no se ven las películas, lo particular entre las imágenes y los sonidos, ya no hay valor en el placer de ver una película. Todo sigue teniendo que responder a los parámetros de lo que se supone que una película tiene que ser. Eso limita las posibilidades, restringe la mirada. Tal vez podría iniciarse acá una crítica a cómo miramos el cine y tal vez también, a cómo lo hacemos. 2- ¿A qué se denomina hoy Nuevo Cine Argentino y cómo afecta a la recepción ese término? A cualquier cosa. Ya es un término del feudo del marketing -es decir, una simplifiación aberrante- dentro de un mercado que no existe o que existe de manera escuálida. Algo cercano a una bolsa de gatos, pero que es inevitable que exista y que reitere su aplicación. En tanto que se siga produciendo, siempre va a haber algo "nuevo". Si son imágenes a 24, 25 o 30 por segundo, va a ser "cine". Y "argentino"... pufff, esa es una noción más compleja, pero que se simplifica si uno lee la ley de cine. Si la idea de novedad sigue interesando, puede predisponer a ver ese cine. Sin embargo, habría que pensar si no es interesante la idea de un Viejo Cine Argentino. El problema ahí radicaría en la pobreza de nuestra tradición o, más bien, en su pésima revisión. ¡Hay que empezar a hacer VCA! Y así está claro, VCA o NCA: Pura fantochada. 3- ¿Cómo ve el estado actual de la crítica cinematográfica en relación a la producción argentina reciente? La burocracia es un mal que recorre todo trabajo y del cual habría que intentar -por lo menos yo lo intento- escapar. Lo pienso para mí -y creo puede ser extensible-: en el momento en que uno devenga en un burócrata, uno debería cambiar de trabajo. A veces se leen comentarios que parecieran escribirse de manera automática, por fórmulas, por "copy-paste", sin el mero rastro de la relación con la obra que se tuvo enfrente, sin el asomo de una mínima reflexión ni diálogo. Eso es siempre una pena. Ahí es cuando me parece que ya no se ven más las películas. Se ven otras cosas: los press-books, los blogs, los créditos, la cinefilia, las modas, los propios prejuicios. ¿Qué rol deberían cumplir los intelectuales y críticos ante el cine argentino contemporáneo? Está en ellos el poder reflexionar sobre su estado, su rol y sus funciones. No me parece que yo pueda ni deba decir cómo alguien tiene que comportarse. 4-¿Qué implica haber tenido un récord histórico de estrenos de films argentinos? Implica que producir cine -de maneras diversas y con distintos objetivos- es posible. ¿Es favorable o desfavorable para el cine argentino? Creer que la existencia de posibilidades y de diferencias no es favorable es fascista. ¿Quiénes son los principales exponentes del cine argentino contemporáneo? Lisandro Alonso, Lucrecia Martel y Juan Ronco -quien todavía no está expuesto- 5- ¿Cuál debería ser el rol del INCAA ante el cine actual? Fomentar el cine en todas sus variantes de producción. Tender hacia la diversidad siempre es bueno. De todas maneras, me considero un ignorante con respecto al funcionamiento de esta institución. Matías Piñeiro
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Matías Piñeiro
Buenos Aires, 1982. Egresado de la Universidad del cine, donde actualmente es docente en las materias de Historia del cine I, Guión II, Dirección III; y co-programador de "Espacio.ciclos", del Festival de Escuelas y del Talent Campus Bs As.Dirigió el cortometraje Una mujer silenciosa (2002), el largometraje colectivo A propósito de Buenos Aires (2006) y su ópera prima El hombre robado (2007) se proyecta actualmente en el MALBA. ![]() El hombre robado (Matías Piñeiro, 2007) |