1- A la hora de pensar el cine argentino contemporáneo ¿cree que el concepto de Nuevo Cine Argentino, utilizado repetidamente desde 1960, sigue teniendo vigencia?

    Creo que por lo general cuando se habla de Nuevo Cine Argentino, no se habla de un concepto. El uso frecuente del término “nuevo” tiene más que ver con dar cuenta de la aparición de un fenómeno diferente en el campo cinematográfico local, que con denominar algo homogéneo o conceptual sobre algunos textos fílmicos.
    Desde el punto de vista coloquial, es una forma de referirnos a un grupo de películas recientes y distintivas, en el marco de una serie de formas de producción novedosas. Creo que sirve para entendernos, pero no sirve para explicar ni el fenómeno, ni las películas.
   Desde el punto de vista analítico, el “nuevo cine argentino” es solamente el generado en los ’60.


2- ¿A qué se denomina hoy Nuevo Cine Argentino y cómo afecta a la recepción ese término?

    La recepción del cine argentino actual es tan reducida que este tipo de disquisiciones no la afectan de ninguna manera.
   En cuanto a los estudios sobre cine argentino, denominan de esa manera a la producción fílmica local que desde 1997 muestra un cambio significativo en los modos de producción, así como en los modelos narrativos y en el lenguaje cinematográfico utilizado. Creo que es un campo muy amplio en el que entran todo tipo de trabajos, por lo tanto es un conjunto tan heterogéneo que muchas veces no resulta rentable para encabezar un análisis.
    Por otro lado, si uno vuelve a mirar el cine de la década del ‘80, la diferencia es tan grande que resulta muy fácil reconocer que ahora se hace “otro cine”.


3- ¿Cómo ve el estado actual de la crítica cinematográfica en relación a la producción argentina reciente? ¿Qué rol deberían cumplir los intelectuales y críticos ante el cine argentino contemporáneo?

    Este es un tema muy complicado. Por un lado, creo que en todos lados hay un resurgimiento de “jóvenes turcos” en la crítica. Es decir, aparece de forma muy legitimada entre los críticos una mirada deseosa de un cine que busca el límite estético y rechaza lo narrativo.
    Por supuesto que esa no es la mirada del público masivo (ni del público en general) y entonces se produce una distancia muy fuerte entre los que escriben y los que leen las críticas.
    Creo que la crítica no puede hablar de todas las películas desde el mismo lugar. Hay películas que ofrecen entretenimiento y otras que proponen una experiencia estética. Estas cosas no se pueden comparar, ni jerarquizar de una manera liviana.
    Creo que la crítica argentina alienta en general a un cine que denomina “independiente” (con mayor vuelo formal, o al menos con pretensiones en ese sentido) y desalienta al cine que denomina “industrial” (un cine de entretenimiento hecho en base a modelos clásicos). Y esa distinción no me parece afortunada.

    Me encanta cuando se estrenan películas “industriales” bien hechas y veo que el público responde con su presencia. Creo que esa es la única vía para que crezca nuestra cinematografía, no en término de cantidad de películas, sino en términos de contar con una masa crítica de espectadores. Es muy difícil pensar en un crecimiento cualitativo de los filmes locales si cuentan generalmente con un público exiguo. Creo que esta también es una condición de posibilidad de un cine que proponga riesgos estéticos.


4-¿Qué implica haber tenido un récord histórico de estrenos de films argentinos? ¿Es favorable o desfavorable para el cine argentino? ¿Quiénes son los principales exponentes del cine argentino contemporáneo?

    No me parece que la cantidad nos diga gran cosa. Usualmente veo la mayor parte de la producción nacional, pero el año pasado vi tantas películas malas que finalmente dejé pasar más de la mitad del “record de producción”.
    Últimamente me interesa mucho más la producción documental que la ficcional. Creo que en ese ámbito siempre aparecen cosas interesantes, a veces temáticas, otras narrativas o de lenguaje.

   
5- ¿Cuál debería ser el rol del INCAA ante el cine actual?

    Este tema es bien complejo. ¿Cómo se puede pretender tener un cine totalmente subsidiado por el estado, sin que eso signifique la aplicación de restricciones de algún tipo?
  ¿No tiene el estado derecho a designar ciertas pautas en las producciones que financia con recursos públicos? ¿Pero, no significaría eso la aplicación de censuras, denegaciones o persecuciones de algún tipo?
   Estos son los temas que se discuten siempre que se piensan las políticas estatales de los institutos de cine y creo que las respuestas merecen una elaboración que no puedo hacer aquí. Solamente diría que si bien debemos exigirle al INCAA una política más transparente, global y coherente, también las instituciones, los gremios, los trabajadores y los intelectuales deberíamos poder diseñar una  propuesta de crecimiento para el sector en general que trascienda los gustos personales y los intereses de los quiosquitos particulares.
    No creo que pase con el INCAA algo diferente de lo que pasa con los organismos estatales que promueven desarrollos industriales en cualquier sector. Creo que funciona (con sus más y sus menos) y que desarrolla proyectos interesantes, pero faltan políticas de largo plazo. Falta un proyecto industrial para el sector que sea viable y consensuado seriamente con las empresas que lo van a llevar a cabo.  Falta un proyecto artístico por parte de un organismo que invierte enormes cantidades de dinero en producciones artísticas (no existe, ni existió nunca, ninguna discusión acerca de estos temas).  

Clara Kriger






Clara Kriger

Licenciada en Artes (UBA). Se desempeña como investigadora en cine argentino en el Instituto de Artes del Espectáculo (UBA) y como profesora de la Universidad de Buenos Aires y FLACSO.Es autora de numerosos ensayos en publicaciones especializadas y coautora, entre otros libros, de Cine Argentino en Democracia 1983-1993  (Fondo Nacional de las Artes, 1994), Cien años de cine  (La Nación, 1996), Cine latinoamericano: Diccionario de realizadores  (Edit. Del Jilguero, 1997) y Páginas de Cine (AGN y DGM, 2003). 




La ciénaga (Lucrecia Martel, 2000)