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1- A la hora de pensar el cine argentino contemporáneo ¿cree que el concepto de Nuevo Cine Argentino, utilizado repetidamente desde 1960, sigue teniendo vigencia? 2- ¿A qué se denomina hoy Nuevo Cine Argentino y cómo afecta a la recepción ese término? NCA es un buen concepto para designar una etapa –tanto la que transcurrió en los 60s, como la abierta en los 90s- de renovación estética, generacional y de innovación en campos relacionados, como las formas de producción, la reaparición en vidrieras internacionales como conjunto estético y geográfico, etc. Como nombre permanece ahora porque es pertinente (y cómodo) en un sentido en cierto modo historiográfico, para referir tal momento específico de su evolución. Sería lo que hacen los brasileños al utilizar el término “Retomada” cada vez que mencionan el impulso que tomó su cinematografía a fines del ochenta, por ejemplo. Hoy el movimiento del cine argentino es más amplio y heterogéneo en realizadores, géneros, estilos, temas (también en calidad por cierto) y esa producción sostenida en más de una década configura un cine nacional, lo acredita como institución. En cuanto tal, supongo es percibida no por un público sino por espectadores abiertos, curiosos, o fieles a algunos nombres que se afirmaron a través de una obra sólida en los últimos diez o quince años. Y vaya a saber cómo la nombran… 3- ¿Cómo ve el estado actual de la crítica cinematográfica en relación a la producción argentina reciente? ¿Qué rol deberían cumplir los intelectuales y críticos ante el cine argentino contemporáneo? No estoy segura de que haya un estado, sino estilos de crítica. Además de materia de evaluación e interpretación de una película, la crítica es una cuestión de escritura. Hay otras formas de intervenciones críticas, en debates, presentaciones, etc., pero sustancialmente se ejerce con la mediación de una escritura. Y en este sentido su práctica varía según se escriba bajo la presión del tiempo de una redacción, para una revista especializada, para una publicación cultural o en alguno de los numerosos medios de circulación abiertos ahora en la web, blogs incluidos. Esta pluralidad responde a diferentes lectores e intereses. La cuestión, cada vez más asidua, es que juicios sostenidos con una buena escritura y tramados formalmente con una lógica argumental correcta, más que conectarse con una obra la ponen al servicio de una subjetividad valorativa que calificaría de impune. El subjetivismo suele ser inevitable en la crítica, pero se vuelve patético cuando en lugar de herramientas que orienten el análisis o el juicio sobre tal o cual película, tal o cual realizador o realizadora, sólo sirve a la valoración narcisista de quien enuncia. La imaginación crítica requiere sin duda plantear y defender con firmeza las ideas, siempre que no pasen por un colador. Sucede, por ejemplo, que ahora el snobismo o la seudoaristocracia de un gusto “modernista” campea al punto de considerar los géneros fílmicos o la emoción como un defecto! Esto no aporta a una ética, menos aún a una estética fílmica, sino a la instrumentación de un film en función de una capilla (de grupos, de revistas, de escuelas de cine, de género, en fin, de posicionamientos político ideológicos que atraviesan la escena cultural actual). En cuanto a la segunda parte de la pregunta: desconfío en general de la palabra función, pero si la crítica tuviera alguna, sería transmitir alguna verdad sobre un film, aunque esta verdad consista, como decía Daney -y lo cito aquí como emblema de la imaginación unida a la intransigencia crítica- en algún momento fugaz capaz de revelarnos gentes y realidades posibles (Respecto de la crítica recomiendo el debate entre el personal de Cahiers du Cinéma publicado en el número de enero, y ampliado en el sitio web de esta revista: http://www.cahiersducinema.com). 4-¿Qué implica haber tenido un récord histórico de estrenos de films argentinos? ¿Es favorable o desfavorable para el cine argentino? ¿Quiénes son los principales exponentes del cine argentino contemporáneo? Significa que ha entrado, ni más ni menos, en una fase “industrial”. En el sentido que suele aplicarse a una producción numerosa de algo y que por lo tanto tiende a tener las características de manufactura en serie…, por otro lado, esta etapa no necesariamente implica que desde lo institucional se bendiga por igual formas de producción y distribución que en ejercicio de una voluntariosa independencia están muy diversificadas y en muchos casos siguen siendo penosas. Es imparable la tendencia a tomar el cine como objeto de consumo cultural, aunque sospecho que para el elenco de El ángel exterminador, como para sus lectores, entre los que me incluyo, el cine todavía sea una fuente de placer estético. Entre la cantidad de películas argentinas estrenadas el año pasado podían encontrarse títulos que correspondían a una y otra vertiente, lo cual no deja de ser –para mejor, creo- un sismógrafo elocuente de este presente que transitamos. 5- ¿Cuál debería ser el rol del INCAA ante el cine actual? El rol del INCAA debería ser el que está cumpliendo, en la aplicación de la ley de cine (ya se dijo en todos los tonos que era la mejor posible, aunque no siempre sujeto de políticas plausibles) y en la generación –o acompañamiento- de políticas imaginativas de co-producción, de vías de circulación del cine nacional en el exterior, de contratos para optimizar lo laboral en momentos en que los recursos humanos y técnicos locales son muy demandados desde campos cinematográficos y publicitarios extranjeros. Ana Amado
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Ana Amado
Profesora Adjunta Regular con dedicación Exclusiva en la Cátedra "Análisis y Crítica Cinematográfica”, Departamento de Artes, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, desde 1988 y continúa. Ha dictado diferentes seminarios y escrito diversos ensayos y libros entre los que se destacan Lazos de Familia. Herencias, cuerpos, ficciones, compilación (2004), Co-autora con Nora Domínguez. ![]() Pizza, birra, faso (Bruno Stagnaro y Adrián Caetano, 1997) |