Introducción - A modo de síntesis no conclusiva 

Por Pamela Gionco 

Este número de El Ángel Exterminador, dedicado al Nuevo Cine Argentino, surgió de la duda. La duda por el nombre, el concepto, el significado. La duda, crítica, que pone en crisis el mundo cinematográfico. La duda que pregunta y se repregunta por los cineastas, la crítica, las instituciones. La duda reflexiva, esa que no se agota con una sola respuesta. Por eso fuimos a buscar varias. Buscamos respuestas en aquellos que consideramos referentes de su profesión: directores, críticos e investigadores de cine.

Entonces, la duda se volvió preguntas. La primera pregunta cuestiona el concepto de Nuevo Cine Argentino utilizado desde la década del ’60 para denominar un grupo heterogéneo de cineastas que revolucionaron las formas de producción y representación. La mayoría de los entrevistados ha coincidido en que aquello denominado NCA ha cambiado los modos de hacer cine, pero que la etiqueta NCA aglutina directores con criterios estéticos diferentes, unidos sólo por una cuestión generacional. Hubo investigadoras (Sartota y Kriger) que evidenciaron que el significado del término es usado sólo en consenso, para entendernos.

La segunda cuestión invita a hacer una definición del NCA actual y establecer relaciones con la crítica. Asombran las diferencias entre las respuestas de los directores, que, por un lado, llegan a afirmar que “no existe lo que se llamo Nuevo Cine Argentino” (Fernández Moujan) o que es “un término del feudo del marketing” (Piñeiro), mientras que otros, por otro lado, se arriesgan a caracterizar la poética del NCA (Villegas).

El tercer paso de la duda apuntó a la crítica cinematográfica y su relación con el NCA. En todos los casos se planteó el abismo que existe entre la crítica y el público, cuando no entre la crítica y la obra. Los directores reclaman la renovación y honestidad por parte de la crítica, mientras que los críticos acusan a los cineastas de repetir sus fórmulas. Es evidente que luego de diez años del “nuevo” NCA se agotaron ciertos procesos de transformación que, aparentemente, no han sido efectivos. De haberlo sido, debería haberse generado un público ávido y deseoso de cine argentino, cuando la realidad indica lo contrario. Por otra parte, el surgimiento de revistas especializadas, la aparición de escuelas de cine, la permanencia del BAFICI, el cine argentino en festivales han cambiado la recepción y el campo intelectual relacionado al cine, lo cual merece una reflexión más profunda (que, por suerte, se está dando en diversos sectores) sobre la actual crítica cinematográfica argentina y su relación con los cineastas y con el público.

Uno de los disparadores de este número fue la resonada noticia del récord de estrenos de cine argentino durante el 2007. Más allá de implicar un aumento en las producciones, hay tantas voces a favor como en contra de que esto ocurra. El problema parece ser que la referencia cuantitativa no se condice con lo cualitativo. Además de esta cuestión, aumentaron considerablemente las producciones documentales y el uso de nuevas tecnologías. Varios de los entrevistados hicieron referencia a una mala política de distribución y exhibición del cine argentino (Prividera, Villegas, Aguilar). En cuanto a los exponentes del NCA, los nombres ya consagrados de Lisandro Alonso, Lucrecia Martel, Pablo Trapero y Adrián Caetano dan paso a otros nombres, que difieren sustancialmente entre los directores, críticos e investigadores.

Por último, las críticas al INCAA y al director saliente, Jorge Álvarez, implican una reflexión necesaria sobre la función del organismo. Casi todos los entrevistados exigieron transparencia en las políticas de promoción del Instituto. La mayoría insistió en la actualización y renovación del ente, la apertura a nuevas tecnología y nuevos directores. Resuena a lo lejos la Ley de Cine, cuando uno de los entrevistados pide “responsabilidad” (Filippelli).

Agradecemos a todos los entrevistados por dedicarnos su tiempo.

Esta duda, convertida en preguntas, no se agota en las respuestas publicadas en este número. No hay conclusión posible en estos temas conflictivos, que merecen una reflexión que apunte a la modificación progresiva y dinámica de ciertas estructuras anquilosadas que distancian al público del cine argentino, a la crítica del público.

Dejamos abierto el debate e invitamos a todos los que quieran hacernos llegar sus opiniones.