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Las incertidumbres del cine argentino Por Griselda Soriano
El cine nacional ha sido, desde sus orígenes, fuente de numerosas discusiones y sucesivos intentos de definición. El cierre del año que pasó no fue la excepción, y trajo consigo una serie de debates acerca de su situación: el elevado número de estrenos durante 2007 y su preocupante contracara, el escaso número de espectadores; la cuota de pantalla, la necesidad de difusión y de circuitos alternativos de exhibición, las acusaciones de corrupción en el INCAA, el cambio de autoridades en el BAFICI, entre otros muchos temas, fueron abordados por varios medios, resultando en opiniones disímiles y a menudo contradictorias, cuya diversidad prueba, sin duda, la dificultad de definir un fenómeno complejo, imposible de abarcar de una sola mirada. Teniendo esto último en mente, El ángel exterminador ha escogido abrir el año que comienza intentando dilucidar un estado de situación del cine nacional. Pero, conscientes de esta irreductible complejidad, consideramos que el mejor modo de hacerlo sería no ofreciendo conclusiones, sino planteando preguntas. Elegimos entonces abrir el diálogo y sumar nuevas voces a la revista, invitando a una serie de realizadores, investigadores, críticos y docentes (categorías que en muchos casos se superponen) a compartir sus opiniones sobre el tema, para así abordar desde varios frentes este asunto tan elusivo: la inabarcable (y tal vez imposible) definición del cine nacional. Dejando de lado por esta vez un debate que nos excede, el de la pertinencia o no de la categoría “nacional” a la hora de caracterizar un determinado campo cinematográfico, nos detuvimos a pensar en la situación actual del cine argentino, con la esperanza de que este número tan incierto sea la semilla de un debate que se extienda en futuras ediciones, y, por qué no, más allá de los límites de esta publicación. Incierto porque, como decíamos unas líneas más arriba, surgieron ante nosotros innumerables interrogantes, como por ejemplo: ¿podemos generalizar, hablar de un cine argentino, o más bien deberíamos plantearnos diversos cines, y en qué términos, a partir de qué categorías y divisiones? Si no podemos hablar de una industria del cine nacional ¿cuál es el sentido que cobra el término “independiente”? ¿Es todavía pertinente la etiqueta “Nuevo Cine Argentino”? ¿Cuál es la incidencia que las nuevas tecnologías (los nuevos equipos, Internet, por mencionar sólo dos casos) están teniendo en el cine argentino? ¿Cómo convertirlas en factores que beneficien a un cine como el nuestro? ¿A qué se debe la desconexión entre los realizadores y el público? ¿Podría salvarse esta distancia con una mayor difusión, o generando circuitos de exhibición acordes a la situación del cine nacional? ¿Cuál es el rol que la educación –tanto del público como de los realizadores- tiene en todo esto? ¿Cuál es el papel que juegan -o deberían jugar- la crítica, la teoría, la investigación, ante este estado de cosas? No saldrán de nuestras páginas virtuales conclusiones definitivas ni respuestas terminantes a ninguna de estas preguntas; no pretendemos arrogarnos el derecho de dar definiciones tajantes de un fenómeno en el que, por otra parte, estamos completamente inmersos. Pero consideramos que, a la hora del pensamiento crítico, seguir paso a paso el camino de las ideas, con sus idas y vueltas, sus contradicciones y vaivenes, puede llegar a ser un aporte tanto o más enriquecedor como el tratar de explicar las cosas de una vez y para siempre. Invitamos a nuestros lectores, entonces, a acompañarnos en estas reflexiones en constante mutación, con la esperanza de que continúen resonando en ellos más allá de la lectura, y sobre todo, de que muchas otras se despierten. Y es que, tal vez, sólo haya una definición certera para nuestro cine nacional: el cine argentino es un fenómeno en constante redefinición. |