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Un año, un sueño Por Jorge Medina
A lo largo de seis números (siete si contamos un número cero), quienes hacemos El ángel exterminador vimos cómo el cine puede apoderarse de nuestros corazones, más de lo que ya lo hizo. Detrás de cada nota, cada análisis, cada crítica y cada entrevista hay todo un camino recorrido, como los de cualquier medio gráfico: la idea, el papel (o pantalla) en blanco, la corrección y su publicación –que es hacer pública esta idea-, sin necesidad de imprenta; aunque usted querido lector, puede disponer de su impresora. Y aún detrás de todo esto, hombres y mujeres, personas que en su dimensión pueden equivocarse pero nunca cansarse en la búsqueda del conocimiento y la verdad. Hace poco más de un año, a vuelta del Festival Internacional de cine de Mar del Plata, decidimos crear este espacio donde manifestar nuestras inquietudes, investigaciones, en resumen, dialogar con la producción cinematográfica local e internacional. En aquellas tormentas de ideas, llenas de sueños, promesas y hasta ambiciones, hubo una primera y bien notoria coincidencia: ninguna de las publicaciones en plaza nos representaba. Desde las revistas de lo bizarro que critican a las que leen en francés -que existen, es cierto, pero lo hacen para ellos mismos y no para el público-, hasta las que son parte de multimedios donde todo lo que ven es bello e “interesante” (¿quizás porque hay intereses en juego?). Y así como Jack Lemmon –mejor dicho, el genio de Billy Wilder- en Piso de soltero cuela los espaghettis con una raqueta de tenis, pues carecía de un colador, así nosotros utilizamos la primera herramienta de la que disponíamos: la internet. En este año transcurrido hubo un crecimiento constante, logros y también pérdidas. En tal lapso es natural suponer que esto suceda, pero aún así es todo un aprendizaje. Decía Jean Luc Godard en sus Historia(s) del cine que el tiempo era demasiado conocido y que por ahora sólo el cine era desconocido. En este sentido, nos permitimos discutir esta visión particular; sería demasiado necio aceptar que el tiempo es previsible. De serlo cometeríamos los mismos errores una y otra vez in aeternum. El tiempo, ese desconocido, puede medirse pero no asirse (sólo en el cine tal ciencia es posible). En un maravilloso film inglés, Lo que vendrá, del año 1936, salido de las geniales cabezas de William Cameron Menzies, el director, Alexander Korda, mentor y productor, y H. G. Wells, guionista y autor de la nouvelle, no sólo se detuvo el tiempo sino que además se anticipó a la historia. No hablamos de los reconocidos viajes espaciales y alunizajes pre-1969; Lo que vendrá se adelantó a la Segunda Guerra Mundial (1940 fue la fecha arriesgada en un planeta con el fascismo marchando a toda velocidad y con un cielo lleno de aviones bombardeando Londres), a un mundo -parecido al presente aunque no tan apocalíptico- con epidemias y sequías, y a un futuro (2036) que apuesta por los viajes espaciales –basta con ver la arquitectura diseñada tan parecida a nuestra fría y tecnológica arquitectura de la actualidad, como otro de sus aciertos-, como tendrá que suceder si nuestra madre Tierra colapsa. La película –recordemos, vapuleada por Jorge Luis Borges en la revista Sur en su estreno argentino-, puede parecer algo ingenua en la actualidad, mas no anquilosada. ¿Y por qué, así de la nada, nos acordamos de Lo que vendrá? Porque fue el único film que lo hizo (en una larga tradición de cine de anticipación, fantasía y ciencia-ficción) y por ello jamás será olvidado. Quizás también nosotros queremos perdurar en el tiempo, aunque suene arrogante, con nuestros escritos. Es un camino difícil y sólo los lectores nos juzgarán. Pero en definitiva, es lo que la humanidad intenta desde sus inicios, perdurar en la memoria de su mundo. Del “vigilante de las estrellas” del 2001 de Kubrick y Clarke a esta página, el tiempo pasó demasiado rápido, tanto como un sueño. Celebre con nosotros nuestro primer año de vida virtual, en este número aniversario dedicado a la memoria de Michelangelo Antonioni, un cineasta incomprendido –por no decir menospreciado- en los últimos años y en particular en nuestro país. Es por eso que estamos aquí dialogando con usted, para que la memoria del cine y sus hacedores no se pierda en la oscuridad desconocida de los tiempos. |
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