El racismo en un lenguaje que todos puedan entender

 

Por Lorena Bordigoni

 

Cuando, en el 2001, la crítica acusó al film Amélie (Jeunet, 2001) de ser “reaccionario” y “escapista” por evadir la problemática de la xenofobia y el racismo en Francia entre otras cosas (1), algunos recordaron el personaje interpretado por Jamel Debbouze, el tierno empleado de la verdulería maltratado por su patrón. En aquella comedia, este actor francés de familia marroquí (famoso y querido en ambos países) le prestaba su origen al personaje, componiendo una suerte de “buen salvaje”. Días de Gloria, (Indigènes, 2006) en cambio, es un film que desde el inicio deja bien en claro que va a hablar de “ese tema” del que nadie quiso hablar: los soldados alistados en las colonias africanas para pelear contra el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Despreciados por sus superiores, fueron usados como carne de cañón, cumplieron un rol imprescindible en la liberación de Francia y finalmente fueron negados por la historia oficial y los sucesivos gobiernos.

Se trata de un film que responde a los mandamientos del género bélico, una gran coproducción de 14,6 millones de euros (entre Francia, Marruecos, Argelia y Bélgica), plagada de explosiones, grandes escenas de masas y personajes que recaen en el estereotipo, aunque logran cierto volumen gracias al trabajo de los actores. Cada uno de los héroes explicita sus motivaciones: el cabo joven y brillante, ansía igualdad de derechos con los soldados franceses (Liberté, égalité, fraternité grita en una de las mejores escenas); el soldado débil e inseguro, intenta huir de la miseria; el tirador enamorado no deja de pensar en el regreso triunfal al pueblo de su amante francesa; los hermanos algo inescrupulosos que se enrolan por dinero (sin bien hasta esto resulta por un fin noble: buscan dinero para casar al menor); el sargento que oscila entre el cumplimiento de las órdenes superiores y el cumplimiento para con sus hombres; el despiadado coronel que serenamente los envía a la muerte segura; el oscuro enemigo nazi sin rostro.

Los diálogos resultan acartonados por grandilocuentes: “Si yo libero un país, es mi país. Aunque no lo conozca”, “Aquí también es nuestra casa”, “Las balas de los nazis no hacen diferencias”. Por momentos se logra expresar algo de esto sin palabras, en escenas silenciosas, con detalles simples y en esos momentos la película logra conmover. Los protagonistas avanzan batalla a batalla hacia un peligro y heroísmo creciente y cada vez son menos los espacios de ambigüedad y conflicto interno. La escena del motín (los soldados africanos protestan por la diferencia de trato al repartir la comida entre blancos y negros) logra tensión y enrarecimiento: no todos están dispuestos a protestar, ni todos con igual nivel de violencia; pero todo eso se diluye en pocos minutos cantando la Marsellesa. El discurso nacionalista-patriótico propio del género se torna algo contradictorio cuando son los indigènes (literalmente "indigenas"), las víctimas del colonialismo y los nacionalismos, quienes la corean.

El film abre con antiguos retratos de los soldados reales y cierra con una placa que reclama las pensiones para los veteranos de guerra de las colonias, que permanecían congeladas desde la década del ’60. Efectivamente, la película logró éxito en el público y repercusión en la crítica, los cuatro protagonistas recibieron un premio colectivo al ‘mejor actor’ en el Festival de Cannes y, lo más sorprendente, el presidente en aquel momento, Jacques Chirac ordenó la actualización de las pensiones para los veteranos inmediatamente después de verla. Los veteranos africanos cobrarían la misma pensión que los blancos (tras más de cuarenta años de postergación). Sin embargo, el objetivo del film no es sólo la situación de un puñado de ancianos soldados sino la situación de las masas de jóvenes inmigrantes y descendientes de inmigrantes, el problema más agudo en la sociedad francesa actual (2). Al respecto explicó el director: "Espero que los hijos de inmigrantes sientan que la película les da dignidad, que los ayude a perder su actual sentimiento de frustración y les permita caminar con la cabeza un poco más erguida" (3). Siguiendo este objetivo, el film refuerza sus fines didácticos desde la página web oficial, que contiene una sección especial para docentes, con materiales y documentos históricos para el tratamiento del film en clase. Como para que no queden dudas.

Sin profundizar demasiado en la situación socio-política francesa (4), podemos deducir de todo esto que la película se encuentra dentro de un horizonte de expectativas, dentro de lo “políticamente correcto” para ciertos sectores. Pero, por otro lado, cuando se observa tal necesidad de exponer una historia, reforzar su dramatismo, justificarla y demostrar su veracidad mediante datos y documentos, es porque evidentemente existen muchos que aún no están dispuestos a oírla y es este el sentido en el que la película logra importancia política. Es claro que la película se propone llevar la historia incluso hasta los oídos más nacionalistas, xenófobos y recalcitrantes. Es claro que para ello debe hablar su mismo idioma: el discurso patriótico, de gesta militar, con su bandera omnipresente. Es claro que el accionar de los gobiernos y autoridades francesas queda condenado, pero no queda tan en claro la puesta en crisis del discurso nacionalista en sí mismo. ¿Se trata de una reproducción acrítica? Resultan contradictorias, como dijimos, las frases pomposas cuando las recitan los mártires africanos, mitad en árabe, mitad en francés. ¿Será esta contradicción la única sutileza de la película?

Este film es de 2006 y ya se había proyectado en nuestro país en la última edición del Festival Internacional de Mar del Plata. ¿Por qué traer a las salas porteñas un film con tanto enclave en la coyuntura particular de Francia y el debate por la inmigración? En primer lugar, como dijimos, se trata de un film que cumple con los objetivos que se propone. En segundo lugar, porque nos hace reflexionar acerca de las formas del cine genérico y tradicional y sus posibilidades de denuncia e incluso intervención política, posibilidades de otorgar visibilidad a otras problemáticas. Pero además, porque hoy en día es difícil que el problema de las identidades nacionales, las migraciones y la xenofobia pueda ser tratado como un problema local porque, al igual que en Francia, en esta nación del “crisol de razas”, aún quedan muchos que no quieren oír hablar de ciertas cosas.

NOTAS

(1) Ver entre otros la crítica Paula Félix Didier en filmonline.com.ar, que a su vez releva algo de la crítica internacional. (Sólo disponible vía archive)

(2) Creemos que esta caricatura explica esto con una notable lucidez: la película y sus protagonistas son bien recibidas (merci et bienvenue, “gracias y bienvenida”) mientras que los inmigrantes “reales” siguen siendo rechazados (dégage!, “apártate”) 

http://a1692.g.akamai.net/f/1692/2042/7d/
villageampus83.blog.lemonde.fr/files/plantu_festival.JPG
     

(3) Extraído de www.lanacion.com.ar 

(4) Página 12 del 29–09-2006 explica algo más acerca del contexto del film y su distribución.






FICHA TÉCNICA:
Días de gloria (Indigènes, Francia-Argelia-Marruecos-Bélgica/2006). Dirección: Rachid Bouchareb. Con Jamel Debbouze, Samy Naceri, Roschdy Zem, Sami Bouajila, Bernard Blancan y Mathieu Simonet. Guión: Rachid Bouchareb y Olivier Lorelle. Fotografía: Patrick Blossier. Música: Armand Amar y Khaled. Edición: Yannick Kergoat. Diseño de producción: Dominique Douret. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 128 minutos. Proyección en DVD (pantalla gigante).