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Ficciones Por Romina Spinsanti
Cada tanto el mundo del cine nos sorprende con extrañas coincidencias. Tal es el caso de Infame (2006), película dirigida por Douglas McGrath, concebida y filmada casi en simultáneo con la exitosa Capote (2005),
de Bennet Miller. Fue estrenada un año después por
lógicas estrategias de distribución y construida
alrededor de idéntica temática que la anterior: la
escritura de A sangre fría,
de Truman Capote, libro que marcaría un hito en la literatura
norteamericana y que daría origen a la llamada novela de no
ficción. Las similitudes entre los dos films adquieren un mayor
relieve aún si se tiene en cuenta que ambos son adaptaciones de
libros distintos: la biografía de Gerald Clarke en Capote; la novela de George Plimpton, en Infame.
Pero el núcleo dramático en ambos textos es el mismo: la
creación del clásico literario que supone
simultáneamente la consagración y la definitiva
caída de su autor.
La comparación resulta inevitable: ambas películas comienzan con el primer contacto y posterior fascinación del escritor con el asesinato de la familia Clutter en la pequeña y pacífica localidad de Holcomb, Kansas. Ambas ahondan en la especial relación establecida entre Capote y Perry Smith, uno de los asesinos. Y ambas se detienen en la encrucijada moral a la que es conducido el autor durante la creación de su obra. Pero más allá de las similitudes argumentales, Infame introduce una serie de diferencias estéticas y estilísticas con respecto a su antecesora que no debemos pasar por alto. El mundo retratado en Capote partía del entorno doméstico del escritor para adentrarse en una búsqueda artística y personal, con marcados rasgos intimistas. Dicha búsqueda era acompañada por el uso dramático de los silencios, la quietud de la cámara, una puesta en escena elegante y la leve alusión a líneas narrativas secundarias cuyo mayor desarrollo entorpecerían el relato. La narración se ceñía estrictamente sobre ese recorrido creativo, adquiriendo por momentos cierto tono solemne pero aportando una economía dramática que funcionaba muy bien en relación con la historia contada. Infame, por otro lado, expone un universo cuya mayor apertura incorpora la posibilidad de jugar con una gama más extendida de matices y contrastes. Aprovechando la estructura de biografía coral utilizada por Plimpton en su novela, el realizador introduce al inicio y al final del film una serie de testimonios de distintas personas allegadas al autor que enmarcan el resto del relato en un tiempo pasado y ayudan a conformar el retrato más polifacético posible de una individualidad digna de atender. De esta manera, lo que en el film anterior se cerraba sobre sí mismo, aquí abre un escenario que permite más cómodamente el despliegue de la excéntrica personalidad de Capote. En este sentido el prólogo señala la lógica dramática de la película. Truman asiste con una amiga a un club nocturno, en el que Gwyneth Paltrow interpreta “¿Qué es esto llamado amor?”, de Cole Porter. Durante dicha actuación, la cantante sufre un quiebre emocional que conmueve al protagonista y que anticipa su posterior conmoción frente al asesino Smith, que, no por casualidad, estará también relacionada con el amor. Este énfasis en la doble cara de Capote (su frivolidad y su sensibilidad emocional) recorrerá toda la película y echará mano de cualquier recurso válido: el uso abusivo de la música incidental, diálogos que suelen explicitar demasiado -el propio Truman vocifera a quien quiera oírlo desde el comienzo del film que su obra será “algo grande”- mohínes del actor Toby Jones en primer plano –cuya actuación, más allá de estos deslices, es por demás irreprochable-, etc. Infame transita desde una inicial liviandad algo cómica –pensemos en las conversaciones llenas de ironías, chismes y fabulaciones con las que Capote fascina a sus amigos o las graciosas situaciones que nacen del contraste entre este llamativo hombrecito y la conservadora población de Holcomb- hacia una atmósfera cada vez más oscura a medida que nos acercamos al amargo desenlace. Hace falta señalarlo, esta mayor dramaticidad vuelve algo lenta la narración, la cual se puebla de algunos excesos efectistas, en especial durante las conversaciones que el escritor mantiene con Smith en la cárcel. Lo que en Capote permanecía no dicho, aquí no sólo se dice sino que a veces se subraya -ante el interrogatorio de Truman, Smith grita “¡No soy un personaje!”-. La representación de las muertes de los asesinos en la horca constituye un excelente ejemplo de este tratamiento: mientras un acongojado Truman presencia los últimos minutos de vida de los asesinos, el relato introduce un insert de Perry Smith cantando una canción sobre el futuro reencuentro con viejos amigos (por si algún espectador distraído no se ha emocionado debidamente). Mucho más efectivo, en cambio, resulta el silencio durante la excelente escena de visita a la casa de los Clutter, donde la cámara deambula como un fantasma sobre las huellas de los cuerpos irremediablemente ausentes. Establecer cuál de los dos films retrata con mayor fidelidad al verdadero Truman Capote sería una empresa no sólo imposible, sino irrelevante. Cada film constituye un universo independiente con leyes estéticas propias. En ese sentido, Infame elige una extraña forma de representar la cuestión de los límites entre lo real y lo ficcional, a través de una ficción que se estructura en base a testimonios documentales provistos por actores –nada menos-, y a una actuación que intensifica hasta el extremo la copia mimética. ¿No será que cada nuevo intento por acercarnos a los hechos reales no hace más que distanciarnos irremediablemente de ellos bajo otra capa de ficción? Dado que su forma permite desarrollar con mayor efectividad las contradicciones de la personalidad del escritor, Infame se apega más al género biográfico que Capote. Sin embargo, con esta elección, se aleja considerablemente de la posibilidad de explorar opciones estéticas que hubiesen resultado más interesantes. |
![]() Ficha Técnica
Infame Infamous, EE.UU., 2006, 118' Guión y Dirección: Douglas McGrath Intérpretes: Sigourney Weaver, Toby Jones, Gwyneth Paltrow, Mark Rubin, Steve Schwelling, Glover Johns Gill Fotografía: Bruno Delbonnel Música: Rachel Portman Montaje: Camilla Toniolo Fecha de Estreno: 16 de agosto de 2007 |