
|
Cambio de dirección: una nueva mirada sobre Black book
Por Luciana Azul Calcagno
La anterior crítica sobre Black book publicada en esta revista digital se centra en algunos aspectos del film como su "pertenencia" a varios países, su ubicación dentro del género melodramático y, finalmente, su supuesta poca originalidad para hablar de la Segunda Guerra Mundial. Esta supuesta poca originalidad de la que se acusa al film es paradójica, ya que Black book formula una serie de planteos (si se quiere, morales) a través de un formato clásico, pero va mucho más allá de las reglas del género. En la crítica a la que referimos, se trabaja el film solamente como un simple ejemplo más del melodrama. Parece como si hubiera sido cuestión de encontrar algunos puntos como "coincidencia abusiva-presentación maniquea de los personajes-amor imposible-happy end" para sumir a la película en esa indefinible masa que podría ser la de los melodramas que hablan de la guerra, que, encima "no dicen nada nuevo". Esto es muy peculiar ya que lo que hace la película es no generalizar. Lo que la convierte, a su vez, en una excepción entre las películas sobre el nazismo. Por lo tanto, podríamos considerarla doblemente "particular". La idea de este texto no es explicar el argumento, que se encuentra muy bien detallado en la crítica referida, sino tomar algunos puntos de ésta para ponerlos en discusión. En primer lugar, es interesante la idea de ver al film como un melodrama, ya que se lo ha visto generalmente como una película de espionaje, y se pueden observar elementos de ambos géneros que se fusionan en el intrincado guión. Pero al intentar catalogar tajantemente al film como un melodrama, se le adjudican ciertas características propias del género (como la división de personajes en buenos y malos) que están presentes, aunque no bajo una mirada maniquea, sino como parte de una problemática más elaborada y matizada. Cuando vemos Black book corremos el peligro de identificarnos con un miembro de las S.S. (que, siguiendo el mandato clásico, es castigado con la muerte), de considerar que algunos holandeses pueden ser lo mismo que los nazis y de detestar a un miembro de la resistencia holandesa. El problema es cómo vamos a posicionarnos ante eso. En el cine siempre existió la sensación de que no se puede humanizar a los nazis, que tienen que representarse como monstruos horribles sin ningún matiz. Pero si pensamos un poco en el asunto, llegamos a la desagradable certeza de que los nazis, pese a todo, eran humanos. Y eso es lo más terrorífico, es la verdad que no queremos aceptar, tal vez por miedo de que vuelva a suceder algo semejante. Es por eso que en la mayoría de los films sobre la Segunda Guerra Mundial se nos presenta a los nazis como robots asesinos y nos sentimos cómodos con eso. Pero en Black book se nos plantea la incomodidad de relativizar un poco ese pensamiento, ya que nos muestra que los buenos tal vez no son tan buenos como nos tranquiliza pensar. En esta época postmoderna marcada por el fin de los grandes relatos y por el nacimiento de múltiples discursos fragmentados, es entendible que surja un film que ponga en discusión todo lo que los otros films sobre el nazismo (que ya se han convertido en "discursos oficiales") venían diciéndonos hasta ahora. Parece ser que el discurso sobre que los nazis eran máquinas de matar (no nos referimos a los mecanismos de matanza, donde sin duda se buscaba imitar el rendimiento de una maquinaria, sino a su condición de seres humanos) ha dejado lugar a otros discursos: que los nazis eran seres humanos (detestables, pero humanos al fin), que la resistencia tuvo miembros antisemitas, que los miembros de la liberación se comportaron de un modo duro con los colaboracionistas del régimen nazi. Y ahora aparece un film donde la liberación puede ser igual (o más, pero todavía nos negamos a creer eso) de dura que la guerra. Y que también nos recuerda, a su modo, que la pesadilla no ha terminado, que todavía hay hoy conflictos bélicos que reflejan la crueldad de la humanidad. Otro de los puntos discutibles de la crítica anterior es la utilización de la famosa expresión "happy end" ligada a un final como el de este film. Black book tiene un cierre absolutamente desesperanzador. La conclusión que podemos sacar de éste es que no hay nada más perverso que la mente humana, y, junto con esto, la certeza de que posiblemente no haya paz jamás (pensemos en Israel en 1956 y en Israel ahora). Black book plantea todo esto sin dejar de ser una historia sumamente entretenida, que debido a sus vueltas de guión nos tiene todo el tiempo expectantes, asustados y hasta enojados. Verhoeven logra, desde la más absoluta ficción y respetando las reglas de la narración clásica, una reflexión sobre nuestra moral, un cuestionamiento acerca de cómo representar la guerra, y, finalmente, un nuevo discurso sobre la historia pasada y la presente. Si todo eso es "no decir nada nuevo", no sabemos qué les queda a los mediocres tanques hollywoodenses que tenemos que sufrir todas las semanas. |
![]() FICHA TÉCNICA
Black book Zwartboek, Países Bajos/Bélgica/Reino Unido/Alemania, 2006, 145' Dirección: Paul Verhoeven Guión: Gerard Soeteman, Paul Verhoeven Producción: San Fu Maltha, Jos van der Linden, Jeroen Beker, Frans van Gestel, Teun Hilte, Jens Meurer, Fu works Fotografía: Karl Walter Lindenlaub Dirección de Arte: Wilbert van Dorp Montaje: Job ter Burg, James Herbert Música: Anne Dudley Sonido: George Bossaeks Intérpretes: Carice van Houten, Sebastian Koch, Thom Hoffman, Halina Reijn, Waldemar Kobus, Derek de Lint |