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Diálogo con el cambio
de dirección (o por qué creemos que no hay dirección que cambiar). por Soledad Pardo Teniendo en
cuenta el texto Cambio de dirección: una nueva mirada sobre Black Book, publicado en esta revista con intención de
discutir nuestros planteos previos acerca de dicho film, quisiéramos comentar
un par de cuestiones para explicar más claramente nuestra visión. Ante todo, cuando decimos que el film
produce sensación de no estar viendo nada nuevo no nos referimos
particularmente a la falta de innovación en lo relativo al género bélico y/o al
subgénero de películas sobre En todo caso, en lo que sí focalizamos es en
el “no decir nada nuevo” al no correrse Black book en lo más mínimo de la
puesta en escena hollywoodense tradicional, y en el planteo de lugares comunes
y clichés, (muchos de ellos provenientes del melodrama, eje que tomamos,
por considerarlo fundamental en este film), que ya hemos visto hasta el
hartazgo en la producción de Hollywood. E incluso si optamos por analizar la
representación de la cuestión bélica no podemos dejar de verla teñida de cierto
maniqueísmo. Si bien la más clásica representación de los nazis como los
culpables de todo daño se ve relativizada, la oposición “buenos–malos”,
“víctimas-victimarios” o como se lo prefiera llamar, no deja de estar
plenamente presente. Finalmente lo que resalta es que, sea quien sea el “malo”
en cuestión, existe como tal, y está dispuesto a hacer lo imposible por
arruinar la vida de Rachel y los suyos, o sea, de los “buenos”. Por otra parte, incluso aunque lo maniqueo
pueda estar suavizado con respecto a los victimarios, la principal víctima,
Rachel, es un ser sin fisuras. Si se involucra con el enemigo es, en primer
lugar, por sacrificio (debe humillarse pero el sufrimiento está justificado, se
hace por una causa noble) y más adelante, por amor (el otro gran legitimador de
su conducta). En ningún momento el acercamiento de la protagonista a su enemigo
implica un acto de rebeldía que amenace su integridad, o una traición a su
gente; siempre hay una causa noble que explica su accionar. Mas allá de quién
sea el “malo”, la “buena” es plenamente buena. Con esto no se pretende en modo
alguno discutir el carácter de víctima de la colectividad judía durante la
guerra (creemos que nadie en su sano juicio se atrevería a hacerlo), sino
cuestionar la representación que se nos ofrece de Rachel: es la “buena” de la
película y por ende buena en todos los aspectos. Si se atreve a meterse
donde no debe, lo hace por sacrificio o por amor, con lo cual su conducta es
intachable. Resumiendo: por un lado, la
unidireccionalidad con la que se construye el personaje de Rachel, y por otro,
el viejo enfrentamiento “buenos vs. malos” que nos suena a figurita repetida,
por más que se insinúe cierto cuestionamiento sobre quién ocupa el puesto de
malvado. El punto es que, sea quien sea, “el malo” como categoría nunca deja de
estar presente. Y los espectadores, por supuesto, estamos invitados a vernos
reflejados en Rachel y sus sanas intenciones, para que, independientemente de
quien sea el villano (que siempre es el Otro, desde ya) podamos sentirnos
tranquilos porque igual estamos del lado de los “buenos”. Se afirma en Cambio de dirección...
que en el film “corremos el riesgo” de identificarnos con quien no
quisiéramos. Pero finalmente dicho riesgo no termina de ser un verdadero
conflicto para nuestras conciencias: si tenemos que aceptar que un nazi pueda
ser alguien querible es porque Rachel, nuestro personaje incorruptible, se
enamora de él, y como todos sabemos (¿o acaso no nos lo han dicho hasta el
cansancio?), no hay sentimiento más puro que el amor, que, por otro lado, es
ciego. El amor todo lo perdona, y ni hablar si viene de un ser como la
protagonista de nuestro film. Y si ella lo acepta, por qué no nosotros, si
sabemos que podemos confiar en el sano criterio nuestra heroína. Habría que ver
que pasaría con la “humanización” del nazi si fuera una nazi quien se enamorara
de él... Por otro lado,
con respecto a la cuestión de happy end, la crítica plantea que en la
película el fin de la guerra no implica el fin de los problemas para la
sociedad, ya que la liberación no se presenta como solución definitiva. En ese
sentido, afirma que el film tiene “un cierre absolutamente desesperanzador”.
Sin embargo, siguiendo las huellas del melodrama, sostenemos que, en primer
lugar, el final para la problemática personal de Rachel sí es feliz (no hace
falta más que compararlo con las desgracias que debió padecer. El personaje
sobrevive a la guerra luego de una increíble sucesión de adversidades que rozan
el golpe bajo), con lo cual, en segundo lugar, la feliz esperanza se extiende
más allá de esta cuestión individual. Esta mujer pasó de ser perseguida,
huérfana, humillada y víctima de intentos de asesinato, a sobreviviente y
flamante fundadora de un centro para víctimas de la guerra en el que ampara a
judíos. Pero entonces claro, si existe gente de esta clase, como Rachel, con su
ímpetu para superar los (innumerables) obstáculos que se le presentan, su
bondad ante todo y su Centro de Atención a Finalmente,
creemos que el tema del entretenimiento (remarcado como una de las supuestas
virtudes de la película en Cambio de dirección...) es sencillamente una
cuestión de definiciones, depende de qué entendamos por “entretenido/a”. Quien
escribe esta líneas no considera precisamentete “aburrido” al film, pero porque
es prácticamente imposible mantenerse indiferente frente a semejante desfile de
situaciones tales como espectaculares explosiones, un balde de materia fecal
cayendo sobre la protagonista, asesinatos en masa y varios otros etcéteras que
van directo al golpe bajo. Cuando suponemos que ya nada más puede ocurrirle a
la desgraciada Rachel, siempre aparece algo nuevo que desafía nuestra capacidad
de asombro, y entonces no hay manera de distraernos de la pantalla. En conclusión, no
podemos decir que los puntos resaltados por el texto que discute con el nuestro
nos hayan hecho cambiar de opinión. Black
Book sigue apareciendo ante nuestros ojos como un producto de la
industria y su modelo, tal vez con un intento de coqueteo con la ruptura de
ciertos moldes (léase la figura del nazi como el malvado por excelencia), pero
que no deja de quedar a mitad de camino e inserto en un esquema igualmente
polar. No consideramos, asimismo, que comparar este film con los “mediocres
tanques hollywoodenses”, como se propone en Cambio de dirección..., nos
pueda servir para lograr verlo con ojos más benévolos. En primer lugar, porque
creemos que comparar con lo que a priori suponemos peor es nivelar hacia abajo
y, como dice el refrán, en el país de los ciegos el tuerto es rey. Y
en segundo lugar, porque sencillamente no creemos que exista una gran diferencia entre Black Book y los mencionados
“tanques”. |
![]() FICHA TÉCNICA
Black book Zwartboek, Países Bajos/Bélgica/Reino Unido/Alemania, 2006, 145' Dirección: Paul Verhoeven Guión: Gerard Soeteman, Paul Verhoeven Producción: San Fu Maltha, Jos van der Linden, Jeroen Beker, Frans van Gestel, Teun Hilte, Jens Meurer, Fu works Fotografía: Karl Walter Lindenlaub Dirección de Arte: Wilbert van Dorp Montaje: Job ter Burg, James Herbert Música: Anne Dudley Sonido: George Bossaeks Intérpretes: Carice van Houten, Sebastian Koch, Thom Hoffman, Halina Reijn, Waldemar Kobus, Derek de Lint |