
Ahoran son 13, 14, 15, 16, 17, y la nave va…
Por Pablo Croci
Como el actual número de nuestra revista trata sobre el
cine norteamericano, y el film en cuestión puede motivar con
fuerza preguntas al respecto (o desecharlas automáticamente),
empezamos la crítica con un rodeo sobre la propia
crítica.
En la actualidad, cada vez que vemos un film hollywoodense nos cuestionamos desde dónde verlo, cómo verlo y pensarlo. Por un lado, ¿tenemos que condenarlo automáticamente teniendo en cuenta que los buenos tiempos de Hollywood ya pasaron y sólo queda espectacularidad y millones y millones de dólares en juego? ¿Tenemos que dejarlo de lado teniendo en cuenta que no aportan reflexión, ni problemas, ni conflictos a nuestras vidas y sólo es un buen rato de entretenimiento que cae fácilmente en el olvido? Por otro lado, si tomásemos esta postura ¿qué tipo de cine habría en oposición? ¿un cine de calidad?, ¿un cine-arte?, ¿un cine documental-piquetero? ¿Sólo este cine sería objeto de análisis y discusión? Y finalmente, ¿podemos, como hicieron los Cahiers, bucear en las profundidades de Hollywood y rescatar todavía directores de calidad?, ¿o debemos detenernos en todos los films y revisar sus grietas, sus cosas positivas, hasta lograr que los miles de espectadores abandonen las estrellitas de los grandes diarios y vayan al cine en búsqueda de algo más? Tal vez Ahora son 13 no nos permita desarrollar esta reflexión en profundidad, pero sí empezar a ver el cine hollywoodense a través de sus grietas, ver en estos films a los que miles de espectadores concurren sin ni siquiera premeditarlo, algunas luces; si no sólo nos quedaría el silencio y la triste aceptación del fenómeno. Es decir, queremos proponer a los lectores de esta revista, o sea ustedes, y que ustedes nos propongan a nosotros, herramientas y discusiones acerca del cine hollywoodense, para que dejemos de verlo, o descubramos cómo pensarlo o discutirlo hasta el hartazgo. En principio y como base, no hay nada, o casi nada, de todo lo anterior en el film en cuestión. Es un desfile de estrellas de Hollywood, filmado en pocas semanas, haciéndose los cancheros, y planteando un suspense con una resolución ya resuelta. En síntesis: un gran negocio para el viejo Clooney y sus amigos. Un gran negocio que parte de una premisa por completo amoral y estúpida: que los estafadores, dentro de su “comunidad” o grupo de pertenencia, tienen una especie de código, que regula lo que está mal y lo que está bien. Un oxímoron ridículo, una estafa para el espectador. Y el film transcurre bajo esta premisa, al viejo Reuben lo estafa el ambicioso Bank (la única actuación vital, en manos de Al Pacino) entonces sus amigos, el resto del equipo, deciden penetrar en el hotel de Bank y vengar al estafado. Hasta ahí el argumento y un film banal y sin méritos para ser visto. Suponiendo que el destino nos juega una mala pasada y usted lector llegó o piensa llegar al cine a ver este film, y al mismo tiempo, llegó o llega a estas hojas virtuales, llegada esa tragedia, hay algunas grietas o fisuras que el film tiene y nos interesa que empecemos a observar y discutir. Por un lado, el film se propone ser entretenido y, fuera de los excesivos momentos de adulación corporal y visual, lo logra. En especial, vale la pena seguir de cerca los relatos paralelos a la historia, cómo van siendo construidos y montados relatos alternativos al central, como la historia del grupo de sublevación laboral en México (mas allá de la ridiculez y distancia ideológica con la que se lo plantea) y el relato del calificador de los diamantes del hotel quien cae en manos del grupo de Clooney y sufre numerosas desgracias. También, en el plano humorístico, están bien logrados ciertos gags sorpresivos o extradiegéticos, como por ejemplo cuando Clooney y Pitt se encuentran emocionados mirando el programa televisivo Oprah o cuando el viejo estafador saluda con una nalgada a Bank. Vueltas de tuerca, gags, giros inesperados, todos pequeños brillos dentro de un fango lleno de estiércol. También, dentro de la oscuridad, brilla otra lucecita. Si usted lectora ha podido cerrar la boca mientras se le cae la baba por Brad Pitt, o usted lector le ha podido cerrar la boca a su mujer, vale la pena detenerse y mirar las transiciones del film, los tiempos detenidos entre una escena y otra. Allí Soderbergh despliega un crisol de estéticas y recursos, como son el uso plástico de colores, planos insólitos, ritmo acelerado en el montaje, etc.; como sucede en todas las transiciones dentro del hotel, o como ejemplo el inicio de la historia en México. Para terminar, insistimos en que Ahora son 13 es un film que, salvo pequeños destellos, en los que parcialmente nos detuvimos (y seguramente se nos escaparon otros), no tiene mucho más que ofrecer. Y si lo salvable son pequeños retazos, es porque claramente no es un film que valga la pena ver y disfrutar en su totalidad. O sí, pero sólo para empezar a pensar y discutir cómo observar con reflexión y detenimiento un cine que viene de las manos del Imperio y sólo propone estafas en manos de estafadores. |
![]() Ahora son 13
Ocean's Thirteen, Estados Unidos, 2007, 122' Dirección y fotografía: Steven Soderbergh Intérpretes:George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Al Pacino, Andy García, Elliott Gould, Bernie Mac, Don Cheadle, Casey Affleck, Scott Caan, Carl Reiner, Ellen Barkin, Vincent Cassel, Eddie Izzard, Julian Sands, David Paymer. Guión: Brian Koppelman y David Levien. Música: David Holmes. Edición: Stephen Mirrione. Diseño de producción: Philip Messina. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 122 minutos. Estreno en Argentina: 02 de Agosto de 2007 |