
Siempre seremos jóvenes Por Lic. Daniela Espejo
Si La mejor juventud (La meglio gioventù, 2003) fuera un libro, sería una larga saga de varios tomos, una novela río. Esta categoría literaria no sólo se caracteriza por la extensión, sino por la intención de contar historias complejas en el seno de familias numerosas y a lo largo de muchos años. Su ubicación en el marco histórico de un país, al igual que las llamadas "películas cabalgata" (categoría del cine nacional acuñada por Ricardo Manetti que toma su mejor ejemplo del film de Mario Soffici La cabalgata del circo -1945-), permite comprender la historia personalizada, la historia en sus efectos cotidianos en las personas de una época. En este sentido, el formato de miniserie para televisión era ideal. Una película por entregas, a la manera del folletín de antaño. Sin embargo, una decisión de la producción hizo que el film fuera presentado completo en 2004 en la sección Un certain regard del Festival de Cannes en la que obtuvo el premio al mejor director. Luego obtendría ese mismo año los premios David di Donatello a la mejor película, el mejor director, el mejor guión, la mejor edición, el mejor productor y el mejor sonido. Con unas seis horas de proyección, el film se propone como un amplio derrotero de personajes, detalles, circunstancias. Principalmente centrada en los hermanos Nicola (Luigi Lo Cascio) y Matteo Carati (Alessio Boni), la narración se va alimentando lentamente de toda una serie de familiares y amigos cercanos y de su relación con la época histórica en cuestión. A través del recurso del videograph, nos van situando en los años correspondientes. Primero 1966, Roma, vacaciones veraniegas. Los jóvenes hermanos se preparan para hacer un viaje hacia Escandinavia acompañados de sus dos amigos. Entre ellos aparecerá Giorgia (Jasmine Trinca), una joven internada en un hospital psiquiátrico que Matteo cuida en sus ratos libres. Éste descubrirá que es tratada con electroshock, la ayudará a huir e intentará junto a Nicola restituirla a su familia. Esta experiencia fundante en la vida de ambos hermanos los llevará a cambiar el rumbo de sus vidas, como símbolo de los sueños de juventud en una época en que las utopías parecían hacerse realidad. El film, sin embargo, no habla con nostalgia por el pasado de la generación de nuestros padres. Antes bien, encarna la alegría de haber sido parte, de haber tenido el coraje de intentar cambiar el mundo. Esa juventud que algunos usaron para reflexionar, otros para tirar bombas, otros para tomar las armas. La película no toma partido por uno u otro bando, por el de los jóvenes utopistas o el de los reaccionarios, sino que muestra cómo, dentro de un grupo familiar y de relaciones afectivas, todos los bandos estaban representados, por razones diversas y a causa de la historia misma de cada una de las personas. No es Giulia (Sonia Bergamasco), en su juventud unida al movimiento comunista y luego parte de la guerrilla de las Brigate Rosse, quien dé un ejemplo al abandonar a Nicola, su marido, y a su hija Sara para refugiarse en la clandestinidad. Ni tampoco Matteo, joven brillante en literatura, que, luego de perder a Giorgia en manos de la policía, decidirá abandonar la facultad, alistarse en el ejército y trabajar toda su vida para las fuerzas del orden. Infeliz y esquivo, terminará suicidándose sin poder entregarse con libertad al amor de Mirella (Maya Sansa). Quizás sea entonces en Nicola donde el director ponga la mirada más plenamente humana. El personaje que se alimenta de todas las propuestas, decide dedicarse a la psiquiatría después de la experiencia con Giorgia e intenta vivir su vida desde el justo medio, sin dejar de luchar por ideales de libertad pero tampoco cayendo en la dureza que elige su hermano. La amistad, la paternidad, el cariño por sus pacientes y su familia lo hacen una persona de corazón suave, respetuoso de las decisiones del otro aunque no las comparta, aceptando el dolor y siguiendo adelante ante cada dificultad. Si bien no existe narrador en el film, creemos que la enunciación está principalmente asumida por Nicola, aun si la complejidad de la historia y la estructura temporal del relato, siempre lineal, necesitan siempre de las miradas y subjetividades de los tantos otros personajes para avanzar. La acción avanza de la mano de los años y de los acontecimientos históricos. La gran inundación de Florencia en 1966, los despidos de la Fiat en 1980, el asesinato del juez Giovanni Falcone en Palermo en 1992 son algunos de los hitos en los que participan los personajes. El anclaje del film es bien italiano: los acentos de cada región, las expresiones y dialectos, las diferencias sur-norte, las tradiciones. Sin embargo, no por esto se queda en el localismo. El retrato de toda una generación y la atenta sensibilidad a la psicología de los personajes permite que el film crezca y se dirija mucho más allá del pueblo italiano. No es casual que en la Argentina haya sido vista por unos 30 mil espectadores, pese a su extensa duración. Como las "películas cabalgata", La mejor juventud termina en el 2002, año de rodaje del film, estrenado en 2003 en Italia. Apela de esta manera al presente del espectador y a la identificación con la que podrían emocionarse muchas de las personas que la vieron. La belleza del cine se plasma aquí en la unión de las memorias de los espectadores y la que propone la película. Sin embargo, la belleza del film es mucho más extensa. O será que, como lo dice Nicola, finalmente, "todo es bello". |
![]() Ficha técnica:
La mejor juventud La meglio gioventù, Italia, 383', 2003 Dirección: Marco Tullio Giordana Guión: Sandro Petraglia y Stefano Rulli Producción: Angelo Barbagallo Fotografía: Roberto Forza Montaje: Roberto Missiroli a.m.c. Sonido: Fulgenzio Ceccon Intérpretes: Luigi Lo Cascio, Alessio Boni, Adriana Asti, Sonia Bergamasco, Fabrizio Gifuni, Maya Sansa, Valentina Carnelutti, Jasmine Trinca, Andrea Tidona, Lidia Vitale, Camilla Filippi. Estreno en Argentina: 17 de mayo 2007 (1º parte) y 21 de junio 2007 (2º parte) |