Violencias escondidas en los flujos del río

 Por Daniela Espejo

Silencio espectral. Esa es la sensación que nos transmite La léon (Santiago Otheguy, 2006). Un silencio en el que acecha algo, alguien. Inminente aparición de lo desconocido, del fuera de campo.

       Rodado en la quinta sección del delta del Tigre, el film se destaca visualmente por la calidad de su imagen. No sólo por el material utilizado para el rodaje, -Digital HD (Alta Definición) en blanco y negro- y la posterior proyección en el mismo formato gracias al alquiler que el BAFICI asumió del proyector correspondiente.

         Es mucho más que eso. Se trata de una precisa y muy cuidada puesta en escena; encuadre, ritmo y movimientos de cámara también responden a estos adjetivos. Los travellings por los canales del Tigre, lentos avances que responden al ritmo de la corriente, del agua, permiten entrar en una suerte de hipnosis casi crítica, donde el ojo pierde su tensión para dejarse llevar por esos flujos.

       En este contexto desolado, Álvaro (Jorge Román) transita su vida entre pequeños trabajos de hachero y encuadernador de libros. Su única comunicación con la civilización es la embarcación "El léon", manejada por El Turu (Daniel Valenzuela), suerte de líder de la zona que intenta imponer su impronta masculina y violenta a fuerza de insultos, malos tratos. Álvaro genera incomodidad en la comunidad por su manera solitaria de comportarse, porque se sospecha de su homosexualidad.

         La masculinidad es uno de los temas más notorios del film. Pero no hay aquí una intención de afirmarla mediante clichés. Se entiende la masculinidad también en el amor entre hombres, en la desnudez. Casi ninguna mujer en cuadro, el mundo de La león está armado por los hombres. En este desierto de agua al que se dificulta arribar y que se mueve en ciclos, la homosexualidad termina siendo una cuestión de violencia. El Turu como artífice de muertes –en el enfrentamiento anónimo con inmigrantes paraguayos que talan terrenos usurpados -, de violencias verbales y físicas.

      Se nota en el film un contrapunto fuerte entre la precisión, calidad y belleza de las imágenes y la sordidez, dureza pedregosa y aislada de la vida en este lugar donde el pan duro es casi un privilegio. Esta vida se acentúa en la imagen con los rostros de los actores no profesionales, genuinos habitantes del lugar, con sus pieles curtidas y sus discursos resignados.

        En esta contradicción también aparece la música. Está presente pero es espectral: no hay intención de que sea escuchada sino que se busca que se pierda entre el sonido ambiente, casi desapercibida durante la proyección hipnótica.

      Ese espectro que acecha en el film está escondido entre los juncos que corta Álvaro o entre los árboles de las islas. Es probablemente la incomodidad que genera la que lo hace aparecer en forma de violencias intermitentes, de enfrentamientos intercalados, dolores anónimos y silentes en el desierto de agua.








Ficha técnica
La león
Argentina – Francia, 80 min, 2006
Dirección: Santiago Otheguy
Guión: Santiago Otheguy
Fotografía: Paula Grandio
Montaje: Valeria Otheguy, Sebastián Sepúlveda
Sonido: Abel Tortorelli
Música: Vincent Artaud
Intérpretes: Jorge Román, Daniel Valenzuela