
Algo más que un film de tango Por Jorge Medina
Imagine el lector que está leyendo una reseña en inglés sobre el film Garúa
de Gustavo Corrado (o una versión bilingüe de esta
página); ésta podría empezar diciendo: “Four young punks, dilly of a job…” –“Cuatro jóvenes punks,
perdiendo el tiempo”. Nada improbable considerando el periplo del
film por diversos festivales internacionales –con sus gacetillas
y catálogos-. La palabra que no se pudo traducir (punks)
podría ser una extrañeza en un film argentino con
título de tango. Sin embargo nos parece relevante para describir
a estos personajes que –a pesar de transcurridos casi diez
años-, guardan cierta similitud con la juventud retratada en Pizza, birra, faso
(Caetano y Stagnaro, 1998). Pues tanto a unos como a otros, cualquier
crítico del extranjero podría definirlos o identificarlos
como jóvenes punks,
algo que los hermana e iguala con la juventud marginal del resto de
este mundo globalizado. Pero para nosotros el pensar en el film de
Caetano y Stagnaro es una referencia válida. De hecho tanto Garúa como Pizza,…
comparten un mismo actor (Jorge Sesán), cierto retrato
documental de la ciudad de Buenos Aires que es vista como periferia, y
sus directores son egresados de la misma escuela de cine. Pero de
aquella juventud sin futuro (uno de los lemas del movimiento punk) a este grupo de lúmpenes y delincuentes urbanos sin demasiadas luces, hay grandes cambios. Aunque punk podría traducirse con esas palabras (vago, delincuente), en Garúa nada tiene que ver con el movimiento musical de los dos tonos –a pesar de una referencia al grupo de punk rock
Ramones hecha por un personaje-. Esta primera sorpresa se debe a que el
cine argentino parece tener otras preocupaciones a la hora de mostrar a
grupos marginales post-devaluación (cuyo guión Corrado
empezó en 2000-2001). No hablamos ni de un progreso ni un
retroceso; quizá el tema está en que para esta juventud
no haya una salida: mientras que aquella agonizaba, tal vez la de Garúa tenga que morir. Veamos.
Garúa además se aproxima bastante al cine de género, y puede considerarse un thriller, en cuya búsqueda nuestro protagonista Franco (Luciano Cáceres, de notable parecido con Clive Owen, muy buen actor y que usted recordará por El amor (primera parte) de Fadel, Mauregui, Mitre y Schnitman, 2004) ocupará paulatinamente, de manera no forzada para el espectador, el lugar del “Flaco”, un cantante de tangos al que él asesinó para robarle, en el comienzo del film. Aquí, la delincuencia, vista en otros episodios como el robo de un valioso cuadro abstracto de un museo y luego el asalto a una disquería, será exitosa y no castigada. Franco pagará con su vida no por su pecado, sino por haber traicionado a sus amigos. No habrá policía ni ley en los episodios de las muertes, robo y desfalco, apenas un esbozado guardia de seguridad privada. En este sentido, Corrado sin quererlo, nos muestra una realidad cruda que no pinta bien a cierto sector de la Argentina de la era “K”. Un film con fondo de tango que agradará tanto a un público acostumbrado a una melancolía europea (como en el cine de Kaurismäki), así como al más purista del tango argentino. En este sentido el mérito de componer tangos en un estilo clásico es de Cabello (música) y Silvina Marino (letras), aún cuando Garúa no haga referencia a la conocida composición de Cadícamo y Troilo. Sobrio film, sin trampas ni falsas promesas para el espectador, Garúa es una obra más que interesante. |
![]() Garúa
Argentina, 2005, 91 min. Guión y Dirección: Gustavo Corrado Intérpretes: Luciano Cáceres, Jean Pierre Reguerraz, Jorge Sesán, Dalila Real, Mirta Busnelli, Climent Sibony. Producción ejecutiva: Roberto Ferro Productor asociado: Giulana del Punta Fotografía: Federico Juárez Montaje: Mónica Gómez Música: Nacho Cabello Letras de las canciones: Silvina Marino Sonido directo: Gerardo Panero |