Espectros del sur

Por Daniela Espejo

El cine italiano aparece. Muchas veces está ausente pero de repente aparece. Se manifiesta y aúlla desde la pantalla, en un intento vano por revivir aquello que sigue vivo, para quienes dudan de su impronta todavía fresca.

Los festivales de cine, claro, son esos espacios oasis donde quienes lo esperan van a buscarlo. En este BAFICI, en ese sentido, hubo un poco de todo: documentales (los de Leonardo Di Costanzo, Vincenzo Marra; Stefano Savona, Carnets d'un combattant kurde, 2006), largos de autores reconocidos (Il regista dei matrimoni, de Marco Bellocchio, 2006) y de otros más nuevos (L'amico di famiglia, de Paolo Sorrentino, 2006), cine de terror bizarro (Raptus y Lo spettro, Riccardo Fredda, 1962 y 1963, respectivamente), obras homenaje a grandes figuras del cine de la región (Pasolini Prossimo Nostro, de Giuseppe Bertolucci, 2006).

Un festival que en su 4ta edición, en 2002, programó una sección de cine napolitano, curada por Néstor Tirri, periodista e investigador especialista en cine itálico, y que sigue incluyendo en sus filas obras de realizadores como Vincenzo Marra, oriundo de Nápoles. Un festival que tiene en cuenta la ligazón entre nuestro cine y el italiano como parte de nuestra identidad como sociedad. El mismo Tirri que, en su libro Habíamos amado tanto a Cinecittà, se preguntaba: "... qué pasó con la Argentina, que durante algo más de medio siglo había sido, en las manifestaciones del espectáculo, algo así como una provincia italiana, mientras que en los últimos decenios este canal comunicante, este vínculo, se ha interrumpido". (Tirri: 2006, 16). El festival nos recuerda una unión que, aunque algo olvidada, está siempre presente.

Y en esta cercanía, el sur de Italia como ejemplo cristalizado de los orígenes de nuestra identidad, en tanto esa idea lograda a fuerza de inmigración y cultura transplantada, pocas veces en la actualidad se ve plasmada en ejemplos concretos. El lenguaje, quizás, sea uno de los elementos que más expresan esta conexión. Pero en el cine del BAFICI, el cristal se rompió en mil pedazos y se hizo vivo, se hizo carne. Aquí, el público pudo ver en el espectro de la pantalla lo que une ese sur con nuestro sur.

Uno de esos ejemplos nos lo entregó, sin dudas, Leonardo di Costanzo, documentalista enfocado en una sección del festival. Con sus tres films programados, Prove di Stato (1999), Un cas d'école (2003) y Odessa (2006), hizo prueba de un ojo crítico y a la vez externo de las situaciones retratadas esperando justamente que el público pudiera reconocer puntos de vista y comentar sobre el material. Luego de las proyecciones, al igual que en el caso del film de Vincenzo Marra, la recepción hizo hincapié en el extraño caso de películas que, sin ser argentinas, se les adjudica nuestra nacionalidad por derecho propio: "esta película la podrían haber hecho acá y era lo mismo", reconocía un espectador.

En el caso de Di Costanzo, la relación se dio mayormente con la primera película, un documental crudo, casi sin cortes. No hay entrevistas, pocas locuciones, poca intervención aparente. En Prove di Stato (literalmente, Pruebas de Estado), la intendente de Ercolano, un pueblo cercano a Nápoles, con ruinas romanas similares a las de Pompeya, Luisa Bossa, en el poder desde 1994, intenta imponer la ley en una comunidad que no conoce de normas escritas, sino que vive obedeciendo a leyes impuestas por la camorra y a la propia tradición idiosincrásica que dicta una forma de conducta que no reconoce el Estado como ley. Así, taxistas sin habilitación, familias sin viviendas dignas, desocupados y jubilados se acercan a Bossa creyendo en la posibilidad de soluciones mágicas a sus problemas. Y ella, respondiendo a las nuevas medidas que intentaron aclarar la oscuridad de corrupción de los años 80, el movimiento llamado mani pulite (manos limpias), se mantiene firme en su posición de imponer la ley por sobre cualquier tipo de favoritismo, amiguismo o preferencia.

Todos gritan en las películas de Di Costanzo. ¿Será que son italianos, según esa generalización que indica que ciertas nacionalidades se caracterizan por esto o por aquello? Pero no son sólo italianos, son italianos del sur, son víctimas de destrucciones, de lo irremediable a gritos. Sur: aquí tenemos otro gran prejuicio. No es que Di Costanzo vaya a negarnos el subdesarrollo, la pobreza, la delincuencia y la violencia que existe en estas zonas. Lo que hace es mostrarnos cómo aparece en el día a día, en la práctica. Aquí, las organizaciones mafiosas no están retratadas de frente, como un rasgo autóctono casi de atractivo turístico. Aparecen de refilón, en sus efectos, como la ola que golpea la piedra y la carcome lentamente.

El cineasta utiliza el mismo truco en todas sus obras. La cámara está presente, esperando que las cosas ocurran. Cuando aquello que vemos sucede, quien protagoniza la "escena" está tan inmiscuido en lo importante que no registra la presencia de la cámara. De esa manera, todo parece tan natural que se desdibuja la intervención del ojo del cineasta. Sin embargo, Di Costanzo no niega la modificación intrínseca a su presencia que implica la cámara. No niega el valor "actoral" de ciertos sujetos: "la cámara nunca es neutra, el problema no es hacerse invisible sino aprovechar la modificación de la realidad que hace el cuerpo del camarógrafo y la cámara." Sigue Di Costanzo: "la presencia de la cámara obliga a los sujetos a ir hasta el fondo de su rol. En ese momento, la realidad se hace cine. Si la cámara no hubiese estado allí, los "personajes" no se hubiesen comportado de esa manera."

En Un cas d'école, este mismo procedimiento es utilizado en el ambiente de una escuela de la periferia napolitana donde, además de los gritos y los problemas de disciplina clásicos de la educación de jóvenes y niños, están las dificultades de lenguaje y la violencia. Golpes entre los jóvenes forman parte de una cultura de la venganza. Las mezclas entre el dialecto napolitano y el italiano que intentan enseñar las maestras, imponiendo justamente la ley del Estado que, desde el gobierno de Benito Mussolini, establece el idioma oficial que debe usarse, generan conflictos de identidad. Otra vez la ley, otra vez la falta de ley.

Vincenzo Marra, por su parte, propone ir a mirarle la cara a la justicia. En L'udienza è aperta (2006), rodada en el contexto de la polémica de la ley ex Cirielli, proyecto de modificación del código penal que aumentaba las penas a los reincidentes y reducía los tiempos de prescripción de los delitos, se centra en tres personas que forman parte poderosa de los mecanismos de la justicia en Nápoles: el juez Pietro Lignola, su asistente Elena Giordano y el abogado penalista más famoso de la ciudad, Alfonso Martucci. La intención del cineasta es acercarse a comprobar aquello que se rumorea y que está en el aire: la ineficiencia de la justicia italiana. La reflexión se asemeja a la de Di Costanzo, como claramente lo expresa Martucci en el film: "la legalidad implica que uno reconozca la existencia del Estado. En Nápoles, ¿el Estado dónde está?"

Esta y otras tantas frases serán violentamente escupidas al medio de la sala durante la proyección del film haciéndonos dudar del límite de la sorpresa. Pero claro, no es que no sepamos tácitamente de la existencia de este tipo de pensamientos. El problema, o mejor dicho, el punto, es la personalización de estos pensamientos. Como sucedió con el libro de Roberto Saviano, Gomorra, viaggio nell'impero economico e nel sogno di dominio della camorra (2006), primero en ventas en Italia durante los primeros meses de su publicación y causa de que su autor tuviera que confinarse en un escondite anti-camorristas, lo que aquí se dice se sabe, se conoce, es vox populi.

En este sentido, son films que rompen el silencio, a costa de poner en riesgo la propia vida. Confesiones, lentos pero seguros acercamientos a la verdad. Dice Saviano refiriéndose al caso de una joven maestra que denunció un asesinato de la camorra:

 

"No es la confesión en sí lo que da miedo, no es haber denunciado a un asesino lo que genera escándalo. No es tan banal la lógica de la omertà. Lo que vuelve escandaloso el gesto de la joven maestra fue la elección de considerar natural, instintivo, vital poder testimoniar. Poseer esta conducta de vida es como creer realmente que la verdad es aquello que te hace ganar y la mentira lo que te hace perder, se vuelve una elección inexplicable. Así sucede que las personas que te rodean se sienten en dificultad, se sienten descubiertas por la mirada de quien ha renunciado a las reglas de la vida misma, que ellos al contrario han aceptado completamente. Las aceptaron sin vergüenza, porque todo tiene que ser así, porque siempre fue así, porque no se puede cambiar todo con las propias fuerzas y por lo tanto es mejor ahorrárselas y tomar el camino correcto y vivir como hay que vivir." (Saviano: 2006, 307; traducción de la autora)

Nadie antes había sido capaz de escribirlo, nadie antes había personalizado su denuncia y mucho menos grabado a protagonistas portadores de la responsabilidad de la justicia aceptando la inexistencia de la ley, la imposibilidad de que la ley "sea igual para todos" como reza cada una de las salas de audiencia del Tribunal de Nápoles, recordándonos que la insistencia en ella es lo que justamente la hace improbable. Verdaderos abanderados del orden del cual niegan la existencia.

El film de Marra fue presentado en septiembre 2006 en la última Mostra de Venecia donde la crítica lo acogió fervientemente pero no generó ningún tipo de efecto a nivel práctico. El realizador se lamentó de que "no hubiese sucedido nada más luego del revuelo de Venecia". Al parecer, el documental será presentado en televisión en Nápoles durante este año.

Tanto Marra como Di Costanzo estuvieron presentando sus películas en el BAFICI. Este último confirmó que no hay una escuela de cineastas de la ciudad, simplemente una camada nueva de realizadores napolitanos preocupados siempre por temáticas propias del sur italiano: la falta de justicia, la mafia de forma genérica –y particularmente la camorra-, el espectáculo de lo cotidiano, las dinámicas del poder, la delincuencia, la presencia-ausencia del Estado.

Entre ellos podemos citar a Paolo Sorrentino, que con L'amico di famiglia (2006), también participó del festival. Este film de ficción se centra en la figura de un usurero, Geremia di Geremei (Giacomo Rizzo), el amigo que ayuda a todas las familias del lugar, claro que nunca inocentemente. Algo así como un banco que no cobra intereses, pero maneja sus cobranzas fuera de la ley. El personaje resulta de una repugnancia notable a través de su forma de manejar el dinero, la confianza, la ilegalidad. Pero también desde su aspecto físico, casi como un olor nauseabundo. ¿Su contracara? Una hermosa mujer (Laura Chiatti) que lo desafía y de la cual se enamora perdidamente.

Como en Le conseguenze dell'amore (2004), el director recurre frecuentemente a travellings que vuelven majestuosas imágenes banales en manos de otros cineastas. Constantes movimientos de cámara, casi podríamos creer en la inexistencia del plano fijo en las obras de Sorrentino. Le conseguenze..., también se centra en un personaje extraño, Titta di Girolamo (Toni Servillo), alejado de su familia, residente de un hotel en una ciudad cercana a la frontera italiana con Suiza. Nadie sabe de qué vive, por qué está allí. Otra mujer (Olivia Magnani, la nieta de la célebre Anna) será quien le haga perder la cabeza y a través de la cual entenderemos la relación que une a Titta con Cosa Nostra, la mafia siciliana, y quien producirá cambios en su rutina, en sus emociones, en su futuro.

Ambos films responden a un ritmo y una cadencia pocas veces vista. Acompañados por la música, muchas veces electrónica, cada plano parece haber sido meditado y elaborado con mucho cuidado. La narración también, aunque aparentemente responde poco a la lógica de causa-efecto, delineando el afuera para ir metiéndose lentamente en el centro de la cuestión, es muy cuidada. El centro de estos planos siempre es mucho más su belleza plástica que su riqueza narrativa, no hay a veces más razón para un travelling, para un color, para una música, que el riesgo mismo de su inclusión, la belleza de la osadía estética.

 Parece que al sur la gente es más espontánea, más salvaje, más amarillista y sangrienta. Prejuicio del cual ya hablamos, que se deriva a veces de la pura imaginación, otras de los hechos. El sur de Italia, el sur de América, los "sures" como espacios de la pobreza, de la marginación y el olvido. "Al norte no gritan tanto, no mueven tanto las manos, pero son mucho más corruptos de una manera mucho más sutil", nos decía Leonardo Di Costanzo. Distintas violencias, distintos dolores. Siempre el cine apareciendo, dando vida a esos espectros que nos dicen siempre y cada vez que lo importante es formarnos nuestra propia mirada, nuestro sesgo.

 
Bibliografía:

·         Tirri, Néstor. Habíamos amado tanto a Cinecittà, Buenos Aires, Paidós, 2006.

·         Saviano, Roberto. Gomorra. Viaggio nell'impero economico e nel sogno di dominio della camorra. Milano, Mondadori, 2006.