Reconstrucción de una revolución.

Por Jorge Medina

 Existen dos notables diferencias entre los posters o afiches de promoción del film Bucarest 12:08. Una, la más fácil, es su procedencia: el original, o como se dice popularmente el importado, y el de la distribución local, quizá también para Latinoamérica. La otra diferencia es el contenido, el diseño gráfico, las imágenes, es decir el mensaje. Trataremos de describir lo que icónicamente representan. El primero, el rumano, es una foto que tiene el título del film en su lengua original “A fost sau n-a fost” y el signo de interrogación como un gran símbolo sobreimpreso en un cielo plomizo. Debajo, ocupando apenas un cuarto del afiche, una plaza seca vista en panorámica con el edificio del ayuntamiento y la estatua ecuestre que serán centro del debate posterior. Edificios y cielo del mismo frío color, alejados del que lo observa. Por último, el cartel argentino tiene una hoz y un martillo, símbolo unívoco del comunismo reemplazando la letra C en Bucarest, así como un reloj que marca las doce y ocho minutos, en el lugar del cero, en los números 12:08. El poster dividido en mitades blanco y rojo, es a primera vista más sencillo pero tiene un trabajo elaborado en su diseño. Un hombrecito, casi una silueta, con abrigo y gorra negra, lleva un destartalado pino, cuya guirnalda de luces va sembrando un camino. Es navidad. El movimiento se refleja en este personaje (en realidad un fotograma del film), que sale de escena por la derecha. El piso rojo recibe la hoz y el martillo rotos, como de alguna estatua derrumbada, tal vez cayeron de la palabra del título. Este afiche también se utilizó en Europa con alguna modificación, y el film fue llamado en sus diferentes idiomas, 12:08 al este de Bucarest. Es el mismo film, pero queda claro que la recepción será diferente en uno y otro público. Además un signo de interrogación y una hoz se parecen bastante entre sí.

Todavía recordamos –los que lo vivimos- la navidad del ‘89 en la hiperinflación alfonsinista, y cómo los noticieros de la televisión argentina mostraban los muertos que dejó la caída del dictador Ceaucescu. Pues ese 25 de diciembre, él y su temida mujer fueron juzgados y ejecutados. Luego salvo por el fútbol y las referencias de siempre a Transilvania, nada se supo de Rumania. Hasta un film como La muerte del sr. Lazarescu de Cristo Puiu (2005), y enterarse mucho después que los muertos mostrados por TV fue un gran engaño de la oposición.

         Lo que shockeó entonces era ver una masacre en aquella transición política, sobre todo cuando la caída del muro alemán se vivió como una fiesta. Lo que shockea ahora es ver cómo el director Corneliu Porumboiu retoma esos tristes y pocos claros sucesos con un humor surreal, absurdo y a veces cercano al grotesco. Ahora, si bien los hechos históricos son bien nítidos, ¿se imagina el día en que el cine argentino pueda reírse del diciembre de 2001 ó el septiembre de 1955? Por la manipulación de la TV de entonces, el director debutante en un largometraje se vale de la TV actual, mediante la puesta de un programa que recuerda la historia preguntando ¿Hubo o no hubo (una revolución)? –ésta sería la cuestión del título original que está en el afiche- y ¿Dónde estaba usted ese día? Lamentablemente el espectador olvida la primera demanda, pues el film se centra en la segunda cuando recrea un programa de debate político, más cercano a un talk-show hecho con una sola cámara, una línea de teléfono y una foto (la del primer afiche) que ni siquiera es un chroma. Parece una puesta en escena mezquina: planos largos, escasos y banales diálogos, ¿estamos frente a un documental? Ah, son actores. Y ahí está la respuesta, vemos la ciudad gris y fría, con faroles de iluminación eléctricos y a gas, autos viejos; calles sucias; comerciantes chinos; bares de mala muerte. Porque lo que ellos llaman revolución fue en la realidad derrocar un régimen vetero-comunista, para instaurar la cara feroz del capitalismo o democracia liberal.

           Bucarest 12:08 (la hora de la fuga en helicóptero del tirano) fue en la práctica lo que sucedió con los países del este europeo, sin fiesta, sin alegría, con muertes y miedo por el futuro. Está claro que Porumboiu cree firmemente en que su país se sostiene por su gente. En sus entrañables personajes principales, un viejo que hace de Papá Noel, un profesor de historia alcohólico, un dueño de un canal sin recursos pero que ante todo es periodista, y el resto que funciona como comparsas y coro griego, niños con cohetes; inmigrantes orientales; adolescentes apáticos como los de cualquier parte del mundo; bandas que tocan música “latina” (algo parecido a la cumbia); voces en el teléfono.

De la cámara fija de la primera parte del film a la cámara móvil, al hombro, desencuadrando el plano, imitando a la cámara de TV. De los diálogos de un guión naturalista a la importancia de la voz en off y el fuera de campo, para desentrañar la historia. En esta parte la ciudad desaparece, es una foto, los seres son voces anónimas (los que llaman por teléfono a la TV son siempre anónimos aunque se presenten).

La verdad no es absoluta, mucho menos si la cuenta la televisión. Saber si hubo o no hubo revolución, si la gente estuvo en las calles en el momento histórico o cuando ya todo estaba terminado es algo que ya a esta altura no le quita el sueño a ningún rumano. Fue un buen recuerdo, de duelo para los mayores, melancólico y valiente como resume el relato del viejo: “Estaba en la plaza después de haber visto la TV para hacer ver a mi mujer que también yo era un héroe y no le tenía miedo al comunismo, cada uno hizo la revolución a su modo”. Así puede ser vista la puesta en escena del director Porumboiu, una mirada melancólica, romántica, heroica que permite reírse del pasado dramático. Pero hay más aun, en el final una dama, a la que presumimos anciana, dice por teléfono: “Llamo para avisarles que afuera nieva. Disfruten esta nieve, porque mañana será todo barro”. La nieve que veremos cayendo al este de Bucarest, será la perfecta metáfora de la revolución rumana.

          El film se exhibió en la muestra oficial internacional del 9º Bafici.


 








Ficha técnica

 Bucarest 12:08
A fost sau n-a fost?

Rumania, 89 min., 2006.

Dirección: Corneliu Porumboiu
Guión: C. Porumboiu
Fotografía: Marius Panduru
Montaje: Roxana Szel
Música: Rotaria
(banda tradicional rumana)

Escenografía: Daniel Raduta
Intérpretes: Mircea Andreescu,Teodor Corban,
Ion Sapdaru, Cristina Ciofu,
 Luminita Gheorghiu, Teo Corban.

Producción: C.Porumboiupara 42 Km Film