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Reconstrucción de
una revolución. Por Jorge Medina Todavía recordamos –los que lo
vivimos- la navidad del ‘89 en la hiperinflación alfonsinista, y cómo los
noticieros de la televisión argentina mostraban los muertos que dejó la caída
del dictador Ceaucescu. Pues ese 25 de diciembre, él y su temida mujer fueron
juzgados y ejecutados. Luego salvo por el fútbol y las referencias de siempre a
Transilvania, nada se supo de Rumania. Hasta un film como La muerte del sr. Lazarescu de Cristo Puiu (2005), y enterarse
mucho después que los muertos mostrados por TV fue un gran engaño de la
oposición. Lo que shockeó
entonces era ver una masacre en aquella transición política, sobre todo cuando
la caída del muro alemán se vivió como una fiesta. Lo que shockea ahora es ver
cómo el director Corneliu Porumboiu retoma esos tristes y pocos claros sucesos
con un humor surreal, absurdo y a veces cercano al grotesco. Ahora, si bien los
hechos históricos son bien nítidos, ¿se imagina el día en que el cine argentino
pueda reírse del diciembre de 2001 ó el septiembre de 1955? Por la manipulación
de la TV de entonces, el director debutante en un largometraje se vale de la TV
actual, mediante la puesta de un programa que recuerda la historia preguntando
¿Hubo o no hubo (una revolución)? –ésta sería la cuestión del título original
que está en el afiche- y ¿Dónde estaba usted ese día? Lamentablemente el
espectador olvida la primera demanda, pues el film se centra en la segunda
cuando recrea un programa de debate político, más cercano a un talk-show hecho con una sola cámara, una
línea de teléfono y una foto (la del primer afiche) que ni siquiera es un chroma. Parece una puesta en escena
mezquina: planos largos, escasos y banales diálogos, ¿estamos frente a un
documental? Ah, son actores. Y ahí está la respuesta, vemos la ciudad gris y
fría, con faroles de iluminación eléctricos y a gas, autos viejos; calles
sucias; comerciantes chinos; bares de mala muerte. Porque lo que ellos llaman
revolución fue en la realidad derrocar un régimen vetero-comunista, para
instaurar la cara feroz del capitalismo o democracia liberal. Bucarest 12:08 (la hora
de la fuga en helicóptero del tirano) fue en la práctica lo que sucedió con los
países del este europeo, sin fiesta, sin alegría, con muertes y miedo por el futuro.
Está claro que Porumboiu cree firmemente en que su país se sostiene por su
gente. En sus entrañables personajes principales, un viejo que hace de Papá
Noel, un profesor de historia alcohólico, un dueño de un canal sin recursos
pero que ante todo es periodista, y el resto que funciona como comparsas y coro
griego, niños con cohetes; inmigrantes orientales; adolescentes apáticos como
los de cualquier parte del mundo; bandas que tocan música “latina” (algo
parecido a la cumbia); voces en el teléfono.
De la cámara fija de la primera
parte del film a la cámara móvil, al hombro, desencuadrando el plano, imitando
a la cámara de TV. De los diálogos de un guión naturalista a la importancia de
la voz en off y el fuera de campo,
para desentrañar la historia. En esta parte la ciudad desaparece, es una foto,
los seres son voces anónimas (los que llaman por teléfono a la TV son siempre
anónimos aunque se presenten). La verdad no es absoluta, mucho
menos si la cuenta la televisión. Saber si hubo o no hubo revolución, si la
gente estuvo en las calles en el momento histórico o cuando ya todo estaba
terminado es algo que ya a esta altura no le quita el sueño a ningún rumano.
Fue un buen recuerdo, de duelo para los mayores, melancólico y valiente como
resume el relato del viejo: “Estaba en la plaza después de haber visto la TV
para hacer ver a mi mujer que también yo era un héroe y no le tenía miedo al
comunismo, cada uno hizo la revolución a su modo”. Así puede ser vista la
puesta en escena del director Porumboiu, una mirada melancólica, romántica,
heroica que permite reírse del pasado dramático. Pero hay más aun, en el final una
dama, a la que presumimos anciana, dice por teléfono: “Llamo para avisarles que
afuera nieva. Disfruten esta nieve, porque mañana será todo barro”. La nieve
que veremos cayendo al este de Bucarest, será la perfecta metáfora de la
revolución rumana. El film se
exhibió en la muestra oficial internacional del 9º Bafici.
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