Soundsystem

 Por Luciana Calcagno

 

En la  sección  Soundsystem se presentaron films que tuvieron a la música como denominador común. Esto viene siendo un lugar habitual en los festivales argentinos de categoría internacional. En las últimas ediciones del BAFICI y del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se presentaron films que estuvieron fuertemente relacionados con la música, ya sea porque la trataban como tema directo (The filth and the fury, Julien Temple, 2000), o porque el film era una excusa para presentar una buena banda sonora (Thumbsucker, Mike Mills, 2005), o bien porque se establecía un buen dialogo entre ambos (The devil and Daniel Johnston, Jeff Feuerzeig, 2005).

Es sabido que el público de los festivales de cine (posiblemente más en el BAFICI que en Mar del Plata) está compuesto por bastantes jóvenes, por lo tanto no es inocente la creación de una sección que agrupe a films que se relacionen de algún modo con la música, sino que es más bien una cuestión comercial. Pero, como el festival de cine (entre muchas otras cosas) se encarga de eso, de recaudar dinero, no está mal que adopten un criterio comercial, si van a brindarnos a cambio buenos films.

Y buenos films fue sin duda lo que hubo en la sección Soundsystem de este año. Con un espectro variadísimo, que incluyó desde un seguimiento de Zidane durante un partido de fútbol (Zidane, un portrait du 21e siècle, Douglas Gordon  y Philippe Parreno, 2005) hasta un documental sobre Kurt Cobain (Kurt Cobain: About a son, Aj Schnack, 2006), "plato fuerte" de la sección que, para no estar fuera de tono con toda la organización del festival, proyectaron escasas veces, todas a dos días de la finalización del festival, guardando solamente cinco entradas para la prensa. Aún así, la sección se convirtió en una de las más interesantes y experimentales de todo el festival.

Dentro de Soundsystem no faltaron los films más clásicos, como puede serlo el documental American Hardcore (Paul Rachman 2006), sobre el surgimiento de la escena hardcore en Estados Unidos, estructurado con imágenes de archivo de recitales y entrevistas a sus protagonistas, o como Analog days (Mike Ott, 2006), típico film de adolescentes deprimidos en una ciudad deprimente. En este caso, sin duda la banda sonora es más interesante que el film: Elliot Smith, Iron & Wine, Pretty girls make graves, Clap your hands say yeah! musicalizan escenas abúlicas, que ya han sido vistas en muchos (y mejores) films de este estilo.

Pero lo más estimulante de la sección estuvo dado por los films más arriesgados, como el ya mencionado film sobre Zinédine Zidane; Daft Punk's Electroma (Thomas Bangalter, Guy-Manuel De Homem-Christo, 2006), especie de tragedia musical dirigida por los propios integrantes de la banda; y Life in Loops: a Megacities RMX (Timo Novotny, 2006), película que surge del remixado del film Megacities (Michael Glawogger, 1998) y que cuenta con imágenes originales del film, más imágenes sin editar y tomas nuevas realizadas por el director.

Otra joya de la sección fue el film Mutual Appreciation (Andrew Bujalski, 2005), film cercano al cine independiente de los 60s, con un integrante de Bishop Allen (Justin Rice) como protagonista y, por supuesto, música de la misma banda. En Mutual appreciation, más que la historia en sí, importan los diálogos del grupo de amigos y las largas escenas donde la música es la única protagonista.

Soundsystem brindó así diferentes acercamientos a la música desde el cine, y también, como actividad paralela, algunos recitales en vivo de bandas como Los Alamos, Él mató a un policía motorizado (cuyas entradas se agotaron en menos de diez minutos), Pequeña orquesta Reincidentes y Bauer. Sin duda, la sección fue una buena incorporación al festival, que ojalá haya llegado para quedarse.

 

American hardcore

 Por Rodrigo Moloney

 American Hardcore, documental basado en el libro homónimo de Steven Blusa (aquí, co-guionista junto con el director del film Paul Rachman), ordena el surgimiento y caída del movimiento hardcore de principios de los '80, en los Estados Unidos de Ronald Reagan, contado directamente por sus protagonistas.

El film comienza con, justamente, la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de EEUU en el año 1980, y luego da un perfil del norteamericano promedio. A partir de aquí, empiezan a aparecer, de manera cronológica, los distintos actores que tuvieron algo que ver con la escena (aparecen, incluso, fans y groupies dando testimonio), que definen su inicio hacia fines de los ‘70, en contraposición al punk. Lo interesante del film es que carece absolutamente de narrador en off; sólo los protagonistas cuentan, en 3/4 perfil, izquierdo o derecho, sus experiencias. Las imágenes de los testimonios van intercaladas con imágenes de archivo, un archivo completamente de carácter hogareño, sin ninguna gota de profesionalidad. Dentro de la elección narrativa, algo que cabe destacar es que el espíritu de la escena hardcore se mantiene en el film: todo tiene una atmósfera de “Do It Yourself”: desde las declaraciones de las distintas bandas (Black Flag, Minor Threat, Bad Brains), que narran peripecias del tipo armar 1000 discos a mano, organizar recitales en patios de casas, agarrarse a trompadas con el público y aprender a ser violentos, hasta las filmaciones caseras con las que se documentó aquella época.

La película es un reflejo de la sociedad norteamericana de principios de los ‘80. Hace un fuerte hincapié en la furia de los jóvenes blancos que se sentían por afuera del sistema, un sistema que tenía a una incipiente MTV en su nacimiento, un gobierno conservador y el coletazo final de la música disco y los primeros pasos de la New Wave en New York. Es interesante ver que este documental cumple su objetivo al mostrar cómo todo nace en el medio de la nada, en el centro de EEUU, y cómo se contagia de boca a boca, por medio de la violencia (musical, lírica o física), hacia ambas costas del país del norte, para terminar, una vez más, con el sueño de cambiar el mundo, luego de la reelección de  Reagan en el ‘84.

 

American hardcore, EE.UU., 2006
100 minutos
Dirección: Paul Rachman
Guión: Steven Blush (basado en
el libro American Hardcore: A tribal history)
Producción: Steven Blush, Paul Rachman
Fotografía:
Paul Rachman
Montaje:
Paul Rachman
Sonido: Robert Fernández
Música:
Anthony Countey

 

Analog days

 Por Griselda Soriano

Si en el cine hollywoodense los conflictos sociales, políticos, económicos, no suelen aparecer más que de manera velada o esquemática, el cine independiente norteamericano, por el contrario, se ha dedicado a sacarlos a la luz. Es esta tradición la que retoma Analog days, opera prima del joven realizador Mike Ott.

Partiendo de las vivencias de un grupo de jóvenes, apáticos o apasionados, pero siempre confundidos, Ott intenta retratar las contradicciones que atraviesan a la sociedad norteamericana. Así aparecerán en el film los problemas económicos, la indiferencia política, el racismo latente, y por sobre todo la imposibilidad de la juventud norteamericana de abrazar un ideal coherente, en un mundo donde cada vez resulta más difícil adivinar contra quién o qué es necesario luchar. Esta crítica resulta más acertada en aquellas situaciones que rozan lo absurdo (como la discusión acerca de si un músico exitoso como Beck tiene derecho o no de cantar una canción titulada Loser) que cuando el film intenta tornarse más dramático. Con todo, y siendo que se trata de una opera prima, Analog days es una película correctamente resuelta dentro de esa suerte de género que constituye el cine independiente norteamericano.

Mención aparte merece la excelente banda de sonido que sin duda ha sido lo que la ha llevado a formar parte de la sección Soundsystem.

 

Analog days, EE. UU., 2006
80'
Director: Mike Ott
Producción: Jennifer Shahin, Sound Virus Media
Guión: Mike Ott
Fotografía: Jason Joel Harris, Jay Keitel
Dirección de Arte: Cora Foxx
Sonido: Mark Ettel
Música: Derek Tudesco
Montaje: Lane Farnham
Elenco: Brett L. Tinnes, Ivy Khan, Granger Green, Chad Cunningham, Ryan E. Johnsen
 

 

Mutual appreciation

Por Luciana Calcagno

 

Mutual appreciation es un film de Andrew Bujalski que narra la historia de un triángulo amoroso entre Alan (Justin Rice), joven con ambiciones de rockstar recién mudado a Nueva York, su mejor amigo Lawrence ( Andrew Bujalski) y su novia Ellie (Rachel Clift). Como en casi toda película independiente norteamericana, sus personajes no tienen muy en claro hacia dónde van en la vida, y el film retrata un poco ese deambular, ese ir y venir entre bares, boliches y  casas ajenas (y desconocidas).

La profesión de Alan, tanto en la historia como en la realidad (Justin Rice es integrante del grupo Bishop Allen, quien también musicaliza varias escenas del film), será la excusa para brindar escenas del músico tocando en recitales, en su habitación, o presentando sus temas en una radio, lo que hace que la música en Mutual Appreciation ocupe un papel central. La escena de Alan presentando su tema en la radio es ejemplificadora: aquí la acción se suspende por completo, para que se pueda apreciar el tema.

Además del protagonismo de la música, Mutual appreciation tiene otros elementos interesantes. Unos de ellos es el especial tratamiento del montaje: Bujalski decide dilatar muchísimo escenas incómodas y de inacción, o de "tiempos muertos", y cortar justamente en el momento en el que está por suceder algo. En el film hay múltiples demostraciones de esta operación, pero tal vez la escena final sea la más clara: en el momento en el que se juntan Alan, Ellie y Lawrence, por primera vez luego del encuentro tenso entre los dos primeros, el director decide cortar en el medio de un abrazo fraternal que parece que va a devenir en otra cosa. Este manejo del montaje explicita una batalla entre el tiempo muerto y el tiempo de la acción, demostrando abiertamente la manipulación intrínseca a todo  montaje cinematográfico. También demuestra una excelente dirección de actores, ya que los largos planos de situaciones incómodas son creíbles gracias a la actuación de sus protagonistas, quienes transmiten a la perfección ese clima tenso e incómodo que, por ejemplo, puede haber en una reunión de tres amigas cuando llega un desconocido pensando que allí había una fiesta. 

La granulada fotografía en blanco y negro, la omniprescencia de la música, y las acertadas actuaciones hacen de este un film que recuerda al mejor cine independiente norteamericano. Las influencias de Cassavetes y de Jim Jarmusch (sobre todo de Stranger than paradise, 1984), mezcladas con el estilo personal de Bujalski, convierten a Mutual Appreciation en uno de los films más entrañables que se vieron en esta edición del festival.

 

Mutual Appreciation, EE. UU., 2005
109 minutos
Dirección:
Andrew Bujalski
Guión:
Andrew Bujalski
Producción:
Ethan Vogt, Morgan Faust, Dia Sokol, Mutual Appreciation LLC
Fotografía: Matthias Grunsky
Montaje:
Andrew Bujalski
Sonido: Randall Good, Eric Masunaga
Música:
ustin Rice, Kevin Micka, Bishop Allen, Omzo, Matty & Mossy, The Common Cold, Brandon Patton, Lauren Mechling
Intérpretes: Justin Rice, Rachel Clift, Andrew Bujalski, Lee Seungming,