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Entrevista a Ramiro Gómez: El
reflejo de una identidad. Entrevista: Por Jimena C. Trombetta Fotografía: Por Luciana A. Calcagno Estuvimos entrevistando a Ramiro Gómez (realizador de cortometrajes
como Las abejas,
Buen viaje y Siguiendo la ruta del
Inca) en el pasado Festival de Mar del
Plata, luego de haber visto su primer largometraje, Tierra roja. Tierra roja, además de ser un excelente documental que invita a descubrir toda una
cultura, la del Paraguay, fue ganador de una mención dentro del festival. Pero
en la entrevista no sólo hablamos sobre Tierra roja, sino que el director nos estuvo contando sobre algunas de sus otras
realizaciones cinematográficas que van más allá de los cortometrajes
mencionados anteriormente.
Ramiro Gómez: En la escuela nosotros teníamos la
obligación al 3º año y al 5º año de realizar un trabajo que podía ser un
cortometraje de ficción o documental como tesis de grado. El primer documental
que hice se llama Paredes, es sobre una sala de recuperación de
adictos a tóxicos en R.G.: Sí, claro; cuando fui a visitar y
conocí a estas personas me di cuenta de que había eso también, sobre todo
porque en el caso de Tierra roja el
hombre es un autodidacta. Y allí no se le ve, pero él también construyó un arpa
y toca el arpa.
R.G.: Sí, sí, fue todo un proceso,
porque la historia número dos no estaba como está ahora. Fue mucho rever de
nuevo el material, ya que había una especie de continuidad. Cambiaría una o dos
cosas, qué sé yo, tengo planos todavía pero como ya está circulando… No creo
que sea muy ético. (risas)
R.G.: Vos sabés que es muy extraño
porque parece un documental de observación. Es un documental de observación de
alguna manera. Pero yo realmente no conocía a estas personas antes de
filmarlas. Fue un día antes. No es lo mismo que yo esté mañana cuatro días en
tu casa y saque una historia de ahí ¿Entendés?
R.G.: No sé, es muy extraño, no sé por qué
filmé todo lo que filmé. No sé, yo sé que había una idea en mi cabeza. Siempre
hubo una premisa pero no sé como dio la casualidad de que fueran a ensamblar
bien las historias. No tengo idea. Puedo hablar de un proceso inconsciente que
es parte del proceso creativo. Como cuando uno va dibujando y uno no sabe lo
que está haciendo. Por darte un ejemplo: cada uno de los cortometrajes tiene
una reflexión filosófica, un punto de vista que tiene que ver con lo que trata
realmente el documental. Son entrevistas que a veces, en el caso de la primera
reflexión, que es la de que todos tenemos la misma sangre, que todos somos
hermanos en este mundo, está ahí porque fue la única que me sirvió en sonido.
Yo trabajé con sonido directo, yo no llevé un micrófono. Todo lo que es el
documental es sonido directo, es el sonido que capta la cámara. Entonces está
ahí exactamente porque tiene un sonido al fondo. Son cosas que yo no entiendo,
que son las casualidades de la vida, como cuando estoy filmando la parte del
mate y él está a punto de servirse y la radio que está sonando en ese momento
dice “Paraguayo república o muerte”, yo no monté ese sonido. Yo dije ¡Puta, qué
loco, esto está increíble, no puede ser! (risas)
No, porque te está pasando y vos decís: acá hay algo nuevo. Acá estoy
firme. Yo no creía mucho en Dios y empecé a decir: ¡Sí, es probable! Después
llegué a la conclusión de que las cosas pasan nomás todos los días. Por ahí si
vos tenés una buena intención y las ganas de hacer algo con eso, te van a pasar
cosas maravillosas. Si vos estás detrás de algo bueno tené la seguridad de que
algo va a pasar. Pienso que tenés que saber estar parado frente a la situación.
Y saber observar con un ojo inquieto, atento y si es posible sin prejuicios. Es
extraño. Es que me pasaron muchas cosas. Cuando yo fui a visitar, yo no sabía
que iban a ir a buscar la yerba, no lo tenía pensado. No fue mi idea,
simplemente llegué y las cosas se dieron. Y dije bueno ya que está pasando lo
de la yerba vamos a tomarlo como pretexto para contar la historia de la
familia. Pero yo sí sabía que él era un médico curandero. Allí sí había una
conexión entro lo natural y algo tan autóctono.
R.G.: ¡Claro! Es el pretexto para
llegar a sus vidas y a sus casas. Y siempre está hilando. En la copia independiente
siempre empieza cada capítulo con el tema de la yerba. Hay un plano que es uno
de los que más me gustan, que están las piernas gordas ahí y hay un mate. ¿Lo
viste ese?, es muy típico de paraguayo. Toda la gente descalza con el barro, me
encanta. No sé, yo te puedo decir que le pedí a él que me haga un pájaro, pero
no había caído todavía el pajarito. Quería que me haga un pájaro porque a mi
mejor amigo le dicen El Ave, y le quería regalar el ave ¿entendés? Era para
decirle: ¡Che, loco! Te traje un pájaro a ver si te trae suerte. Y después
sucede lo del pajarito, y sí, allí después hay una metáfora. Inconscientemente
no sé por qué puse el pájaro o si él había dejado el pájaro en la tierra y
justo ahí estaba el gato. Son cosas que ni supe por qué las hice en su momento. Ahora tengo filmado algo con la misma idea y con la misma
intención. Y tengo muchas ganas de trabajar sobre ese material del padre del
Paraguay en el Mundial. De familias con hijos jugadores de fútbol. Realmente
muchachos que viven el Mundial y a la vez siguen sus vidas de niños
trabajadores. Es el anhelo, y el contraste, y la esperanza que vuelven al
fútbol tan interesante.
R.G.: Mi religiosidad… Vos sabés que es…
Yo soy paraguayo y pues, es la religiosidad del paraguayo porque eso es
Paraguay también. Y los elementos religiosos están dentro del ambiente. Yo
tengo una educación católica, fui a un colegio de sólo varones de 13 años.
Donde teníamos los miércoles confesión y los viernes misa. El jueves no
pecábamos nosotros (risas) Sí, era
así de simpático. Y si, a lo mejor caló muy hondo. Me acuerdo de mis lecciones,
de cómo yo sentía la religión. Tuve discusiones extensas de pendejo con
compañeros que tenían su manera de ver la religión. Uno de ellos es Jorge Vera
con quien aún hoy nos vemos y nos acordamos cómo, muchachos de tercer curso,
teníamos nuestras reflexiones. Creo ser una persona que ve su religión de una
manera distinta. Soy un admirador de la cultura oriental, entiendo la vida en
el campo de las acciones y que las cosas se dan por los hechos que uno hace y
no por los pensamientos. A veces no vale el arrepentimiento. Entender la
cultura del respeto es importante. Es lo que se ve en estas familias que viven
en una oración de trabajo. El Padre Nuestro es de un pedido de trabajo laboral.
Pedir que no se termine la posibilidad de tener algo, que es trabajar y poder
vivir de la manera más sencilla. Es lo que ellos hacen. Hay una escena que yo
llamo la crucifixión. A mí siempre me interesó la figura de Jesús, es una
persona que admiro. Lo veo como un tipo que entendía las diferencias de castas
y luchaba por un mundo mejor. Era un adelantado a su época. Es como muchos
otros que han hecho historia, el Che es uno contemporáneo pero también está
Ghandi, y tantos otros. Siempre fui un interesado en estos líderes. En
particular, Cristo con el crucifijo siempre me ha llamado la atención. Hay una
escena en donde hay una alusión. Ahí está el presentimiento de la muerte. Hay
como una preocupación por el padre que no viene, es una escena que te cuenta la
cotidianeidad. Y la escena empieza con la madre al fondo y un niño que tiene la
zapatilla en primer plano. Y realmente el tema cierra con las zapatillas que
están muy caras, o sea siempre tiene una continuidad. Y hay una intención de
crear un crucifijo de los pies al próximo niño. Porque esta gente no vive
alejada de la religiosidad.
R.G.: En el canto mismo, el canto de
ellos es super puro y trasciende toda religión. No tiene nada que ver con ser
católico apostólico romano, judío, o lo que sea. A mí me encantó esa música,
hasta hoy que la escucho me conmueve mucho, porque es la exaltación de esta paz
que siente este hombre al final de la tarde. Es un hombre que le canta a su
mujer que es su tierra. La mujer como la tierra son quienes tienen fertilidad.
Lo que a mí más me gusta es cómo se hace más complejo. Si conocieras la
historia del Paraguay y supieras de varios derramamientos de sangre... La
muerte de este hijo representa todas las muertes que pudieron haber habido.
R.G.: Sí hay unas entrevistas que son
las más cruciales, en el caso de la madre, pero es el final de la entrevista y
el valor ahí lo tiene el llanto. Y todos los animales están confabulados con
ella y lloran también. Hay un chancho y una gallina que también acompañan su
dolor. No sé como. Esa entrevista fue el último día. Esa entrevista se hizo a
la mañana en la cocina y ella se sentó en un rincón sola.
R.G.: Es difícil. Lo que yo no creo es
ese plano del techo. Pero el plano más asombroso es el del desayuno. Ese plano
está desde que yo le di rec hasta que
lo dejé. No está cortado. Pero yo no supe porqué me acuclillé y empecé a
filmar. Estaba Rolando, el nenito, estaba por desayunar y ¡pum! me senté. Y ahí
empezó a pasar aquello y fue una puesta en escena que parece coreografiada.
Ella sale de cuadro y cuando ella sale entre la gallina sola. Parece que
siempre hay un movimiento. Tiene toda una determinación. Ésta termina de poner
la mesa del desayuno y ella le pregunta ¿Querés tomar el teté? Ya va a venir el
teté. Cierra con todo. Hay toda una obstinación de él. En Paraguay con ese
plano la gente se muere de la risa. Acá la gente no puede reírse porque parece
que le llega una información de pobreza que no están muy acostumbrados, a lo
mejor no es una pobreza muy cotidiana para el argentino.
R.G.: No, sí te causa gracia, pero por
ahí hay otros valores. En Cuba la gente se sorprendía. En Paraguay cuando
empieza a llorar el niño es un cago de risa. La escena de las colillas… la
gente se muere de la risa, porque hay cosas que son muy nuestras, que nosotros
interpretamos y leemos de una manera. Pero claro, cada quien con su cine y su
cultura ¿verdad?
R.G.: Yo soy un admirador de Santiago
Álvarez. Santiago Álvarez es un documentalista cubano que con poco realmente ha
hecho mucho. Fui un admirador de todos sus trabajos, pero no quiere decir que
me vaya a quedar en el documental, quisiera trabajar ficción también. Quiero
ser un director versátil en ese sentido y no tener una lista documentalista o
ficcional.
R.G.: Vos sabés que yo no estoy muy
alejado del Paraguay. Yo tengo parientes que pueden estar en una situación
parecida.
R.G.: No, no importa, no me es ajeno
estar en un lugar así; o sea, cuántas veces fuimos y pasamos días con esos
parientes que viven a la orilla del río. Y te estoy hablando de experiencias de
la infancia. Cuando yo era niño estaba más tiempo en la falda de Lucy, que era
la empleada de la casa, una señora mayor. Y yo en vez de pasar los domingos con
mi papá a veces me iba con Lucy allá a la barriada donde ella vivía. Quizás el
Paraguay era un país muy tranquilo, por el caso de la dictadura no hubieran
podido pasar muchas cosas. Yo no estoy a favor, mi familia está en contra de la
dictadura. Si bien se sentía el ambiente de la dictadura (yo tenía 12 años
cuando cayó), y se sentía la represión, parecía un ambiente tranquilo. Por otro
lado, la pobreza siempre fue una cara muy real del Paraguay; últimamente está
más presente todavía. Pero no es de la forma en que se quiere mostrar, la gente
tiene que comer, vestirse, y lo hace, y ellos son felices, tienen muchos hijos
y una familia contenta basándose en leyes del respeto mutuo. Y bueno, los
anhelos de vida son lo que son.
R.G.: Vos sabés que es demasiado difícil
decírtelo porque puede tener demasiadas lecturas. A cada persona le puede
llegar de una manera distinta. Sí hay una historia de cuatro familias en lo
superficial. Hay historias de vida, de sacrificio, cada quien puede encontrar
ahí una historia con la cual identificarse. Creo que el montaje final resume cómo
el amor y el respeto mutuo es lo que prima en todas estas relaciones. En el
montaje final está la preocupación de cada uno de ellos por el prójimo. El leit motiv es primero un homenaje a mi
país, está el Himno Nacional que dice “unión e igualdad”, que es nuestro
estribillo. Que en definitiva es lo que han promulgado todos los luchadores. La
frase final es la que contiene la tesis de la película. Lo veo como un
testimonio de las costumbres del Paraguay. ¿Cómo era la pregunta que me
dijiste? Estabas yendo hacia un lado…
R.G.: Es por ejemplo ese prolongado
trabajo de la búsqueda de la yerba para terminar en el ¡aaah! final. Es la sencillez, es como decir ¡esto es vida!. O
poder decir el dilema filosófico del día ¿Dónde hacemos el fuego, acá o allá?
Qué preocupación. Bueno, vayamos allá. Es todo un aprendizaje. Lastimosamente
yo no bajé un cambio, porque sí tuve que llevar con mucha velocidad todo este
trabajo del documental, porque el cine en Paraguay recién está empezando. Y
ojalá que sea un comienzo realmente. Que se pueda ver cine paraguayo, buen cine
paraguayo. Yo no sé si tengo talento o tuve mucha suerte. Ojalá se acuerde en
otros trabajos, yo voy a seguir dando lo mejor de mí. Y si Dios quiere y me van
bien las cosas, pueda producir cine paraguayo, no sólo el mío. Me parece que es
un momento en que hay que remar con todo y hay que sentar algunas personas al
bote. No sé en el caso de timonear a quién le tocaría.
R.G.: Puede ir cambiando, a cualquiera
al que le llegue en el momento y que si marca un rumbo se le dé la fuerza para
que siga y llegue más rápido a destino ¿verdad?
R.G.: Espectacular
R.G.: Dale, muchas gracias a vos
también. |
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