Entrevista a Ramiro Gómez: El reflejo de una identidad.

Entrevista: Por Jimena C. Trombetta

Fotografía: Por Luciana  A. Calcagno

 

Estuvimos entrevistando a  Ramiro Gómez (realizador de cortometrajes como Las abejas, Buen viaje y Siguiendo la ruta del Inca) en el pasado Festival de Mar del Plata, luego de haber visto su primer largometraje, Tierra roja. Tierra roja, además de ser un excelente documental que invita a descubrir toda una cultura, la del Paraguay, fue ganador de una mención dentro del festival. Pero en la entrevista no sólo hablamos sobre Tierra roja, sino que el director nos estuvo contando sobre algunas de sus otras realizaciones cinematográficas que van más allá de los cortometrajes mencionados anteriormente.

 
El Ángel Exterminador: Quisiera que me cuentes primero un poco sobre tus otros trabajos. ¿Tienen algún tipo de relación con
Tierra roja?

Ramiro Gómez: En la escuela nosotros teníamos la obligación al 3º año y al 5º año de realizar un trabajo que podía ser un cortometraje de ficción o documental como tesis de grado. El primer documental que hice se llama Paredes, es sobre una sala de recuperación de adictos a tóxicos en La Habana, dentro del hospital psiquiátrico de La Habana. Este es un documental al que yo le encuentro cierto grado de seriedad. Y más allá de tocar el tema de la droga toca el sentido de la vida. Es una especie de reflexión. Lo que sí veo es que tiene algunos errores que si yo hubiese podido pararlos no los hubiese tenido, pero era a nivel de compañeros y había muchas cosas que no conocía. Aunque lo veo muy bien hecho. Te transporta a un lugar al que uno difícilmente logra entrar. Entonces esa fue mi tesis de 3º año. Mi tesis de 5º año la filmé junto a dos amigos, un ecuatoriano y un colombiano. Lo que hicimos fue que el 17 de diciembre en Cuba es el día del Santo Patrono de San Lázaro, es el día en que se pagan promesas y hay una especie de procesión. A esa procesión va gente que generalmente recuperó el poder de la salud, del caminar, gente que se entregó y lleva cumpliendo promesas hace años. Pero nos centramos en un personaje que iba arrastrándose con la uñas. Nosotros nos centramos más bien en el sacrificio humano, en la determinación. Y esa fue la tesis de 5º año. Después de eso estuve mucho tiempo a la deriva, intentando trabajar realmente, de hecho había empezado a trabajar en el Paraguay en trabajos que no tenían un vínculo con el cine hasta que recibí la propuesta de un amigo para ir a filmar al Ecuador. Él tenía que filmar propuestas suyas, proyectos que había desarrollado. Tenía varias investigaciones allá, sobre todo publicidades culturales, una es el caso de una banda que llevaba más de cien años tocando, era una banda descendiente de africanos que hacían música andina, con instrumentos de la naturaleza con calabaza, con naranjas, etc.   

EAE: También se ve en Tierra roja una elaboración instrumental con la naturaleza.

R.G.: Sí, claro; cuando fui a visitar y conocí a estas personas me di cuenta de que había eso también, sobre todo porque en el caso de Tierra roja el hombre es un autodidacta. Y allí no se le ve, pero él también construyó un arpa y toca el arpa.
Después de Ecuador no tenía trabajo y me surgió a partir de un llamado telefónico errado, porque en realidad estaban buscando a un peluquero y me comentaron sobre una convocatoria. Y bueno, ahí participé del primer Tierra roja. A la par que hice Tierra roja, hice un cortometraje de tres minutos que es de otra familia que se llama Las abejas. Las abejas es el título de una música, de hecho lleva la música, que es lo único que suena, de Agustín Pío Barrios, uno de los más grandes compositores paraguayos. Y esa música simula el movimiento de una colmena, el movimiento de un grupo de abejas trabajando. Entonces, es más o menos como una exaltación del trabajo, también con esta familia, aunque más resumido. Luego se fue filmando también Tierra roja aparte y terminé de editar el mismo día de su estreno que fue el 3 de  mayo de 2006.

EAE: Hace poquito  

R.G.: Sí, sí, fue todo un proceso, porque la historia número dos no estaba como está ahora. Fue mucho rever de nuevo el material, ya que había una especie de continuidad. Cambiaría una o dos cosas, qué sé yo, tengo planos todavía pero como ya está circulando… No creo que sea muy ético. (risas)

EAE: ¿Cuándo empezaste a realizar Tierra roja, qué te impulsó llevar las historias por donde las llevaste?

R.G.: Vos sabés que es muy extraño porque parece un documental de observación. Es un documental de observación de alguna manera. Pero yo realmente no conocía a estas personas antes de filmarlas. Fue un día antes. No es lo mismo que yo esté mañana cuatro días en tu casa y saque una historia de ahí ¿Entendés?

EAE: Claro 

R.G.: No sé, es muy extraño, no sé por qué filmé todo lo que filmé. No sé, yo sé que había una idea en mi cabeza. Siempre hubo una premisa pero no sé como dio la casualidad de que fueran a ensamblar bien las historias. No tengo idea. Puedo hablar de un proceso inconsciente que es parte del proceso creativo. Como cuando uno va dibujando y uno no sabe lo que está haciendo. Por darte un ejemplo: cada uno de los cortometrajes tiene una reflexión filosófica, un punto de vista que tiene que ver con lo que trata realmente el documental. Son entrevistas que a veces, en el caso de la primera reflexión, que es la de que todos tenemos la misma sangre, que todos somos hermanos en este mundo, está ahí porque fue la única que me sirvió en sonido. Yo trabajé con sonido directo, yo no llevé un micrófono. Todo lo que es el documental es sonido directo, es el sonido que capta la cámara. Entonces está ahí exactamente porque tiene un sonido al fondo. Son cosas que yo no entiendo, que son las casualidades de la vida, como cuando estoy filmando la parte del mate y él está a punto de servirse y la radio que está sonando en ese momento dice “Paraguayo república o muerte”, yo no monté ese sonido. Yo dije ¡Puta, qué loco, esto está increíble, no puede ser! (risas) No, porque te está pasando y vos decís: acá hay algo nuevo. Acá estoy firme. Yo no creía mucho en Dios y empecé a decir: ¡Sí, es probable! Después llegué a la conclusión de que las cosas pasan nomás todos los días. Por ahí si vos tenés una buena intención y las ganas de hacer algo con eso, te van a pasar cosas maravillosas. Si vos estás detrás de algo bueno tené la seguridad de que algo va a pasar. Pienso que tenés que saber estar parado frente a la situación. Y saber observar con un ojo inquieto, atento y si es posible sin prejuicios. Es extraño. Es que me pasaron muchas cosas. Cuando yo fui a visitar, yo no sabía que iban a ir a buscar la yerba, no lo tenía pensado. No fue mi idea, simplemente llegué y las cosas se dieron. Y dije bueno ya que está pasando lo de la yerba vamos a tomarlo como pretexto para contar la historia de la familia. Pero yo sí sabía que él era un médico curandero. Allí sí había una conexión entro lo natural y algo tan autóctono.

EAE: De hecho el tema del mate y la búsqueda de la yerba te quedan como eje narrativo

R.G.: ¡Claro! Es el pretexto para llegar a sus vidas y a sus casas. Y siempre está hilando. En la copia independiente siempre empieza cada capítulo con el tema de la yerba. Hay un plano que es uno de los que más me gustan, que están las piernas gordas ahí y hay un mate. ¿Lo viste ese?, es muy típico de paraguayo. Toda la gente descalza con el barro, me encanta. No sé, yo te puedo decir que le pedí a él que me haga un pájaro, pero no había caído todavía el pajarito. Quería que me haga un pájaro porque a mi mejor amigo le dicen El Ave, y le quería regalar el ave ¿entendés? Era para decirle: ¡Che, loco! Te traje un pájaro a ver si te trae suerte. Y después sucede lo del pajarito, y sí, allí después hay una metáfora. Inconscientemente no sé por qué puse el pájaro o si él había dejado el pájaro en la tierra y justo ahí estaba el gato. Son cosas que ni supe por qué las hice en su momento.

Ahora tengo filmado algo con la misma idea y con la misma intención. Y tengo muchas ganas de trabajar sobre ese material del padre del Paraguay en el Mundial. De familias con hijos jugadores de fútbol. Realmente muchachos que viven el Mundial y a la vez siguen sus vidas de niños trabajadores. Es el anhelo, y el contraste, y la esperanza que vuelven al fútbol tan interesante.

EAE: Todo el film tiene impresa la religiosidad propia de estas familias y de sus actividades. Ahora, no sé si vos le imprimís a cada plano detalle, a cada elección tu propia religiosidad. ¿Cómo lo ves?  

R.G.: Mi religiosidad… Vos sabés que es… Yo soy paraguayo y pues, es la religiosidad del paraguayo porque eso es Paraguay también. Y los elementos religiosos están dentro del ambiente. Yo tengo una educación católica, fui a un colegio de sólo varones de 13 años. Donde teníamos los miércoles confesión y los viernes misa. El jueves no pecábamos nosotros (risas) Sí, era así de simpático. Y si, a lo mejor caló muy hondo. Me acuerdo de mis lecciones, de cómo yo sentía la religión. Tuve discusiones extensas de pendejo con compañeros que tenían su manera de ver la religión. Uno de ellos es Jorge Vera con quien aún hoy nos vemos y nos acordamos cómo, muchachos de tercer curso, teníamos nuestras reflexiones. Creo ser una persona que ve su religión de una manera distinta. Soy un admirador de la cultura oriental, entiendo la vida en el campo de las acciones y que las cosas se dan por los hechos que uno hace y no por los pensamientos. A veces no vale el arrepentimiento. Entender la cultura del respeto es importante. Es lo que se ve en estas familias que viven en una oración de trabajo. El Padre Nuestro es de un pedido de trabajo laboral. Pedir que no se termine la posibilidad de tener algo, que es trabajar y poder vivir de la manera más sencilla. Es lo que ellos hacen. Hay una escena que yo llamo la crucifixión. A mí siempre me interesó la figura de Jesús, es una persona que admiro. Lo veo como un tipo que entendía las diferencias de castas y luchaba por un mundo mejor. Era un adelantado a su época. Es como muchos otros que han hecho historia, el Che es uno contemporáneo pero también está Ghandi, y tantos otros. Siempre fui un interesado en estos líderes. En particular, Cristo con el crucifijo siempre me ha llamado la atención. Hay una escena en donde hay una alusión. Ahí está el presentimiento de la muerte. Hay como una preocupación por el padre que no viene, es una escena que te cuenta la cotidianeidad. Y la escena empieza con la madre al fondo y un niño que tiene la zapatilla en primer plano. Y realmente el tema cierra con las zapatillas que están muy caras, o sea siempre tiene una continuidad. Y hay una intención de crear un crucifijo de los pies al próximo niño. Porque esta gente no vive alejada de la religiosidad.

EAE: No, para nada, incluso se nota en lo cotidiano. No sólo en el momento donde el médico curandero cura al hombre por el dolor que siente apoyándole una cruz junto al pecho, sino en cada actividad que realizan.  

R.G.: En el canto mismo, el canto de ellos es super puro y trasciende toda religión. No tiene nada que ver con ser católico apostólico romano, judío, o lo que sea. A mí me encantó esa música, hasta hoy que la escucho me conmueve mucho, porque es la exaltación de esta paz que siente este hombre al final de la tarde. Es un hombre que le canta a su mujer que es su tierra. La mujer como la tierra son quienes tienen fertilidad. Lo que a mí más me gusta es cómo se hace más complejo. Si conocieras la historia del Paraguay y supieras de varios derramamientos de sangre... La muerte de este hijo representa todas las muertes que pudieron haber habido.
La idea de Tierra roja surge con Hilda Vera, esa misma idea está implícita en el primer cortometraje. El primero es el que más me gusta. Ya cumple con un documental. Sí, te juro, es muy completo, es muy chiquito pero muy bueno, porque ahí ya estaba la idea de la madre.

EAE: Me gustaría saber como concebís vos el documental. Porque por momentos tengo la sensación de que no estás presente, digamos, noto que el espacio cinematográfico lo dejás exclusivamente para ellos. No se te escucha entrevistarlos continuamente.

R.G.: Sí hay unas entrevistas que son las más cruciales, en el caso de la madre, pero es el final de la entrevista y el valor ahí lo tiene el llanto. Y todos los animales están confabulados con ella y lloran también. Hay un chancho y una gallina que también acompañan su dolor. No sé como. Esa entrevista fue el último día. Esa entrevista se hizo a la mañana en la cocina y ella se sentó en un rincón sola.   

EAE: Lo que yo vi en esa escena es artístico y que hayas logrado ese plano dentro de lo que es el género documental resulta asombroso.

R.G.: Es difícil. Lo que yo no creo es ese plano del techo. Pero el plano más asombroso es el del desayuno. Ese plano está desde que yo le di rec hasta que lo dejé. No está cortado. Pero yo no supe porqué me acuclillé y empecé a filmar. Estaba Rolando, el nenito, estaba por desayunar y ¡pum! me senté. Y ahí empezó a pasar aquello y fue una puesta en escena que parece coreografiada. Ella sale de cuadro y cuando ella sale entre la gallina sola. Parece que siempre hay un movimiento. Tiene toda una determinación. Ésta termina de poner la mesa del desayuno y ella le pregunta ¿Querés tomar el teté? Ya va a venir el teté. Cierra con todo. Hay toda una obstinación de él. En Paraguay con ese plano la gente se muere de la risa. Acá la gente no puede reírse porque parece que le llega una información de pobreza que no están muy acostumbrados, a lo mejor no es una pobreza muy cotidiana para el argentino.

EAE: A mi igual me causó gracia (risas)

R.G.: No, sí te causa gracia, pero por ahí hay otros valores. En Cuba la gente se sorprendía. En Paraguay cuando empieza a llorar el niño es un cago de risa. La escena de las colillas… la gente se muere de la risa, porque hay cosas que son muy nuestras, que nosotros interpretamos y leemos de una manera. Pero claro, cada quien con su cine y su cultura ¿verdad?

EAE: Totalmente. Y más allá que hay ciertas cosas que parecían estar pautadas y no lo están. ¿Vos que concepción tenés sobre lo que es el género documental? 

R.G.: Yo soy un admirador de Santiago Álvarez. Santiago Álvarez es un documentalista cubano que con poco realmente ha hecho mucho. Fui un admirador de todos sus trabajos, pero no quiere decir que me vaya a quedar en el documental, quisiera trabajar ficción también. Quiero ser un director versátil en ese sentido y no tener una lista documentalista o ficcional.
Uno de los documentales que más me gustan es Hanoi, martes 13 (1967) que es como la vida cotidiana de una comunidad Hanoi antes de un bombardeo en Vietnam y después del bombardeo, bueno, todo el cambio que genera. Es un documental muy intenso, muy bonito. Y sobre todo es un tipo que pensaba en el documental con otros ojos. El rompió con normas como, en el caso del mismo Hanoi, martes 13, en la escena donde aparece una imagen completamente borrosa. Y el director de fotografía dice ‘no, esa no va’. A lo que él responde ‘no, no, esa sí va, cómo que no va si es mi película, esa es la carga, el valor y el contenido histórico y dramático’. El fuera de foco le daba un plus. Y también todo lo que hizo con su documental Now (1965), que se lo consideró como el primer video clip, que es una crítica al racismo.
Creo que soy admirador de Glauber Rocha con toda su fuerza y estética de alambre. Hoy día es tener una buena idea y saberla desarrollar de alguna u otra manera. Estoy trabajando en la idea de hacer un documental-ficción inspirado en la historia del segundo documental. De la que pierde el hijo. Lo que vamos a hacer -lo digo porque trabajo con Diego Volpe que es una persona a la cual respeto su criterio y admiro muchísimo- es trabajar con un largometraje ficción. Es una historia bastante íntima, de esta misma persona, obviamente va a tratar de una pérdida, pero va a haber una idea de retratar al paraguayo en su más fiel expresión. A mí me gusta Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968); Sergio, el personaje, representa al prototipo del cubano. Leí bastantes críticas y análisis de Memorias…  y descubrí que, por ejemplo, Sergio vive en un piso elevado y ve desde arriba a la población. Tiene un telescopio que es un elemento fálico que penetra la realidad y le permite acercarse. Y todo su punto de vista tiene relación con ese mismo objeto, y él mismo es un personaje fálico, sexual. Pero así es el cubano. Su reflexión está en función de lo que le permite hacer ese aparato. Bueno, nosotros tenemos pensado en función de la idiosincrasia del paraguayo hacer algo parecido y llegar casi con los mismos medios. En ese caso, Memorias del subdesarrollo fue en su tiempo una belleza estética porque se hizo con fotomontaje, con cámara en mano, con blanco y negro, todos los elementos que hacen al cine un tipo de collage. Entonces, mi idea es llegar a hacer lo mismo pero con una tesis de estos tiempos. En la misma proporción, digo, en lo que pudiera ser un trabajo de móvil, que no quiere decir que si lo pudiera hacer en cine no lo haría, lo haría. Pero tengo algo que ya va a ser parte de estas historias.

EAE:¿Cómo fue vivir y observar otro modo de vida?

R.G.: Vos sabés que yo no estoy muy alejado del Paraguay. Yo tengo parientes que pueden estar en una situación parecida.

EAE: Pero sos de la ciudad

R.G.: No, no importa, no me es ajeno estar en un lugar así; o sea, cuántas veces fuimos y pasamos días con esos parientes que viven a la orilla del río. Y te estoy hablando de experiencias de la infancia. Cuando yo era niño estaba más tiempo en la falda de Lucy, que era la empleada de la casa, una señora mayor. Y yo en vez de pasar los domingos con mi papá a veces me iba con Lucy allá a la barriada donde ella vivía. Quizás el Paraguay era un país muy tranquilo, por el caso de la dictadura no hubieran podido pasar muchas cosas. Yo no estoy a favor, mi familia está en contra de la dictadura. Si bien se sentía el ambiente de la dictadura (yo tenía 12 años cuando cayó), y se sentía la represión, parecía un ambiente tranquilo. Por otro lado, la pobreza siempre fue una cara muy real del Paraguay; últimamente está más presente todavía. Pero no es de la forma en que se quiere mostrar, la gente tiene que comer, vestirse, y lo hace, y ellos son felices, tienen muchos hijos y una familia contenta basándose en leyes del respeto mutuo. Y bueno, los anhelos de vida son lo que son.

EAE: ¿Qué buscás generar en el público, buscás una reflexión en referencia a la vida vertiginosa de la ciudad o simplemente querés mostrar la tranquilidad con la que viven?

R.G.: Vos sabés que es demasiado difícil decírtelo porque puede tener demasiadas lecturas. A cada persona le puede llegar de una manera distinta. Sí hay una historia de cuatro familias en lo superficial. Hay historias de vida, de sacrificio, cada quien puede encontrar ahí una historia con la cual identificarse. Creo que el montaje final resume cómo el amor y el respeto mutuo es lo que prima en todas estas relaciones. En el montaje final está la preocupación de cada uno de ellos por el prójimo. El leit motiv es primero un homenaje a mi país, está el Himno Nacional que dice “unión e igualdad”, que es nuestro estribillo. Que en definitiva es lo que han promulgado todos los luchadores. La frase final es la que contiene la tesis de la película. Lo veo como un testimonio de las costumbres del Paraguay. ¿Cómo era la pregunta que me dijiste? Estabas yendo hacia un lado…

EAE: Claro, te voy a hablar de lo que me sucedió en lo personal. Terminé de ver el film y creo que me transmitió la posibilidad de frenar mi vida cotidiana. Incluso mientras veía el film sentía estar tomándome un tiempo. Entonces, dije: Bueno, bárbaro, hay otro modo de vida donde las cosas hasta quizás se disfrutan más. Creo que por oposición, por no mostrar la locura que ejerce la ciudad sobre nuestras vidas, marcás la diferencia.

R.G.: Es por ejemplo ese prolongado trabajo de la búsqueda de la yerba para terminar en el ¡aaah! final. Es la sencillez, es como decir ¡esto es vida!. O poder decir el dilema filosófico del día ¿Dónde hacemos el fuego, acá o allá? Qué preocupación. Bueno, vayamos allá. Es todo un aprendizaje. Lastimosamente yo no bajé un cambio, porque sí tuve que llevar con mucha velocidad todo este trabajo del documental, porque el cine en Paraguay recién está empezando. Y ojalá que sea un comienzo realmente. Que se pueda ver cine paraguayo, buen cine paraguayo. Yo no sé si tengo talento o tuve mucha suerte. Ojalá se acuerde en otros trabajos, yo voy a seguir dando lo mejor de mí. Y si Dios quiere y me van bien las cosas, pueda producir cine paraguayo, no sólo el mío. Me parece que es un momento en que hay que remar con todo y hay que sentar algunas personas al bote. No sé en el caso de timonear a quién le tocaría.

EAE: Bueno, puede ir cambiando 

R.G.: Puede ir cambiando, a cualquiera al que le llegue en el momento y que si marca un rumbo se le dé la fuerza para que siga y llegue más rápido a destino ¿verdad?

EAE: Absolutamente. Bueno eso es todo.

R.G.: Espectacular

EAE: Muchas gracias

R.G.: Dale, muchas gracias a vos también.