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Un mundo de colores donde la historia se hace visible Por Griselda Soriano
Un documental sobre un parque de diversiones; tal vez lo primero que
el espectador espere encontrar sea una sucesión de coloridas imágenes que
reconstruyan la impresión que provocan estos espacios surrealistas, tan
populares y a la vez tan apartados del nuestro mundo cotidiano. Prater será esto por momentos. En un
comienzo recorreremos el parque a partir de las hipnóticas imágenes de sus
luces de colores, sus inmensas estructuras, sus extraños juegos mecánicos, sus
muñecos autómatas; imágenes captadas a partir de encuadres sumamente plásticos
y acompañadas por las repetitivas melodías que impregnan el lugar. Seremos
partícipes, en un principio, de una experiencia ante todo sensorial, del
extrañamiento que provoca un espacio de estas características al ser capturado
por una mirada que sabe cómo desviarnos de la percepción habitual. Pero, poco después, Prater irá
mutando hasta convertirse en un documental más tradicional, que intercalará
imágenes actuales del parque con imágenes de archivo y testimonios de aquellos
involucrados en su historia. Aunque esa tradicionalidad pueda en un comienzo
desilusionar un poco a aquellos que esperábamos, basándonos en el tema y la
sinopsis, un documental alucinado y menos narrativo, Prater depara otras sorpresas. El film se irá revelando como mucho
más que un documental sobre un parque de diversiones, para mostrarse también
como el testimonio de la historia de una sociedad, de sus invenciones y
desarrollos técnicos, de sus entretenimientos populares; historia en la cual,
por supuesto, también el cine tendrá un lugar. Así desfilarán por la pantalla diversos
hechos e imágenes que aunque parezcan anecdóticos se convertirán en una
interesante herramienta para la comprensión de una sociedad a partir de sus
formas de diversión y los medios ideados para satisfacerla. Prater recorre el camino de un
voyeurismo que, qué duda cabe, irá desembocando lentamente en la mayor
atracción nacida durante el siglo XX: el cine. Nos encontraremos, por ejemplo,
con imágenes que testimonian el interés de Pero el documental no sólo
recorre la historia de los entretenimientos e invenciones del siglo XX, sino
que en él también quedan plasmados acontecimientos históricos mucho más
terribles, como Prater manifiesta no sólo un minucioso trabajo de investigación y
documentación, sino la presencia de un acertado criterio a la hora de ordenar
estos materiales que se vuelven valiosos en su interconexión. Prater es también una muestra del
talento de su directora, Ulrike Ottinger, para la observación. Un talento que se
evidencia en las imágenes actuales del parque; no solamente en la elección de
un punto de vista que crea un efecto que combina plasticidad y extrañamiento,
sino también en la habilidad para capturar momentos privilegiados dentro de lo
cotidiano. El Prater es,
en palabras de su directora que hemos tomado prestadas para titular esta
crítica, “un lugar donde la historia se hace visible”. Prater, el documental, cuenta con la virtud de estar guiado por una
sólida mirada capaz de articular los fragmentos que constituyen este mosaico de
modo tal que del collage surja un
claro recorrido a través de un tiempo y una sociedad. Otras miradas habrían
dado como resultado otros recorridos, pero lo que es ineludible en el cine es
la elección de una mirada. Prater,
por sobre todo, corre con la ventaja
de saber que tal elección es imprescindible; de saber que para hacer visible la
historia (la historia de un parque de diversiones, de una sociedad, de un
continente) primero hay que construirla.
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![]() Ficha técnica
Prater Austria - Alemania - 2007 104 min Directora: Ulrike Ottinger Guión: Ulrike Ottinger Fotografía: Ulrike Ottinger Sonido: Klaus Kellermann Montaje: Kurt Mayer Producción: Kurt Mayer, Ulrike Ottinger, Kurt Mayer Filmproduktion, Ulrike Ottinger Filmproduktion |