Un mundo de colores donde la historia se hace visible

Por Griselda Soriano

Prater se presenta y comienza como un documental sobre un parque de diversiones, específicamente, como el título así lo indica, sobre el Prater, una legendaria feria situada en la ciudad de Viena.

Un documental sobre un parque de diversiones; tal vez lo primero que el espectador espere encontrar sea una sucesión de coloridas imágenes que reconstruyan la impresión que provocan estos espacios surrealistas, tan populares y a la vez tan apartados del nuestro mundo cotidiano. Prater será esto por momentos. En un comienzo recorreremos el parque a partir de las hipnóticas imágenes de sus luces de colores, sus inmensas estructuras, sus extraños juegos mecánicos, sus muñecos autómatas; imágenes captadas a partir de encuadres sumamente plásticos y acompañadas por las repetitivas melodías que impregnan el lugar. Seremos partícipes, en un principio, de una experiencia ante todo sensorial, del extrañamiento que provoca un espacio de estas características al ser capturado por una mirada que sabe cómo desviarnos de la percepción habitual.

Pero, poco después, Prater irá mutando hasta convertirse en un documental más tradicional, que intercalará imágenes actuales del parque con imágenes de archivo y testimonios de aquellos involucrados en su historia. Aunque esa tradicionalidad pueda en un comienzo desilusionar un poco a aquellos que esperábamos, basándonos en el tema y la sinopsis, un documental alucinado y menos narrativo, Prater depara otras sorpresas. El film se irá revelando como mucho más que un documental sobre un parque de diversiones, para mostrarse también como el testimonio de la historia de una sociedad, de sus invenciones y desarrollos técnicos, de sus entretenimientos populares; historia en la cual, por supuesto, también el cine tendrá un lugar.

         Así desfilarán por la pantalla diversos hechos e imágenes que aunque parezcan anecdóticos se convertirán en una interesante herramienta para la comprensión de una sociedad a partir de sus formas de diversión y los medios ideados para satisfacerla. Prater recorre el camino de un voyeurismo que, qué duda cabe, irá desembocando lentamente en la mayor atracción nacida durante el siglo XX: el cine. Nos encontraremos, por ejemplo, con imágenes que testimonian el interés de la Viena de principios de siglo por los freaks y las culturas “exóticas”, interés que llega al absurdo extremo de “transplantar” una tribu africana al Prater para observar su modo de vida. Será luego el turno del museo de cera de satisfacer esta necesidad escópica, ya sin recurrir a personas reales sino reemplazándolos por sus hiperrealistas dobles, para terminar cediendo su lugar a las sombras que habitan la pantalla cinematográfica (que, por supuesto, también se ubicará en el parque de diversiones).

         Pero el documental no sólo recorre la historia de los entretenimientos e invenciones del siglo XX, sino que en él también quedan plasmados acontecimientos históricos mucho más terribles, como la Segunda Guerra Mundial. Y así el Prater, ocupado por el nazismo, reducido más tarde a escombros y luego levantándose de tan implacable destrucción, podrá verse como un símbolo de la Europa arrasada por la tragedia, que ha debido renacer de sus cenizas.

         Prater manifiesta no sólo un minucioso trabajo de investigación y documentación, sino la presencia de un acertado criterio a la hora de ordenar estos materiales que se vuelven valiosos en su interconexión. Prater es también una muestra del talento de su directora, Ulrike Ottinger, para la observación. Un talento que se evidencia en las imágenes actuales del parque; no solamente en la elección de un punto de vista que crea un efecto que combina plasticidad y extrañamiento, sino también en la habilidad para capturar momentos privilegiados dentro de lo cotidiano.

         El Prater es, en palabras de su directora que hemos tomado prestadas para titular esta crítica, “un lugar donde la historia se hace visible”. Prater, el documental, cuenta con la virtud de estar guiado por una sólida mirada capaz de articular los fragmentos que constituyen este mosaico de modo tal que del collage surja un claro recorrido a través de un tiempo y una sociedad. Otras miradas habrían dado como resultado otros recorridos, pero lo que es ineludible en el cine es la elección de una mirada. Prater, por sobre todo, corre con la ventaja de saber que tal elección es imprescindible; de saber que para hacer visible la historia (la historia de un parque de diversiones, de una sociedad, de un continente) primero hay que construirla.  


 









Ficha técnica

Prater


Austria - Alemania - 2007

104 min

Directora:
Ulrike Ottinger


Guión:
Ulrike Ottinger


Fotografía:
Ulrike Ottinger


Sonido:
Klaus Kellermann


Montaje:
Kurt Mayer


Producción:
Kurt Mayer, Ulrike Ottinger, Kurt Mayer Filmproduktion, Ulrike Ottinger Filmproduktion