La larga historia de la risa

Por Daniela Espejo

 

        Debe ser sorprendente saberse amado por quienes no conocemos. Saberse admirado, escuchado, esperado. Esa es una de las virtudes del arte: la sorpresa. La obra que traspasa límites inciertos, fronteras geográficas y mentales. Y Mario Monicelli, aquí, en la Argentina, fue un héroe sorprendido, un artista agasajado.

         El director de 91 años es una de esas personas que llevan impresa en su memoria toda la tradición del cine, toda la tradición del arte de su época. Monicelli llegó a Mar del Plata en el marco del 22do Festival Internacional de Cine para que la presentación de su último film Las rosas del desierto (Le rose del deserto, 2006) sea una excusa para homenajearlo.

Allí también dio una clase magistral con gran asistencia de público, seguida por una charla en el Teatro Coliseo de Buenos Aires ilustrada con fragmentos de sus films más representativos y presentada por Néstor Tirri y Ennio Bispuri y la presentación del primer film del ciclo de la sala Leopoldo Lugones, Los compañeros (I compagni, 1963), al día siguiente.

Si bien fue el homenajeado, en ningún momento olvidó a otros notables del cine italiano. Así, recalcó siempre la fuerte amistad que ligaba en los comienzos de la commedia all'italiana, género que contribuyó a dar vida, al grupo de actores, directores y guionistas que se unían para crear estos films. "Eran relaciones muy libres, muy amistosas". En esta dinámica, los intercambios se daban muy positivamente: el film Amigos míos (Amici Miei, 1975) que debía ser dirigido inicialmente por Pietro Germi, terminó siéndole cedido a Monicelli a causa de la enfermedad del primero. "No había competencia, juntos íbamos a los cines y los teatros, éramos unos 25 amigos", señaló.

Entre ellos, los actores como Marcello Mastroianni, Vittorio Gassman, Alberto Sordi. Todos ellos con distintas características de interpretación: "Mastroianni era un dotado, yo lo saqué de la calle prácticamente; Sordi era un actor de variété; Gassman, en cambio, era un actor de formación académica, un actor shakespeareano que nunca había hecho comedia". El director comentó la dificultad que se le suscitó al querer homogeneizar o, en todo caso, equilibrar las interpretaciones de los diferentes actores, sumada a la incorporación de actores no profesionales.

La commedia all'italiana no hubiese sido posible sin esta mezcla actoral. Por sus características, se necesitaba de distintos tonos. El principal rasgo del género reposa en "una simbiosis perfecta entre realismo y comicidad según la fórmula de la sátira latina castigat ridendo mores (riendo se reflexiona)" (Bispuri: 2007, 7). "Es un género que viene de lejos y llegará lejos" (Tirri: 2006, 186), señalaba el director haciendo referencia a orígenes antiguos que se remontan además a la práctica teatral medieval de la commedia dell'arte, con su sistema de roles, y a la Divina Commedia (Divina Comedia, Dante Alighieri, circa 1300-1321).

De esta forma, los textos cinematográficos que trabajó Monicelli buscaron en su temática plasmar la paradoja de hacer surgir el humor de situaciones trágicas. Así, en Totò busca casa (Totò cerca casa, 1949), dirigida por Monicelli con Steno, buscó la comicidad en la situación desesperante de un personaje, interpretado por el gran cómico Totò (Antonio de Curtis) que, luego de la Segunda Guerra Mundial, se encuentra sin techo y viviendo en una escuela pública con toda su familia.

Si bien este film no forma parte del período de la commedia all'italiana canónica, como lo explica Néstor Tirri citando al crítico e historiador Enrico Giacovelli (Tirri: 2006, 182), es un comienzo que dará lugar a obras cada vez más perfeccionadas, como puede ser Los desconocidos de siempre (I soliti ignoti, 1958), Los compañeros (I compagni, 1963) o Amigos míos (Amici Miei, 1975). Estas dos últimas, junto con Un burgués pequeño pequeño (Un borghese piccolo piccolo, 1977) y Los nuevos monstruos (I nuovi mostri, de Monicelli, con Ettore Scola y Dino Risi, 1977) fueron las que se pudieron ver a sala llena y risas constantes en la sala Lugones. Obras notables que intentaron representar la extensísima filmografía del director, con 65 títulos en su haber.

Una carrera con muchos adeptos en nuestro país, quizás por las semejanzas que ciertos personajes pueden llegar a tener con algunos de los que forman nuestro imaginario:

(...) casi nunca protagonistas de la historia, siempre testigos laterales o víctimas que tratan de preservarse, de salvar su pequeño lugar en el mundo, ridículos, a menudo conscientes de su condición, eligiéndola para salvarse; muchos de ellos son la versión itálica de un personaje del imaginario argentino que ha ido ganando relevancia desde su origen callejero, para ir adquiriendo la validación que le otorgaron la historieta, el teatro costumbrista y la televisión, hasta ser protagonista dominante de nuestra actualidad pública en la política y los negocios: el chanta. (Rojas: 2004, 40 y 41)

        No es casual entonces que la visita que tantos años se esperó haya tenido tanto éxito. No es casual que haya removido recuerdos en los más veteranos y generado admiración en los más jóvenes. Sorpresas con las que se encontró Monicelli pero nosotros no.


Bibliografía:


- Bispuri, Ennio. Análisis crítico e histórico de Los desconocidos de siempre de Mario Monicelli. Buenos Aires, Instituto Italiano di Cultura, Marzo de 2007. (Libro entregado durante la conferencia de Mario Monicelli en el Teatro Coliseo el 12 de marzo de 2007)

- Tirri, Néstor. Habíamos amado tanto a Cinecittà. Buenos Aires, Paidós, 2006.

- Rojas, Eduardo. "Mario Monicelli" en La Toscana y el cine. La mirada argentina, Buenos Aires, Más libros más libres, Asociación Toscanos en el Mundo de Buenos Aires, Julio de 2004