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Una nueva forma de ver las cosas…
Por Yanina Saccani
Inaugurando una estética inédita
para el cine boliviano, de la mano del uso de nuevas tecnologías, tardías para
la cinematografía local, y proponiendo una renovación en la utilización de los
recursos formales, esta película cuenta la historia de una pareja de bandidos
que debe viajar a través de Bolivia llevando una cantidad de cocaína, huyendo
de la división antinarcotráfico. Con personajes muy bien
caracterizados, ambiguos y ricos en particularidades, la historia se desarrolla
de la mano de un narrador que participa de las escenas, apareciendo
periódicamente, interactuando con las situaciones y enmarcando la historia en
la realidad social y política de la actualidad boliviana. El film tiene un alto
grado de estilización digital, a través de las acotaciones de este narrador en
segundo grado, que aparecen una y otra vez a través de carteles, globos de cómics,
fotografías y recapitulaciones históricas. El autor se diversifica y habla
desde distintas instancias narrativas: tenemos una gran intervención desde el
nivel cero, la base narrativa del film y su autoreflexividad; por otro lado
tenemos al narrador ya mencionado, a través del cual también habla el autor; y
lo tenemos al mismo director dentro de la ficción (uno de los Hare-Kriskna). La reflexión social y política se
presenta de manera inteligente e irónica, a través de las intervenciones del
narrador y los comentarios de los protagonistas. Presenta una serie de duras
críticas al imperialismo, la situación latinoamericana y reflexiona sobre las
propias fallas de la sociedad boliviana. Con respecto a las técnicas
utilizadas, el uso de HDV (primera vez en Bolivia) le aporta la posibilidad de
manejar la imagen con estética de comic, utilizando globos, repeticiones de
planos, animaciones, fotos fijas, con un alto grado de exceso que concuerda con
el arte saturado de colores, de objetos y la hipérbole de las situaciones
bizarras. De todas formas se nota una animosidad de recargar la película con recursos
técnicos y una estética de video clip exacerbada, que por momentos pierde
efectividad por repetición que de alguna forma gasta lo novedoso. La música apunta a un público
joven, como así también los guiños (recursos como el de definir palabras de uso
popular en pantalla) y el ritmo vertiginoso de la narración. En concordancia
con el tratamiento visual, la música, siempre autóctona y original, algo “metalera”
por momentos, y por otros más pop, aporta ritmo y vitalidad. Las imágenes recargadas de colores,
presentando el contraste de los paisajes con las intervenciones humanas en
clave pop, nos llevan de viaje a través de muchas realidades de la actualidad
de Bolivia, sin por esto convertir al propósito de la denuncia en el único fin
del film. La película apela a la reflexión desde la comedia. Nos hace pensar y
nos duele en muchas cosas, pero a la vez nos hace querer a estos personajes tan
reales, que cometen errores, se lastiman y se enfrentan con la realidad que los
frustra y que tratan de cambiar. En esto es muy novedosa, porque sin dejar la
crítica de lado, nos entretiene con una buena historia y un mensaje
inteligente. Los vestuarios y los rostros, así
como también los lugares y los personajes, nos pasean por Bolivia, por las
ciudades y la gente, por su frescura, por la ambigüedad de sus actitudes, a
veces duras, otras inocentes. El arte, definido como “glamoroso colla” con los
disfraces y ropajes bizarros y brillantes de infinitos colores, en convivencia
con la típica ropa autóctona, presenta una intención de renovación frente lo
anterior. En este viaje, el director nos
impacta con el conocimiento de la cotidianeidad, de lo folklórico y lo popular,
de la dura realidad social, divirtiéndonos a la vez y haciendo llegar este
mensaje a un público latinoamericano joven, capaz de cambiar las cosas, con
herramientas para proponer una renovación en la tradición fílmica. El film se nutre de todo lo
aprendido de las nuevas tecnologías de llegada tardía al Tercer Mundo, de
técnica narrativas, ritmo y estética heredados del cine independiente
norteamericano, del cómic, del kitsch y la convivencia posmoderna. Con todo
esto, pretende mostrar un panorama de Bolivia, para mostrarlo y abrirlo al
mundo, para que llegue la crítica y estilizar y renovar la tradición fílmica. |
![]() Ficha técnica
¿Quien mató a la llamita blanca? Bolivia – 2006 112’ / HDV / Color Director: Rodrigo Bellot Guión: Juan Cristobal Ríos Violand Sonido: Francisco Aguilar Música: Daniel Bargach-Mitre, Vico Paredes Montaje: Daniel Bargach-Mitre Intérpretes: Erika Andia, Miguel Valverde, Pablo Fernández, Cacho Mendieta, Guery Sandoval Producción: Donald K. Ranvaud, Roberto Lanza, Buena Onda, La Fábrica-Escuela Internacional, ABS Producciones |