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Cuando el prejuicio no existe Por Jimena Trombetta The man from the Embassy comienza con la imagen de un
juego de computadora. Toda la pantalla se convierte en ese juego, recorrido por
medio de travellings y panorámicas dirigidas
por un cursor en forma de manito. Esta manito se encargará de dirigir al
espectador por medio del protagonista, Herbert Neumann, un diplomático que
decidirá alejarse de toda la hipocresía, miseria y corrupción de su entorno. A
su vez, el presentado personaje será dirigido, mostrado por el curso de la
historia y sobre todo por la evolución que será marcada por el relato. No es arbitraria la analogía entre
el juego de computación y la dirección de la cámara, que se resguardará en el
punto de vista de Herbert. Asimismo, sería conveniente aclarar que, en este
caso, el protagonista resulta el reflejo del punto de vista del director del
film. La
evolución del personaje, su
humanización, será marcada temporalmente por la
separación que dará el juego de
computación. Pero empecemos por partes, porque dicha
evolución comienza a
partir de un suceso particular. Un niño intenta robarle su
billetera; Herbert,
al agarrarlo, decide llevarlo hasta los oficiales de policía,
pero, ya en su
camioneta y al observar cómo le pegan al niño, opta por
subirlo a ésta y salvarlo. De allí en adelante, no
sólo Herbert evolucionará sino también el
niño, Sashka, que de ser una persona ruda y totalmente
desconfiada pasará a ser
sensible y afectuoso. Lo más admirable del film es lo
significativas que serán las imágenes de computación en el desarrollo de los
personajes, porque así como en un primer momento son la compañía de un
solitario hombre, luego serán el medio de comunicación entre Herbert y Sashka.
Cuanto más ingresa el niño en la casa del protagonista, más mutan las
características de ambos y más se van resignificando esas imágenes, que, de ser
algo frívolo y vacío, pasarán a ser el nexo coordinante en el desarrollo,
claro, de los personajes, pero también en el desarrollo temporal del film. Quizás se pueda interpretar a cada
nuevo juego como un nuevo pasaje emocional y temporal; emocional, porque se irá
incrementando la confianza entre los protagonistas, y temporal, porque dicho
incremento será marcado por esas imágenes que provocarán elipsis, no específicas
en el grado del salto temporal, pero que existen. Estas elipsis hablan del
acercamiento, pero dicho acercamiento también es marcado desde, por ejemplo, la
atención que le dedica el director a mostrar el tratamiento que tiene Herbert
con los zapatos de Sashka. Cuando Sashka
entra por primera vez a la casa del diplomático, éste deja los zapatos del
niño, completamente deteriorados, en el suelo, alejados de sus zapatos que
están apoyados sobre una alfombra verde. Todo el episodio es marcado por un
plano detalle que se encarga de mostrar la lejanía. Pero cuando Herbert posee
la confianza en el niño, no sólo ingresa los zapatos a la alfombra verde sino
que los zapatos que ingresa son nuevos. Nuevamente, el director utiliza el
recurso del plano detalle para volver a marcar, en este caso, la cercanía. Pero más allá de lo temporal, de
la evolución de los personajes, de la escala de planos elegida para representar
un sentido de cercanía, el director busca dejar un mensaje desde el film, que
cuestiona los prejuicios de una sociedad que los posee, por ejercerlos en
algunos casos o por temerles en otros. En el transcurso del film, los colegas
de Herbert sospechan que es un pervertido sexual que intenta aprovecharse de un
pobre niño. Curiosamente, en muchos casos, el espectador quizás, en un comienzo,
dude también de la bondad del protagonista, pero el director se encarga de
separarlo de ese enredo y muestra a un hombre que simplemente quiere renovar su
vida, comenzando por ayudar económica y afectivamente a quien, en un principio,
intentó robarle. Todo mediante el descubrimiento y la explotación de la
tecnología. Deben ser todas estas razones las
que hacen de The man from the Embassy un film con un sentido social muy fuerte,
con la ventaja de dejar de lado aquellos prejuicios que a veces la sociedad se
encarga de confirmar. Sería bueno que no cayera en costumbre, sería bueno que
este film de ficción se volviera documental.
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![]() Ficha Técnica The man from the
Embassy El hombre de Alemania- 2006 106’- 35mm- Color Director: Dito Tsintsadze Intérpretes: Marika Giorgobiani, Irm
Hermann, Burghart Kalubner, Lika
Martinova Guión: Sara Rusadze, Dito Tsintsadze Fotografía: Benedit Neuenfels Dirección de arte: Vaja Jalagania Sonido: Sabrina Naumann Montaje: Katia Dringenberg Producción: Christine Ruppert, Guka Rcheulishvili, Helga
Biender, Tatfilm,
Zweites Deutsches Fernsehen
(ZDF), Arte Strasbourg |