Cuando el prejuicio no existe

 

Por Jimena Trombetta

 Dito Tsintsadze es el director de The man from the Embassy, aquí titulada bajo la traducción literal El hombre de la embajada. Además, ha realizado obras como On the Verge (1993), Lost Killers (2000) y Schussangst, ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián en 2003.

The man from the Embassy comienza con la imagen de un juego de computadora. Toda la pantalla se convierte en ese juego, recorrido por medio de travellings y panorámicas dirigidas por un cursor en forma de manito. Esta manito se encargará de dirigir al espectador por medio del protagonista, Herbert Neumann, un diplomático que decidirá alejarse de toda la hipocresía, miseria y corrupción de su entorno. A su vez, el presentado personaje será dirigido, mostrado por el curso de la historia y sobre todo por la evolución que será marcada por el relato.

No es arbitraria la analogía entre el juego de computación y la dirección de la cámara, que se resguardará en el punto de vista de Herbert. Asimismo, sería conveniente aclarar que, en este caso, el protagonista resulta el reflejo del punto de vista del director del film.

La evolución del personaje, su humanización, será marcada temporalmente por la separación que dará el juego de computación. Pero empecemos por partes, porque dicha evolución comienza a partir de un suceso particular. Un niño intenta robarle su billetera; Herbert, al agarrarlo, decide llevarlo hasta los oficiales de policía, pero, ya en su camioneta y al observar cómo le pegan al niño, opta por subirlo a ésta y salvarlo. De allí en adelante, no sólo Herbert evolucionará sino también el niño, Sashka, que de ser una persona ruda y totalmente desconfiada pasará a ser sensible y afectuoso.

Lo más admirable del film es lo significativas que serán las imágenes de computación en el desarrollo de los personajes, porque así como en un primer momento son la compañía de un solitario hombre, luego serán el medio de comunicación entre Herbert y Sashka. Cuanto más ingresa el niño en la casa del protagonista, más mutan las características de ambos y más se van resignificando esas imágenes, que, de ser algo frívolo y vacío, pasarán a ser el nexo coordinante en el desarrollo, claro, de los personajes, pero también en el desarrollo temporal del film.

Quizás se pueda interpretar a cada nuevo juego como un nuevo pasaje emocional y temporal; emocional, porque se irá incrementando la confianza entre los protagonistas, y temporal, porque dicho incremento será marcado por esas imágenes que provocarán elipsis, no específicas en el grado del salto temporal, pero que existen. Estas elipsis hablan del acercamiento, pero dicho acercamiento también es marcado desde, por ejemplo, la atención que le dedica el director a mostrar el tratamiento que tiene Herbert con los zapatos de Sashka. Cuando Sashka entra por primera vez a la casa del diplomático, éste deja los zapatos del niño, completamente deteriorados, en el suelo, alejados de sus zapatos que están apoyados sobre una alfombra verde. Todo el episodio es marcado por un plano detalle que se encarga de mostrar la lejanía. Pero cuando Herbert posee la confianza en el niño, no sólo ingresa los zapatos a la alfombra verde sino que los zapatos que ingresa son nuevos. Nuevamente, el director utiliza el recurso del plano detalle para volver a marcar, en este caso, la cercanía.

Pero más allá de lo temporal, de la evolución de los personajes, de la escala de planos elegida para representar un sentido de cercanía, el director busca dejar un mensaje desde el film, que cuestiona los prejuicios de una sociedad que los posee, por ejercerlos en algunos casos o por temerles en otros. En el transcurso del film, los colegas de Herbert sospechan que es un pervertido sexual que intenta aprovecharse de un pobre niño. Curiosamente, en muchos casos, el espectador quizás, en un comienzo, dude también de la bondad del protagonista, pero el director se encarga de separarlo de ese enredo y muestra a un hombre que simplemente quiere renovar su vida, comenzando por ayudar económica y afectivamente a quien, en un principio, intentó robarle. Todo mediante el descubrimiento y la explotación de la tecnología.

Deben ser todas estas razones las que hacen de The man from the Embassy un film con un sentido social muy fuerte, con la ventaja de dejar de lado aquellos prejuicios que a veces la sociedad se encarga de confirmar. Sería bueno que no cayera en costumbre, sería bueno que este film de ficción se volviera documental.     


 








Ficha Técnica

The man from the Embassy

El hombre de la Embajada

Alemania- 2006

106’- 35mm- Color

Director: Dito Tsintsadze

Intérpretes: Marika Giorgobiani,

Irm Hermann, Burghart Kalubner,

Lika Martinova

Guión: Sara Rusadze,

Dito Tsintsadze

Fotografía: Benedit Neuenfels

Dirección de arte: Vaja Jalagania

Sonido: Sabrina Naumann

Montaje: Katia Dringenberg

Producción: Christine Ruppert,

Guka Rcheulishvili,

 Helga Biender,

 Tatfilm, Zweites Deutsches

 Fernsehen (ZDF), Arte Strasbourg