La fuerza perturbadora del cine

Por Griselda Soriano

 

Existen films que apelan a la diversión, a la dispersión, a la distracción pura. Existen films que apelan directamente a la reflexión a lo intelectual. Y existen otros, en cambio, que se constituyen como experiencias sensoriales, movilizando al espectador desde un nivel casi inconsciente. Basado en la novela homónima de Marie-Claire Blais, La belle bête, tercer largometraje de Karim Hussain, joven director canadiense no muy conocido (por desgracia) por estos lados, podría encuadrarse dentro de este último grupo, con la salvedad de que, como ocurre con toda obra de arte, resulta imposible encerrarla dentro de clasificaciones precisas.

            Si bien las palabras nunca son suficientes a la hora de restituir la experiencia cinematográfica, en el caso de La belle bête se hace particularmente difícil describir a través del lenguaje aquello que la convierte en uno de los films más interesantes proyectados en este festival, y sin duda alguna el mejor dentro de la sección Cerca de lo oscuro, sección que no suele ser tenida muy en cuenta a la hora de las premiaciones o los reconocimientos mediáticos pero que siempre reserva alguna joya para quienes son capaces de desprenderse del absurdo prejuicio de pensar que el terror, el thriller, el suspenso, no son ámbitos propicios para el surgimiento de obras maestras.    

         La belle bête, sin embargo, no termina de encuadrarse dentro de ninguno de los géneros antes mencionados. Quizás la palabra más apropiada a la hora de describir este film sea “perturbador”.

Hussain explora en él las relaciones entre tres desequilibrados personajes, Louise (Carole Laure), una mujer madura, y sus dos hijos adolescentes, Patrice (Marc-André Grondin) e Isabelle-Marie (Caroline Dhavernas), habitantes de una sombría y aislada mansión que parece ubicarse más allá del tiempo y el espacio cotidianos. Este espacio cerrado sobre sí mismo se va revelando con el correr del film como un siniestro microcosmos donde todas las leyes sociales se trastocan y las relaciones humanas son llevadas al extremo, trasgrediendo el límite de lo aceptable y concretando todos aquellos tabúes que atraviesan la idea de familia. Así, el amor maternal de Louise y su preferencia por Patrice derivarán en el incesto y el maltrato psicológico hacia su hija, y los celos de Isabelle-Marie frente a su madre y el deseo de ocupar su lugar y acercarse a su hermano, en una sádica y enfermiza relación que implicará horribles torturas físicas y psicológicas. Mientras que Patrice, que durante gran parte del film parecerá ser una suerte de víctima a la merced de la locura de estas dos mujeres, también revelará llegado el momento una oscuridad que lo pondrá a la par de ellas.

El recuerdo de un padre cuya muerte se va revelando como el quiebre que habilita la trasgresión de todos los valores, y la presencia de ciertos elementos simbólicos (cómo olvidar al hombre con cabeza de caballo) autorizarían quizás una lectura en clave psicoanalítica. Pero como decíamos en un comienzo, no es esta una película que pueda conceptualizarse fácilmente, al menos en un primer acercamiento. La belle bête está atravesada por un horror que el espectador nunca logra terminar de situar o comprender, provocando un constante estado de tensión. Con el correr de la proyección, tanto los ambientes como los personajes se van cargando de un halo siniestro que crece gradualmente, y una vez que este horror se desencadene, el espectador ya no tendrá ni un minuto de alivio: nunca se sabe cuándo vendrá el próximo ataque a nuestra sensibilidad, cuándo la aparente calma de ese universo retorcido se romperá para dar paso a la perversión y la violencia. Todos los elementos del film se conjugan para crear este clima de perturbación constante: no es sólo la historia de estas relaciones trastocadas lo que moviliza al espectador, sino el modo en que Hussain elige contarlas y mostrarlas. La fotografía, la dirección de arte, los encuadres que parecen ocultar más de lo que muestran, los movimientos de cámara que van develando lentamente el espacio (de un modo que por momentos recuerda al David Lynch de Mulholland Drive [2001]), la música rítmica y reiterativa, que va apoyando este aumento de tensión; todo se conjuga para alterar los sentidos del espectador.

Es necesario destacar también el trabajo de montaje y el acertado manejo del ritmo del que consta la película, cosa que se hace particularmente presente en las secuencias de montaje alternado, cuidadas en todo aspecto, desde lo conceptual (entrelazando por ejemplo el hecho de dar vida con el hecho de quitarla) hasta la duración de los planos y las elecciones con respecto a cómo intercalarlos.

Mención aparte merece el elenco, que ofrece interpretaciones brillantes tanto por parte de los tres protagonistas (difícil olvidar las sutiles transformaciones que va atravesando el rostro perturbado de Caroline Dhavernas) como de los personajes secundarios (es antológico el personaje de Lanz, interpretado por David La Haye). La caracterización psicológica de los personajes, planteada desde el guión a partir del detalle, es todo un acierto que encuentra su mejor desarrollo en este grupo de sólidos intérpretes.

La belle bête constituye una experiencia sensorial que hace que incluso el más racional de los críticos se retuerza y salte en la butaca, revelando el poder que, aún hoy, conservan la imagen y el sonido, un poder capaz de impresionar al espectador, en el mejor de los sentidos: La belle bête es uno de esos films cuyas imágenes se graban en nuestra retina y no nos abandonan por mucho tiempo. La película perturba, incomoda, y moviliza permanentemente, no hay en ella ningún terreno seguro donde afirmarse. Pero esto no quiere decir que constituya una simple provocación, o un puro efectismo, o que pretenda nada más que el impacto. La belle bête busca y construye un espectador inteligente y participativo, capaz de entregarse a su juego pero también de ir construyendo una lectura propia, persiguiendo un significado que se escapa; nada esta dicho aquí de manera unívoca, y corresponderá al espectador privilegiar los diversos elementos e interpretaciones. Hussain trabaja desde la sutileza: en el gesto de los actores, que van mutando a lo largo del film, en el modo de capturar el espacio, de escoger qué mostrar y qué dejar fuera de campo, en la caracterización psicológica de sus personajes, y hasta en la introducción de pequeños toques de negrísima comedia; y es en este complejo juego de sutilezas que reside la belleza del film. Aunque pueda sonar extraño utilizar la palabra “belleza” para referirse a La belle bête creemos que es, de cierto modo, la expresión correcta, así como también pensamos que no sería errado afirmar que La belle bête es una película sobre la búsqueda del amor, un amor que todos necesitamos y cuya falta es capaz de destruirnos de la manera más terrible.

La belle bête ha sido, sin duda, una de las sorpresas de este festival; un film ante el cual, creemos, es imposible permanecer indiferente, ya sea que el espectador se decida por el amor o por el odio. Desde estas páginas escogimos la primera opción, por hacernos recordar y sentir en carne propia el poder que el cine ejerce en la oscuridad de una sala (aunque fuera una sala con problemas de foco y de sonido, que rápidamente fueron olvidados ante la fuerza de lo que nos ofrecía la pantalla), por constituir una propuesta inteligente que nos interpela y cuestiona todo el tiempo. Esperamos entonces dos cosas: que el público argentino pueda algún día disfrutar de la prometedora obra de Karim Hussain, por ahora imposible de hallar en nuestro país, y que en futuros festivales el jurado y la prensa comiencen a tener en cuenta las funciones de trasnoche, siempre a sala llena y muchas veces bastante más interesantes que las de la Competencia Oficial.


 








Ficha Técnica

LA BELLE BÊTE

Canadá- 2006-110’

Dirección: Karim Hussain

Guión: Marie-Claire Blais

Fotografía: Karim Hussain

Montaje: Eric Lavoie

Dirección de Arte: Richard Tassé

Vestuario: Patricia Mc Neil

Música: David Kristian

Productor: Anne Chuzón, Julien
 Fonfrede, Karim Hussaim
 
Producción: Equinoxe Productions, Screen Machine/La Machine Écran