La verdad incómoda de Davis Guggenheim

Entrevista a Miguel Grinberg 

Por Jorge Medina


    Exageradamente mencionada como uno de los “cinco hechos que cambiaron el mundo en 2006” por el Financial Times, el documental La verdad incómoda dirigido por Davis Guggenheim (y narrado por el ex vicepresidente Al Gore) no dejó de ser un enigma en esta parte del continente. Estrenada con un buen lanzamiento mundial, tuvo escasa repercusión salvo en Norteamérica. Su mejor marketing era el mensaje, pero éste está dirigido más para alertar al público estadounidense que a los países no desarrollados. Y el mensaje es ecológico y político, por lo que se refuerza esta hipótesis. Porque aun cuando vemos cómo el mundo se derrumba, es en gran parte a pésimas políticas domésticas –como les gusta decir a los norteamericanos- como la re-elección de un cowboy petrolero, lo que llevó a ese país los Estados Unidos, a una guerra por el control de (precios, reservas, monopolio) los hidrocarburos. No por nada, el periódico mencionado lo ubica al lado de acontecimientos como el bloqueo ruso de provisión de gas –en pleno invierno- a Ucrania, y no junto a otros de nivel artístico o cultural. “This is not a political issue, it´s a moral issue”, dice Gore en un momento del film (“no es un resultado político, es un resultado moral”), pero quien lo dice ¡es un político!

    Si no fuera por la conducción del relato de Al Gore, en una serie de diferentes conferencias por el mundo, que dan la sensación de haber asistido a una de ellas de manera completa (excepto una breve pausa en un racconto sobre su historia familiar) La verdad incómoda adolece por una dirección absolutamente ausente. El ángel exterminador habló con una autoridad en la materia: Miguel Grinberg. Periodista fundador y director de la revista Mutantia, creó una verdadera conciencia ecologista en la década de los ochenta; pero además de su extensa data profesional es un honor para nosotros contar con la opinión del editor de la mítica revista Cine & Medios.

El ángel exterminador: Vamos a empezar por una infidencia: el día que usted vio La verdad incómoda coincidimos en la función y pude oír que el documental le había gustado. ¿Poco o mucho? ¿Qué aspectos destacados que recuerde y que le hayan gustado puede rescatar? 

Miguel Grinberg: Esta película posee la particularidad de poner en foco un asunto primordial: el cambio climático. En todo sentido la valoro como un óptimo aporte para el debate social necesario al respecto. La crisis atmosférica afecta a nuestra civilización como un todo. Lo que más me impresiona a favor del film es que no se engolosina con un mensaje apocalíptico y enfatiza la importancia de la acción de los ciudadanos para que la clase dirigente asuma ejecutivamente los desafíos implícitos. Asimismo, Al Gore no oculta cierto sentimiento de “impotencia” ante la miopía política imperante, y enfatiza inteligentemente el dilema ético que domina el problema. 

E.A.E.: En un film que abruma por sus datos e información, a pesar de su vital importancia, ¿no hace que logre un efecto de resignación en el espectador? (Como pensando el Planeta Tierra no tiene salvación y no por culpa nuestra). 

M.G.: Probablemente abrume a quienes recién se desayunan con la temática expuesta, pero considero que no induce la resignación sino una saludable “incomodidad”. Como especialista en el tema, pienso que Gore no lo agota en su exposición. El gas carbónico es apenas uno de los gases que inducen el efecto de invernadero. Habría que considerar también al gas metano preveniente de las eyecciones (bosta) del ganado y de las plantaciones de arroz. También contribuyen al problema las emisiones por la quema de querosén de aviación a cargo de las flotas de transporte aéreo civil. Todo el mundo contribuye –en mayor o menor medida– y lo que está en tela de juicio es la sociedad de consumo y la industria depredadora. 

E.A.E: ¿No cree que La verdad incómoda debiera pasarse obligatoriamente en todas las escuelas y colegios... de Norteamérica? Bromas aparte, este film doblado al castellano y explicando quién fue y es Al Gore podría proyectarse también en nuestras escuelas por su carácter didáctico? ¿O es un problema del Primer Mundo? 

M.G.: El film no está dirigido al mundo en general sino a los ciudadanos norteamericanos y de las demás naciones tecnológicamente avanzadas. Creo que en nuestras escuelas no produciría tomas de conciencia significativas porque se trata de una visión “made in USA” al cien por ciento. Precisaríamos un documental sobre la necesidad de no repetir el modelo consumista-depredador, en un país como la Argentina conde la multitud fue seducida por la quimera de “ingresar al Primer Mundo” como sinónimo de progreso. Un visionario estadounidense, R. Buckminster Fuller, resaltó que “somos todos tripulantes de una espacionave llamada Tierra”. Cada cual con una responsabilidad específica. 

E.A.E.: Una de las preguntas que se hace el espectador atento es: ¿qué puedo hacer por mi planeta? ¿O es esta una concepción naive, un cliché de Hollywood (después de films como El día después de mañana [2004]) "Oh! ¿qué puedo hacer yo para salvar la Tierra?” 

M.G.: En la Argentina, el tema ecológico no figura en la agenda política. Nuestra sociedad no sólo ejerce un analfabetismo ambiental sino también un analfabetismo cívico. Pienso que la pregunta más pertinente no pasa por salvar la Tierra, sino por ¿qué puedo hacer yo para contribuir a la construcción de otro tipo de sociedad? Hollywood está en California y Al Gore no es Bruce Willis. El eje de todo el asunto es que nuestra especie se ha trasformado en una monstruosidad planetaria. Hay una minoría de personas en el mundo que se esfuerza por abrir el juego en otra dirección. En América del Norte, gente como Michael Moore, Naomi Klein, David Korten o Daniel Quinn. Pero los monopolios periodísticos al servicio de las Mega-Corporaciones se esmeran por mantener en babia a la multitud. 

E.A.E.: En el final -e incluso en los créditos- hay un claro mensaje optimista. ¿Estamos a tiempo todavía de salvar el planeta? ¿O como decía usted, frenaremos en un futuro cercano este ecocidio? 

M.G.: Hace poco hubo una sensación térmica de 51 grados en Bahía Blanca. La naturaleza se está ocupando de “educar” a la gente sobre el cambio climático. A menudo, dramáticamente. Hace más de medio siglo que los ecologistas venimos predicando en el desierto acerca de los rumbos ecocidas de la sociedad industrial avanzada. Ahora, la Tierra se está defendiendo a sí misma y se ha puesto en acción para sacarse de encima a una plaga funesta: nosotros. No se trata de optimismo o pesimismo, sino de generar una nueva cultura reverencial aliada con la Tierra.  

E.A.E.: En una suerte de encuesta a especialistas en problemas ambientales, más allá de las lógicas coincidencias con la contaminación sonora, visual, el problema de los hidrocarburos, la deforestación, etc. Ud. además destacó la falta de conciencia social (especialmente en el manejo de la basura) y la violencia, la grosería, la falta de solidaridad como forma de contaminación interpersonal. Parecía que también estaba hablando del espectador moderno de los multicines y shoppings. ¿Qué opinión tiene de este modo de ver cine? 

M.G.: No me atormentan los multicines. Me encantan los avances tecnológicos (digitales) en el campo cinematográfico y poder elegir entre diez o quince producciones en un mismo confortable lugar. Y si la oferta es opaca, el DVD hogareño es una alternativa. Los shoppings no son otra cosa que una vidriera del mundo materialista actual. Si no existieran, la gente andaría matándose con mayor vehemencia entre sí por los callejones de la impotencia colectiva. No cobran la entrada, tienen aire acondicionado y baños confortables, y están colmados de mujeres bellísimas. 

E.A.E.: No  sólo es ud. un reconocido defensor de la ecología en nuestro país y docente de Ecología Social, fundador de la ahora mítica revista Mutantia, sino una figura de alguna forma ligada al cine. Recordamos la impresión que provocó en nuestra adolescencia (en este caso la mía) la tapa del número uno con una fotografía a color de Apocalypse Now (1979) de Francis F. Coppola y el revelador ensayo de Angus McKinnon sobre este film. Años después con Gandhi (1982) de R. Attenborough Mutantia nos acercó el real Mahatma. ¿Cómo podemos nosotros -a manera de consejo- desde esta revista de cine levantar también una voz para defender nuestra tierra y la ecología? 

M.G.: Entre 1974 y 1989 fui publicista de Metro-Fox, Columbia y Warner en la Argentina, y durante los últimos dos años supervisor latinoamericano de publicidad de la 20th Century Fox. Trabajé, entre otros, con Steven Spielberg y Bob Fosse, y aprendí mucho sobre la relación entre arte y entretenimiento. Co-edité la revista Cine y Medios. Edité Mutantia entre 1980 y 1987. Fui cronista cinematográfico de la revista Panorama (junto al legendario Homero Alsina Thevenet), y de los diarios La Opinión, La Prensa y El Cronista. Escribí una biografía de Mario Soffici. Practiqué siempre la “lucidez implacable” y compartí la propuesta del antropólogo Guillermo Magrassi sobre “defender la vida en cada una de sus manifestaciones”. Como consejo sólo puedo repetir una recomendación del maestro John Huston: “Antes de tomar la lanza de Don Quijote, dense tiempo y permiso para explorar el mundo... párense al borde de un risco para mirar las vastas planicies, sientan cómo vibra la tierra cuando corren los animales, buceen en la gran barrera de arrecifes, escuchen el canto de las ballenas, vivan en París o en Pekín. Abran sus ojos. A otras culturas, a otras maneras de pensar o de vivir, al constantemente cambiante, fascinante, hermoso calidoscopio que es el mundo. Pues allí, entonces, lucirá válido al máximo el esfuerzo que tomará salvarlo.”

 

 

 






La verdad incómoda