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La
verdad incómoda de Davis Guggenheim Entrevista
a Miguel Grinberg Por Jorge Medina
Si no fuera por la conducción
del relato de Al Gore, en una serie de diferentes conferencias por el mundo,
que dan la sensación de haber asistido a una de ellas de manera completa (excepto
una breve pausa en un racconto sobre su historia familiar) La verdad incómoda adolece por una dirección absolutamente ausente.
El ángel exterminador habló con una
autoridad en la materia: Miguel Grinberg. Periodista fundador y director de la
revista Mutantia, creó una verdadera
conciencia ecologista en la década de los ochenta; pero además de su extensa
data profesional es un honor para nosotros contar con la opinión del editor de
la mítica revista Cine & Medios. Miguel
Grinberg: Esta película posee
la particularidad de poner en foco un asunto primordial: el cambio climático.
En todo sentido la valoro como un óptimo aporte para el debate social necesario
al respecto. La crisis atmosférica afecta a nuestra civilización como un todo.
Lo que más me impresiona a favor del film es que no se engolosina con un
mensaje apocalíptico y enfatiza la importancia de la acción de los ciudadanos
para que la clase dirigente asuma ejecutivamente los desafíos implícitos.
Asimismo, Al Gore no oculta cierto sentimiento de “impotencia” ante la miopía
política imperante, y enfatiza inteligentemente el dilema ético que domina el
problema. E.A.E.: En un film que abruma por sus datos e información,
a pesar de su vital importancia, ¿no hace que logre un efecto de resignación en
el espectador? (Como pensando el Planeta Tierra no tiene salvación y no por
culpa nuestra). M.G.: Probablemente abrume a quienes recién se desayunan
con la temática expuesta, pero considero que no induce la resignación sino una
saludable “incomodidad”. Como especialista en el tema, pienso que Gore no lo
agota en su exposición. El gas carbónico es apenas uno de los gases que inducen
el efecto de invernadero. Habría que considerar también al gas metano
preveniente de las eyecciones (bosta) del ganado y de las plantaciones de
arroz. También contribuyen al problema las emisiones por la quema de querosén
de aviación a cargo de las flotas de transporte aéreo civil. Todo el mundo
contribuye –en mayor o menor medida– y lo que está en tela de juicio es la
sociedad de consumo y la industria depredadora. E.A.E: ¿No cree que La verdad incómoda debiera
pasarse obligatoriamente en todas las escuelas y colegios... de Norteamérica?
Bromas aparte, este film doblado al castellano y explicando quién fue y es Al
Gore podría proyectarse también en nuestras escuelas por su carácter didáctico?
¿O es un problema del Primer Mundo? M.G.: El film no está dirigido al mundo en general sino
a los ciudadanos norteamericanos y de las demás naciones tecnológicamente
avanzadas. Creo que en nuestras escuelas no produciría tomas de conciencia
significativas porque se trata de una visión “made in USA” al cien por ciento.
Precisaríamos un documental sobre la necesidad de no repetir el modelo
consumista-depredador, en un país como la Argentina conde la multitud fue
seducida por la quimera de “ingresar al Primer Mundo” como sinónimo de
progreso. Un visionario estadounidense, R. Buckminster Fuller, resaltó que
“somos todos tripulantes de una espacionave llamada Tierra”. Cada cual con una
responsabilidad específica. E.A.E.: Una de las preguntas que se hace el espectador
atento es: ¿qué puedo hacer por mi planeta? ¿O es esta una concepción naive, un cliché de Hollywood (después
de films como El día después de mañana [2004]) "Oh! ¿qué puedo hacer yo para salvar M.G.: En la Argentina, el tema ecológico no figura en la agenda política.
Nuestra sociedad no sólo ejerce un analfabetismo ambiental sino también un
analfabetismo cívico. Pienso que la pregunta más pertinente no pasa por salvar
la Tierra, sino por ¿qué puedo hacer yo para contribuir a la construcción de
otro tipo de sociedad? Hollywood está en California y Al Gore no es Bruce
Willis. El eje de todo el asunto es que nuestra especie se ha trasformado en
una monstruosidad planetaria. Hay una minoría de personas en el mundo que se
esfuerza por abrir el juego en otra dirección. En América del Norte, gente como
Michael Moore, Naomi Klein, David Korten o Daniel Quinn. Pero los monopolios
periodísticos al servicio de las Mega-Corporaciones se esmeran por mantener en
babia a la multitud. E.A.E.: En el final -e incluso en los créditos- hay un
claro mensaje optimista. ¿Estamos a tiempo todavía de salvar el planeta? ¿O
como decía usted, frenaremos en un futuro cercano este ecocidio? M.G.: Hace poco hubo una sensación térmica de 51 grados en Bahía Blanca. La
naturaleza se está ocupando de “educar” a la gente sobre el cambio climático. A
menudo, dramáticamente. Hace más de medio siglo que los ecologistas venimos
predicando en el desierto acerca de los rumbos ecocidas de la sociedad
industrial avanzada. Ahora, la Tierra se está defendiendo a sí misma y se ha
puesto en acción para sacarse de encima a una plaga funesta: nosotros. No se
trata de optimismo o pesimismo, sino de generar una nueva cultura reverencial
aliada con la Tierra. E.A.E.: En una suerte de encuesta a especialistas en
problemas ambientales, más allá de las lógicas coincidencias con la
contaminación sonora, visual, el problema de los hidrocarburos, la
deforestación, etc. Ud. además destacó la falta de conciencia social
(especialmente en el manejo de la basura) y la violencia, la grosería, la falta
de solidaridad como forma de contaminación interpersonal. Parecía que también
estaba hablando del espectador moderno de los multicines y shoppings. ¿Qué opinión tiene de este modo de ver cine? M.G.: No me atormentan los multicines. Me encantan los avances tecnológicos
(digitales) en el campo cinematográfico y poder elegir entre diez o quince
producciones en un mismo confortable lugar. Y si la oferta es opaca, el DVD
hogareño es una alternativa. Los shoppings
no son otra cosa que una vidriera del mundo materialista actual. Si no
existieran, la gente andaría matándose con mayor vehemencia entre sí por los
callejones de la impotencia colectiva. No cobran la entrada, tienen aire
acondicionado y baños confortables, y están colmados de mujeres bellísimas. E.A.E.: No sólo es ud. un reconocido defensor de la
ecología en nuestro país y docente de Ecología Social, fundador de la ahora
mítica revista Mutantia, sino una figura de
alguna forma ligada al cine. Recordamos la impresión que provocó en nuestra
adolescencia (en este caso la mía) la tapa del número uno con una fotografía a
color de Apocalypse Now (1979) de Francis F. Coppola y
el revelador ensayo de Angus McKinnon sobre este film. Años después con Gandhi (1982)
de R. Attenborough Mutantia nos acercó el real
Mahatma. ¿Cómo podemos nosotros -a manera de consejo- desde esta revista de
cine levantar también una voz para defender nuestra tierra y la ecología? M.G.: Entre 1974 y 1989 fui publicista de Metro-Fox, Columbia y Warner en |
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