
El fin de la era de los pequeños tiranos
Por Pablo Croci
Pocos films africanos llegan a nuestro continente, y menos aún
del octogenario director senegalés Ousmane Sembene. Éste,
primero soldado, luego obrero, después escritor y director de
cine, define al séptimo arte como “político,
polémico y popular”. Y Moolaadé,
segunda parte de una trilogía de “heroísmo
cotidiano”, no escapa ni un segundo a esta definición.
El film narra la historia de Collé Ardo, madre de un pequeño pueblo africano, que se enfrenta con fuerza heroica e inagotable a una tradición de purificación (ablación) que pone en riesgo la vida de las mujeres. Para su lucha, a la que ya se había opuesto siete años antes, hecha mano a otra tradición africana, el moolaadé, (derecho a asilo) para cuatro nenas que escapan del ritual y se lo solicitan en su propia casa. Todo el film transcurre no sólo con la pausa y el tono de un director inteligente, sino también sabio. Sabio ya que entiende que para crear este pequeño pueblo, en donde arden los conflictos del poder paternal de todo el mundo, no interesan las proezas de la cámara sino, Rohmer mediante, lo que sucede por delante de ella. Así, con sabiduría y dominio del lenguaje cinematográfico crea un microcosmos en donde la mujer enfrenta paso a paso y hasta su derrumbe todos los preceptos de una sociedad gobernada por hombres que golpean, tienen varias mujeres, y deciden en un comité de sabios el destino del pueblo. Será Collé quien sosteniendo con firmeza su lucha, junto a otras mujeres (y algunos hombres) quien vencerá esa batalla. Como dijimos, el film está narrado con pureza, sin sobras ni ornamentos. La cámara seguirá a los personajes, construyéndolos con cuidado, toques de humor y afectividad. La construcción de los personajes, tanto de la protagonista como un crisol de personajes secundarios, es el rasgo distintivo del film. Personajes que iremos descubriendo con calma, conociendo de a poco, hasta lograr una afectividad y emoción poco comunes. Sobre todo en el caso de la conviviente mujer de Collé, segunda esposa de su marido, y los dos hombres que ayudan a la lucha de la protagonista, el comerciante “mercenario” y el príncipe llegado de Francia que desea casarse con la hija de Collé pese a que ésta no esté purificada. Este microcosmos de resistencia femenina es creado con maestría también a partir de la construcción del espacio. Espacios que no son muchos, sino unos pocos, los propios de un pequeño pueblo. Pero frente a esta construcción, Sembene utiliza con inteligencia dos elementos propios de la filmografía bressoniana: la fragmentación y la repetición. Por un lado, veremos fragmentariamente el pueblo: casas que aparecen y desaparecen, la plaza central, el rincón del “mercenario”, el espacio del ritual de purificación, aislado (¿infierno?) y sin conexión lógica con el pueblo. Por otro lado, esta misma fragmentación es sostenida por la repetición. Una repetición sabía y no azarosa, y que permite al mismo tiempo la construcción del hábitat de los personajes antes mencionados. Así veremos una y otra vez la plaza del pueblo, que se va resignificando en cada aparición, primero como lugar de los niños, luego como lugar de comercio, después como espacio de los sabios y finalmente como lugar de la victoria de la resistencia femenina. Lo mismo sucede, con la puerta de la casa de Collé, espacio que marca el límite del moolaadé a través de una cuerda atada a ras del suelo. Esta puerta, primero entrada para el asilo, luego espacio del conflicto y finalmente símbolo de victoria. Otro procedimiento mediante el cual Sembene construye el sentido del film, es mediante una acumulación de símbolos que también se van resignificando a lo largo del film. Junto al cordón que atraviesa la puerta para marcar el mooladé, van apareciendo símbolos propios de la historia y la tradición africana, como los totems donde se les rinde culto a sus dioses en la plaza central, pájaros que simbolizan la salvación, bastones que marcan el poder de los hombres, etc. En este punto es interesante destacar, que junto al relato del enfrentamiento de las dos tradiciones, aparece como un tercer factor el progreso capitalista encarnado en artefactos eléctricos como la radio y la televisión. Pero éstos no son pensados como en nuestra cultura occidental sino en su real y puro funcionamiento, como medios para la información y el conocimiento, como medios para la conquista de esta nueva humanización que sostiene Collé y sus seguidores. Y serán estos medios, la radio como tesoro de la mujer y el televisor como conquista de los hombres que apoyan a Collé, también símbolos de la victoria de la resistencia femenina. Por estos rasgos y varios más que escapan a las posibilidades de esta nota, porque en medio de tanta información y falta de héroes y luchas reales Collé encarna una lucha femenina posible y no teórica, y porque el placer sexual de la mujer y el rol central de ésta en cualquier sociedad del mundo deberían ser ya un derecho adquirido y no una lucha, Moolaadé es un film que inevitablemente debemos ver, sentir, y volver a ver. |
![]() Ficha técnica
Moolaadé, Senegal, 2003. Duración: 120 minutos Guión y dirección: Ousmane Sembene Producción: Osumbane Sembene, Theirry Lenouvel Fotografía: Dominique Gentil Sonido: Denis Guilhem Música: Boncana Maïga Montaje: Abdellatif Raïss Arte: Joseph Kpobly Intérpretes: Fatoumata Coulibaly, Maïmouna Héléne Diarra, Salimata Traore |