Monstruos fuera del laberinto


Por Jesica Guinzburg

    El laberinto del fauno, del director mexicano, y ya consagrado, Guillermo del Toro, oscila entre la historia fantástica de una nena que fue una princesa en tiempos remotos y que pretende volver a serlo y entre la historia real de la guerra civil española, ubicada en el año 1944, cuando los franquistas tomaron el poder casi por completo. ¿Cómo se entrecruzan estas dos historias que son claramente distintas? Esta podría ser la gran duda que acecha al espectador cuando va a ver el filme. A lo largo de la película podremos observar que el director ha hecho un trabajo formidable en la construcción del relato, donde nada parece forzado, y el cruce de ambas historias termina siendo totalmente verosímil.
    Es frecuente en los filmes de Guillermo del Toro la representación de seres fantásticos como hadas y monstruos. En este caso el personaje fantástico principal es un fauno; el dios Pan, similar a Dioniso, y uno de sus acompañante según la mitología griega. De hecho la película ha sido traducida al inglés como Pan´s labyrinth. Otro monstruo genialmente logrado y original a la vez es aquel que aparece en la segunda prueba de la niña, (la cual es llamada Ofelia en la vida real y Princesa Moana según el mundo fantástico). Un monstruo sin ojos en su rostro, sino en sus manos, que apoya en su cara para poder ver. Comprendemos aquí por qué el escritor de novelas de terror Stephen King ha declarado que la visión de este film le ocasionó un profundo miedo. La parte fantástica del filme entonces estriba en esto, en pruebas; tres pruebas que Ofelia/Moana deberá sortear para lograr volver a ser una princesa, la cual reinará con sus padres en un mundo anhelado. Un argumento que podríamos considerar un tanto trillado: la superación de tres pruebas para que el héroe en cuestión alcance su propósito (recordemos sin ir más lejos la cuarta novela y película de Harry Potter donde el héroe debe atravesar tres pruebas. Casualmente el tercer film de esta saga iba a ser dirigido por Del Toro pero lo terminó haciendo su compañero Alfonso Cuarón). Sin embargo el transcurso de las pruebas termina sorprendiendo y hay una vuelta inesperada en la solución de ellas. Lo que parecía trillado en un comienzo, no lo es. A su vez hace a la historia fantástica la incorporación de un laberinto, espacio originalmente mítico y en cuyo centro se encuentra el desenlace de toda historia; recordemos Dentro del Laberinto (1986, Jim Henson) con David Bowie, por ejemplo.
    La parte histórica del filme es mucho más dura: la época en que el franquismo alcanza el poder y los grupos de la resistencia son constantemente perseguidos. Ofelia (en un muy buen trabajo de la joven actriz Ivana Baquero) llega junto a su madre embarazada al centro de operaciones de su padrastro, el líder del grupo franquista que allí reside y que persigue a los grupos de resistencia que se encuentran ocultos en los alrededores del bosque. El film posee algunas escenas con marcada violencia por parte del capitán Vidal (Sergi López) y otras en que se representa una heroica resistencia, llevada a cabo por una de las criadas del militar (Maribel Verdú). El punto de vista del director sobre el franquismo y la resistencia se representa en el filme de una manera muy clara y explícita. La película cuenta con la fuerte mirada política de su director; una mirada que atraviesa lo fantástico y lo reduce a ella.
    No obstante, podemos decir que el relato es construido a partir del punto de vista de Ofelia, excepto el comienzo y los últimos minutos del final. La mirada de una niña sobre el franquismo, una mirada cruda y entendida sobre el horror de aquellos tiempos y una mirada inocente y onírica con respecto a sus deseos de convertirse en princesa, de creer en hadas y de adentrarse en un oscuro laberinto. Ofelia oscila entre los dos mundos. Vive en uno (en el que sufre) pero cree en el otro (o prefiere creer). El entrecruzamiento de ambos es representado cuidadosamente por el director, la historia resulta verosímil más allá que un insecto se transforme en hada o un fauno aparezca desde las sombras en la habitación de la niña.
    Por otro lado, nos parece necesario destacar el trabajo con la luz que hace Guillermo Navarro. La fotografía complementa perfectamente el clima que se va generando a lo largo del film. En el comienzo de la película observamos una iluminación muy clara que abarca la presentación de la historia fantástica y que volvemos a ver un poco antes del final: un reino iluminado, brillante, que transmite tranquilidad, lo cual connota que el cosmos se ha regenerado. Sin embargo, la oscuridad predomina a lo largo del relato. Se nos ofrecen planos sombríos y oscuros. El centro de operaciones de los franquistas es un lugar cerrado, lúgubre, donde la luz no entra incluso estando situado al lado de un bosque. La única luz que encontramos allí es la de las llamas. La iluminación es similar en el laberinto, pero consideramos que es así porque éste es un lugar misterioso y no explorado que se encuentra en ruinas de desde los tiempos más remotos.
    El final de El laberinto del fauno es realmente atrapante. Las situaciones se revierten, lo malo es más malo que nunca pero muestra su único lado humano, la inocencia se pierde y la justicia social llega. El espectador se pregunta entonces si la historia fantástica es paralela a la historia real o sólo es el medio de escape de una niña de once años que se encuentra inmersa en un mundo lleno de horror. La fantasía como forma de evadir la realidad; una realidad más horrorosa que los monstruos de las leyendas.






Ficha técnica
El laberinto del fauno
España-México, 2006
Duración: 120 minutos

Dirección: Guillermo del Toro

Guión: Guillermo del Toro
Producción: Warner Bros.
Fotografía: Guillermo Navarro
Música: Javier Navarrete
Montaje: Bernat Vilaplana
Protagonistas: Ivana Baquero, Maribel Verdú, Sergi López, Ariadna Gil, Alex Angulo, Doug Jones y Federico Luppi.
Estreno en Argentina: 4 de enero de 2007