Llévame al fin del mundo
Por Pablo Croci
Mis gloriosos
hermanos (C.R.A.Z.Y, 2005) de Jean-Marc Vallée llega a las
salas comerciales luego de haber sido exhibida en el anterior Festival de Mar
del Plata y recopilando premios en cuanto festival se ha presentado. El film
narra, según su director, dos historias de amor. Por un lado, la de un padre
hosco pero cariñoso con sus cinco hijos, y luego, la del cuarto de sus hijos
Zac, hacia su padre.
En este
mundo donde cada vez parece mas difícil seleccionar en nuestra memoria aquellos recuerdos que tuvimos en nuestra vida y
construyen nuestra historia, y todo parece relegado, almacenable e imprimible
en imágenes a través de nuestras camaritas digitales, teléfonos, o grabadoras
de video, Mis gloriosos hermanos se
detiene justamente y con una precisión emocional pocas veces vista en los
recuerdos de 20 años de una familia de hermanos varones, y sobre todo, en el
pasaje de la niñez a la adultez de Zac, su protagonista. Recuerdos que no
necesariamente son “buenos” o “malos”, “felices” o “tristes”, sino ante todo y
con mucha lucidez: vívidos.
Zac nace el
25 de diciembre, y eso lo hace especial. Tanto porque coincide su fecha con el
nacimiento del niño Jesús, como porque en su nacimiento sufre una caída que lo
lleva al borde de la muerte. A partir de allí, según una vecina mística, el
joven tendrá un “don” con el cual podrá con solo pensar en una persona curar su
salud.
Dijimos que
lo destacable del film es la presición al recopilar los recuerdos, sin caer en
la nostalgia o en los golpes bajos. Y entre esos recuerdos se encuentran por ejemplo los cumpleaños de Zac y la navidad, en donde
la gran familia arma una especie de circo que culmina siempre con la interpretación de
un mismo tema por parte de su padre: Emmène au bout de la terre de Charles
Aznavour, y el regalo de un instrumento musical para Zac. Al mismo tiempo, estos
recuerdos son narrados de un mismo modo, desde el punto de vista de Zac, con su
voz off, filmados a partir de una constante ralentización de la imagen, junto
a un acompañamiento musical preciso y la elección de un momento, a veces
imaginario, otras real, en donde siempre opera para el espectador una memoria
emotiva.
A partir de
allí se desprende otro elemento central del film: la banda sonora. La adolescencia de Zac transcurre por los
mejores años que el rock pudo ofrecer a los adolescentes de todo el mundo. Los
Stones, Pink Floyd, Bowie, son algunas de las bandas que influyen sobre la vida
de Zac, lo atraviesan hasta identificarse con ellas y le permiten de alguna
manera rivalizar con su padre (oyente fanático de Patsy Cline), y hasta
superarlo, convirtiéndose en disc jockey y ganando mas dinero que él.
Otro
elemento central en este film dueño de un guión maravilloso es la forma en que
Vallé narra con astucia el paso del tiempo y las transiciones entre un espacio
y otro. Forma mediante la cual, insistimos, logra hilar los recuerdos vívidos
de esta familia de cinco hermanos, constituida por un hermano mayor drogadicto
y en permanente pelea con Zac, un deportista, un lector empedernido, y un
hermano menor que, con inteligencia, no tiene a lo largo del tiempo que
constituye el film ninguna cualidad. Así vemos pasajes a través de puertas de
autos que se abren o cierran, raccords de miradas, juegos de espejos, de focos
y fueras de foco que construyen al ir uniéndose e hilándose un ritmo atractivo
y efectivo.
Tal vez el
único punto criticable del film sea cierto engolosinamiento del director a la
hora de elegir cuándo finalizar la narración, extendiendo su desenlace a través
de un viaje de Zac por una especie de caminata iniciática en el desierto de Jerusalén.
En resumen,
Vallée construye con C.R.A.Z.Y. (título original del film e inteligente vuelta
de tuerca del guión) un hermoso y conmovedor retrato familiar, y el duro y
doloroso camino que Zac debe atravesar para descubrir y afianzar frente a su
padre su sexualidad, narrados con una inteligencia emocional pocas veces vista
y con un elenco de actores que se luce de escena en escena.
|

Ficha técnica
Dirección: Jean-Marc Vallée.
País: Canadá.
Año: 2005.
Duración: 125 min.
Género: Drama,
comedia.
Interpretación:
Michel Côté (Gervais Beaulieu), Marc-André Grondin (Zachary Beaulieu), Danielle
Proulx (Laurianne Beaulieu), Émile Vallée (Zachary Beaulieu, niño), Maxime Tramblay
(Christian Beaulieu), Pierre-Luc Brillant (Raymond Beaulieu), Alex Gravel
(Antoine Beaulieu), Félix-Antoine Despatie (Yvan Beaulieu).
Guión: Jean-Marc
Vallée y François Boulay.
Producción: Pierre
Even.
Fotografía: Pierre
Mignot.
Montaje: Paul Jutras.
Dirección artística:
Patrice Bricault-Vermette.
Vestuario: Ginette
Magny.
|