29º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata
Competencia Latinoamericana

Favula


Por Alejandro Surroca

    Raúl Perrone construye un artefacto extraño, una fábula (neo)realista: la marginalidad de los huérfanos, el acoso sexual, la perversidad del hombre, y todo bajo el signo primitivo del cine silente. Lo curioso es que la película no genera por ello cierta nostalgia ni hace una retrospectiva de la historia del cine, sino que más bien esto parece ser usado aquí como (fiel a los productos posmodernos) un recurso. Es un recurso que se utiliza de una manera absoluta, con el total convencimiento de que se está haciendo cine en la primera década del siglo XX. La banda sonora es literalmente un DJ pasando electro-cumbia durante todo el film. Un ejercicio cinematográfico de gran impronta, donde los daguerrotipos, las superposiciones de cuadros (como capas de tiempos pretéritos), la cadencia perpetua de fundidos, la corta profundidad de campo (con las parras y las hojas de la jungla casi pegadas a la pantalla y los personajes tomados en planos medios y primeros), el blanco y negro que muta permanentemente a un verde claro y, sobre todo, un trabajo de gestualidad sobresaliente hacen que Favula sea merecedora de alabanzas. Uno debe asumir en el transcurso de la cinta el abandono real de su contemporaneidad para entregarse a estas imágenes, porque los tiempos son largos, porque estamos acostumbrados no solo a otros ritmos sino también a otras formas de apreciar el arte, y estas películas nos recuerdan algo de lo eterno y de lo efímero que portan (en un mismo instante) las obras.
    Recuerdo la película anterior de Perrone, P3ND3JO5 (2013), una película que no me había gustado para nada; Favula sigue en la misma línea, conserva un proyecto al que Perrone parece haberse entregado de lleno. Puede que aquí haya ido un paso más lejos; lo cierto que es un cine (este “nuevo” de Perrone) que probablemente tenga buenas (muy buenas) y malas (pésimas) críticas. Esta vez me la juego por el dedo en alto, por todo lo que he intentado decir de Favula. Una reflexión también, una metáfora distanciada sobre la voracidad y el salvajismo que impera a veces en la ciudad. "Welcome to the Jungle" solía cantar una banda; aquí hay algo parecido. Pistolas y plantas, paredes degradadas (hermosas paredes degradadas), colchones, maquetas, charcos de agua y rostros, sobre todo rostros que dicen sin decir: una máxima del origen del cine, rostros que dicen sin decir mirando
    Párrafo aparte para los diálogos “musicales” de extraño dialecto (como pasados al revés), propio de personajes extraídos de Twin Peaks, ya que estamos con lo "vintage".


El resto del mundo


Por Alejandro Surroca

    El resto del mundo es un documental que busca junto a una niña el significado de la existencia; sobre un fondo azul aparecen varias preguntas: si se puede ser feliz al morir; qué es Dios; papá. Papá es un artesano; mamá no está. La relación entre el padre y su hija configuran el resto del mundo. Se muestran las ferias, mercados, una banda sonando (ese primer plano de la chica cantando sobre la contaminación y explotación del ecosistema abre el documental a los problemas políticos y sociales). La niña es entrevistada durante todo el film: le preguntan por su padre, su voz en off entibia la cinta, es la edad de la inocencia, humana y social. La cámara establece un vínculo estrecho con el ambiente de ese pueblito de México. Las calles bajas contrastan con los altos cerros cubiertos por el brillo de la puesta de sol y un manto de nubes.
    El segmento sobre el significado de Dios muestra una caravana de fieles (se observa un hombre llevando la imagen de lo que parece ser un líder). Más adelante, la caravana pasa a ser de encapuchados que reclaman derechos. Es el momento en el que el documental más se separa de la nena para hacerse cargo de cuestiones políticas, adultas. Cuando la niña se roba un frijol del supermercado lo hace por inocencia, no por política (como la confesión de su padre de que lo que hizo su hija está bien). Esos dos mundos se confrontan en la familia como institución partida. El resto del mundo acusa (moderadamente) al mundo porque sus hijos siguen entrando, y, en ellos, solo en ellos, la inocencia parece ser un privilegio.


Los muertos

Por Alejandro Surroca

    Los muertos es una película de esas que levantan alfombras para ver la mugre de un país: aquí el crimen, las mafias, la delincuencia, pero sobre todo la estratificación irreparable de las clases. Los protagonistas son unos jóvenes de clase media-alta que se la pasan de fiesta en fiesta, derrochando, perdidos en un vaho de consciencia extasiada. Durante el transcurso del film hay varias caídas (la de una roca que una mujer arroja desde un puente, la del mueble que los jóvenes lanzan desde la terraza, y la de la chica). Estas parecen ser parte de una estructura narrativa que vuelve a repetir un ciclo.
    Brillante la banda sonora de música tradicional que nos distancia por momentos, buscando ese contraste que permita reflexionar sin descuidar la estética en su conjunto. Por el contrario: la vivifica, le da el color de su país.
    Es como una película sin máscaras donde se provoca, se muestra lo desagradable de aquellos personajes (el director los comparó con los de Fassbinder y El diablo probablemente, la película de Robert Bresson), recordándonos siempre (y principalmente a partir del contacto con los objetos, porque como decía Pasolini, estamos en cierta manera definidos como clase en relación a los objetos que hemos tenido desde niños a nuestro alrededor) que éstos no han salido de un capullo sino que fueron engendrados por un sistema y arrojados en un pedazo de tierra que desprecian.
    Los muertos son varios, o todos, algunos, quizá. Ellos no pueden determinarse con la muerte, esto sucede hacia el final de la cinta cuando las madres de la chica muerta y su novio solo pueden (solo ellas) intercambiar el llanto y encontrar empatía. Porque los muertos no parecen cambiar absolutamente nada de las cosas, sino más bien que forman parte de toda esa naturaleza.


Matar a un hombre

Por Alejandro Surroca

    Esta película focaliza en el eterno dilema de la justicia por mano propia. En un pueblito al sur de Chile vive Jorge con su familia. Este hombre trabaja en un centro forestal y padece diabetes. Pero hay otro hombre en esta historia que no lo deja vivir en paz: le roba, le dispara a su hijo, intenta violar a su hija. La película muestra la inoperancia de la justicia para actuar en estos casos. Los planos en las varias veces que hace la denuncia muestran un cuadro gigante del presidente Piñera. El plano de costado también lo muestra de frente, como si hubiera dos cuadros; pero es una provocación, una denuncia al neoliberalismo presentada de manera insistente. La burocracia y su absurdo kafkiano comienzan el indefinido camino que lo lleva a Jorge a tomar aquella resolución.
    El actor Daniel Candia (que interpreta a Jorge), finalizada la función, decía que los sufrimientos y el dolor generalmente se llevan internamente, sin la necesidad de andar profiriéndolo a los cuatro vientos. Durante todo el film Jorge muestra esa frialdad externa, ese silencio que cala hondo en las sugestiones hacia el espectador. Jorge intenta matarlo en un principio a sangre fría, pero no puede (recordé el gran monólogo de Woody Allen en La última noche de Boris Grushenko, cuando a punto de matar a Napoleón se pregunta si realmente un hombre puede asesinar a otro estando solo y encerrado con aquel en una habitación).
    Recordemos algo: la película se inicia con el bosque de la reserva aplanado en una música tenebrosa; esto no será solo un indicio (el cadáver llegará a esa zona, el cadáver lo perseguirá) sino también la objetivación del espíritu salvaje de un hombre que ha cortado sus lazos con la sociedad: se separa de su esposa, se interna en la más absoluta soledad. Es un individuo que se ha separado de todo porque, claro, ¿hay algo que pueda justificar el hecho de matar a un hombre? Tal vez su decisión no fue lo más inteligente. Y es recién cuando se siente responsable que vuelve a tomar un rol social (el de culpable, condenado, asesino) entregándose a la policía por su propia voluntad.







FICHA TÉCNICA
Favula
Argentina, 2014, 80'
Dirección, Guión, Edición, Dirección de Arte: Raúl Perrone
Fotografía, Sonido: Raúl Perrone, Hernán Soma
Música: Dj Negro Dub, Che Cumbe, Sebastián Wesman
Producción: Pablo Ratto
Intérpretes: Lucía Ozan, Nix Noise, Alelí Sueldo, Sara Navarro, Sergio Boggio




























FICHA TÉCNICA
El resto del mundo
México/España, 2014, 63'
Dirección, Edición: Pablo Chavarría Gutiérrez
Fotografía: Pablo Chavarría Gutiérrez, Diego Moreno, Raúl Quintanilla
Sonido: Pablo Chavarría Gutiérrez, Mónica Torres
Música: Andrés Luna Ruíz
Producción: Pablo Chavarría Gutiérrez, Diego Moreno, Gonzalo de Pedro Amatria
Intérpretes: Kiara Alva, Alejandro Alva, Mónica Torres













FICHA TÉCNICA
Los muertos
México, 2014, 88'
Dirección, Guión: Santiago Mohar Volkow
Fotografía: Lluis Sols
Edición: Didac Palou
Dirección de Arte: Sebastián Narbona
Sonido: Loretta Ratto
Música: Diego Lozano
Producción: Regina Galaz, Santiago Mohar Volkow
Intérpretes: Elena Larrea, Santiago Corcuera, Florencia Ríos, Ignacio Beteta, Jorge Caballero

















FICHA TÉCNICA
Matar a un hombre
Dirección, Guión: Alejandro Fernández Almendras
Fotografía: Inti Briones
Edición: Soledad Salfate Doren, Alejandro Fernández Almendras
Dirección de Arte: Daniela López
Sonido: Pablo Pinochet
Música: Pablo Vergara
Producción: E. Villalobos, G. De Saille
Intérpretes: Daniel Candia, Daniel Antivilo, Alejandra Yañez, Ariel Mateluna, Jenifer Salas