
|
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Por
Luciana Azul Calcagno
Isabel Coixet es una figura particular del cine español. De origen catalán, filmó dos grandes éxitos (Mi vida sin mí, 2003, y La vida secreta de las palabras, 2005) con la producción del gran Pedro Almodóvar y con protagónicos de actores estadounidenses. Actualmente cuenta con un gran prestigio internacional, que le posibilitó ser una de las directoras del esperadísimo París j't'aime (2006, un film con 21 episodios sobre París, dirigida, entre otros, por Oliver Assayas, los hermanos Coen, Walter Salles, Gus van Sant, Wes Craven y muchos más etcéteras tentadores). Isabel Coixet es la mujer del drama. Sus films tocan temas angustiantes, de esos en los que nunca queremos pensar o que preferimos olvidar. Tal vez por eso ya desde los títulos de sus películas se alude a lo no dicho, a lo no mostrado, a lo que queda fuera de campo: Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras. Estos títulos se refieren a la angustia contenida, nunca demostrada totalmente pero siempre presente, que tan bien sabe representar la excelente Sarah Polley. Con respecto a La vida secreta de las palabras, Coixet le dijo a la revista Española Fotogramas de Octubre del 2005: " En mi cabeza, una plataforma petrolífera y una experiencia en Sarajevo se unen y tienen sentido. Y si en mi cabeza lo tienen, para alguien más lo tendrán. Eso es el cine para mí." Eso es La vida secreta de las palabras, un extraño experimento que combina su vivencia como documentalista en Sarajevo (con Viaje al corazón de la tortura, 2003) y su experiencia como directora de una publicidad en una plataforma petrolífera de Chile. Y de esta combinación sale una triste pero hermosa historia de amor. La vida secreta de las palabras se desarrolla en una plataforma petrolífera habitada por unas pocas personas, donde Hanna (Sarah Polley) luego de ser obligada a tomar vacaciones en su trabajo, va a desempeñarse como enfermera de Josef (Tim Robbins), uno de los empleados que tuvo un accidente y está temporariamente ciego. Buena parte del film muestra cómo se va entablando esta relación entre enfermera y paciente (Josef la llamará "Cora" en alusión a La señorita Cora, de Cortázar) y cómo la parquedad de Hanna termina cediendo ante la ternura de Josef. Este cambio de roles es fundamental: Josef, el encargado de hacer los chistes irónicos, pero también de hacer confesiones tristes, ocupará el lugar de oyente en la escena más dura (y la mejor) del film, donde Hanna hace su confesión y la historia da un vuelco inesperado. Aquí el film se enrarece, y la relación entre los dos deja de ser la protagonista, ya que aparece un tercero: la guerra de los balcanes. Esta guerra es la culpable de la eterna angustia de Hanna, allí fue sometida a las peores torturas y además perdió a su mejor amiga. La de Hanna es una angustia por vivir, una culpa por ser sobreviviente. Entre estas dos realidades lejanas oscila el film, que finalmente tendrá un desenlace alentador, donde esa barrera impuesta por la guerra será derribada (los que torturaron a Hanna eran estadounidenses: "Hablaban como tú" le reclamará Hanna a Josef). El escenario de la plataforma petrolífera está representado por los colores gris, azul y blanco, que reflejan esa vida aburrida y monótona, rodeada de agua y a miles de kilómetros de la tierra. Este contexto exige que los personajes hagan esfuerzos importantes para no aburrirse o desesperarse: Tanto Hanna como el resto de los personajes intentarán sobrevivir como pueden en el medio de ese paisaje casi deshabitado. Simon (Javier Cámara) encuentra consuelo en cocinar platos de diferentes países a diario, la pareja de Liam (Dean Lennox Kelly) y Scott (Danny Cunningham) ofrece un recital a los dos o tres espectadores que los rodean y Hanna encuentra consuelo en Josef, su confidente. La química entre Robbins y Polley se hace evidente en escena, y formam una de las mejores duplas que se han visto en el cine últimamente. Tenemos la sensación de estar espiando las escenas entre Josef y Hanna, y nos sentimos culpables de quebrantar esa intimidad. Javier Cámara y Julie Christie también se destacan con papeles más pequeños, pero igualmente sólidos. La música de Tom Waitts y de Anthony and the Johnsons acompaña las charlas entre Josef y Hanna y da cierta tristeza al ambiente, cargándolo de una angustia similar a la que llevan los personajes dentro. Sólo una cosa se le puede reprochar a La vida secreta de las palabras, y es esa voz en off que acompaña (o empaña) algunos momentos del film, que vuelve en la escena final forzosamente (en representación de ese pasado que se retira para siempre) obligando a un cierre de cuento de hadas completamente artificioso y fuera de tono, que hace que el film deje un cierto sabor amargo. Esta película es un drama, pero también es una historia feliz, porque es una historia de amor. Es una historia de la intimidad de dos personas que comienzan acompañándose casi por obligación y terminan enamorándose gracias al poder de las palabras, pero sobre todo, gracias a todo eso que no son palabras: a los mimos, a los cuidados, a los pequeños gestos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? De eso. |
![]() Ficha Técnica:
La vida secreta de las palabras Dirección y guión: Isabel Coixet. Producción: Esther García. Producción ejecutiva: Agustín Almodóvar y Jaume Roures. Fotografía: Jean Claude Larrieu. Montaje: Irene Blecua. Intérpretes: Sarah Polley (Hanna), Tim Robbins (Josef), Javier Cámara (Simon), Eddie Marsan (Víctor, Julie Christie (Inge), Daniel Mays (Martin), Dean Lennox Kelly (Liam), Danny Cunningham (Scott). |