Noi  el Albino
 


                                                               
Por Luciana Azul Calcagno
                                     
"Todos los espacios de nuestras soledades pasadas, los espacios donde hemos sufrido la soledad o gozado de ella, donde la hemos deseado o la hemos comprometido, son en nosotros imborrables".  Gastón Bachelard, La poética del espacio.

    Noi el Albino es el primer largometraje de Dagur Kári, un director islandés que en Argentina se hizo conocido en el 21º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con la proyección de su segundo largometraje: Dark Horse (2005). Dark Horse es una comedia amarga que trata la historia de algunos post adolescentes desencantados y sus más oscuras vivencias y que aquí  sorprendió por su madurez y su excelente realización.
    Noi el albino es su largometraje anterior, una historia de un adolescente con tristeza (otra más) pero que por suerte logra escapar del gran cliché en que se han convertido la gran mayoría de films de este tipo.
      El factor fundamental para que la película no sea como Thumbsucker (Mike Mills, 2005) o Donnie Darko (Richard Kelli, 2001)  es decir, para que no sea como esos films americanos independientes con los que se la ha comparado y que tratan la temática de un adolescente freak que tiene muchísimos problemas, es que en Noi el albino lo que más importa es el contexto, el espacio donde se desarrolla el film, y eso lo convierte casi en una reflexión sobre un momento y un modo de vida.
      Aquí no hay adolescentes sufrientes porque sus ocupados padres de clase alta no los entienden; aquí hay un joven que está desesperadamente solo y que está rodeado de personas (pocas, muy pocas) que parecen estar resignadas a vivir y morir en el medio de la nada.
     Noi vive en los fiordos de Islandia y tiene un padre alcohólico y violento y una  abuela prácticamente muda. Su vida es bastante monótona y transcurre entre faltar a clases y robarse monedas del tragamonedas para consumir una cerveza en el bar de la estación. Sus lugares de escape son la librería y la estación de servicio, pero allí también hay reglas fijas y una rutina agobiante.
      Afortunadamente también tiene a su novia Iris, y su gran esperanza es poder huir con ella hacia un lugar cálido (su view-master señala un paraíso con olas y palmeras, pero podría ser cualquier lugar que no sea ese desierto de nieve): "Islandia parece una escupida" le dice Noi a Iris en una visita al  museo. Este comentario podría resumir todo su odio por el espacio que lo rodea, que va aumentando a medida que avanza el film.
      Es tal vez por esto que en medio de la inmensidad de la nieve el único lugar exclusivo de Noi es un pequeño cubículo que tiene debajo de su casa, y es este mismo lugar el que le va a dar la oportunidad que la gente del pueblo le había negado. Frente al paisaje interminable, Noi prefiere el encierro y la opresión de un lugar minúsculo, que actúa  como metáfora del sentimiento adolescente de angustia y soledad.
       El punto fuerte del film encuentra su lugar en los climas que genera, ya que todos sus recursos formales están al servicio de aumentar esta sensación de agobio dada por el desarrollo de la trama, y lo logran a la perfección: la fotografía trabaja con una paleta de colores fríos (el azul y el verde serán dominantes) que nos transporta a esos paisajes helados pero a su vez los exagera, los convierte en fantásticos, haciéndolos parecer intransitables, casi pesadillescos.
      La banda de sonido está compuesta por la banda Slow Blow (de la cual Dagur Kári forma parte) y genera situaciones sombrías, por momentos angustiantes, a tono con el estado mental de Noi.
    La actuación de Tómas Lemarquis en el papel de este joven conflictuado  es brillante: el personaje es poco expresivo y Lemarquis debe expresar todas las complejidades del mismo a través de pequeñas miradas. Su rostro permanece rígido, paralizado, y es su mirada la que llega a mostrar toda la tristeza de su personaje.
     A su vez, Elín Hansdóttir representa a la perfección a Iris, esa princesa de hielo que está condenada a quedar petrificada en su puesto de la estación, que no tiene esperanzas ni deseos. Y Anna Fridrikssdóttir (Lína, la abuela de Noi) casi no tiene líneas en el film, pero es un impresionante acierto de casting: con su aspecto físico representa sin duda el  personaje más simpático y querible, y es ella la que le regala el view master (elemento pop por excelencia, y que en el film va a resultar decisivo) a Noi.
       El film también cuenta con escenas de humor acidísimo (al igual que Dark Horse) donde se muestra la solidez del guión, ya que muchas están dadas por los diálogos o las actitudes descabelladas de los personajes. Éstas le dan un respiro al film, que si no se convertiría en una larga sucesión de situaciones angustiantes para el personaje y para el espectador.
      De  hecho, la trama castiga bastante al pobre Noi: nos lo muestra sometido a tareas tortuosas, abandonado por toda la gente que lo rodea, viviendo una tragedia enorme. Pero toda esta angustia, este encierro físico y mental son superados con el plano final, sin duda esperanzador, que nos muestra la  realización de la ilusión de ese espacio otro.
    Al igual que en los sueños, el final de Noi representa un deseo realizado, pero como en éstos, este deseo es representado, y no realmente satisfecho. Tal vez por esta similitud con el funcionamiento onírico este final se aparezca como lo más poético, simbólico e inteligente de todo el film.
      Los climas generados y el excelente final separan a Noi el Albino de los films con los que se lo compara y hacen que éste, a diferencia de los otros, valga la pena.




Ficha técnica:

Noi el Albino

Nói Albínói, 2002, 90'

Islandia, Alemania, Dinamarca, Reino Unido

Dirección y Guión: Dagur Kári

Producción: Philippe Bober, Sol Gatti Pascual, Lene Ingemann, Kim Magnusson, Tivi Magnusson, Thór S. Sigurjónsson y Skúli Fr. Malmquist

Fotografía: Reasumes Videbæk

Montaje: Dagur Kári y Valdís Óskarsdóttir

Escenografía: Jón Steinar Ragnarsson

Vestuario: Linda B. Arnadóttir y Tanja Dehmel

Música: Slow Blow

Elenco: Tómas Lemarquis (Noi), Pröstur Leó Gunnarsson (Kiddi Beikon)

Elín Hansdóttir (Ìris), Anna Fridriksdóttir (Lína)