Quebrantadores de sistemas


Por Jimena Cecilia Trombetta

      Martín Scorsese nos presenta su última obra Los infiltrados, vidas cruzadas, similares y distantes a la vez. Matt Damon encarna el personaje de Collin, un corrupto oficial de policía que ha sido seducido en su niñez por el paternalismo de Frank Costello (Jack Nicholson) un mafioso narcotraficante. Y desde el otro lado, Leonardo Di Caprio encarnando a Billy Costigan, un egresado de la misma academia de policía que Collin, pero que por un pasado tumultuoso no ha sido aceptado como detective oficial dentro de la Unidad de Elite. Él es el primer infiltrado, trabaja dentro del grupo de Frank, como uno de los tantos matones, mientras que informa al Departamento de Policía, y más precisamente a quienes lo contrataron secretamente, sobre los planes de la mafia.
      Teniendo en cuenta esta breve sinopsis del film podemos asegurarnos de que no parece ser demasiado original si nos remontamos a las historias del cine negro de Hollywood (cine de género que repite su modelo con alguna que otra modificación). Incluso los contrapicados destacando la maldad y el poder del mafioso, la utilización de la iluminación buscando juegos de luces y sombras, son todas características propias de ese género.
       Pero teniendo en cuenta que el film es construido bajo la dirección de Martin Scorsese, deja de destacarse por las normas genéricas y pasa a tener una mayor importancia los movimientos de cámara, aceleramientos, ritmo y fragmentación de los planos -no sólo por la cantidad de cortes por segundo, sino también por la variedad de planos que envuelve al film en una dinámica única y propia del cineasta. Además, al director no le basta el recurso de la profundidad de campo, para mostrar la escena, sino que su fin es remarcar la reacción del personaje realizando una concatenación de planos, desde el general al detalle, para crear el sentido de la vertiginosidad  en el film -y el rescate de recursos tan antiguos como el cine mismo -hablamos por supuesto de la apertura y cierre en iris que le abre la oportunidad a Collin al llegar al Departamento de Policía y nos anticipa su propia destrucción al cerrarse sobre él-.
      Asimismo hay cuestiones que tienen que ver con la obsesión propia de Scorsese: la religiosidad cristiana que es retomada desde la contradicción y perversión de los personajes, ya expuesta en films como Pandillas de Nueva York (2002). A partir de este eje, es imposible no destacar cómo le rompen en la cabeza un cuadro con la imagen del Sagrado Corazón a una de las víctimas que van a ‘apretar’, como también es destacable que, en el departamento donde vive Collin, por la ventana se vea la cúpula de una iglesia recubierta en oro.
   Así, el poder y la religión se encuentran contradictoriamente relacionadas, y es por medio de metáforas como el director deja en claro su ideología; porque no sólo podemos mencionar el suceso del cuadro, sino que, y por ser el plano final, ver una rata caminar por la baranda de la ventana que da a la Iglesia resignifica de un modo poético la naturaleza de casi todos los personajes inmersos en el film. 
   Por otro lado, Scorsese disfruta hacer explotar la imagen, fragmentándola en mil pedazos. Fragmenta en planos detalle a la policía, obteniendo de cada una de sus partes un significado ideológico plasmado en un cuerpo x. Fragmenta la ética del hombre, dándole al espectador la posibilidad poco grata de identificarse con matones, matando al héroe y heroificando a personajes iracundos y sádicos. Y esta característica es propia de su cine, porque quien recuerde Taxi Driver (1976), puede ver claramente como el héroe (Robert de Niro) encarna a un personaje contradictorio, varias veces detestable para el espectador, pero que termina siendo un orgullo nacional.
    Todas estas características del film se pueden encontrar en la filmografía de Scorsese, un autor dentro de las normas de Hollywood y un personaje que desde dentro modifica un sistema y hasta podríamos pensar que propone otro: el suyo, que por cierto es por demás realmente apasionante. No en vano Frank, funcionando por unos segundos como alter ego de Scorsese, dice: “No quiero ser un producto de mi ambiente, quiero que mi ambiente sea un producto de mí.”







Ficha Técnica:

Los infiltrados

Estados Unidos (2006)

152 minutos

Dirección: Martin Scorsese
Guión: William Monahan
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Mark Wahlberg, Martin Sheen, Alec Baldwin, Anthony Anderson, Vera Farmiga
Fotografía: Michael Ballhaus
Música: Howard Shore
Montaje: Thelma Schoonmaker