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Hard Candy Por Luciana Azul Calcagno David Slade es un director de videoclips que llegó al cine con Hard Candy en el año 2005, luego de dirigir (entre otros) el video de Stone Temple Pilots Sour Girl. Hard Candy fue galardonada como mejor película en el festival de Sitges 2005, seleccionada para el festival de Toronto, y un éxito de crítica mundial. ¿Por qué? No lo sabemos. Es bastante extraño catalogar a Hard candy dentro de un género. Fue definida en varias oportunidades como "thriller psicológico" pero lo cierto es que se parece más a un videoclip de 90 minutos con tema polémico (resuelto con un maniqueísmo absoluto). Hayley (Ellen Page, X-Men 3 [Brett Ratner, 2006]) es una jovencita de 14 años que conoce por chat a Jeff (Patrick Wilson) un fotógrafo de treinta y pico, y quedan en encontrarse en un café. Finalmente será caperucita roja la que termine engañando al lobo feroz (por utilizar la metáfora burda que inunda todo el film, desde su cartel de promoción hasta su escena final) y Jeff tendrá que vivir una pesadilla que sin duda no se esperaba. En su comienzo Hard Candy plantea muchos interrogantes ya que gracias a la puesta en escena y al manejo actoral pensamos que la historia va por algún lado (sin duda, demasiado políticamente incorrecto) que se revierte por completo cuando Hayley y Jeff llegan a la casa de éste. Uno de los pocos aspectos interesantes del film es que transcurre casi en su totalidad con sólo dos actores en el interior de una casa y no cae en ningún momento en una estética teatral: los abruptos cortes a negro (casi Jarmuschianos), la aceleración de las escenas y el profundo tratamiento del color destilan un buen manejo cinematográfico, aunque demasiado cercano al video clip, terreno que evidentemente el director no pudo abandonar completamente a la hora de hacer este film. Estas escenas desarrolladas dentro de la casa de Jeff muestran la capacidad actoral de Ellen Page, quien pasa en sólo minutos de ser una adolescente entusiasmada con el tipo maduro a ser una chica desagradablemente perversa, obsesionada con una venganza (que por otro lado, nunca sabremos si está justificada) y completamente racional. Por suerte Page sabe ponerle matices a esta representación, y tenemos la posibilidad de verla sufrir y angustiarse en ciertas escenas, como cuando intenta dejar sin aire "por un ratito" a Jeff, aplastando su cara con papel film, o cuando la aparición de una vecina parece tirar por la borda todo su plan. Es allí donde su personaje aparece dubitativo, ambiguo y también más verosímil, porque, a decir verdad, es bastante dudoso que una adolescente intente amputar las partes íntimas de un hombre sin siquiera inmutarse, como parece mostrarlo esta niñita en esa escena tan terrible como perversa. Esto sería un detalle si el film no exigiera ningún tipo de verosímil, pero no es el caso. La ambigüedad que genera no saber realmente si Jeff hizo lo que Hayley dice que hizo hace que la tensión crezca y pone al espectador en la incómoda situación de identificarse con un posible pedófilo. Pero esto es una simple provocación que no va más allá de eso, como todo en este film. Evidentemente, Jeff no es completamente inocente, pero tampoco sabremos (hasta el final) si es culpable de lo que se le imputa. Esto hace que el film en sí no sea mucho más que este juego del gato y el ratón extendido hasta la irritabilidad, donde no se sabe nada, pero eso parece no importar, ya que el planteo moral del film queda olvidado entre las escenas de tortura y de violencia. La puesta en escena es tan planeada y delicada, la fotografía y las actuaciones son tan notables que el film hasta provoca cierto placer estético, pero justamente como no se puede separar la forma del contenido surge la inevitable pregunta: ¿Es posible narrar una historia así privilegiando tanto el costado estético y olvidando el desarrollo del conflicto, como lo hace Slade? Evidentemente, no. El film abre algunos interrogantes semi-fascistas: ¿Está bien que alguien se vengue- por mano propia- de un posible culpable de la desaparición de una niña? ¿Es necesaria la tortura física y psicológica para esa venganza? Lo más peligroso no es solamente esta idea que recorre todo el film, sino el goce, el disfrute que parece tener Hayley en torturar a su víctima. Slade pone en juego temas como abuso - tortura - venganza y lo hace con una liviandad desagradable. Se podría objetar que al menos un director independiente se interesó por estos temas polémicos, a lo que respondemos: ni se hubiera molestado. |
![]() Ficha técnica:
Hard Candy Dirección: David Slade Guión: Brian Nelson Interpretes: Patrick Wilson, Ellen Page, Sandra Oh Fotografía: Jo Willems Montaje: Art Jones Música: Harry Escott, Molly Nyman |