Hay que pagar la hipoteca
 

                                                                         Por Pamela Gionco 

        Aunque sea innecesario, aclaramos que Gracias por fumar no trata sobre el acto de fumar, sobre sus virtudes o sobre el daño que causa. Ya desde la primera secuencia establece que el fumar es perjudicial para la salud. El film comienza con un talk-show, cuyos invitados son un adolescente con cáncer, padres de sociedades anti-tabaco y un vocero del Instituto del Tabaco (un centro de investigación), creado por Big Tobacco (una tabacalera), donde se nos muestra las consecuencias, reales y discursivas, de este maldito vicio. Pero esa no es la cuestión. La acción se centra sobre el vocero, Nick Naylor (Aaron Eckhart), un defensor del diablo cuyo trabajo requiere una “moral flexible”. El personaje gana el odio del público al escupir la verdad según la cual la tabacalera no quiere que se muera el Niño Cáncer, porque perderían un cliente.
        La película crea un universo moral donde todos tienen sus propios intereses. No sólo Nick Naylor defiende al Mal “para pagar la hipoteca”. Junto a una defensora de la industria del vino y un portavoz de una organización pro-armas (Maria Bello y David Koechner), son los Mercaderes de la Muerte, un particular grupo que se reúne a almorzar y a confrontar los números de mortalidad de las actividades que defienden. Que el “ganador” sea el tabaco hace que el protagonista se vuelva más despreciable.
        El principal antagonista será el senador demócrata Finisterre (William H. Macy), quien propone una ley para poner en las cajillas de cigarrillo una calavera, símbolo de veneno. Este personaje no es menos detestable que Naylor, ya que la política se basa en las mismas técnicas, tanto en el ámbito privado como en el público: el spinning, procedimiento discursivo que se usa para manipular la opinión pública y volverla favorable sobre cierta cuestión.
        Para seguir la historia, es preciso superar la aversión por Naylor e introducir una mirada desprejuiciada sobre su ocupación. Por esta razón, el espectador debe identificarse con el hijo del protagonista, Joey (Cameron Bright), quien lo acompañará en un viaje de negocios. El viaje será el momento de los planteos. Ante la pregunta directa sobre su trabajo, Naylor afirma que si se argumenta bien, nunca estás equivocado. Mediante una maravillosa demostración retórica, le propone a su hijo defender un gusto de helado como el más sabroso, mientras que él defiende otro. ¿Quién tiene razón? Naylor diluye la contrariedad al demostrar que no importa qué defiendas, no tenés que convencer a tu oponente, sino a todo el resto. Y si el otro está equivocado es porque uno tiene razón. Así de rebuscado es el discurso, así de retorcido el oficio. Naylor apela al sueño americano de libertad de elección y a la responsabilidad individual, abusando de la ideología neoliberal norteamericana.
         El viaje de negocios en cuestión es en realidad una visita no prevista a un viejo actor de publicidades de tabaco (Sam Elliot), que actualmente tiene cáncer. Naylor, encargado directamente por el dueño de Big Tobacco (Robert Duvall), lleva una valija con dinero para ofrecerle al retirado actor, para evitar “problemas legales”. Es evidente la implicancia moral de la secuencia, pero nuevamente la retórica de Naylor minimiza lo dramático de la situación.
        Naylor también se reunirá con un productor cinematográfico (Rob Lowe) para poner en marcha un proyecto para reintroducir el tabaco en el cine, dándole nuevamente un halo de sensualidad. Esta secuencia pone en evidencia el poder publicitario del séptimo arte, ya utilizado ampliamente. Lo desfachatado y extravagante del productor plantea una mirada cínica sobre la industria, que propone ideas delirantes mientras conversa de números.
         Para desenmascarar al villano, aparece Heather Holloway (Katie Holmes), una joven, intrépida y hermosa periodista que escribe un dossier sobre Nick Naylor. Pero, como ya dijimos antes, en este universo todos tienen sus propios intereses. Una entrevista se convierte en una cita. Y una nota se convierte en descargo. La periodista devela los secretos de Naylor, confesados entre sábanas, provocando el odio de su entorno. Por supuesto, que el procedimiento de la cronista es tan amoral como la retórica del vocero. Pero, el “sultán del spin” revierte la situación al declarar delante de una cámara de televisión que ella tuvo que acostarse con él para conseguir esa información, demostrando en la práctica aquello que le había enseñado a su hijo.
       La secuencia final será una batalla dialógica entre Naylor y Finisterre, cuando el vocero sea convocado al Senado para dar su opinión sobre la propuesta de ley del senador. Es remarcable que, en los momentos en que el film puede ponerse emocional o dramático, escapa de sentimentalismos y mantiene el cinismo.
          El film debe entenderse en tres niveles de sentido: la historia de Nick Naylor, un hombre con un trabajo infame; en segunda instancia, la crítica cínica a las megacorporaciones tabacaleras, a la prensa, a los medios, a la política, al mismo cine; y, por último, la fabulosa puesta en práctica de la retórica posmoderna, que invade ciertas las esferas de la sociedad contemporánea. Como historia, es un producto más en la fábrica Hollywood. Como crítica, no es lo suficientemente ácida y corrosiva. Pero como demostración retórica, es fascinante. El guión mantiene un ritmo equilibrado, combinándose con diálogos inteligentes, a los que hay que estar atento, para no perderse entre palabras.
           El director, Jason Reitman, creció entre sets, ya que hereda la profesión de su padre, Ivan Reitman, director de maravillosos productos hollywoodenses tales como Los cazafantasmas y Un detective suelto en el kinder. Si bien es su primer largometraje, Reitman ha filmado varios cortos multipremiados. Gracias por fumar es la adaptación de una famosa novela norteamericana, con la que decidió entrar en la industria mayor.
         La actuación de Aaron Eckhart es perfecta para el personaje, donde el guiño y el gesto se combinan con sus excelentes diálogos. William Macy construye un creíble demócrata. El resto de la producción es esperable de un film hollywoodense. Siendo la primera obra de Jason Reitman, habrá que esperar para saber si el cinismo y las sutilezas de la narración son propias de la novela adaptada o de su talento para la industria.

 








Ficha técnica:

Gracias por fumar

Thank You For Smoking. Estados Unidos, 2005.

Dirección: Jason Reitman.

Guión: Jason Reitman, sobre la novela homónima de Christopher Buckley.

Producción: David Sacks

Director de fotografía: James Whitaker.

Diseñador de producción: Steve Saklad.

Montaje: Dana E. Glauberman.

Música: Rolfe Kent.

Intérpretes: Aaron Eckhart, Maria Bello, Cameron Bright, Katie Holmes, William H. Macy, J. K. Simmons, David Koechner, Robert Duvall, Adam Brody, Sam Elliott y Rob Lowe.

Duración: 92 minutos

Estreno en la Argentina: 26 de octubre del 2006