
El cine de Doris Dörrie Por María Bernarda Arrillaga, Adriana Galizio, Sabrina Gómez y Silvia Liliana Larotonda.
1. Introducción El
siguiente trabajo intentara dar cuenta del modo en que la directora
Doris Dörrie construye la mirada sobre la problemática
social alemana a partir de conjugarla con otros universos culturales.
El corpus filmográfico elegido para dicha tarea se circunscribe
a:
Nadie me quiere (1994)¿Soy linda? (1998) Sabiduría garantizada (2000) El
aislamiento alemán marcado por el momento previo a la
caída del muro en 1989 ha llevado a los cineastas nacionales al
rechazo del análisis profundo de su historia reciente. He
aquí el acierto de la directora que con tono de comedia accede
al núcleo vedado de su propia sociedad que habla de carencias
encubiertas por bienestar económico. Su universo
filmográfico se configura como un espacio de búsqueda de
identidad que se completa con y gracias a culturas extranjeras Al
acceder a universos culturales diferentes del propio, indaga en la
construcción de una mirada sobre uno mismo, lo cual al nivel de
la intriga se materializa cuando los personajes transitan la otredad.
Juego de
espejos -si se quiere en sentido lacaniano- donde el conocimiento del
otro es paradójicamente la única o mejor vía de
acceso al conocimiento del propio universo.
Creemos que el análisis de la filmografía se enriquece
ampliamente en la articulación de las categorías
filosóficas de Gilles Deleuze propuestas a partir de la
superación de la imagen-movimiento por el concepto definido como
imagen-tiempo.
Esta
superación de la imagen-movimiento por el concepto de
imagen-tiempo fue desarrollada por Deleuze principalmente para los
films pertenecientes al neorrealismo italiano, cuyo principal exponente
es Roberto Rossellini, y en tanto antecedente la producción de
Yasujiro Ozu. Estas filmografías se vuelven
paradigmáticas para tratar esta cuestión y, a pesar de la
distancia textual –que no desconocemos-, creemos que son
productivas para el análisis propuesto, dando cuenta de una
imagen más comprometida con el pensamiento.
2. Desarrollo Es
necesario recordar que Rossellini comprometido con la realidad social
de posguerra rompe con el engaño instalado en la
cinematografía de la época fascista. Sin embargo no es en
la forma de dar cuenta del contenido social donde vemos un paralelismo
entre ambos directores, sino en la necesidad de “transcurrir el
tiempo” que aparece en los personajes. Personajes que se
encuentran sin respuesta ni posibilidad de acción, por el simple
hecho de tratarse de un cine de vidente, ya no un cine de
acción.
Este
transcurrir en un tiempo otro está marcado fundamentalmente por
una cultura distinta, y es lo que le permite a la directora profundizar
en la realidad social de una Alemania pujante en lo económico y
marcada por el desencuentro personal.
“El personaje se ha transformado en una suerte de espectador. Por
más que se mueva, corra y se agite, la situación en que
se encuentra desborda por todas partes su capacidad motriz (…)
más que reaccionar registra”. (Deleuze.1987: 13).
¿Acaso no es esto lo que ocurre con el personaje de Franka
Potente en Soy linda o en las absurdas tareas que exceden la
resistencia física de los hermanos en Sabiduría
Garantizada?
La
gran crisis humana surgida de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial,
campo propicio para el surgimiento del neorrealismo, manifiesta como
indica Abel Quintana la dislocación de los sujetos con su
entorno. Frente a esto el compromiso social del cine expresó
fielmente esta perturbadora sensación. Según el autor, ya
en los ‘70 se manifiesta en el cine una búsqueda de
reconciliación entre uno mismo y el mundo. En los ‘90,
padecemos una sociedad fragmentada. “…en la que se ha
establecido una barrera entre los sentimientos humanos hasta el punto
de llegar a ser imposible que puedan consolidarse”
(Quintana.2002:175). Como él dice, una sociedad resquebrajada. Y
es en este punto donde creemos que Doris Dörrie da cuenta de esta
realidad social desencantada y fragmentada que no puede accionar
y sólo registra desde su inmensa soledad.
3.1 Acerca de Nadie me quiere
Nadie me quiere es la historia de Fanny Fink, una mujer que al
llegar a los treinta años realiza un balance sobre su vida
enfrentándose a sus dos grandes miedos: la soledad y la muerte.
Ambientada en una suerte de búnker o monobloc, el
hacinamiento y la incomunicación resultan los rasgos
predominantes de la escena. De este modo se exalta el ya mencionado
aislamiento alemán. No es casual que en Munich, lugar de origen
y hábitat de Dörrie, el 60% de las personas vivan solas,
gocen de gran libertad económica pero, al decir de la directora,
ésta sea una “libertad difícil de manejar”.
En su filmografía se plantea la búsqueda de una libertad
personal concreta, arraigada en lo cotidiano, donde la solidaridad y la
presencia del otro articulen un estado de mundo que pueda configurarse
como una unidad plena.
Es clave que la propuesta espacial del film se constituya como un
monobloc, un universo cerrado y plagado de seres otros, personajes
extraños. En el mundo de la representación, Fanny
sueña con ser otra persona. Y así realiza su viaje
interior que deviene en un dialogo consigo misma, en la búsqueda
de la felicidad y de un amor que la complete.
Aparece un doble atravesamiento por la muerte por una parte ficticio y
por otra real. Ficticio en la medida en que ella realiza un curso para
construir su propio ataúd y anticipa su funeral como modo de
aceptar la muerte. Real en tanto que la muerte de su amigo Orfeo la
lleva a un renacimiento y comprensión de sí misma.
3.2 ¿Soy linda? Sí. El
relato se construye en el ir y venir entre la abigarrada autopista de
la fría Alemania y el caluroso desierto de Sevilla en un
contrapunto constante. Múltiples personajes animan la
acción pero son las mujeres las que dan cuenta de un denominador
común: la incomunicación. Una carretera española,
una autopista alemana, una playa y un bosque son algunos de los
escenarios elegidos por la cámara de la alemana Doris
Dörrie. A través del contraste, el presente en colores deja
un lugar para el pasado perdido y ansiado en color sepia.
El
desencuentro amoroso, el engaño, la soledad, el silencio como
defensa contra el dolor, se aúnan finalmente en una
procesión de flagelantes que las enfrentan con un universo
desconocido, la fe religiosa expuesta a viva voz, un nuevo contraste
que las conmociona.
Este viaje interno, pulsión de vida, culminará cuando el
personaje de Franka Potente -que comenzó en un mutismo absoluto
al hacerse pasar por sordomuda- canta sin reparo sus deseos más
profundos al viento.
“Escándalo o milagro” que nos remite nuevamente a Rossellini. Acontecimientos que la conciencia no puede asimilar. Justamente
es en ella en quien aparece condensada la angustia existencial de
qué ser y adónde ir, es una joven que directamente quiere
ser otra, nacer de nuevo, y Dörrie metaforiza este deseo en la
escena en que el personaje arroja por los aires su cartera, eso que
pareciera ser “el símbolo de lo femenino”
3.3 Sabiduría Garantizada y lo representativo de lo ajeno. El
film relata las peripecias de dos hermanos alemanes aburguesados que
por diferentes cuestiones comparten un viaje a Tokio. Uno de ellos,
abandonado repentinamente por su mujer, se encuentra al borde de la
depresión. El otro, aficionado al arte oriental, busca renovar
sus energías místicas haciendo una suerte de
“retiro espiritual en un monasterio zen”
De este modo, el argumento permite a Doris Dörrie acceder a un universo cultural lejano y ajeno. En ese viaje los hermanos empiezan a dejar de ser dos extraños, de mantener las apariencias, y a medida que lo van perdiendo todo (pasaportes, hotel, tarjetas, dinero) se van quedando con lo puesto.
Al considerar la construcción que realiza el film acerca
de la cultura oriental se distinguen dos aproximaciones sucesivas. Para
explicar la primera sirve recordar la advertencia que realiza Santos
Zunzunegui en La Mirada Cercana a propósito del cine de Yasujiro
Ozu. El autor indica que si este cineasta es considerado la
expresión ejemplar de la japonicidad no es debido a que contenga
una suerte de esencia nacional, sino al hecho de que, para nosotros -en
tanto espectadores occidentales-, su cine provoca ese efecto de
sentido; es decir que se corresponde con el imaginario que tenemos,
propio de una mirada etnocentrista, sobre un Japón fascinante y
ajeno. Algo que también aparece explicitado en la
definición que da Edward Said de orientalismo: “(…)
es un modo de relacionarse con Oriente basado en el lugar especial que
éste ocupa en la experiencia de Europa Occidental.”
En parte es este imaginario el que está
contemplado por el film y el que modaliza la primera de las
aproximaciones a las que hacíamos referencia. Durante las
secuencias iniciales predomina el carácter irónico. El
protagonista trabaja armonizando los ambientes bajo las consignas del
feng-shui. Los detalles no faltan: desde la acción de rastrillar
la arena en torno a las rocas colocadas en el pequeño
jardín zen, el mismo que su hermano usa como cenicero, hasta la
fuente de agua que inunda el living.
La ironía antes mencionada también se aprecia
durante el viaje en tren, cuando siguiendo la lectura de los aforismos
del Tao y con la intención de consolar a su hermano el
protagonista lee: "Eres como el cielo azul y las nubes son las
preocupaciones". A continuación, y como contraplano del rostro
angustiado, se muestra por la ventana un cielo completamente nublado.
Un plano que lejos está de la armoniosa comunión con la
naturaleza que propone la cultura oriental.
En la
segunda aproximación, que se da a partir del arribo y la
posterior estadía de los protagonistas en el monasterio, hay una
construcción más compleja de la cultura zen. Durante las
jornadas en el monasterio los planos tienden a repetirse; aunque la
directora siempre utiliza encuadres similares, no son estrictamente los
mismos. Esta tendencia se conecta con la poética visual de Ozu
que, entre otras cosas, se basa en la sistematicidad de la
repetición de encuadres dando cuenta de lo inmutable del lugar
frente a la fragilidad de los ocupantes. Los escasos movimientos de
cámara, la inserción en el flujo de la narración
de planos vacíos, son características trabajadas por
Dörrie. Si hay planos vacíos, están allí en
función de un sujeto, son momentos en que los protagonistas
cesan sus actividades y están allí en medio de la
naturaleza.
Si
toma estas opciones, las recontextualiza fundamentalmente al
alternarlas con la cámara en mano que funciona como mediadora en
la aprehensión de ese otro cultural.
4. Conclusión
Lo próximo y lo lejano, Alemania-España,
Alemania-Japón, opuestos que nos trasladan de ese espacio
existencial conocido a otros territorios simbólicos distantes.
Allí se conforma a nivel de la subjetividad un nuevo marco de
referencia mental. El espacio conocido y familiar puede volverse
siniestro como en Nadie me quiere y en Sabiduría Garantizada
provocando un vacío espiritual que debe llenarse en la huida a
la periferia.
Doris Dörrie hace que sus personajes pierdan el paisaje
interno para que aflore la vieja dicotomía alemana: la
búsqueda entre pragmatismo e idealismo, entre racionalismo y
vida espiritual. Así la directora crea sus habitantes-personajes
(porque la ficción es un modo de habitar) en el universo
fílmico que la caracteriza, construyendo a partir de su propio
Yo, ese Otro que la completa.
Bibliografía Bazin, André 1966 ¿Qué es el cine? Madrid: Rialph. Deleuze Gilles 1985 Cap. 1 “Más allá de la imagen movimiento” en La imagen tiempo. Ediciones Paidós. Font, Doménech 2002 Paisajes de la modernidad. Cine europeo 1960-1980. Barcelona: Paidós. Pflaum, Hans Günther 1983 El cine en la República Federal de Alemania. Bonn; Inter Nationes. Quintana, Abel 2002 Fábulas de lo visible. Barcelona: El Acantilado. Rossés, Montserrat 1991 Nuevo cine alemán, Madrid: Ediciones JC. Said, Edward 1990 “Introducción”, en Orientalismo, Madrid: Libertarias. Zunzunegui, Santos 1996 La mirada cercana. Microanálisis Fílmico. Barcelona: Paidós. |
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