La fascinación del cuerpo

 

Por Daniela Espejo
 

   Turistas en tierras extranjeras: un típico tópico narrativo. La experiencia de un extranjero viajando por el mundo, recorriendo tierras extrañas en un estado de excitación, fascinación, alegría y relax solo posible en una situación semejante.
    Sin embargo aquí, no son jóvenes en busca de aventuras. Aquí, mujeres de cuarenta o cincuenta años, algo aburridas de sus vidas, recurren año a año a las bellas playas de Haití para descansar. Pero no sólo eso. Su pasatiempo favorito, su deleite, es acostarse con jóvenes de la isla siempre dispuestos a satisfacerlas. Parece una transacción sexual, venta de cuerpos, prostitución. Pero para ellas no es así. Aquí todo es diferente, como dice Sue (Louise Portal). Ellas llegan a encariñarse con ellos, hasta con uno en particular. Para Ellen (Charlotte Rampling), de hecho, Legba (Ménothy Cesar) es el favorito. Hasta que llega Brenda (Karen Young) a disputárselo.
    Una película que contrapone dos mundos diversos. El de las extranjeras y su descanso vacacional, con sus reglas laxas, y el de Legba, el de su realidad en su país y con su gente, con su idioma y sus reglas rígidas. Nada de vacaciones ni de relax. Y en esa relación, aparecen las máscaras. Como se dice al comienzo, las buenas se mezclan con las malas, pero todos tenemos una.
    Cada una se presenta, en primera persona frente a la cámara, como un confidente. Le cuenta cosas que sólo ellas saben, propias y desconocidas para el resto, se sacan las máscaras frente a la mirada de la cámara. Son pequeñas focalizaciones en cada una de las mujeres, nos sitúan y nos permiten entender algunas de sus actitudes. Brenda y su recuerdo del joven Legba, tres años antes, dándole su primer orgasmo a los cuarenta y cinco. Ellen y su aparente versión del sexo por dinero como escapatoria a la soledad. Sue y la tercera vía, ni romántica ni fría, sino fresca y dulce. Ella sabe que aquí todo es diferente a su Québec natal. Su disfrute es libre junto a su elegido Neptune.
Legba, por su parte, también usa la voz over para iluminarnos un poco su pasado. Proveniente de una familia de nacionalistas, luchadores por su país que se avergonzarían de verlo venderse por dólares. Porque aquí la colonización ya no es a través de las armas. El dinero parece ser un arma mucho más poderosa. Legba lo sabe y lo acepta.
    No hay culpas, el director muestra de frente zonas oscuras del deseo. Mujeres pagando por sexo a los cincuenta. Y en el medio de esta aparentemente leve temática, la otra cara del film: la miseria. Legba en su mundo, perseguido, amenazado. Nunca sabremos bien cuáles son sus delitos, pero ese lado que ellas no conocen, ese lado lejano para ellas, es el que finalmente pesa en el film. Allí, Ellen y Brenda se sentirán perdidas, no entenderán y pensarán en la injusticia del asunto. Sin embargo, su ignorancia e incomodidad frente a la realidad autóctona es tan grande que no podrán sostenerlo. Ya no hay levedad y deben decidir caminos nuevos para paliar su soledad.
    En el tercer film de Laurent Cantet que se conoce en la Argentina, el director cambia de rumbo y se dirige esta vez hacia las mujeres. Sus films anteriores, Recursos Humanos (Ressources Humaines, 1999) y El empleo del tiempo (L'emploi du temps, 2001), ahondaban en personajes masculinos en busca o faltos de trabajo. Películas que planteaban temas profundamente caros a la realidad europea, pero sobre todo centrados en ella. Aquí, Cantet propone una mirada sobre un tema incómodo, pero tanto o más político: el turismo sexual como forma sutil de colonización de los países subdesarrollados.
    ¿Cuál es el límite de la inocencia de estas mujeres supuestamente interesadas genuinamente en Legba? ¿Quizás el límite que les impone su mirada extranjera, casi indefectiblemente lejana, superficial y no comprometida con la realidad del lugar? ¿El límite entre ser un viajero y un turista?
    Preguntas todas que se abren en el film. Hacia muchas direcciones. Y la incomodidad que generan, presupone respuestas vagas, evasivas. La película da cuenta de la imposibilidad del norte de mirar al sur de frente, de mirarlo con sus límites y sus bellezas. La imposibilidad de mirarlo como un par, más que desde el pedestal de la superioridad económica. La imposibilidad de acercársele, más allá de la superficie.