14º BAFICI: Panorama / Nocturna

Invasion of alien bikini
Invasión kitsch

Por Laura Loredo Rubio

    ¿Es un gore? No. ¿Una comedia romántica? No. ¿Es un drama psicológico? Tampoco. Es Invasion of alien bikini (Eillieon bikini, Oh Young-doo, 2011), un poco de todo y un poco de nada, mezcla y burla de varios géneros y procedimientos cinematográficos. Muchos, de hecho, en exceso. Es, además, la segunda película del surcoreano Oh Young-doo, y una función trasnoche de viernes en el marco del 14° BAFICI.
    Ya desde el trailer, la película se vende prometedoramente como un mix kitsch de géneros; pero nos promociona algo que no es. Esta película surcoreana es un gran pastiche. Ahora bien, la motivación no es clara. No pretendo una lógica realista, ni una justificación causal o atada a rígidas estructuras genéricas. No quiero ser conservadora, ni que haya una censura sobre “lo mostrable”. Difícil aplicarle algo similar a un film cuya protagonista es una alienígena encerrada en el cuerpo de una humana y que busca reproducirse para no acabar con su especie. Lo que sí podría pedirse, en todo caso, es una especie de coherencia. Invasion of Alien Bikini es una parodia de géneros, pero la jugada no es a fondo. Y en el medio, la película se vuelve tediosa y monótona, abusando de los recursos efectistas que se encuentran a mano. No hay suficiente sangre, no hay suficiente amor, ni tampoco erotismo. Porque sí, de pronto, la alienígena que fue salvada por un anónimo héroe (que por algún motivo usa bigote mexicano y una remera de Obama), cansada de una seducción que no da frutos, lo duerme, lo ata y lo obliga a inseminarla. ¿Cómo? Con sofisticados juegos sexuales, que si resultaban simpáticos en un comienzo, se vuelven redundantes cuando están en exceso y sin mostrar, encima, demasiada carne. Entonces, retomo. No hay suficiente erotismo tampoco. Y cuando se apela a un psicologismo insospechado, que nos muestra un trauma paterno de manual de Freud, flashback mediante, ya definitivamente la película se excede.
    Pero alto. Atemperemos. Los primeros minutos son explosivos y prometen un bizarro film de alienígenas. La película comienza con un típico paisaje de película de terror: la ciudad desierta y marginal, un hombre que corre, solo, y persigue a alguien que resulta ser igual a él. La aclaración vendrá pronto y mediante un flashback que reconstruye la diégesis. Un anónimo héroe urbano, Young-Gun, salva a una joven de unos malechoeres que buscaban quitarle la columna vertebral. Patadas karatecas mediante, guiño a las películas de artes marciales, la salva y la lleva a su casa. Allí, nuestro héroe protege a su damisela, Mónica, dándole una potente pócima especialmente diseñada. El relato se interrumpe, de pronto, y en sobreimpresión y a través de una voz over que nos habla a nosotros, espectadores, para que observamos la jarra con los potenciales ingredientes y la explicación del efecto de cada uno de ellos produce. Aclaración: este recurso se utilizará y repetirá hasta sacarle el jugo, no sólo sin instaurar un código, sino deseando que se eliminen por completo tales intervenciones. Luego de idas y vueltas a lo largo de varios minutos, terminamos en el cuarto de Young-Gun que observa a la alienígena y la invita a jugar al yenga, en un tímido y brillante acercamiento amoroso.
    Hasta aquí, la película es buena y le provoca escandalosas risas al auditorio cinéfilo del BAFICI. Sin embargo, en adelante, se vuelve pesada y algo pretenciosa. Poco a poco, el film siembra la sospecha de que Mónica no es una víctima; el problema es que tal duda se desarrolla en el pequeño cuarto de dos por dos de nuestro héroe, a través de unos escasos movimientos de cámara, muchos de ellos largos sin razón de ser, y con la jugada de yenga como contexto. Ponen una pieza aquí, allí, ríen, y de nuevo se repite la situación. Todo perfecto, la cuestión es que cuando una película comienza con mucha persecución, golpes y un intenso amor, se espera que siga ese ritmo y no que se transforme en un homenaje al cine moderno. Para colmo, de la nada nuestro héroe revela que ha hecho un voto de castidad: excusa perfecta para que Mónica renuncie a seducirlo y apele a juegos sexuales para ser inseminada. Y  nuevamente, el exceso de la ocurrencia. La ocurrencia entendida como esa primera idea que surge en la mente, parece buena y se la usa hasta gastarla, sin que el ego sepa decir que no. Lo que se escribe, lo se filma debe tener alguna clase de justificación y no ser un conejo sacado de una galera. Los juegos sexuales se repiten una y otra vez, y si uno había creído entender la idea, la respuesta es que no, hay muchos más para mostrar. Young Gun termina por ceder y se acuesta con ella, pero no por las técnicas sino porque el recuerdo de su padre golpeándolo, y él matándolo un día, lo excita.
    A todo esto, cada tanto vemos a una brigada “anti alienígena” (los malhechores del comienzo) buscando a la joven para eliminarla. Buen intento, pero no crea suspenso porque el ritmo es lánguido y solo cada tanto nos los muestran. Los chicos llegan tarde y en su arranque de locura erótica paterna, nuestro héroe termina por inseminar a la alienígena. En un abrir y cerrar de ojos nace el niño, crece y es igual a él.
    Desear el final de una película no es un buen indicio. Invasion of Alien Bikini fue rodada con un escueto presupuesto, por esto se entiende que las localizaciones sean interiores y que no haya efectos especiales. Ahora bien, frente a alargar un film con una inconexa mezcla de procedimientos, es preferible deshacerse de varios de ellos y en todo caso, filmar un mediometraje. Parece una película realizada por un inexperto que quiso meter todos los chiches a mano.
    Viernes pasatista pero ha habido mejores.









FICHA TÉCNICA
 Eillieon bikini,
Corea del Sur, 2011, 75 min.
Dirección: Oh Young-Doo
Guión: Oh Young Doo
Producción: Jang Yoon-jung
Fotografía: Gu Chu-mo
Montaje: Oh Young-Doo
Intérpretes: Hong Young-geun, Ha Eun-jung, Choi Young-jo, Jo Hoon-young, Seo Byoung-chol