La guerra contra el terrorismo como un western

Por Jorge Medina

   Decir que el retorno de un gran director de cine a las pantallas locales es un hecho para celebrar es un lugar común de la crítica complaciente que evita de esa manera inmiscuirse en el debate y el análisis de la obra. ¿Pero qué pasa cuando esto es realmente cierto? Hablamos de Jerzy Skolimowski, director de cine polaco que, como Roman Polanski, se enfrentó con el Komitern y la censura de su país, viéndose obligado a emigrar, en este caso a Inglaterra, en la década del sesenta.
   Así, en tiempos idos de nuestra interesante cartelera porteña, se vieron las mejores películas de una cinematografía pujante, cercenada por el dictamen gubernamental polaco, de Skolimowski, puntualmente, desde Barrera (1966) hasta su película anterior Cuatro noches con Anna (Cztery noce z Anna, 2008), vistas en el Festival de Mar del Plata del 2008; junto a La muchacha del baño público (Deep End, 1970), El alarido (The Shout, 1978) y, por supuesto, su obra cumbre Proa al infierno (The Lightship, 1986), según Angel Faretta la más conradiana (por Joshep Conrad) de las películas.
   Essential Killing es un film que aparenta en principio tener las características para pertenecer al género bélico, el extremo realismo en la reconstrucción de la guerra del ocupante yanqui contra los talibanes –sonido y efectos especiales ayudan en la puesta en escena desde lo técnico- viran a una visión semi-documental sobre el trato y las torturas clandestinas a los prisioneros islámicos.
   No se trata de un inocente acusado de terrorista –si lo fue pertenece a otro relato-, este hombre al que no conocemos su mote (los créditos lo identifican como Mohammed) no logra nuestra simpatía ya que ataca gente “inocente” –sobre todo por tratarse de occidentales como nosotros-, no habla un idioma conocido, reinterpreta el mensaje coránico de paz, etc. ¿Pero qué autoridad tenemos para pensar así? En oníricos flashbacks el talibán tiene familia, un bebé, un país soleado, la promesa del paraíso si mata al extranjero invasor. En los sueños, el universo es más fantástico que el real –para el film, el bosque polar- y donde los objetos cotidianos se vuelven surrealistas –un burka azul se vuelve agua en el arroyo-, habla de una diégesis multiplicada, pues tanto la nieve como la arena del desierto son y fueron el universo del personaje y del film. Pero en la ambigüedad del relato, estos flashbacks pueden ser deseos del personaje, quizá por ejemplo no tenga una familia y sea un mero guerrero.
   Ya desde el plano inaugural este hombre anónimo es parte del relato. Un halcón negro (el helicóptero) lo busca en las montañas. Y el hombre está fuera de campo. A continuación vemos otros tres hombres, un marine y dos “civiles” –conocidos en la jerga como contratistas, seguramente de la CIA-, que se toman en solfa la guerra y la política exterior del tío Sam (se sientan a fumar haschís, quizás cultivado por los mismos afganos). Estos podrían desviar el curso de la trama, podría tratarse de su historia, pero son los que se topan con el talibán que lo único que hace es eliminarlos y es lo que hará cada vez que se ve acorralado o asustado. Los “americanos” son las víctimas, el talibán debe ser castigado. El relato toma otra dirección. Llevado a un centro de detención (Guantánamo o cualquiera de los que sus aliados esconden por el mundo), las secuencias son de interrogación y tortura.  Sin poder comunicarse, sin entender el idioma del otro (soldado norteamericano o civil polaco) matará antes que lo maten. Mediante el recurso del azar, la camioneta donde es transportado vuelca. Entonces y desde su explícita persecución, el punto de vista es el del prisionero, el talibán, el otro distinto que ahora es la víctima. Sus únicos contactos que no terminan con la muerte, una vez iniciada la fuga, serán dos mujeres y un viejo pescando en un lago congelado, a dos les robará comida (el pez y la leche materna); otra, sordomuda, (Emannuelle Seigner, mujer de Polanski cerrando el círculo iniciado en 1962, Skolimowski fue co-guionista de El cuchillo bajo el agua) le dará refugio y lo dejará libre una vez “sanado”. De haber tomado el punto de vista de los soldados sería un relato épico, acá entonces es la huida de la presa, lo que lo transforma en una visión ética (“el hombre es lobo del hombre”), el que caza a su hermano –de uno u otro bando-, el que destruye el planeta (el prisionero mata a un leñador de bosques).
   Por lo tanto, Essential killing se debe ver como un western del siglo XXI. Todos los componentes narrativos visuales están presentes; la geografía extensa e inhóspita, la ausencia de referente de la “civilización”, la naturaleza agreste y sus animales (la visión de bestias extrañas a su cultura como un paraíso para el musulmán, donde tiene todo lo que el desierto no tiene, puesto que ese espléndido ciervo astado para Occidente es símbolo del Cristo). La mujer puede ser una prostituta “de buen corazón”, de su casa salen por la noche varios hombres borrachos, uno de los cuales canta con acordeón un villancico. En el final, el talibán morirá montado a pelo sobre un caballo blanco. Essential Killing cumple todos los pasos de película del Oeste pero al revés, piense el lector cinéfilo en una obra como Winchester 73 (1950) de Anthony Mann, el periplo del héroe se puede invertir si se cambian los roles, un indio en vez del cowboy. La tradición literaria cinematográfica nos cuenta de indios salvajes malos e indios buenos; éstos son los que colaboran con el hombre blanco o los que son vistos con conmiseración, desde Fenimore Cooper a Kevin Costner doscientos años de tradición errónea. Piense el lector espectador en nuestro nuevo orden mundial que nos toca vivir. Rusos y americanos son enemigos del fundamentalismo musulmán (antiguos y neos enemigos infieles-cristianos), por lo tanto el afgano es el nuevo aborigen que ve su país y su gente arrasada. En la tortura hay nativos que sirven de intérpretes para los soldados yanquis. Si Polonia está en el Este de Europa, Afganistán está en el Este de Occidente, Europa sigue siendo Occidente. Así como un general yanqui del siglo XIX dijo “el único indio bueno es el indio muerto”, en la guerra contra el fundamentalismo islámico post-torres gemelas, se dijo lo mismo con los árabes (o con los comunistas en la década del cincuenta). En la antigüedad, el indio no tenía entidad de humano, como al menos lo tenían los negros, en la actualidad para la administración norteamericana son los talibanes y fundamentalistas islámicos los nuevos indios del cine -como fueron los vietnamitas para el general Killgore de Apocalipse Now. Se podrá objetar que, si nos ponemos a la izquierda de la izquierda, Skolimowski se va de su patria bajo la égida del Comunismo soviético refugiándose en un país monárquico. Su condición de artista lo sitúa por fuera de esas etiquetas. En casa de la mujer hay un televisor que transmite el lanzamiento de un cohete al espacio (como ese otro despegue inadvertido en la última revisión de El planeta de los simios, que preanuncia el fin de la humanidad y la secuela fílmica), tal vez este mundo jamás tenga paz. Consideraciones que podrá reforzar con la lectura del estudio sobre el western de Philip French –que no es francés sino inglés- traducido en Argentina por ediciones Tres Tiempos (1978), que recomendamos fervientemente.
   Como el género cinematográfico es un sistema y no una cosa individual, es lógico que deba tener un abordaje estructuralista (palabras más o menos aprendidas de Jane Fever, investigadora inglesa en el tema del musical); pues la sincronía del modelo Lévi Strauss permite la transformación de los géneros (o su evolución), logra un film que deconstruye el género original, reescribiéndolo. O como en este caso Essential Killing puede ser un film bélico auto-reflexivo, que transforma su género
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FICHA TÉCNICA
Essential Killing

Polonia / Noruega / Irlanda / Hungría, 2011, 83 min.
Dirección: Jerzy Skolimowski
Guión: J. Skolimowski, Ewa Piaskowska, James McManus
Fotografía: Adam Sikora
Música original: Pawel Mykietyn
Montaje: Réka Lemhényl
Producción: Jôzsef Berger, Bjarne Bjorndalen, Ed Guiney, Ewa Piaskowska, J. Skolimowski
Intérpretes: Vincent Gallo, Emmanuelle Seigner, Zach Cohen, Iftach Ophir, Nicolai Cleve Broch, Stig Frode Henriksen, David Price, Phillip Goss, Klaudia Kaca, Dariusz Juzyszyn, Raymond Josey, Pawel Baranek.

Estreno en Buenos Aires: 10 de mayo de 2012