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El extraño Sr. Horten Por Jorge Medina
El historiador suizo alemán Heinrich Wölfflin estableció a fines del siglo XIX la comparación sistemática entre las obras de arte. Para el caso, E. H. Gombrich en Norma y Forma (editorial Debate, 2000) toma dos pinturas clásicas para compararlas, una de Rafael y otra de Caravaggio, cuyo mismo tema es el de la Madonna. Para el análisis es un buen método pedagógico, pero que puede terminar falseando la relación entre ambas, pues nos recuerda que un pintor conocía el trabajo del otro. Tomemos sin embargo dos obras cinematográficas de similar tema, a propósito del estreno en Argentina de O’Horten, cuyo título local es El extraño sr. Horten, una rara muestra del desconocido cine noruego, y Umberto D de Vitorio de Sica. Entre Umberto D y O’Horten de Bent Hamer median sesenta años, varias generaciones de espectadores; son dos films que pertenecen a dos naciones con poblaciones, historias y culturas muy diferentes entre sí. Solo tienen en común en contar una historia en la que el personaje principal es un hombre que llega a su jubilación. Bajo la sombra directa del neorrealismo italiano, el film de De Sica narra una historia con mucha ternura en una puesta en escena pesimista; la fábula de un hombre en el fin de su vida. Por el contrario, O’Horten tiene una puesta ascética, comparte cierta ternura, no es nada pesimista y quizá el jubilado empiece una nueva etapa de su vida. Por eso la comparatística falla: porque son dos obras muy personales, ubicadas cada una en su contexto dentro de la historia del cine. En estos tiempos en que el cine es más impuro que nunca –a las adaptaciones literarias y teatrales hay que sumarle el cómic y los video-juegos-, estas historias nacieron para la gran pantalla y como en el caso de O’Horten parte y comparte su nacimiento desde la estructura misma del relato cinematográfico. Aunque luego de Umberto D el cine ha contado muchas historias de jubilados, esta referencia es casi inevitable. En el primer film el tono es dramático y trágico; en el film noruego nada es lúgubre, pero podríamos llegar a cuestionarnos qué sucedería si el estado nórdico y su gente fueran nada solidarios, como la Italia Liberada; quizá también el ferroviario piense en el suicidio, aunque también se hace cargo de un perrito rescatándolo de una muerte segura –en un guiño y homenaje de Bent Hamer, su film suena además desde el título, que es como Horten O- y con ello un motivo para seguir viviendo (Odd Horten tiene un objetivo que da origen a su viaje, luego de reconciliarse con su pasado mítico, como Travis en París-Texas de Wenders). Un jubilado del Primer Mundo, conductor de trenes eficientes, puntuales, eléctricos, manejados casi por computadoras, tiene mucha más sobrevida en una sociedad ordenada que cualquier otro pensionado, aunque sea igualmente un trabajador. En el film noruego, el viejo Odd Horten vivirá una serie de episodios desopilantes, absurdos, surrealistas desde lo nocturno. Cada uno de estos pasos son parte del trayecto de una noche desde el momento en que llega tarde a su “último tren” hasta su lugar de retiro, y contarlos sería contar el argumento. Algunos parecen salidos del cine de Jacques Tati y otros del Scorsese de Después de hora. El director Bent Hamer maneja los impulsos de los espectadores con profesión –tiene en su haber más de nueve películas, entre ellas Factotum (2005) sobre la obra de Charles Bukowski- que esperan la eclosión tanto de las acciones como de sus personajes. Pero no caben dudas de que así debe ser Noruega, o al menos el país que el director quiere mostrar: un territorio que vive de noche en invierno, donde las personas son amables aun si les intrusan las casas, y donde extrañamente, pese al cliché de la liberalidad sexual de los escandinavos, dos lesbianas esperan la noche de una piscina pública para nadar sin ropas. La pequeña odisea de Horten, un personaje excéntrico a nuestros ojos, bastante normal e invisible para su sociedad –una fiesta y homenaje en su honor de parte de sus compañeros de trabajo continúa sin su presencia-, preocupado en ser cortés y tener tabaco en su pipa, es una aventura cinematográfica de planos fijos y silencios prolongados, un “silencio líquido” como decía Bernanos. Pero Horten como Umberto D, viven sólo en la pantalla, por eso son más grandes que la vida. El resultado puede ser un film que parece ascético, que obtiene sonrisas antes que una carcajada (reconocemos que no es puramente una comedia), melancólico como su clima, pero cálido como el cine del Mediterráneo, y ésta parece ser su mejor baza. |
![]() FICHA TÉCNICA
El extraño Sr. Horten O'Horten, Noruega/Alemania, 2008 Dirección: Bent Hamer Guión: B. Hamer y Harold Manning Dirección de fotografía: John Christian Rosenlund Música original: John Erik Kaada Montaje: Pâl Gengenbach Vestuario: Anne Pedersen Producción: Catho Bach Christensen; Karl Baumgartner; Bent Hamer; Alexandre Mallet-Guy Producido por Bulbul Films, Pandora Filmproduktion, ZDF/Arte, MementoFilmsProd. Arte France Cinéma, Norsk Filmfond Intérpretes: Baard Owe (Odd Horten); Espen Skjonberg (Trygve Sissener); Ghita Norby (Fru Thogersen); Henny Moan (Svea); Bjorn Floberg (Flo); Kai Remlow (Steiner Sissener) Estreno en Buenos Aires: 12 de enero de 2012 |