“Simplemente hay que estar ahí”. Entrevista con Thierry Frémaux, director del Festival Internacional de Cannes.

Por Lorena Bordigoni

 

Como bien observó Diego Battle en OtrosCines, Thierry Frémaux es una de las personas más poderosas del ámbito de la distribución cinematográfica internacional. Es director del Instituto Lumière de Lyon (un museo-cinemateca con un fondo cinematográfico de los más importantes del mundo), delegado artístico del Festival Internacional de Cannes desde 2001 y, como tal, programador de la Semana del Cine Europeo en Buenos Aires. La tercera edición de este evento (organizado entre el INCAA y Cannes) se desarrolló durante la primera semana de diciembre 2011, trajo cinco de los títulos más exitosos de Cannes de este año, junto a los mismísimos hermanos Dardenne para dar una master class por primera vez en este país. La muestra coincide, además con Ventana Sur, el mercado del cine latinoamericano asociado al Marché du Film de Cannes.
    Pero por sobre todos estos títulos Thierry Frémaux cultiva una imagen cálida, hiperactiva y omnipresente: destaca su trabajo sistemático al visionar personalmente los filmes para el festival, presentó varias de las proyecciones, dialogó con el público, coordinó las charlas y atendió a la prensa local en un español relajado. Parece feliz de estar en todo y nunca delegar nada. En un acto de generosidad extrema y espontánea nos regaló unos de sus últimos minutos en la ciudad para una entrevista breve e improvisada, pero eso sí: exclusiva.

El Ángel Exterminador: En otras entrevistas dijo que hoy en día es relativamente fácil conseguir películas de países lejanos porque los DVD se envían sin demasiada dificultad, con lo cual no es estrictamente necesario viajar para mirarlas. Así, el objetivo de sus viajes pasa más por conocer el país y su gente ¿Qué nos puede decir que encontró aquí?

Thierry Frémaux: Es verdad, hace diez años o menos teníamos la costumbre de viajar para ver películas, porque no era tan fácil. Pero si hoy estoy aquí o en cualquier otra parte del mundo es más para ver a la gente. También es verdad que tenemos muchas más películas que antes. Este año, con el comité, tenemos mil ochocientas para ver, así que es mucho mejor verlas todas en París, en nuestra propia sala, para poder hacer un trabajo más serio y sistemático.
    Pero también es importante viajar, conocer la gente y sus caras, sentir lo que pasa en cada país. Yo, personalmente, estoy bastante acostumbrado a viajar por aquí desde siempre, hasta hablo un poco como un porteño [risas]. Pero con esta, que es la tercera Semana del Cine Europeo, yo creo que el éxito es mayor cada año, en esta sala tan grande que es el Gaumont. Mi impresión es que el público argentino es muy generoso y muy abierto para ver cosas bellas o cosas difíciles. Acá en Buenos Aires se siente que el cine está vivo.

EAE: Entonces la experiencia de esta visita en particular tuvo más que ver con un contacto con el público…

TF: Yo no hablaría de “experiencia”, esto es un viaje profesional. Por un lado yo tengo una relación personal con Argentina, pero eso es una cosa. La relación del Director de Cannes con Argentina es la relación formal entre un evento internacional y uno de los focos creativos más importantes en la actualidad. Últimamente esta nueva generación de directores argentinos es muy importante para un festival como Cannes a la hora de pensar el cine actual. Argentina, como México y Brasil, es una parte fundamental de la creación contemporánea.

Yo puedo hablar de mis impresiones, pero también la semana que viene voy a estar en Italia y después en China… así que viajar es algo normal, es parte de mi trabajo. Porque no es suficiente exhibir las películas en París, hay que estar acá y ver la gente, saber lo que pasa y en qué está el INCAA. Es un viaje muy corto, de tres días, pero es un viaje muy útil.

Creo que el cine argentino es un cine lleno de promesas, pero el peligro es precisamente ese: no ser más que una promesa. Este año, por ejemplo, una película argentina (por Las acacias de Pablo Giorgelli) ganó la Camerá d’or en Cannes, el premio a la ópera prima. Pero lo importante no es la ópera prima, es la segunda, la tercera obra: la carrera. A veces parece más fácil hacer una primera película buena, una película que viaje por festivales y tal. Pero eso no hace una verdadera carrera, no construye para el artista una posición fuerte dentro del cine mundial. Me parece que el cine argentino necesita poner más atención, no solamente en los nuevos directores sino también necesita ayudar al resto a seguir haciendo películas. Es como una marca que la diferencia de otros países: Argentina siempre tiene “un montón de nuevos directores” [y abre los brazos como para mostrar un montón muy grande]. Es verdad que está Trapero, pero eso no es suficiente. ¿Dónde está Celina Murga? Yo todavía estoy esperando la nueva película de Lisandro Alonso o de Lucrecia Martel. A mí me gusta mucho su trabajo, pero del éxito al olvido se puede pasar muy rápido, por eso es que hay que poner cuidado. Hay que cuidar el futuro, no solamente el presente; y el futuro también se escribe con gente que no es ni “joven” ni “nueva”.

EAE: Hay quienes analizan los festivales de cine como células de una red trasnacional, como fenómenos muy ligados a la globalización. Sin embargo y al mismo tiempo cada festival trabaja sobre una cierta identidad propia. ¿Cómo se elabora esto desde Cannes?

TF: Cannes tiene una posición muy especial en el mundo; no es posible hablar de él como del resto de los festivales. En esos casos depende de cada país. A muchos países las películas extranjeras no llegan (por fuera de las norteamericanas, claro), no tienen un lugar en el mercado de las salas comerciales. Por eso, para mí es muy importante que sigan existiendo en todo el mundo. No es lo mismo que un DVD. Como vimos en estos días, los festivales son una ocasión para encontrarse con los Dardenne, por ejemplo. Ellos estuvieron acá [señala firme la mesa] para hablar con el público, como los escritores cuando firman ejemplares o los cantantes en escena. Existen los discos, sí, pero el contacto físico en un concierto es diferente. Lo que hicimos aquí cada noche fue como un concierto de cine. Anoche, por ejemplo fue la función de la película de Lars von Trier (por Melancholia que se exhibió en el Gaumont, a sala llena el jueves 1 de diciembre) fue un momento en el que…  simplemente “había que estar ahí” [otra vez, señala el “ahí” firme y repetidamente].

EAE: Brevemente ¿qué podría explicar de la tarea, del trabajo en el festival, tanto en los días de Cannes como durante el resto del año?

TF: Bueno, durante el año somos quince; en el momento del festival somos mil quinientos, esto implica que es una tarea lenta, que empieza realmente en octubre-noviembre-diciembre para acelerarse en enero-febrero-marzo. El trabajo para mí es un viaje, un viaje virtual adentro de la creación contemporánea y a través de mil ochocientas películas, de las cuales yo tengo que seleccionar cincuenta: veinte para la competencia, otras veinte para Un certain régard (la legendaria sección de mayor “riesgo” estético, dentro de la selección oficial) y otras para proyecciones especiales: la apertura, la clausura, etc. Este viaje se hace muy lentamente, porque hay que ser muy exigente y al mismo tiempo muy generoso: mi trabajo es mirar mil ochocientas películas y decir mil setecientas veces que “no”. Y solamente cincuenta veces “si”. Eso no es nada fácil.

EAE: Para muchos de los festivales que reúnen películas de diversas partes del mundo, una de las funciones que se adjudicaban es la del descubrimiento. Muchas veces los festivales se asignan el poder de descubrir nuevos autores, nuevos talentos o incluso nuevas geografías (en particular con América Latina y otras cinematografías por fuera de Europa). ¿Cómo piensan esto desde Cannes?

TM: Bueno, sí, en parte es cierto: poner nuevos nombres en el mapa del cine mundial es un deber del festival. Pero también, como ya dije, hay que reforzar el trabajo del resto de los directores. Es algo muy amplio; por ejemplo, en Cannes existe Cannes classique para todo lo que es patrimonio (una sección que existe desde 2004 y que exhibe copias restauradas de grandes clásicos). Pero también es una ocasión para saludar a Nanni Moretti, a Terrence Malick, directores que no son “del pasado” sino que ya tienen una carrera. Para mí es un trabajo global.

EAE: Respecto de la Semana del Cine Europeo, el excelente ciclo que se vio aquí en Buenos Aires, ¿en qué medida se pensó estas cinco películas como representativas de un cierto estado del cine europeo?

TM: Sí, claro que son representativas, pero bueno … en el mundo del cine siempre hay que manejarse dentro de la disponibilidad de copias, del material, etc. y son solamente cinco películas. Así que es una “foto”, no es una conclusión. No es para decir “Acá tenemos el cine Europeo”, es más bien “Acá tenemos algo de lo que se puede hacer”, con directores muy renombrados como los Dardenne o Lars Von Trier, y con algo de descubrimiento con autores como Paolo Sorrentino. Es mostrar apenas una cara de la creación de hoy, pero yo podría hoy mismo hacer otras cuatro o cinco selecciones diferentes.

EAE: Le agradecemos enormemente su tiempo y su amabilidad.

TM: Muchas gracias a ustedes.







Thierry Frémaux 
(Foto de Unifrance)