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Entrevista a Pablo Giorgelli Por Griselda Soriano
Las acacias
es la gran sorpresa argentina del circuito de festivales 2011. Desde
que ganó la Cámara de Oro a la mejor ópera prima
en Cannes, la película no ha dejado de recorrer el mundo y
cosechar premios. “Sarajevo, Lima, Asunción, Toronto,
Biarritz, Lituania, Busan, Bombay, Hamburgo, Oslo, Londres”,
enumera Pablo Giorgelli, su director, egresado de la FUC pero a
años luz de los debutantes veinteañeros que suelen poblar
el BAFICI. Luego de algunos trabajos como editor, Giorgelli
dedicó varios años a la concreción de su primer
film, y sin duda es sincero cuando dice “mi primera
película llega a mis 44 años, lo cual me sorprende hasta
a mí mismo”.
Centrada en el viaje de un camionero obligado a transportar a una mujer y su beba, o más bien en la relación que va creciendo entre estos personajes solitarios, Las acacias es una película intimista, donde los conflictos tardan en revelarse pero existen. Quizá eso sea lo que cautivó a los públicos más variados: su capacidad de apelar a la emoción con mínimos pero rigurosos elementos. El Ángel Exterminador: ¿Cómo fue el proceso de gestación y preproducción del proyecto? Pablo Giorgelli: Fue un proceso largo: me tomó cinco años en total hacer la película. Desde las primeras ideas, que aparecieron allá hacia fines del 2005, cuando todavía ni existía la idea de un viaje en camión, hasta la copia final que tuve solo unas semanas antes de viajar a Cannes, en mayo pasado. Fueron unos dos años, entre idas y vueltas, escribiendo el guión junto a Salvador Roselli, y a fines del 2007 ganamos el premio Coral al mejor guion inédito en La Habana, el cual incluía la posibilidad de un adelanto de compra de derechos por parte de TVE que finalmente se concretó y ahí comenzó a armarse la cosa. La segunda etapa fue empezar a trabajar ya en la concreción de la película propiamente dicha. Fueron unos dos años más para terminar de reunir los fondos (crédito del Incaa y una pequeña ayuda de Ibermedia principalmente) y simultáneamente estuve haciendo el casting (fueron casi dos años de casting). Luego rodamos unas cinco semanas, unos siete meses de montaje, en casa, con mi mujer, María [Astrauskas], que es la editora de la película, y unas catorce semanas de sonido, y luego los procesos de laboratorio. Tal vez cinco años parezca mucho tiempo, pero yo no lo veo tan así; fue el tiempo necesario para mí para poder llegar al punto de maduración justo en cada una de las etapas. Durante estos cinco años, todo el proceso fue un gran trabajo de sustracción, de ir quitando escenas, diálogos, situaciones, hasta quedarme con lo que consideraba esencial. Y fue muy bueno para mí trabajar de este modo porque pude trabajar con total libertad. Claro que el punto débil de esta forma de trabajar es el aspecto económico: hay que arreglárselas para vivir de otras cosas… Tengo una productora (Proyecto Experience, que es una de las compañías que produjo la película) de desarrollos temáticos, y también un bar en Buenos Aires, hace once años. EAE: La película tiene una apariencia muy austera, pero detrás de un film como este hay una producción compleja. La filmacióm de toda road movie podría ser una road movie en sí misma. ¿Cómo fue este viaje para ustedes? PG: Fue un viaje especial para mí, muy lindo desde lo personal y creo que hablo por el equipo también; disfruté mucho del rodaje en todo momento. Y claro, esto se debe al gran trabajo previo realizado. Tuve unos productores de lujo en Ariel [Rotter] y Verónica [Cura]; la verdad es que me hicieron las cosas mas fáciles, me evitaron en todo momento cuestiones que no sean exclusivamente de dirección y también me ayudaron mucho en este punto con su mirada, especialmente Ariel que es un excelente productor pero principalmente es director. Me apoyé mucho en él, sobre todo en el guión y la puesta. Y luego creo que la clave de que el rodaje resultara exitoso se debe a la planificación que diseñaron Juan Pablo Miller (director de producción) y Mariano Biasin (asistente de dirección). Había un muy buen clima de trabajo y al mismo tiempo mucho rigor en el plan, y siento que fue importante que el rodaje se lleve a cabo de esta manera, que tiene que ver con el resultado obtenido. Me preocupé especialmente por elegir un equipo, técnicos y actores, que ante todo sean buenas personas. No me entusiasma mucho la idea de lograr un resultado de cualquier modo. La bebé, por ejemplo, a los dos días de comenzado el rodaje ya andaba en brazos de los eléctricos… Eso, creo, resume un poco el humor de los dias de rodaje. Pero también fue una película muy complicada de hacer, muy difícil. Como decís, la película luce muy simple y muy austera, pero lograr esa austeridad fue algo muy complejo de llevar a cabo. Filmar en movimiento ya es complejo de por sí, dependés todo el tiempo de las condiciones del clima, de cortar rutas, del estado de la ruta… Y filmar con un bebé de cinco meses que está en el 80% de las escenas tampoco es fácil… ¡Hasta perros hay en la película! Y, a pesar de ser una película de presupuesto pequeño, había un equipo de 35 personas promedio en el rodaje, (algunos días más), tres camiones, autos de producción, dos bebés con sus respectivas madres; en fin un poco una caravana de circo. Pero traté de evitar en todo momento que la parafernalia técnica y logística se “metiera” en la cabina del camión. Y una de las claves para obtener esto fue que no siempre filmamos con un camión real. La cabina era un espacio sagrado y creo que esa decisión finalmente fue clave para poder lograr el tono íntimo que la película transita. EAE: ¿Cómo y cuánto influyó esta experiencia de rodaje en el resultado final de la película, en relación con el guión y la planificación previos? PG: La película se parece mucho al guión (el otro día, en un festival, alguien me dijo: "Tu guión debe tener 12 paginas", y yo le dije: "No, ¡tiene 85!"). El guión ya planteaba detalladamente cómo eran las escenas, qué pasaba y cómo sucedían las cosas. Incluso las escenas sin diálogos están escritas detalladamente, las acciones y los estados de ánimo. Así que, básicamente, toda la planificación se desprende del guion. Luego vas ajustando los planes al definir locaciones, necesidades técnicas y artísticas, pero lo principal estaba en el guion. EAE: El elenco de la película es complejo y variado: incluye un actor experimentado, una actriz no profesional y una beba. ¿Cómo fue la elección, y sobre todo el trabajo con esos actores (incluyendo a la pequeña Nayra), tan importantes para la película? PG: Me tomé mucho tiempo para definirlos. Para mí era fundamental acertar en el casting; es uno de los puntos clave de la película, no podía fallar ahí porque la película son ellos esencialmente. En el caso de Rubén, al comienzo hice casting de camioneros reales durante un año, casi. Vi muchos, pero no apareció ninguno que me gustara. Creo que tuvo que ver con que yo no estaba dispuesto a improvisar, a seguir a alguien, sino que para mí era importante respetar el guión y que Rubén fuera como lo había imaginado. Entonces me decidí a hacer casting de actores y ahí apareció German de Silva, ¡por suerte! Fue muy fácil trabajar con él, nos entendimos muy bien enseguida. Germán entendió rápidamente el espíritu de Rubén y sobre todo el tono que yo quería para la película: esa idea de no remarcar, no subrayar nada. El mejor elogio de su trabajo fue cuando la vez pasada, al terminar una de las proyecciones, alguien preguntó: "¿Él es actor o es un camionero verdadero?". En el caso de ella fue más curioso como apareció, porque Hebe era la asistente de producción de la persona que hacia el casting en Paraguay, y luego de varios meses de búsqueda y de ver muchas mujeres en Asunción y alrededores (mi idea original era también trabajar con una no actriz), surgió la idea de hacerle una prueba, y fue sorprendente. Hebe no es actriz profesional, no trabaja de eso y este es su primer papel, pero siempre digo que es una tremenda actriz natural, intuitiva, con una gran inteligencia emocional. Y al igual que Germán, Hebe entendió de inmediato quién era Jacinta y le aportó matices y aspectos de su nacionalidad paraguaya que enriquecieron mucho al personaje. Y cuando la junté con la bebé fue mágico. Parecían madre e hija realmente, y aun hoy viendo la película me parece mentira que no sean madre e hija en la vida real. Y la beba, Nayra, qué puedo decir… ¡fue un milagro! Apareció sólo un mes antes del rodaje, y ya en el casting me di cuenta que era especial: me miraba fijo a los ojos y no me retiraba la mirada, hasta me intimidaba un poco. Nuestro mérito, tal vez, fue planificar el rodaje mayormente en función de ella, de sus tiempos, esperarla, seguirla. La mayoría de las escenas del bebé estaban escritas en el guión, y como eran las cosas lógicas que hace cualquier bebé (comer, dormir, llorar) yo confiaba en que en algún momento las iba a hacer; sólo había que estar listo con la cámara para filmarla. Creo que también, para lograr esto, funcionó muy bien también la idea de la puesta: filmar casi toda la película cerca de ellos, desde dos puntos de vista casi exclusivamente, olvidarse de los paisajes y el punto de vista exterior tan común en las roads movies. EAE: Detrás de la aparente sencillez de la película, hay una planificación rigurosa: la puesta está construida en base a primeros planos de los protagonistas dentro del camión; incluso para una road movie, es una decisión formal fuerte. ¿A qué se debió esta decisión? ¿Cómo encaraste el film desde lo formal? PG: Creo que nunca la terminé de sentir como una road movie. Al comienzo no tenía tan claro cómo filmarla, pero cuando empecé a meterme con el tema de la puesta fueron apareciendo las primeras ideas. Como comentaba antes, en este punto trabajar con Ariel Rotter fue de gran ayuda para mí a la hora de poder pensar la puesta. La idea base de la puesta es sencilla pero contundente. Y busca lograr capturar la misma esencialidad que busca el relato: son ellos, los personajes, lo que importa; es el conflicto interior de ese hombre lo que quiero contar. Ahí empieza a surgir la idea de filmar toda la película cerca de ellos, de ver el viaje a través de sus ojos: vemos lo que los personajes ven, a través del parabrisas (y también a través de los enormes espejos del camión). Debo confesar que al comienzo estaba con cierto temor de filmar toda la película de este modo. Algunos colaboradores me decían: ¿no vas a filmar ningún paisaje? Diría que mi mayor desafío como director fue resistirme a las tentaciones, mantener la rienda corta hasta el final. Uno quiere filmar mil cosas, ves cosas alucinantes que suceden a tu alrededor… La frontera entre Paraguay (Puerto Falcón) y Argentina (Clorinda) por ejemplo ¡no se puede creer! Es para hacer una película entera ahí... Pero creo que fue una gran decisión ceñirme a esta idea, crear una cajita para ser libre ahí adentro: dentro vale todo, fuera nada. Y lentamente comencé a enamorarme y a convencerme de esta idea de filmar toda la película desde arriba del camión, desde el punto de vista de los personajes y a sentir que eso le daría una identidad propia a la película. EAE: ¿Cómo sentís que influyó tu experiencia como montajista a la hora de realizar tu primera película? PG: El montaje es la etapa que más disfruto de todas. Es una etapa más íntima, donde terminas de encontrar la película, finalmente la ves correr ante tus ojos, la película es eso y no otra cosa. Y a veces puede ser muy decepcionante, ya no hay remedio. Yo aprendí a hacer cine siendo montajista (mi primer película como editor, Moebius, junto a Alejandro Brodersohn, la editamos completamente en moviola; hasta ajustamos los doblajes en moviola). No compaginé muchas películas pero siento que ahí aprendí verdaderamente cómo funciona el lenguaje cinematográfico, y a través de las películas que fui editando también fui aprendiendo a conocer mi propio gusto. Pero en algún punto nunca me sentí un montajista completamente; sólo edite 4 películas. Internamente siempre me sentí director, a pesar de que mi primera película llega a mis 44 años, lo cual me sorprende hasta a mí mismo…. EAE: Las acacias está teniendo un excelente recorrido en los festivales internacionales. ¿Cómo estás viviendo esta experiencia, siendo que se trata de tu opera prima? Y ¿a qué atribuís esta recepción? PG: Creo que tiene que ver con la universalidad de la historia que se cuenta en Las Acacias. Con su esencia profundamente humana. Estoy feliz y emocionado con todo lo que viene pasando. Y sorprendido porque la película está funcionando muy bien en países muy distintos. Desde que llegó la invitación de Cannes para competir en la Semaine de la Critique, la película ha tenido un recorrido internacional enorme y se ha vendido a varios países (Francia, Inglaterra, España, Grecia, Croacia... y hay varias ventas más a punto de cerrarse). Los premios y los festivales son muy importantes para películas pequeñas, presupuestariamente hablando, e independientes como la nuestra. En el caso de Cannes, el premio de la Cámara de Oro a la mejor opera prima ha contribuido especialmente a este recorrido internacional y a estas ventas, que siendo franco, meses atrás ni imaginaba… La película se ha proyectado en Sarajevo, Lima, Asunción, Toronto, Biarritz, Lituania, Busan en Corea, Bombay, Hamburgo, Oslo, Londres…. En todos los lugares donde se proyectó el recibimiento fue muy bueno y muy parecido. Los comentarios del público sobre la película son muy parecidos en los diferentes países. Y también las palabras de los distintos jurados que premiaron la película: en Cannes, San Sebastián, Biarritz, Lima, Oslo… Básicamente todos dijeron algo parecido: que se habían conmovido con la película… EAE: ¿Cuáles son tus expectativas con respecto al estreno en la Argentina? PG: Estoy muy ilusionado, tengo grandes expectativas. Siempre fue importante para mí poder estrenar la película, dignamente. Veo que la película está siendo muy bien recibida por públicos muy distintos... Un poco lo que te decía en el punto anterior, desde Busan en Corea hasta Lima o Asunción en Paraguay la gente que la vio ha conectado muy bien con la película y se ha sentido conmovida por la historia. Estoy ansioso, la verdad. Si fuera por mí hubiera estrenado antes en Argentina pero no fue posible. Pero estoy contento, finalmente estrenaremos el 24 de noviembre, en varias salas importantes y eso es lo que quería. Está buenísimo ir a los festivales pero para mí es muy importante ir a las salas comerciales y no solamente salas de arte. Poder estrenar comercialmente, significa completar el ciclo, siento que ahí se cierra el círculo. Mi deseo es hacer películas que sean vistas por la gente, no solamente ir a festivales. EAE: ¿Ya sabes cuál será tu próximo proyecto? PG: Aún no lo sé…. Tengo varias ideas, un poco vagas por el momento, pero hay una que está inspirada en mi abuela, y cuenta las relaciones de una familia en el barrio de La Boca, donde nací y viví toda la vida. Se llama Mi abuela Julia, por el momento, pero es más una sensación que una historia aún… Cuando regrese a casa, luego de esta gira loca por festivales, y vuelva a la vida “normal”, al mercado, a regar las plantas, veremos si sale algo y si es esta historia u otra.* *Una versión resumida de esta entrevista
fue publicada en la revista Haciendo Cine |
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