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26º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata - Competencia Latinoamericana El campo Por Luciana Calcagno
Pero ahora nena quisiera volver, volver a casa...
Intoxicados El catálogo, en días de festival, es el equivalente del apunte para el estudiante culposo: hay que llevarlo siempre encima. Salir solo con la grilla de programación es un error que podríamos pagar caro, pensamos. Todo esto, si, claro, pertenecemos a la –cada vez menor- cantidad de gente sin smartphone. Si no, lo consultamos online y listo. Pero nada como un libro. Y un catálogo, es, en el fondo (y, en este caso, en su brillosa y negra superficie) un gran libro. Forma parte de las múltiples obras de ficción que nos entregan los festivales. Lo leemos con fruición antes, durante y después del festival. Siempre volvemos a él. Le damos un lugar privilegiado en nuestra biblioteca. Es un lindo objeto. Pero, hay que decirlo, hay pocas cosas tan mentirosas como el catálogo. Según éste, todas las películas son la película. ¿Cuántas veces nos ha pasado ver un film y enojarnos con el catálogo? Casi todas. Es por eso que, cuando leímos en el catálogo que El campo ( Hernán Belón, 2010) poseía elementos de “relato fantástico y de terror” fingimos que no nos afectarían ni Dolores Fonzi, ni Leonardo Sbaraglia, ni el campo en el que se desarrolla la historia. Pero claramente eso no fue lo que sucedió. Durante la primera parte del film hay un clima subyacente que, potenciado por un ambiente que incluye una “tapera” (excelente descripción de la casona por parte de una Dolores Fonzi ávida de volver a la ciudad), árboles viejísimos, cañerías ruidosas y vecinos misteriosos, nos hace creer que estaremos ante un notable y terrorífico experimento de cine de terror con actores famosos y una beba. Pero esta sensación se va desvaneciendo a medida que avanza el metraje y vemos que el problema del matrimonio es que no comparten un proyecto de vida y que, dada su situación, deberán encontrar una solución. Entonces, el film se puebla de discusiones, gritos, gestos de angustia de Fonzi, y de ira contenida ( y no tanto) de Sbaraglia. Como si eso fuera poco, tenemos el instante NCA por excelencia, que la encuentra a Dolores reflexionando sobre la vida y la muerte en el medio del más deprimente y bucólico paisaje. Sin embargo, hay que reconocer que hasta que entendemos que el problema que presenta el film no radica en un afuera desconocido sino en el interior de la relación, El campo se muestra como un film misterioso y hasta escalofriante, gracias al entorno y al trabajo actoral. Y cuando la posibilidad del terror se agota, los protagonistas acompañan bien este pasaje y muestran una buena química, sobre todo en las escenas de fuertes discusiones. Mención aparte merece el impecable trabajo de fotografía y de edición de sonido, que nos introducen en el paisaje por completo. Los toques de humor e ironía dados por los pensamientos porteños de Fonzi ayudan a sobrellevar lo denso (por lo solemne de los pensamientos filosóficos, por lo rutinario y desgastante de las peleas) que se vuelve el film, sobre todo hacia el final, donde la intolerancia llega a un punto en el que hay que decirle “chau al campo” (nuevamente Fonzi, con las palabras justas), y pensar alguna solución para un problema que (final abierto mediante) probablemente siga existiendo en la ciudad. |
![]() FICHA TÉCNICA El campo Argentina/Italia/Francia, 2010 , 85' Dirección: Hernán Belón Guión: Hernán Belón, Valeria Radivo Fotografía: Guillermo Nieto Edición: Natalie Cristiani Dirección de arte: Sonido: Fernando Soldevila Compañía productora: Walter Cornás Bastiana Films, Hernán Belón, Skydancers, Cine-Sud Promotion Intérpretes: Dolores Fonzi, Leonardo Sbaraglia, Matilda Manzano, Pochi Ducase, Juan Villegas |