Diez años de un sueño cinéfilo: Cineclub Municipal Hugo del Carril (Córdoba). Entrevista  a Guillermo Franco, programador.

Por Pamela Gionco

    El Cineclub Municipal Hugo del Carril cumplió diez años. El decimonónico edificio que lo alberga pertenecía, en su época, a una asociación mutual italiana. Ubicado en Boulevard San Juan 49, por su vereda pasa toda Córdoba, y siempre tiene las puertas abiertas e invita a pasar a quienes amen el cine, a quienes les guste, un poco o mucho, o a quienes siemplemente quieran ver un algo más. Además de las proyecciones que caracterizan a todo cineclub, tambien se dictan cursos, charlas, conferencias. Sus instalaciones cuentan con dos salas en el interior, un espacio al aire libre, una videoteca y una biblioteca especializada donde cinéfilos y curiosos pueden acercarse al séptimo arte. Aprovechamos la Semana Internacional de la Critica, organizada por el Cineclub en julio de 2010, para conversar con Guillermo Franco, uno de sus programadores, que vivió la historia de esta institución.


El Ángel Exterminador: ¿Cómo empezaron con el Cineclub Municipal?
Guillermo Franco: En la vida uno tiene ilusiones, de esas cosas impensables que uno sueña que algún día se puede llegar a cumplir. Una de esas ilusiones es la de este espacio. No había nada parecido en esta ciudad, a lo que es hoy esto.
    Siempre recuerdo que sentía envidia (sensación que, depende de como la tomes, puede ser saludable o enfermiza) por la Cinemateca Uruguaya. Cuando fui hace 15 años, y ví todo lo que ellos tenían ahí, me pregunté por qué no podíamos tener aunque sea la cuarta parte de eso en Córdoba. Después el tiempo revirtió esa situación, y se nos dio la posibilidad de crear esto. Muchas de las ideas que se volcaron acá, como la de contar con una biblioteca especializada en cine, eran cosas que yo había visto allá y que transladamos, porque acá no se sabía qué hacer ni cómo hacerlo. Teníamos sí la cinefilia, la pasión, estaba todo eso, pero había que tener ideas y darles forma. Sabíamos que iba a haber una sala para proyectar películas, pero este teatro tenía espacio suficiente para hacer más cosas. Uno de esos espacios era, por ejemplo, una escuela de peluquería. Me preguntaron: “¿Se te ocurre qué se puede hacer acá?”, y me acordé y dije: “Una biblioteca especializada en cine” [el cartel indicador de la biblioteca aún continúa en el lugar donde ahora hay otra sala]. "Bueno, dale", me dijeron. Y tuve que hacer un listado de 500 películas, de 250 libros, todos dedicados al cine. Tuvimos que conseguir el número de ISBN, el nombre de los autores y de los títulos de libros, las editoriales para comprar. ¡Era una locura! Y se hizo.
    Al principio, hacíamos una sola función de cine por día. De lunes a viernes, a las 8 y media. Esto ahora es una locura de 6 funciones diarias, de lunes a lunes. Al punto que nos planteamos que estábamos yendo a más revoluciones de lo que el proyecto debería hacerlo… Hoy estamos ahí, buscando un equilibrio.
    Pero el principio de todo esto es otro cineclub que estaba también acá en Córdoba, de prestado en una sala, que se llamaba El ángel azul. La gente que llevaba adelante ese proyecto le ofrecía a las autoridades municipales, una vez por año diría yo, un proyecto de oficializar aquello, de hacerlo más sistemático, más permanente, porque todo pendía de un hilo: en la sala, un día nos decían: “sí, pueden hacerlo”, al otro día: “se tienen que ir”… Era un poco inestable.
    Las sucesivas intendencias les fueron diciendo que no, siempre, a esos locos que querían hacer esto. Hasta que un día una dijo que sí. Y nos trajeron acá [al edificio donde funciona el Cineclub]. Éramos 5, 6 personas de aquel emprendimiento. Nos mostraron el lugar y nos preguntaron: “¿Qué les parece? ¿sirve?”. "Sí, claro que sirve. Es muy grande". Parecía demasiado para las pretensiones que teníamos. Después, el tiempo lo hizo quedar chico. Vos fijate que esto es una repartición municipal…. Y sin embargo funciona de lunes a lunes. Tiene siempre sus puertas abiertas. Eso es medio raro, es una cosa extraña.

EAE: Como dijo Rosembaum, es único en su tipo.
GF: Yo no sé si es único. Hay lugares que siempre tenemos en la mira, porque les prestamos atención, porque nos gusta lo que hacen, porque son ejemplos para nosotros y porque tratamos de entrar en sintonía con ellos. Puedo enumerar la Sala Lugones del Teatro San Martín, el Malba.cine, la Cinemateca Uruguaya, los cineclubs de Rosario, de Santa Fe.
    El tiempo hizo que tejiéramos redes con todos ellos. Nos pasamos materiales, nos avisamos de ciclos de cine, itineramos por esos lugares, cuando es posible, las muestras de cine. No vayas a creer que esto es único. Sí es verdad que es diferente a todos los otros, y lo queremos como si fuera único, pero es uno más… y afortunadamente no es único. Está bueno decir que es único, pero también está bueno decir que no lo es, que hay otros lugares como este, y que entre todos se lleva adelante esto de la cinefilia, lo del amor o la pasión por el cine.


EAE: Me llamó la atención que haya tantos cineclubs, tanto en la ciudad como en la provincia de Córdoba. ¿Cómo se relacionan entre las instituciones?

GF: No hay una fórmula que te diga qué hacer. Supongo que en ninguna actividad la hay. En el cineclubismo menos que menos, porque es una actividad que no está siquiera reglada, no hay reglas. El cineclub, por momentos, es visto como un cine comercial más. Si vos me hablás de la relación con los distribuidores… y bueno, hay que pagar los alquileres, y tributar el 10 % de las entradas al Instituto para el fomento al cine argentino. En muchos sentidos, el Cineclub es como un cine más. Y en ese sentido, y en otros, nosotros queremos que la proyección, la calidad de imagen, sea igual a la de la mejor multisala. No pretendemos que esto sea una ratonera donde vienen cuatro gatos locos a calentar las butacas todos los dias, y transformen en una élite de enfermos cinéfilos. Queremos que vengan todos, con otra propuesta, que el abanico se expanda todo lo posible. Esas cosas nos equiparan a una sala común.
    Otras  cosas nos alejan de eso. Somos una cosa intermedia. Y a la vez, nos dimos cuenta con el correr de los años que si acotábamos las actividades de la casa a lo cinematografico de manera exclusiva, estábamos perdiendo algunas chances. Nos pasó con un muchacho que trabajaba acá y que tenía un grupo de música. Insistía con que su grupo actuase en la sala mayor. Nosotros veniamos del palo del cine y no queríamos perder este espacio para otras causas, y siempre le decíamos que no, que no, que no. Él insistió tanto que un buen día le dijimos que sí, pero que lo organizara él, que se encargara de todo, que saliera lo mejor posible; él se daba el gusto y volvíamos a lo nuestro.
    El evento salió tan bien... Era un grupo de cinco integrantes que hacían hip hop. Y los chicos tuvieron una picardía: por cada tema que tocaban invitaban a dos o tres músicos diferentes. Es decir que en un show de 15 temas, por dos, eran 30 músicos invitados, más los 5 de la banda, eran 35 personas en escena. Multiplicalo por el padre, la madre, la sobrina, y la hermana de cada uno de ellos… esto era un hervidero de gente, y de gente que nosotros nunca habíamos visto en la casa, porque no eran espectadores habituales de cine, sino gente que venía a escuchar música. Y era evidente que era la primera vez que estaban acá; una, porque no los reconocíamos y, otra, porque entraban diciendo: “Qué lindo que es este lugar, no habíamos venido nunca”. Y se llevaban el programita de la casa.
    Hasta ahí todo fantástico, pero lo bueno empezó a pasar la semana siguiente, cuando esas mismas caras empezaron a aparecer porque habían visto en el programa las posibilidades que la casa les ofrecía. Es decir: venian a ver las peliculas. Fue como si hubiéramos tirado un anzuelo y picaron. Entonces abrimos grande los ojos y dijimos: "El año que viene va música una vez por semana". Después le encontramos la palabra: era diversificar la oferta para captar público. Es la creación de nuevos públicos. Eso funcionó con la música y lo hicimos extensivo al teatro. Hay espacios permanentes durante todo el año con obras de teatro. Fue cambiando los dias, el nombre del ciclo, pero una vez por semana hay teatro, y una vez por semana hay música en vivo. Entonces eso genera, a la larga, más que un Cineclub, un centro cultural. Sumale los cursos, los talleres, los seminarios, las charlas, la Semana de la Crítica, lo que sea; tenés un centro cultural. Obviamente, acá sigue predominando lo cinematográfico, se sigue llamando Cineclub Municipal, y la gran mayoría de las actividades apuntan al cine, pero no se cierran a otras cosas.
    Si dependiéramos solo y exclusivamente de lo cinematográfico, este es un momento particularmente difícil, porque hay muchas formas de ver cine. Yo soy de los que creen que este es un momento en el que se ven más peliculas, contrariamente a lo que varios opinan. Se ven, pero se ven de otra forma: se ven en tu casa con el televisor, bajándola de internet, en el respaldo de un avión cuando viajás, el que puede tiene una pantalla en su camioneta.
    Pero, a su vez, hay en las nuevas generaciones un manejo del lenguaje audiovisual. Creo que los chicos tienen ya incorporado las formas audiovisuales desde que nacen. Lo queramos o no, muchos de nosotros hemos puesto alguna vez a un hijo delante de una pantalla del televisor para poder hacer otra cosa. Eso, que no es saludable, y multiplicado por los diversos medios, genera que los chicos ciertamente aprendan antes el lenguaje audiovisual que a leer y escribir. ¿Cómo vamos nosotros a decir que un chico que estudia en la escuela de cine, pero no asiste a las salas de cine a ver películas, no puede hacer una pelicula? En el conservadurismo bienpensante es tal vez un razonamiento políticamente correcto: un estudiante de cine debe haber ido a ver a los grandes maestros del cine. Pero tenemos que abrir un poco más la cabeza: cientos de miles de chicos tienen más armado el lenguaje audiovisual... Yo empecé con la televisión en blanco y negro, y no había forma de ver las peliculas. Hasta la llegada del VHS no había forma de verlas, porque la televisión daba una selección muy acotada, y no había otra cosa. ¿Cómo iba a ver yo una película de Fellini, si  cuando yo nací Fellini ya había producido toda su obra, ya no se estrenaba en cine, no la pasaban por la televisión y no se había VHS para ver?


EAE: Sí; eso de la generación VHS también lo mencionaron Diego Lerer y Roger Koza en los debates de la Semana de la Crítica.

GF: Sí.  Se amplió a otras cosas: el intercambio en internet, el "mp no sé cuánto"… Bienvenidas sean todas esas nuevas cosas, las nuevas tecnologías. Yo soy programador de una sala convencional. En una sala de 200 personas, tengo que meter, por lo menos, la mitad…

EAE: De todos modos, es una sala que nunca esta vacía.
GF: El Homenaje al Espectador. ¡Ese vió todo! Las buenas, las malas… El día que ese tipo hable, yo no sé qué va a hacer, si me va a dar con un caño o me va a decir “grosso, me abriste los ojos con lo que programaste”. Está desde el principio. La idea inicial era poner dos: uno viendo películas y otro en la entrada de la biblioteca, leyendo un libro. Las cuestiones presupuestarias hicieron que nos quedáramos con uno, y privilegiamos el espectador porque esto es un cine.
Es cierto que nunca está vacía la sala por él, pero también es regocijante a veces programar algo que vos consideras arriesgado desde la taquilla, y sin embargo la respuesta de la gente es maravillosa. No sucede en el 100% de los casos, pero te llevas sorpresas…

EAE: ¿Con cuál te arriesgaste y dijiste “no viene nadie”?
GF: Considero que esta casa está llena de esos casos…
    Un día me lo encuentro a Mariano Llinás en Buenos Aires y me agradece porque nosotros fuimos los primeros en dar una retrospectiva de su obra completa. Vos imaginate que el agradecido era yo, porque el tipo nos había permitido eso. Y ciertamente, por dar un ejemplo, Historias extraordinarias, una película que va a contrapelo de la industria del cine, que dura tres horas y media, había fervor por verla; uno dice: “Qué bueno que sucedan estas cosas”.
    Uno tiene más frescos los 
últimos entusiasmos. Ver a Jacques Tati en 35mm, por ejemplo. A partir de ese ciclo, yo salí a la captura de la música de sus películas. Conseguí la música de sus películas, y a los quince días empezó la Semana de la Crítica. Yo vine acá y dije “Tomen, pongan esto como música de sala, durante todas las funciones de la Semana de la Crítica, que suene mientras la gente va entrando la música de las películas de Tati.” Yo digo que la cinefilia, no importa dónde veas vos las películas, está llena de momentos que a veces tienen que ver o no con las películas.
    Yo lo vi entrar a Rosenbaum a presentar una de las pelicula y él dijo: “Está sonando la música de Mi tío, la pelicula de Tati”. Eso es un mazazo en el corazón, porque funcionó. Y como ese, está lleno de esos milagros.
    ¿Sabés cómo lo conocí a Llinás? Un día, yendo a la sala, vi a un tipo parado en la escalera. Le pregunté: “¿Qué hace?”. Pensé que era un tipo que se estaba colando. Me dijo: “Soy Mariano Llinás”. Y efectivamente estábamos pasando una película no dirigida sino producida por él: El amor, primera parte. El tipo andaba por Córdoba y escuchó que estaban pasando su película y se vino a ver cómo era. Esa es otra de las perlitas que uno recuerda…
    Y de ciclos, ni hablar. Por los que ya pasaron, como la retrospectiva de Kaurismaki o de Agnes Varda; proyecciones de pelis como El tiempo y la ciudad de Terence Davis. Y sin embargo también tengo la expectativa de lo que viene. Películas de Fellini en 35 mm. ¡El sueño del pibe! O una retrospectiva de Glauber Rocha… Tengo la cabeza puesta también en eso, y en enorgullecerme de las cosas que hemos mostrado.
    Siempre me acuerdo de la anécdota de Sokurov. Incluimos el material de Sokurov para que vengan cuatro personas a las funciones, porque lo habiamos visto programado en el Doc Buenos Aires; hablamos con ellos y conseguimos el material. Cuando estrenaron El arca rusa, todo el mundo queria una pelicula de Sokurov, pero en aquel entonces nadie lo conocía.

EAE: ¿Cómo funciona el Cineclub Municipal? ¿Cómo es la relación con el Estado?
GF: La forma más fácil de entenderlo es compararlo con un museo: los museos son instituciones del Estado, pero tienen asociaciones de amigos, gente que colabora con el museo, y se crea una especie de cosa mixta, que no es exclusivamente estatal ni exclusivamente privada En la interconexión de esas cosas se produce un campo fértil que permite hacer todo esto. Y esto fue aplicar ese esquema. ¿Sabés cuándo sucedió? En la crisis del 2001. En diciembre del 2001, el Estado se lavó las manos un poco; un poco no, mucho. Esto ya estaba, no íbamos a cerrar las puertas, decir: “Bueno, hasta acá llegamos”. En diciembre teníamos que armar enero. Y pensamos en los museos, salió esa idea, y es la que llevó adelante la casa, de marzo del 2002 a hoy; son casi 9 años.
    ¿Cómo está estructurado? Como cualquier otra institución. Hay un director, y encargados de áreas: uno de biblioteca, uno del área cinematográfica, otro de teatro, música, prensa…. Cada institución se da su entidad. Cuando vienen de otros lugares a pedirnos consejo, de cómo hay que hacer, a tomar nota de la fórmula, les digo que lo primero que tienen que hacer es conseguirse es 4 ó 5 personas que consideren esto una pasión y que la demuestren a diario. Porque es muy fácil programar un evento de algo que a vos te ha gustado y te parece valioso mostrarlo, y después te vienen cuatro gatos locos. El primer día, el entusiasmo se te aplaca un poco. El segundo día, ya mirás para arriba y silbas. El tercer dia, ya no querés hacer nada más, salvo que por dentro vos sigas pensando que es re valioso mostrar eso, así sean 4 personas, o 200 que te llenen la sala. Y así tengas el empuje de ir a buscar el DVD a no sé dónde, pero también tengas el empuje de cargar los 25, 30 kilos que pesa una película en fílmico y proyectarla, si tenés la oportunidad.
    Tengo una anécdota de cuando le mangueaba a Quintín la colección de la revista El Amante. En el medio del BAFICI, yo estaba tironeándole de la camisa a Quintín, y le decía: “Maestro, tengo un cineclub en Córdoba, ¿no me regalas la colección de El Amante?”; él me decía: “Sí, loco, pero dejame que tengo que presentar a Jarmusch, y después vemos cómo hacer”. Yo le he mangueado peliculas y libros de cine para esta casa a medio mundo.  A veces me da vergüenza poner la cara en algún lado, pero voy y lo hago igual… A todo el mundo le he pedido: a la biblioteca del Instituto, a los chicos de la revista Haciendo cine, ni hablar a la cantidad de directores que les he pedido, y a los cuales les estoy eternamente agradecido… Hay excepciones, pero son muy esporádicas. Lo normal es que el realizador argentino sea agradecido con una casa que pretende mostrar su obra, porque la hacen para que lo vean, y generalmente no consiguen pantalla, les cuesta mucho. Y comprenden que esta no es una sala con fines de lucro, sino que quiere mostrar eso, mostrar su obra. Te aseguro que hay casos en los cuales sólo piden que les hagas llegar dos líneas en un correo electrónico contándoles las repercusiones, buenas o malas, que haya tenido la pelicula. Pero que vos le devuelvas eso a una persona que te ha prestado su película para proyectarla muchas veces es más importante que el dinero que hayas podido pagar, al menos desde esta casa, que no tiene dinero para alquilar películas a lo loco.

EAE: Contame de la colección de la videoteca.
GF: Hay de todo: VHS, DVD… se fue armando con el tiempo. La gente fue donándole a esta casa, a veces en cantidades importantes. Una vez hubo una donación de más de 2000 peliculas, pero también ha habido más de 200 tipos que han traido una peliculita, por ejemplo, de Chaplin, de la colección de Página/30, que la tenían tirada en su casa y no la miraban más, y la han traído acá. O la colección de la revista Caras. O relizadores que dicen: “Quiero que pongan esto a disposición de la gente”, y eso hizo que se nutriera.
    Lo mismo con las revistas… No habia capital para comprar publicaciones. Hubo una compra inicial de libros y películas para inaugurar el asunto, y después un trabajo hormiga. El DVD para nosotros es muy nuevo. Se van sumando de a poco…

EAE: ¿Y la colección del biblioteca?
GF: Se va a armando con todo lo posible. A veces con acuerdos con sellos editoriales. Por darte un ejemplo, 791cine, que es un sello que edita cine de autor, una vez al año le regala al Cineclub un lote de películas en DVD, y se ponen a disposición de la gente. Ojalá nos llovieran de esos ofrecimientos, pero es lo que hay, y lo aceptamos y lo valoramos, y propiciamos que eso se multiplique. Y si no se multiplica, nos conformamos con eso. Es un lugar donde vos podés venir a buscar buenas pelis, y algo vas a encontrar. De la misma forma que venís a ver una función, y una de varias te va a hacer un flash en la cabeza. Porque está lleno de eso: de chicos que recuerdan haber visto una gran película para su vida en esta sala.

EAE: En definitiva, es como decía Rosenbaum: que las peliculas afectan a cada uno personalmente y es lo que te hace hacer el click.
GF: Si hacés el click… Yo también relativizo eso de que los espacios como este son de los únicos que mantienen viva la cinefilia, y los espacios donde supuestamente vemos que le cierran las puertas a esta otra mirada contribuyen a la dictadura del gusto. Yo te voy a dar un ejemplo de una película que lejos de ser muy taquillera fue todo lo contrario. Una película rumana, que se llama Bucarest 12:08. La primera vez que la vi, fue en un multicine, en un Showcase. Un día de invierno a la siesta, un jueves porque es el día de estreno. Con el miedo de irme hasta allá, y de que no hubiera llegado la copia, y con el agravante que estaba yo solo en la sala. Proyectaron la película para un solo loco que estaba ahí… Claro, me moría por ver la peli. A unos les puede gustar, a otros no. Pero eso de que cada uno atesora la película que quiere a mí me encantó. Y como estaba solo, no tenía con quien compatir. Un multicine no es el espacio óptimo para trasmitirle este virus de la cinefilia a alguien, porque no es el espacio “natural” para esa película.
    Bueno, con el tiempo, viajé a un Festival de Buenos Aires, a un BAFICI. Y tuve la suerte de coincidir con el director de la película. Y no pude resistir contarle la anécdota de cómo habia visto su pelicula, y agradecerle y decirle lo maravilloso que habia sido. Era mi oportunidad de descargarme varios meses después de aquel fervor que no había podido compartir. Era el espacio ideal, porque era un festival de cine; el tipo estaba siendo homenajeado. Y en el diálogo que tuve con él -y con esto no quiere desprestigiarlo ni mucho menos, me demostró que estaba solamente interesado en ir a la cancha de Boca ese fin de semana; quería ver jugar a Boca-. Pasado el tiempo, puse en la balanza las dos situaciones. Mi cinefilia ¿dónde encontró su razon de ser? ¿En el espacio que supuestamente está cerrado al cine-arte, el cine de autor, o en el espacio donde es natural que eso ocura? Justamente en donde menos hubiera pensado yo. Me fascinó por esa película en una multisala, donde la gente va a comer más que a ver cine; ahí se produjo el milagro, no allá. Todo es tan relativo que uno no puede ser tajante y decir: "·Estos son los buenos y estos son malos".

EAE: ¿Qué película te llevó a querer armar un cineclub?
GF: ¡Muchas! En un papelito puse las películas que me habían gustado de los últimos diez años, mis películas de la década. Y allí estaban Los espigadores y las espigadoras de Agnes Varda, Dolls,  de Kitano… Me gustaba King Kong. Me gustaba Moby Dick, de John Huston, me gustaba Casavettes...


EAE: Todos hacemos mucho hincapié en el tema de los soportes ¿Qué opinás sobre lo digital?
GF: Qué está re bueno. De Casavettes guardo las entradas del BAFICI, donde pude ver cinco películas en fílmico, pero también tengo la filmografía completa en DVD. Y eso es un tesoro superlativo porque me permite volver a verlo, tomar notas, revivir… Hay mucho material que no he visto en fílmico pero lo he visto en digital, y es tan vívido, tan real… No he llegado al limite de ver en mp4, pero si el digital está bien proyectado… Lo digo yo, y uno de mis hobbies es la fotografía, en analógico, y revelo yo. ¿Cómo vas a cerrar los ojos a las maravillas que se hacen con las cámaras digitales, a la democratización y a las posibilidades que se han abierto con todo eso? Quizá tenés que seleccionar un poco más; si es más fácil hacer, también es más fácil hacer mal o hacer algo no tan bueno. Hay que ir con más cuidado, con una atención especial.

EAE: ¿Cómo ves el movimiento de cineclubs en nuestro país? En Buenos Aires pasa, por ejemplo, que su “vida útil” es de un año y medio o dos. Tiene que ver con la voluntad propia de la gente que hace pero también hay limitaciones concretas de espacios, difusión, la cantidad de gente…
GF: La pasión tiene que ser más fuerte que las limitaciones, si no uno pondría una empresa,  algo más comercial. Hay veces que programo cosas que sé que no van a redituar en boletería, y especulo con eso. Hay que tener el equilibrio que te permita respirar a veces administrativamente y otras ensancharte de corazón y cabeza.

EAE: ¿Y la relación con el Estado?
GF: El Estado es dueño del inmueble, del proyector, aporta sueldos de una docena del personal, paga la luz. Depende de una dirección de cultura… Dice que no a mucho, pero también podríamos decir que está bien que diga que no a algunas cosas. Lejos de renegar lo que el Estado no da, agradezco lo que el Estado sí da. Esta casa no es poco. Contar con un proyector de 35mm no es poco. La ubicación del Cineclub es maravillosa, en un boulevard donde transita toda la ciudadanía de Córdoba; no es poco.
    Proyectos sobran, ideas locas siempre hay. Algunas se pueden y otras no. Se han hecho cosas con errores y con aciertos. Lo escuchaba decir a Quintín lo arrepentido que estaba de hacer entronizado a determinados directores, de hacer llenado páginas analizando tal o cual película; para mí, es al revés. Yo fui al festival que dirigió y pasaban mis películas favoritas. Y lo agradezco. Es un evento en el que la cinefilia, esa enfermedad que tenemos nosotros, encuentra su caldo de cultivo. Está bien ver las equivocaciones para después no repetir los mismos errores, pero una cosa, según cómo se la mire, puede ser un error o un acierto. Hacer una retrospectiva de un director que no conoce nadie pero que vos en ese momento tenés fe o creés en esa obra y querés hacerla extensiva a un público... El tiempo quizas te haga ver que estabas equivocada, pero también te van a agradecer el espíritu con el que vos generaste eso, porque se suponía que vos tenías una curiosidad por ver y por mostrar que es propia del cine.
   Cuando preguntaron cuál es la cualidad que todo crítico cinematográfico debería tener, Rosenbaum dijo: "La curiosidad", Quintín dijo: "La profundidad", y yo dije: "La cinefilia". Todo crítico de cine se hace critico porque la gusta el cine. Tenga la profundidad para seleccionar lo bueno o lo malo, o tenga la curiosidad para ver todo. Si no le gusta el cine, nunca va a ser crítico de cine. Es como el árbitro de fútbol… ¿Quién se haría arbitro para que lo que lo puteen? A los árbitros les gusta en fútbol. Al crítico de cine le gusta el cine.


EAE: ¿Los cineclubs de Argentina tienen relación con otros cinecblus de otros países?
GF: Es un poco difícil; con otras ciudades argentinas, sí.  Te doy un ejemplo: una vez al año, gracias a la gente de la empajada de España, hacemos un ciclo de cine español. Yo veía que había ciclos anunciados en otros lugares, en la Lugones, en el Malba, y pedía, y me decían que no. Seguí insistiendo, hasta que me dijeron que podía ser, y a la tercera vez me dijeron que sí.
Y con el tiempo, otros empezaron a pedir los ciclos que se armaban acá. Terminó siendo al revés: ahora hacemos un ciclo y vemos en que otro lugar se puede mostrar. El ciclo de cine español, que debe ir por su tercer o cuarto año, se pasó en siete ciudades: Rosario, Santa Fe, Córdoba, Villa María, San Nicolás y Victoria, en Entre Ríos. Y ya se sumaron dos ciudades más. Y aquellos a quienes nosotros llamábamos, que al principio nos decían que no, ahora a veces nos llaman y nos preguntan si queremos algo.
    Hay que demostrarlo con trabajo; si no, nadie te va a largar un ciclo de cine. Nosotros trabajamos mucho con la Embajada de Francia, el instituto italiano, el Instituto Goethe, el Centro Cultural de España.  Si ven que trabajás bien, te dan material, los derechos de las películas para exhibirlas. Y si cumplís, y cuando termina el ciclo les devolvés en tiempo y forma el material, y no sólo eso, sino que les entregás una planillita que dice cuánta gente vino a ver su película, si te tomaste el trabajo de fotocopiar el diario donde dice que ese ciclo es de esa embajada, todo eso hace a las relaciones públicas y hace que se pueda mejorar el trabajo de un cineclub. Todo eso es un trabajo más, y a veces la pasión tiene que comprender el trabajo feo también. He ido a la terminal de ómnibus cargando treinta kilos de fílmico

EAE:  Contamos un poco de los cursos… ¿Es una joyita que venga Santiago Loza a dar dirección?
GF: Loza es cordobés y esas cosas las tenemos que aprovechar. Nosotros pasamos Los Labios. Hasta hoy le estamos agradecidos; la película fue premiada.
    La tenés que pelear. Recuerdo hacer armado un ciclo que se llamaba “Pasiones argentinas”, en el cual trajimos a Lucrecia Martel, Martín Rejtman, Lisandro Alonso y a Pablo Trapero. No fue oneroso traerlos; siempre me acuerdo de un gesto que tuvo Lucrecia Martel cuando vino la primera vez a dar un curso, y se había acordado con ella que la mitad de la matrícula era para ella como profesora y la otra mitad para la Asociación de Amigos del Cine. Y cuando le dieron el sobre con el dinero, lo devolvió en mano para que se lo quede el cineclub y lo use para lo que hiciera falta ¡Y era Lucrecia Martel, podría haber tenido pretensiones, como una estrella!
    También me acuerdo de Lisandro Alonso dejándome la copia de La libertad -o Los muertos, ya no recuerdo- para que se la cuidara hasta que decidiera que iba a hacer con esa copia ¡Si le pasaba algo a la copia yo no tenía cómo reponerla! Esa confianza la agradezco. Son cosas que agradezco, como también que viniera Rejtman a hablar con el público y a presentar su película… A lo largo de diez años han venido muchos; no te digo todos, pero ha venido gente a la cual queremos mucho y que han impartido sus conocimientos.
    Y con respecto a los cursos, algunos funcionan bien, y otros no tanto… Si la convocatoria es chica se hace en el minicine, que es una salita de 25 butacas; si es media, en una sala donde entran unas 70 personas, y si la convocatoria es mayor se hace en una sala grande, donde entran 200.

EAE: ¿Y los ciclos al aire libre?
GF: Uno de los eventos que se hacen el patio es el Cortópolis, un festival de cortometrajes. Se hace la muestra competitiva y se puede tomar algo, comer algo, ver cortos y compartir con la persona que tenés al lado. Se crea un microclima maravilloso. Es novedoso para nosotros, pero eso existió desde siempre. Habían cines que eran cines-bares. En mi barrio estaba el cine de la familia. Ibas, pedías milanesa con puré y veías una película.
    Hay que tener la cabeza abierta para ese tipo de cosas. No es pecado mortal comer algo durante la película; lo que es pecado es ser cerrado. Lo que nos moviliza es el afán de ver películas. Si te ha tocado, querés que otro la vea; si está buena, querés que otro la vea. Eso, creo yo, es el esqueleto del cineclub: un lugar donde se elige una programación porque está buena y a la vez querés que la vea la mayor cantidad de gente posible; pero si son pocos, también tiene el gustito de lo exclusivo. Si la convocatoria merma porque el tipo de películas que estás mostrando, lejos de llegar al gran público, gusta a pocos, pero vos considerás que es valioso mostrarlo, hacelo.
    También es valioso que te preste el DVD y vos lo veas en tu casa; hay que olvidarse del cineclub como la sala grande, oscura. He ido al BAFICI ver películas de Tsai Ming-liang, he vuelto a Córdoba y he conseguido copias de esas películas. Tanto la que vi en el BAFICI como la que vi acá me partieron el cerebro. Y acá no la vi en la sala grande y a oscuras, haciendo “shhh” al que está al lado. La he parado, la he pausado, fui a atender el teléfono y la volví a ver. La vi. Anoté y se la recomendé a alguien. Esa es la saludable enfermedad que hay que pasar.