Y ahora… ¿qué harás por allí?

Por Lorena Bordigoni 

    Luego de haber sido tempranamente “descubierto” por occidente  (al ganar con su tercer film el León de Oro del Festival de Venecia en 1994), y luego de obtener la palma dorada del Festival de Cannes, (en 2001, con What Time Is It There?), Tsai Ming Liang, un reconocido director de cine malayo, recibe del Estado francés el título honorífico de Caballero de La Orden de la Artes y las Letras en 2002 (1). Su última película (en aquel momento) ya era una co-producción francesa-taiwanesa que, desde Taipei, se apropiaba de Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, François Truffaut, 1959), de su protagonista (Jean Pierre Léaud tiene una breve pero significativa aparición) y de la memoria de la nouvelle vague como lugar de los sueños y la nostalgia. Y todo esto sería apenas una anécdota si no fuera porque Visage (Tsai Ming-liang, 2009), la película proyectada en el último BAFICI, retoma varias de estas cuestiones y queda igualmente atravesada (desde su primera concepción) por esta tensión entre lo local y lo global, entre la periferia y el centro, entre el pasado y el futuro: esta vez “El Arte” francés (con mayúscula, el Museo del Louvre) convoca a un director oriental y pone a su disposición un arsenal de recursos provenientes de sus instituciones más tradicionales, con una vaga consigna alrededor del cincuentenario de la nouvelle vague.  Esta artillería pesada en combinación con el singularísimo estilo del “chevalier” Tsai, hicieron de este un film “de corte”, un film cortesano.
    La corte la podemos apreciar apenas echamos una ojeada rápida a la ficha técnica del film. Reparto: la cara francesa de L’Oreal, Laetitia Casta; el actor fetiche Jean-Pierre Léaud (eternamente Antoine); los “Rostros” femeninos de Truffaut Fanny Ardant, Jeanne Moreau y Nathalie Baye. A esto se suma el gran coreógrafo Philippe Decouflé y el vestuario repartido entre el magnate de la alta costura Christian Lacroix (ahora venido a menos) y la mismísima comédie francaise (2). En la producción aunaron sus fuerzas China, la Unión Europea, arte France Cinéma, y otros. El Louvre, la institución que tomó la iniciativa, es a su vez la que prestó el espacio, pero el cineasta malayo eligió eyectar a sus personajes para que vagabundeen primero por los oscuros y húmedos sótanos del museo durante gran parte del film. Sólo al final Léaud se asoma por una pequeña abertura a una de las salas del museo (una breve pero genial secuencia). Todo este despliegue se hace evidente en el impacto visual que generan (en el espectador y en la crítica) las “bellas imágenes” fantaseadas por Tsai (3), el aspecto más reconocido y alabado. Se trata de una mega-producción pero del circuito de Cine-Arte, homenajeando a la generación de las cámaras livianas y los decorados callejeros.
    La nostalgia, las ausencias, los fantasmas, la soledad y la alienación como una arrasadora sed de contacto humano e intimidad, así como otras obsesiones de Tsai, se repiten calcadas, y en algunos casos fueron recibidos como “tics” (personajes y situaciones como la muerte de la madre y la muerte de Truffaut se duplican y espejan también). Lee Kang-sheng, el eterno protagonista, logró pasar de actor porno a prestigioso director de cine (consolidándose como alter-ego del propio Tsai) a lo largo de sus anteriores películas. Esta vez la historia lo lleva a filmar una película en París protagonizada por J.P. Léaud y L. Casta y un misterioso ciervo. Se trata de una caótica y centrífuga producción (a cargo de Fanny Ardant), que lanza a los miembros de su babélico equipo a un conocido juego de escondidas y búsquedas de los unos y los otros (multilingüe o más bien silencioso, seductor pero no por ello menos perturbador).
    La imprevisible construcción del espacio (en particular el número musical que se desarrolla en un escenario nevado, trizado por una decena de espejos), los climas misteriosos e inexplicables y la brillante belleza de los números musicales son otros talentos propios del director que se mantienen. El delicioso recurso del disparate llega a su máxima expresión en el ¿diálogo? absurdo y cinéfilo entre Léaud y Lee Kang-sheng quienes, pajarito en mano, liberan su capacidad de asociación libre para recorrer sus biografías cinéfilas.
    Quizás, además del reconocido imaginario visual y musical, lo que mejor se logra en Visage sea otra cosa. En la superficie del film predominan las imágenes táctiles: pieles pulidas y gélidas, abrigos suaves y peludos, tules vaporosos, carne, hielo, nylon y salsa de tomate (y el agua, infaltable). Esta lograda inmediatez de las texturas son las que mejor logran “tocar” al espectador (en varios sentidos del término touché), incluso al más disperso, incluso en sus momentos más inexplicables.



Notas

(1) L’ordre des Arts et des Lettres es una condecoración honorífica francesa destinada a "las personas que se han distinguido por sus creaciones en el dominio artístico o literario o por la contribución que han aportado a la proyección de las artes y las letras en Francia y en mundo" 

(2) La comédie francaise: Primer y único teatro nacional de Francia por donde pasaron desde Molière a Sarah Bernard o Jeanne Moreau, entre tantos otros.

(3) Despliegue que contrasta abiertamente con un film de gestación similar como Le voyage du ballon rouge (Hou Hsiao-Hsien, 2007, presentada en el BAFICI anterior) una producción en la que otro museo francés (Orsay) convocó a un director oriental, y que también tematiza la creación cinematográfica y sus laberintos; pero que resultó mucho más pequeño y sutil en su homenaje a la “ciudad luz” y su cine.





FICHA TÉCNICA

Visage
Francia, Taiwán, Bélgica, Holanda 2009, 138'
Guión y Dirección: Tsai Ming-liang
Producción: Jacques Bidou
Una coproducción JBA Production (Francia), Homegreen Films (Taiwán), Le musée du Louvre, Tarantula (Bélgica), Circe Films (Holanda) y ARTE France Cinéma en asociación con Fortissimo Films.
Dirección artística: Patrick Dechesne, Alain-Pascal Housiaux
Fotografía: Pen-jung Liao

Montaje: Jacques Comets
Sonido: Roberto Van Eijden, Jean Mallet, Philippe Baudhuin
Música: Jean-Claude Petit
Coreografía: Philippe Decouflé
Vestuario: Anne Dunsford, con la participación de Christian Lacroix y la Comédie Française
Intérpretes: Lee Kang-Sheng, Jean-Pierre Léaud, Laetitia Casta, Fanny Ardant, Lu Yi-Ching