El inescrutable
Notas sobre Música para un film perdido


Por Garin Dowd
(Traducción: Fausto Appiolaza / Revisión: Pamela Gionco)

    El título de la película de Luciano Zubillaga sugiere varias formas de interacción entre pérdida y recuperación. Música para un film perdido (2009) captura las huellas de una contribución al momento utópico de una breve vanguardia venezolana, a principios de los años 60. Casi 50 años luego de lo que podría haber sido el único aporte cinematográfico a las actividades del grupo "El Techo de la Ballena", Zubillaga vuelve a las huellas que quedan de la película perdida El Huerco (1963). El depósito más duradero del proyecto que aún está en archivo es la sobreviviente grabación de la música de fondo, compuesta por el padre del director.
    En su calidad de desaparecida –expropiada- la película es un irresistible tropo para una estética política de los años '60 en Latinoamérica. Pero hay aún algunas cenizas, algunos residuos. Unos pocos cuadros de celuloide que fue viable recapturar de manera digital, y por medio de la composición de los fotogramas, se pudo crear una ilusión cinematográfica. Una ilusión de movimiento cinematográfico facilitado tan sólo por la combinación de un minucioso y meticuloso acto de restauración del análogo, en una primera instancia (en un laboratorio de cine en el lado Oeste de Londres, que parecer ser uno de los últimos lugares en el planeta en el cual esta translation du cadavre podría ocurrir), seguida de una manipulación digital, en la otra. En todo momento hay dos manos en acción en este film, y en cada nivel. Estas manos son heterogéneas: la mano del padre en la música, la del hijo en la película que hace presente la música, que le hace prestar atención (en ambos sentidos) a una película ausente de la que ofrece una combinación de palimpsesto, tributo, interrogación, continuación y sustitución.
    Entre las dos manos, otra: el director de la película perdida. Lo vemos hoy, en Miami, con unas lentes de la era pre-digital en la mano. Escuchamos una voz off leyendo del guión de trabajo del film perdido. Escena 24, escenario: un departamento: la voz narra la presencia de los actores pero la cámara Red graba una escena vacía. Los cuerpos están ausentes.
    De repente un hombre –el hombre– en primer plano. En otro lugar indeterminado. Corte hacia el aeropuerto, con el sonido del ambiente enmudecido.
    Después de la escena 95 la voz en off confiesa: este hombre parece un cineasta. La revolución se ha perdido, la voz continúa; sólo quedan las memorias del exilio de una tierra: “memorias ajenas” (al mismo tiempo memorias extranjeras y memorias que pertenecen a un otro). Estas palabras dejan sus huellas sobre la superficie del film sólo cuando el sonido ambiente del aeropuerto es cortado para prepararles el terreno.
    El film perdido era para Renato. ¿Quién es este Renato?, se pregunta el espectador. A medida que el juego de imágenes y sonidos progresa, el cineasta sentado en el la sala de embarque de un aeropuerto espera en ansiosa pasividad. La evocación del film de lo ausente continúa con la filmación de un estudio de edición de sonido, totalmente en silencio.
    El director –¿pero cuál?- recrea una escena del guión. Puede que haya dos cuerpos, pero quizás solamente uno –un cuerpo multiplicado– en la caricia. ¿Qué director? ¿Cuántos? ¿En qué momentos? El film recrea direcciones perdidas, y lo hace dirigiendo hacia ambos, pérdida y recuperación. El cuerpo representado en una escena de amor es potencialmente andrógino. Además, puede haber sólo un cuerpo o más que un cuerpo: este es el cuerpo polimorfo.
    ¿Por qué desaparecen las películas?, pregunta la voz en off.  Porque la vida se desvanece, como las películas, es la respuesta.
    Otra escena: maniquíes llenando la pantalla. Son, a la vez, pasado y presente; una estatuaria de plástico capturada en una imagen vibrante y en movimiento. En un departamento, los bordes de un film perdido se figuran y mezclan con un film, los umbrales y formas de lo que designa una pérdida de contorno; un film sin fotogramas, o con solamente unos pocos recuperables; un film de cualquier clasificación, sin la forma de un fotograma; sin su propia sustancia que llene y atraviese un fotograma estático proyectado sobre una pantalla de cine. O llenarlo sólo con música, la música que fue grabada por la Orquesta Sinfónica Nacional para acompañar la primera película de la breve vanguardia venezolana.
    Los márgenes se fusionan en un departamento en Miami, ocupado sólo por un gesto sin cuerpo, una lente sostenida en una mano, habitado sólo por contornos de cuerpos y sábanas, filmado con una lente del 1962, sujetada a una cámara Red en el 2008. Estos fragmentos de memorias son también fragmentos para el discurso de un amante, sobre y a través del cine mismo.






FICHA TÉCNICA
Música para un film perdido
2010,
Argentina/Inglaterra/Venezuela, 29'
DIRECCIÓN, GUIÓN y MONTAJE: Luciano Zubillaga
    FOTOGRAFÍA: Arturo Smith
        PRODUCCIÓN: Nancy Urosa, Tracy Bass, Minou Norouz