
Aquel querido mes de agosto, o la defensa de lo indecidible Por Griselda Soriano
ficción.
1. f. Acción y efecto de fingir.
2. f. Invención, cosa fingida. 3. f. Clase de obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios. Obra, libro de ficción. realidad. 1. f. Existencia real y efectiva de algo. 2. f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente. 3. f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio. indecidible. 1. adj. Fil. Dicho de una proposición: Que, en un sistema lógico, no es posible demostrar si es verdadera o falsa. Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española
Luego de casi un año de espera, Aquel querido mes de agosto
(2008), ganadora del 11º BAFICI y una de las
películas más interesantes del último festival, ha
llegado finalmente a las salas porteñas. Aquel... vino
al BAFICI
precedida por su fama; de ella se decía que había sido
una de las películas favoritas del circuito de festivales 2008.
La película no sólo no defraudó las expectativas
de la cinefilia porteña que la esperaba con curiosidad, sino que
se llevó el principal galardón de la Competencia
Internacional: el premio a la Mejor Película. Con apenas dos
largometrajes y
seis cortos, el joven realizador portugués fue uno de los
descubrimientos más prometedores del pasado BAFICI; por suerte,
el premio recibido le garantizó un estreno local que
probablemente no habría alcanzado de otro modo.
Aquel querido mes de agosto es una película difícil de describir. Pero, al contrario de lo que suele suceder con aquellos films que son clasificados de esa manera, no es una película difícil de ver. Superada la duda inicial (¿adónde va todo esto?), a medida que en los retratos de los personajes, los lugares, las fiestas, la música, los rituales del pueblito portugués de Arganil comienzan a nacer pequeñas historias, el espectador no puede más que dejarse llevar. Pero cuando ya creíamos haber olvidado nuestras dudas, el mismo film las hace explícitas poniéndolas en escena a través de un enfrentamiento entre un realizador (el mismo Miguel Gomes) y su productor, quien le reclama la falta de rumbo del film y exige que defina los personajes para un guión, hasta el momento, inexistente. Y es entonces cuando la pregunta inicial es reemplazada por otra, que se prolongará a lo largo de todo el metraje: ¿documental o ficción? Pero a no confundirse: no estamos frente a una racional reflexión metacinematográfica; aunque algo de eso hay, Aquel... no se vuelve nunca una película “intelectual”. Al contrario, el pensamiento y la emoción van en ella de la mano: escena tras escena nos vamos sumergiendo cada vez más en ese mundo que oscila entre la tradición y la (pos)modernidad, a través de un relato lleno de ternura y un humor sutil pero efectivo. Aun develando los mecanismos de su construcción, la película consigue involucrar emocionalmente al espectador: logra que se identifique con los personajes y sus historias, que quiera saber más de ellos, al tiempo que se pregunta de dónde salieron, si de la realidad o de la imaginación de Gomes. La pregunta no sólo no se responde sino que se complejiza cuando los personajes y el guión que el productor le reclamaba a Gomes en la primera parte del film comienzan a materializarse frente a nuestros ojos en una transformación alquímica imperceptible. Así, sin darnos cuenta, entramos de lleno en una suerte de triángulo amoroso (por decirlo de alguna manera) entre Tânia -una bella adolescente-, su celoso padre -quien tuvo que sobreponerse al abandono de su esposa para criar a su hija solo- y Hélder, su primo, de quien la chica se enamora en aquel agosto del título. Así, bajo el signo del amor imposible, se va construyendo de a poco una depurada historia melodramática, más nostálgica que trágica, llena de esa melancolía típica de los amores de verano. Pero, además, los tres tocan en una de esas bandas –documentadas en la primera parte de la película- que van de fiesta en fiesta por los pueblos, así que también la música, y el musical como género, están presentes, vertebrando muchas de las escenas. Y como si esto fuera poco, la historia crece y se multiplica cuando observamos que aquellos espacios, objetos y personajes que habíamos conocido en la primera mitad “documental” del film han sido fagocitados y resignificados por la ficción. Pero si la ficción se ha apropiado de ellos para convertirlos en otra cosa, la misma película conserva en sí la memoria de lo que fueron, dando cuenta del proceso de su transformación; del choque entre realidad y representación surge así un nuevo sentido que pone además en duda la pertinencia de aquellas categorías en las que encasillamos al cine. Y una vez más se retoma entonces la pregunta por el documental y la ficción. Y la respuesta queda en manos del espectador, pero la propuesta de Gomes es clara: dejar caer las barreras que los separan para develar que realidad y representación, documental y ficción, no son dicotomías excluyentes sino dualidades indisolubles, en las que cada uno de los términos incluye al otro. Lo sorprendente es que no estamos aquí frente a una ficción que se disfraza de documental, ni frente a un documental que se asume como ficción; ni siquiera podemos precisar en qué momento la película pasa de un género a otro, porque jamás podríamos asegurar que esos personajes “documentados” en la primera mitad del film no están actuando, o que los actores no profesionales de la segunda no se comportan ante las cámaras como lo harían en la vida. Es ahí donde reside toda la fuerza de la propuesta de Gomes: en asumir lo indecidible sin temores, sin forzarlo a entrar en los límites preestablecidos donde lo encerramos para tranquilizarnos. Porque lo incierto está ahí, aunque queramos coartarlo. La película retrata a la perfección esa necesidad de estar abierto al mundo que implica el estado de creación, con todo lo inesperado que ello implica. Dejar entrar lo imprevisto en la ficción y descubrir la ficción que se esconde en aquel universo al que llamamos realidad; acaso esa sea una de las principales habilidades que debería tener todo realizador cinematográfico. |
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FICHA TÉCNICA
Aquel querido mes de agosto Aquele querido mês de Agosto, Portugal, 2008, 147' Dirección: Miguel Gomes Guión: Miguel Gomes, Mariana Ricardo, Telmo Churro Fotografía: Rui Poças Montaje: Telmo Churro, Miguel Gomes Producción: Luís Urbano, Sandro Aguilar, Thomas Ordonneau Intérpretes: Sónia Bandeira, Fábio Oliveira, Joaquim Carvalho Estreno en Buenos Aires: 4 de marzo de 2010 |