Registro del documental que no pudo ser

Por Ornella Dalla Tea


    Un homosexual adopta a un chico huérfano en el contexto de la última dictadura militar. El hombre empieza a dudar de los orígenes de su hijo e inicia una búsqueda destinada a encontrar su verdadera identidad. Hasta acá el argumento de Adopción (David Lipszyc, 2010), el pre-saber con el que contamos -o no- antes de entrar a la sala. Los temas parecen nítidamente delimitados, el film no augura sorpresas. Seguimos en el terreno de la ante-sala. 
  Frente a la película, sin embargo, la primera sensación es de desconcierto. El espectador puede incluso sentirse engañado. ¿Documental, simulacro de documental o pura ficción? Todo intento de categorización resulta inseguro, incompetente, vano. Indudablemente, el mérito inmediato del film es turbar al espectador, incomodarlo hasta la indignación.
    Nos sorprendemos por el mismo hecho de sabernos sorprendidos, los límites precisos estallan. Un efímero cartel inicial anuncia que la película está basada en una historia real; a continuación el film empieza a desarrollarse como un documental con testimonios e imágenes grabadas en Súper 8, cuyo carácter ficticio queda, cuanto menos, disimulado. El concepto de género cinematográfico se manifiesta obsoleto.
   Los actores (Ricardo González e Ignacio Monná) interpretan a los protagonistas reales de la historia en el rol de entrevistados. Lipszyc, el director, interpreta el rol del entrevistador. Los relatos orales y las imágenes del film reconstruyen recuerdos. Los recuerdos reconstruyen los hechos reales, los irrealizan. Ahora un paréntesis: el desdoblamiento, la fusión entre ficción y  documental, la construcción de una memoria para darle sentido al vacío de la dictadura, ¡las animaciones con playmobil!... una cantidad de elementos remiten a Los rubios (Albertina Carri, 2003), aunque en este caso parecen injustificados, volátiles.
   Si bien la idea de un “documental ficcionalizado” aparenta un contrasentido, no es conveniente apresurarse a emitir juicios puristas. Jean Epstein afirmaba, ya a principios del siglo XX, la esencia supernatural del cinematógrafo, su poder de irrealizar la realidad con solo posarse sobre ella [1]. Por su parte, Edgar Morin definía al cine como “unidad dialéctica de lo real y de lo irreal” [2]. ¿Qué sentido tiene, entonces, juzgar una obra por su falta de verdad o por su exceso de re-presentación? ¿Cuál es la validez de la antinomia documental-ficción?
    El problema, entonces, no surge de la hibridez estilística de Adopción, sino de la arbitrariedad de esta (no) elección. En efecto, la intención original de Lipszyc era hacer un documental con entrevistas a los verdaderos protagonistas de la historia. Al verse frustrado su proyecto, simplemente los reemplazó por actores poco conocidos, quizá sin dimensionar el enorme trastrueque de sentido que eso implicaba. En este punto, podría decirse que la película terminó siendo un documental de su propio rodaje: registro del documental que no pudo ser, (re)presentación de una ausencia [3].
   También resulta arbitrario el despliegue de recursos del que hace alarde el film (grabaciones en Súper 8, fotos, sonidos, entrevistas, animaciones), en la medida en que todos redundan en una retórica de la nostalgia, llegando por momentos a amenizar lo terrible.
   Asimismo, el recurso a las entrevistas se revela inconsistente si consideramos que el testimonio vale más como voz encarnada en un cuerpo presente –función documental- que como transmisor de cierta información –función narrativa-. Al estar apoyado en un cuerpo y una voz ausentes (el cuerpo y la voz re-presentados), la identidad del testigo se diluye, su discurso tambalea y el testimonio pierde su centro, se deslegitima[4].
   En suma, la película falla si nos atenemos a las intenciones del director: conmover al espectador y movilizar su reflexión acerca de la paternidad homosexual y de la apropiación de chicos durante la última dictadura. Acierta, en cambio, en la medida en que se convierte en un disparador de preguntas irresolubles.  


Notas

[1] Una síntesis de su concepción del cine puede encontrarse en Epstein, Jean, La esencia del cine, Buenos Aires, Ediciones Galatea – Nueva Visión, 1957.
[2] Morin, Edgar, El cine o el hombre imaginario, Barcelona, Paidós, 2001, p. 151.
[3] En este sentido, Alain Bergala afirma “cualquiera que sea la voluntad de inventar una ficción, una película es siempre el documental de su propio rodaje”. En Bergala, Alain, El cine revelado, Barcelona, Paidós, 2000, p. 28.
[4] Ver Amado, Ana, La imagen justa. Cine argentino y política (1980-2007), Buenos Aires, Colihue, 2009. Especialmente el capítulo V, dedicado al valor del testimonio en las reconstrucciones cinematográficas de la memoria.












FICHA TÉCNICA

Adopción
Argentina, 2010, 80'
Dirección: David Lipszyc
Guión: David Lipszyc y Alejandra Bruno
Producción: Néstor Sánchez Sotelo
Fotografía: Pablo González Galetto
Montaje: Mónica Gómez
Sonido: Pablo Sala y Luciana Migliano
Música: Pablo Sala
Intérpretes: Ignacio Monná, Ricardo González, Franco Gross, José María Regueira, María Susana de Señas y Eva Gibertí

Estreno en Buenos Aires: 25 de febrero de 2010