Tres aproximaciones a la pornografía: 9 to 5: days in porn, Graphic Sexual Horror y Stalags: Holocaust and Pornography in Israel


Por Alejandro Soifer

    En coincidencia con lo que ha venido siendo el redescubrimiento de los géneros pornográficos como objeto de estudio serio por parte de los Estudios Culturales (con la precusora en este aspecto: Linda Williams), esta edición del BAFICI mostró tres documentales referidos al tema.
    No es la primera vez que el Festival exhibe películas que se replantean desde una perspectiva “seria” y documentada la dificil hendidura social que representa el contenido explícito y reificiado de la exhibición fílmica como medio para que el espectador realice una descarga a nivel sexual. Es decir, la pornografía sin tanta pompa.
    Resulta interesante ver cómo este género que nació con pequeños cortos (“Stags films”) en los que la intención del director era captar mediante la cámara una especie de anatomía del movimiento humano y los lugares ocultos de esa anatomía, como explica Williams (
Williams, 1989), y que incluso llegó a tener un film clásico de esta época prehistórica filamdo en nuestro país [1], ha ido derivando pasando por la pretendida artificiosidad artística que intentó proveerle Gerard Damiano con sus clásicos fundamentales del género (Deep Throat [1972] y Devil in Miss Jones [1973]), la censura, los juicios morales y en el estrado y finalmente la actualidad ineludible: la industria pornográfica es una de las más lucrativas del mundo.
    Entonces, en medio de una revolución sexual en retirada y una bajada a nivel social de cierto clima pornográfico (donde el “Se mira pero no se toca” es expresión de una vida sexual y social que se ha vuelto histérica), y en momentos en que el feminismo radical dio paso al post-feminismo y a los discursos de exploited girls que reivindican ese rol (vease La teoría de King Kong de Virgine Despentes, escritora y directora de Baise-Moi [2000])  pareciera que reflexionar sobre el género es la última vuelta de tuerca académicamente cool de un fenómeno que en sí mismo tiene posibilidades limitadas de análisis.
    Quizás sea una forma de entrar en la industria multimillonaria de la pornografía sin hacer pornografía, lo que vendría a ser una nueva vuelta de tuerca histérica y recursiva. Sea como sea, lo que es evidente es que hay es un interés por el análisis del derivar de esta industria, tanto como su día a día y sus ejemplos extremos y también la profusión de trabajos críticos, historias (una muy buena historia oral de la pornografía fílmica straight: The Other Hollywood: The Uncensored Oral History of the Porn Film Industry de Legs Mcneil, Jennifer Osborne y Peter Pavia, HarperEntertainment, 2006) y demás documentos referidos al género.
    Entonces llegamos al 11º BAFICI, que como centro nuclear de tendencias y coolness aceptable para el espectro de interés de la clase media porteña se hizo eco de esta situación y presentó tres documentales relacionados con la industria pornográfica, no siendo, sin embargo, la primera vez que lo hace, aunque seguramente una de las primeras en que le dedica tanto interés.
    Antes de la exhibición de 9 to 5: Days in Porn se presentó Jens Hoffman, su director, de paso por el festival, y aclaró: “Este es un documental SOBRE la industria pornográfica, no ES una película pornográfica”, lo que llevó a risas entre el público.
    La aclaración, que parecía redundante siendo que era clara la naturaleza del filme, le dio un marco: durante poco más de dos horas la cámara se dedica a relatar las historias de algunas estrellas reconocidas de la pornografía straight estadounidesne sitiándose en Los Ángeles, a la que llama la “Meca del porno”.
    Las historias de vida previsibles abarcan un abanico también previsible de personajes a los que el director se encarga de catalogar: La promesa, La veterana, La nueva, El agente, etc. pasando por variedad de personajes y siguiéndolos en sus carreras a lo largo de unos dos años. Desde figuras de la época de esplendor del nacimiento comercial masivo de la pornografía ya retiradas del negocio como Nina Hartley o Sharon Mitchell (“reconvertida” en Doctora y con una fundación que provee servicios de salud para los miembros de la industria), hasta nuevas promesas de las vertientes más extremas de la pornografía bajo el sendero de luces que se ha venido trazando Sasha Grey, pasando por actrices que ganaron el status de estrellas hacia fines de los años ´90, representados por una Belladona de entre casa, jugando con sus bebé y conversando con su marido.
    El filme carece de cualquier interés posible más allá de la estimulación del morbo del día a día del trabajo casi industrial del sexo filmado. Algunas anécdotas pueden resultar entretenidas o generar un placer voyeur de inmiscuirse en las intimidades conflictivas que este trabajo le trae a una pareja de estrellas del negocio, pero es poco más lo que sucede, todo cubierto con un hálito de “Sueño Americano” donde este trabajo parece el ideal para una mujer a la que, simplemente, le gusta demasiado el sexo (como dice Mia Rose).
    La oportunidad desperdiciada de inmiscuirse realmente en el día a día de la industria porno se ve en la fascinación que Hoffman parece sentir por el objeto que analiza, y esto se nota en una cuidadosa omisión de los aspectos más traumáticos y desagradables de la experiencia diaria. Así la cámara sale a pasear en el momento de la performance de la escena con la excusa de no construir una película pornográfica, y eso es lo que quita la posibilidad de ver realmente el desagradable backstage de una filmación de estas características. Otros datos son cuidadosamente elididos o poco explicados. Por ejemplo, si bien se ve en una escena a dos actrices practicarse enemas antes de empezar a filmar (y la cámara se distrae en una morbosa escena de competencia entre ellas), en ningún momento se explica que esta es una práctica obligatoria antes de la perfomance de sexo anal en cámara. Es un dato desagradable, pero hace a la vida diaria de esta industria, así como es desagradble el trabajo de los que recogen dirariamente bidones de orina humana para ser empleados en la industria química, por ejemplo.
    Las enfermedades venéreas y el cuidado ante ellas no está explicitado más allá de Mitchell y su fundación. Se extraña también la inclusión de la perspectiva de un performer masculino y las dificultades que tienen que afrontar, la presión y los casos en que tienen que llegar a recurrir a inyecciones directas y otro tipo de estimulante para poder seguir manteniendo relaciones sexuales en cámara. El director justificó esta elisión diciendo que “las historias de los hombres eran poco interesantes”, dejando entonces la puerta abierta a la interpretación lavada del filme, donde las historias que culminan trágicamente son tapadas por la dosis de sobreestímulo de aspectos curiosos o poco interesantes.
    La rutina diaria de trabajo, de 9 a 5, queda finalmente desdibujada debajo de la anécdota superficial que evita ir hacia el núcleo de lo que realmente significa un día de trabajo duro en el mundo de la pornografía: el dolor físico, ¿el dolor interno?, lo desagradable, los olores, las texturas, el sexo obligado, y toda la variedad de cuestiones que vinculan la actividad con la prostitución. Pareciera que se tratara de evitar eso, decir: “Esto es porno. Esto es un negocio legal. Esto no es prostitución”, y que para hacer eso hubiera que eliminar todos esos puntos de contacto entre ambas actividades para dejar un paquetito cerrado y lindo que dijera: “Esto es otra cosa”.
    Tal es el caso de la fascinación con la que el director se acerca a su objeto que incluso al finalizar la proyección tuvo que responder preguntas del público en el que le exigían saber justamente por qué no había habido una investigación sobre estos aspectos oscuros del negocio, a lo que Hoffman respondió sorprendido que estaba allí, que se veía la tragedia en las historias que había decidio narrar: el matrimonio porno como una pareja en crisis, la estrellita en ascenso desaparecida en acción, otra actriz devenida escort de lujo. Pero al tener que justificar por qué su film sí es oscuro lo único que hizo fue mostrar que lo que había dejado en su película era sólo el glamour del producto.
    Por el contrario, Graphic Sexual Horror es un documental un poco más incisivo. La excusa es investigar acerca de InSex.com un sitio de sadomasoquismo extremo (1997 a 2005).
    Las imágenes son crudas y se nutren de material del sitio original, entrevistas a ex actrices y performers del sitio así como su dueño y productor (Brent Scott, conocido como pd).
    Hay que buscar la efectividad de este filme en la reacción de buena parte del público de la sala que se fue levantando a medida que avanzaba la proyección. La advertencia “Graphic Sexual Horror” estaba inscripta en la portada del website y era para prevenir de los contenidos a posibles internautas casuales. Es el título que usa el documental y, aun así, por lo menos la mitad de la audiencia se levantó y se fue de la sala durante la proyección.
    El sadomasoquismo es en este filme una excusa para explorar las relaciones de poder, la misoginia y los límites de la perversión. Si la intención de InSex.com era satisfacer el morbo de cierto público, el filme parece querer introducir una cuña en la aceptación liberal del “todo está permitido”. Las actrices aceptan haber participado por motu propio e incluso muestran los contratos que firmaron ante cámaras aceptando toda la responsabilidad. Y si bien algunas también aceptan haberlo hecho como forma de explorar su sexualidad, otras dicen haberlo hecho por necesidad económica y es entonces cuando la violencia sobre sus cuerpos en pantalla empieza a resultar en algún grado cuestionable: no basta haber firmado un consentimiento para permitir ser torturado en cámara.
    Los mecanismos de tortura y la rídicula inclusión de una clave que las actrices podían decir para marcar su límite de resistencia física o psicológica ante la tortura de pd (debían decir algo así como “uh-hu”, una especie de graznido ya que podían llegar a tener la boca tapada y no poder hablar; lo que resulta ridículo por lo indistinguible de un “uh-hu” de cualquier otro tipo de sonido que alguien con la boca sellada pueda producir) van pasando así como los testimonios que invariablemente empiezan a traer a flote situaciones realmente desagradables que hubieron de vivir estas performers.
    Así, lo que al principio del filme parece una lógica perfecta de “Aceptación y sumisión” empieza a ser una “Aceptación y acciones forzadas”. La perversa lógica comercial que empieza a imponérsele a InSex.com con su masificación convierte a las performers en empleadas con una rutina que realizar, y si no son útiles a los fines para los que fueron contratadas se convierten en material descartable.
    Muchas actrices terminan confesando haber tenido que tolerar más de lo que hubieran deseado o lo que era su límite sólo para no ser despedidas ni vueltas a llamar por pd.
    Los favores sexuales que empieza a reclamar fuera de cámara el manager del sitio y otro tipo de trato humillante convierten lo que en las primeras escenas él mismo había considerado una forma artística en simple manipulación y abuso de poder. En ese sentido, el filme sí articula un relato estructurado en base a la experiencia real y cotidiana en una de las ramas de la industria.
    Pero sin lugar a dudas el documental más interesante sobre pornografía que se vio en esta edición del BAFICI fue Stalags: Holocaust and Pornography in Israel.
    Como explica el filme, los Stalags son una vertiente de literatura popular barata y pornográfica con una estructura argumental de sexploitation básica: un soldado americano o un judío cae prisionero en un campo de concentración nazi y se encuentra con dominatrices del Tercer Reich con toda la parnafernalia de leather sex imaginable. Tras varias torturas, el héroe logra liberarse y viola a sus sexys dominatrices nazis antes de matarlas.
    El filme traza una historia del género entrevistando a los principales escritores de estas historias, sus editores y las vueltas que hubo de sufrir.
    Aunque lo que es realmente interesante del filme es que muestra como a partir de estos libritos se comenzó a construir el relato del Holocausto en Israel, y cómo la población judía que ya vivía en Palestina antes del nacimiento del Estado de Israel adoptó los prejuicios que estas historias introducían para juzgar a los recién llegados del Holocausto y Europa.
    El juicio de Eichmann, donde el escritor Ka-Tzetnik declaró y se desmayó en el proceso, también está incluído dentro del filme, como muestra de un punto de inflexión clave en la concepción del Holocausto en Israel. Sin embargo, el libro clásico de Ka-Tzetnik (Casa de muñecas, incluído en la bibliografía escolar israelí sobre el Holocausto), en el que describe en forma novelada la supuesta prostitución forzada de prisioneras judías en campos de concentración nazis, es referido por el filme como una subproducto de la cultura Stalag y provocador de un gran daño en la generación del discurso del Holocausto en Israel: este tipo de folletín habría cimentado el prejuicio acerca de judías que habrían cambiado su vida por sexo, traicionando a sus compañeros, familiares y amigos.
    La fantasía del Stalag como sublimación de una venganza (“cogerse a los nazis”) terminaría resultando así en la banalización de la historia y el recuerdo. En ese sentido, el documental resulta esclarecedor respecto de la percepción de la Shoah que se tiene en el propio Estado de Israel.


NOTAS

[1] El Sartorio (1907)

[2] En ocasiones anteriores se exhibió el bastante exhaustivo Inside Deep Throat (Bailey y Barbato, 2005), y el MALBA suele programar festivlaes de Stag Films con música interpretada en vivo.


BIBLIOGRAFÍA

Williams, Linda.
1989    “The Stag Film: Genital Show and Genital Event” en Hard Core: Power, Pleasure and the “Frenzy of the Visible”, University of California Press, Bereley and Los Angeles, California. 


FILMOGRAFÍA

Graphic Sexual Horror
EE.UU./Suecia, 2009, 85'
Dirección:
Barbara Bell, Anna Lorentzon
Guión:
Barbara Bell
Fotografía:
Anna Lorentzon
Montaje y Producción:
Barbara Bell, Anna Lorentzon

9 to 5: Days in Porn

Alemania, 2008, 113'

Dirección, Guión y Fotografía:
Jens Hoffmann
Montaje: Christopher Klotz, Kai Schröter
Producción:
Cleonice Comino
Intérpretes: Sasha Grey, Mark Spiegler, Mia Rose

Stalags - Holocaust and Pornography in Israel
Israel, 2007, 62'
Dirección y Guión:
Ari Libsker
Fotografía:
Uri Levi, Dror Lebendiger
Montaje:
Morris Ben Mayor
Producción:
Barak Heymann, Ari Libsker