El mundo del revés

Por Jimena C. Trombetta

    Cordero de Dios (2008), de Lucía Cedrón, fue ganador del premio del público en el festival de Toulouse, además de haber sido parte de la sección Noches Especiales del BAFICI 2008. Cordero de Dios reconstruye la época de la dictadura a partir de una historia familiar. Una historia de silencios, una historia narrada desde lo que no se dijo. Si bien los recursos fílmicos que la película utiliza para reconstruir tanto el pasado como el presente son destacables, resulta más llamativa la temática que analiza, quizás por ser un film nacional.
    El film reflexiona sobre lo oculto, sobre la reapertura de los juicios, sobre las resoluciones. Mediante distintos flashbacks que mezclan las diferentes etapas históricas, en Cordero de Dios se unen y relacionan dos realidades: la Argentina de la represión (1978) y la Argentina de la inseguridad (2001).
    La inseguridad del 2001 se utiliza como hilo conductor del relato. El espectador va descubriendo junto con Guillermina (Leonora Balcarce), la historia que Teresa (Mercedes Morán en 2001; Malena Solda en 1978), su madre, no le ha contado: la historia de su padre (Juan Minujín), muerto durante la dictadura. A partir de los conflictos con su madre y el presente secuestro de su abuelo (Jorge Marrale), Guillermina reconstruye y reflexiona sobre su pasado, tanto personal como histórico, y sus posteriores consecuencias. En este sentido, Cordero de Dios no juzga las acciones a partir de valores maniqueos, sino que complejiza la trama poniendo en juego las situaciones límites, los rencores humanos y los principios.
    La dificultad para evaluar los hechos se potencia con uno de los giros de la historia, que desde el título ya es anticipado. Su abuelo le regala a Guillermina un cordero de peluche. Desde allí, los recuerdos girarán en torno a ese muñeco o a situaciones similares, incluyendo las canciones que Guillermina cantaba con su padre. De hecho, una de las características del film, es que se esfuerza por hacer que todo signifique; es decir que cada elemento se complementa con otros para redundar en el mensaje. Así, por ejemplo, el cordero de peluche, un regalo tan frágil, cuestionará la fragilidad de quien lo regala. El espectador reconstruye esos datos, que en un principio eran elementos inocentes, como indicadores de una conclusión mucho más áspera, que expone la tensión de las decisiones que se toman.
    Así es como los significados van mutando a lo largo de la historia. El personaje que encarna Marrale (el abuelo secuestrado) se compone desde la mirada o punto de vista de Guillermina en un comienzo. Más adelante, el punto de vista pasa a los ojos de Teresa. Esta alternancia entre una y otra permite conformar al personaje del abuelo como una figura positiva (la visión de Guillermina) y negativa (la visión de Teresa). Este tipo de construcción evita la demonización de las posteriores acciones del abuelo de Guillermina y sus consecuencias. De todos modos, cabe aclarar que Cordero de Dios no deja de tener un criterio equilibrado sobre la situación familiar, dando a conocer la complejidad de la época de la dictadura.
    Si llamábamos la atención sobre el título es porque la contradicción entre la fragilidad del espíritu (instaurada en el imaginario social) y los verdaderos resultados se ven reflejados en él y en su ironía. Cordero de Dios remarca una inocencia perdida por lo callado, casi se podría decir arrancada por los propis hechos, que luego pretende reincorporarse inútilmente negando las acciones y consecuencias de un pasado demasiado turbio. Un pasado que parte de una figura familiar como el abuelo de Guillermina para pasar a reflejar el propio pasado del país.

  





FICHA TÉCNICA
Cordero de Dios
Argentina/Francia/Chile, 2008, 91'
Dirección: Lucía Cedrón
Guión: Lucía Cedrón, Santiago Giralt
Fotografía: Guillermo Nieto
Dirección de Arte: Cristina Nigro
Sonido: Guido Beremblum, Victor Tengler
Edición: Rosario Suárez
Música: Sebastián Escofet
Producción: Lita Stantic
Intérpretes: Jorge Marrale, Mercedes Morán, Malena Solda, Juan Minujín, Leonora Balcarce